|
No podría existir una formación integral y, por tanto,
una educación de calidad, si no se desarrollasen todas las capacidades
inherentes al ser humano, entre las cuales se encuentra
constitutivamente la capacidad transcendente. Esta capacidad básica del
individuo, adquiere su auténtico cumplimento en la búsqueda del sentido
último de la vida. Enraizada en lo más profundo del ser, el alumno va
descubriéndola –teniendo en cuenta los niveles de aprendizaje propios de
cada edad– en los símbolos y signos de su entorno, en el progreso y
humanización del propio ser humano, en el lenguaje narrativo de la
Biblia, en los modelos cristianos de identificación y, particularmente,
en la persona de Jesucristo y su presencia en la comunidad cristiana.
La formación religiosa y moral católica cuenta con una
larga tradición en el sistema educativo español y, respondiendo a
razones profundas de la institución escolar y a derechos humanos
reconocidos por la Constitución española, está garantizada actualmente
por el Acuerdo suscrito entre el Estado español y la Santa Sede sobre
Enseñanza y Asuntos Culturales, firmado el 3 de enero de 1979, en el
cual se establecen los principios que hacen posible las garantías
constitucionales.
El currículo de la enseñanza de la religión católica es
una síntesis básica y global del mensaje cristiano, adecuada a la edad
del alumno, a las exigencias epistemológicas de la materia, a las
expresiones culturales del entorno y a las demandas didácticas del
sistema educativo. Junto con las otras opciones del área de Religión, se
enmarca en un contexto histórico y social, incluye parte del gran acervo
cultural y artístico que emana de la fe católica y de otras confesiones,
y posibilita el análisis comparado de los contenidos y líneas básicas de
las gran-des religiones vigentes. Con todo, la enseñanza religiosa
católica se desarrolla especialmente en cuatro grandes dimensiones:
La dimensión cultural e histórica está presente en la
enseñanza religiosa, dado que el patrimonio cultural, histórico y
antropológico-axiológico que gran parte de las sociedades reciben del
pasado está vertebrado por con-tendidos religiosos. En este sentido, la
Religión católica ha dado sus frutos en el arte, en los sistemas de
significación moral, en la creación popular y en la acción social. Por
ello, el currículo de la opción confesional católica enseña la
incidencia que el cristianismo –en sus contenidos doctrinales y sus
formas históricas– ha tenido y tiene en la cultura española y europea.
La dimensión humanizadora de la opción católica
constituye una aportación eficaz en la maduración de la personalidad
integral del alumno, enraizando los mismos objetivos del sistema
educativo en un núcleo referencial de ideas, valores y creencias que
permiten al alumno dar respuesta a sus interrogantes más radicales,
haciendo a su vez posible la formación de hombres y mujeres conscientes,
críticos, libre y creadores. La formación religiosa católica aporta de
esta manera una cosmovisión que hace posible la apertura hacia el
fundamento y el sentido último de la vida y, por tanto, al sentido de la
ciencia, de la cultura y de la identidad misma de la persona humana. Se
trata de afrontar las grandes preguntas que el alumno se plantea y
ayudarle a encontrar las respuestas que podrá asumir como opción libre y
personal. Es finalidad de la escuela que los alumnos logren su
desarrollo personal; lo que no es posible sin una conveniente
fundamentación y orientación hacia un significado último y global de la
existencia.
La dimensión ético-moral explicita las exigencias
morales que conlleva el mensaje cristiano. En la religión católica se
ofrece una determinada manera de ver la vida, en cuya base se encuentra
un concepto de hombre, un núcleo referencial de ideas y creencias, y la
propuesta de una escala de principios y valores. La enseñanza religiosa
católica expone, fundamenta y jerarquiza los valores y virtudes capaces
de educar la dimensión moral y social de la personalidad del alumno, en
orden a hacer posible la maduración en la responsabilidad, el ejercicio
de la solidaridad y de la caridad. Todo ello, como expresión coherente
del conocimiento de Dios relevado en Jesucristo.
La opción religiosa católica se presenta en el ámbito
escolar, en su estructura epistemológica o disciplinar, con el carácter
científico con el que, en la cultura universitaria, se abordan las
ciencias de la religión y la teología. Sus contenidos son saberes con
una fundamentación y una metodología científica propia, implantados con
rigor y tradición en los Estados de nuestro entorno cultural. Su
estatuto epistemológico original entra en el ámbito educativo en
confrontación y diálogo con aquellos otros tipos de saberes y
racionalidad que operan en la escuela.
Contribución del área de religión y moral católica a la
adquisición de las competencias básicas
La enseñanza de la religión católica en la escuela se
atiene a la finalidad propia de ésta, que es la formación plena del
alumnado mediante los sistemas propios de aprendizaje que se concretan
en el currículo y su desarrollo.
La enseñanza religiosa contribuye a la calidad de la
educación que preconiza la LOE desde la propuesta y desarrollo de unos
conocimientos, valores y actitudes que conforman su propio currículo. Lo
hace desarrollando especialmente la dimensión y capacidad trascendente
del alumnado, facilitándole una propuesta de sentido último para su vida
e iluminando el fundamento de aquellos valores comunes y propios de esta
enseñanza que hacen posible una convivencia libre, pacífica y solidaria.
Las propuestas de la enseñanza religiosa católica
constituyen en si mismas una cosmovisión del mundo, de la vida y del ser
humano que hacen posible la formación integral. Todo ello se realiza
mediante la presentación sistemática, orgánica y científica del mensaje,
vida y persona de Jesucristo, presente en su Iglesia, avalada por la
Escritura, por la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, trasmitida a
través de la acción educativa del profesor con su preparación
científico-técnica y su testimonio cristiano.
Las aportaciones de esta enseñanza conforman una manera
de ser y de vivir en el mundo, de tal manera que los principios, valores
y actitudes que genera ayudan al alumnado a situarse lúcidamente ante la
tradición cultural, a conocer y ofrecer los elementos básicos del
cristianismo generadores de cultura y, por ende, a insertarse
cooperativa y críticamente en la sociedad.
Sus propuestas son cualitativamente trascendentes y
vivas, realizadas en la persona del mismo Jesucristo, por lo cual puede
y de hecho da respuesta al sentido último de la vida.
Con todo, las competencias básicas, como son la
interpersonales, interculturales, sociales y cívicas y la comunicación
lingüística adquieren en este área elementos básicos para su adquisición
a lo largo de la enseñanza obligatoria. Toda persona tiene necesidad de
una base sólida sobre la que construir la existencia personal y social.
Los adolescentes y jóvenes se plantean interrogan-tes profundos sobre el
sentido de su existencia que exigen una respuesta, a la vez que
trascendente, de carácter universal y estable. Hay que tener en cuenta
que en estas edades se desarrolla la razón formal, y su capacidad de
abstracción y generalización de conceptos. Es capaz de analizar y
sintetizar elementos distintos y plurales, inducir y aplicar símbolos y
signos a su propia vida y a la realidad circundante. Es precisamente en
esta etapa en la que cierta inquietud vital surge y comienza a
plantearse los porqués de la existencia y especialmente su actitud
personal ante lo religioso con relación a su propia vida personal y
social.
Sus cuestionamientos vitales y su inseguridad están
demandando modelos de vida auténticos en el proceso de maduración de su
personalidad. La enseñanza religiosa católica va a insistir en la
propuesta explícita de la persona de Jesucristo, los principios de que
Él dimanan, los valores que genera y las actitudes que brotan a fin de
que los alumnos y alumnas reflexionen seriamente acerca de la conducta
personal y social.
Ello exige una información sólida sobre el hecho
religioso y, en concreto, en cuanto a esta asignatura compete, una
exhaustiva presentación del hecho religioso conformado en la religión
católica.
La formación religiosa se desarrolla en la escuela en
un diálogo auténtico con la realidad cultural, informando sobre la
relación e influjo mutuo entre la cultura occidental y el hecho
religioso cristiano; entrando en diálogo fecundo y responsable con esa
cultura –compuesta por ideas, principios, valores, modos de vida– a la
luz del Evangelio, que en su perenne actualidad ilumina lo más profundo
del ser humano y proyecta una libre y valorativa visión ante la realidad
cultural.
Si bien la enseñanza religiosa está presente y ayuda a
la conformación de las competencias fijadas en los RR. Decretos de
enseñanzas mínimas, teniendo en cuenta que las competencias básicas son
«aquellas que sustentan la realización personal, la inclusión social y
la ciudadanía activa», algunas de ellas tienen una especial relación con
la acción educativa de la religión católica, e incluso, podría afirmarse
que otras, si se prescinde de la realidad religiosa, carecerían de
elementos importantes para su adquisición y desarrollo. Entre otras
proponemos las siguientes:
1. Competencia en comunicación lingüística.
La
enseñanza religiosa católica en la escuela se sirve del lenguaje
académico, de aquellos lenguajes que conforman la cultura que se
trasmite en el área de religión, así como de los lenguajes de la propia
enseñanza religiosa.
El diálogo de la fe con la cultura contribuye a la
competencia en comunicación lingüística, en la medida en que exige
ejercitarse en la escucha de la palabra de Dios, la exposición de sus
contenidos y aplicación a la cultura y a las distintas formas de vida
social, así como a la argumentación adecuada a esta edad y siempre
presente en la enseñanza religiosa.
Por otra parte, es propio de la enseñanza religiosa
católica la utilización de los diversos lenguajes y modos de
comunicación que Dios ha utilizado en su revelación al ser humano. Su
revelación es rica en distintos lenguajes. Así, el lenguaje bíblico y su
riqueza de expresión y simbología; el lenguaje doctrinal y su precisión
conceptual, analítica y argumental; el lenguaje litúrgico y su cercanía
al lenguaje de los símbolos del pueblo cristiano; el lenguaje, en fin,
testimonial que hace posible la transmisión vital de lo creído.
Así mismo, la enseñanza religiosa católica en el
ejercicio de aprendizaje del mensaje cristiano capacita y permite al
alumnado expresar pensamientos, convicciones, vivencias y opiniones y
acostumbrarse al discurso coherente y estructurado de la fe cristiana.
Todo ello es imprescindible para la comprensión del
lenguaje en todas las lenguas de la cultura occidental. La enseñanza
religiosa hace posible una verdadera comunicación lingüística, al
utilizar los distintos lenguajes en su expresión verbal o escrita,
explícitos e implícitos en fuentes diversas. Finalmente, el análisis de
hechos sociales que se presentan en la clase de religión, como elementos
motivadores de la realidad evangélica, posibilitan el enriquecimiento
del vocabulario.
2. Competencia social y cívica. En la competencia
social y cívica se integran los elementos esenciales para la
humanización, elementos personales, interpersonales e interculturales, y
recogen todas las formas de comportamiento que preparan a las personas
para participar de una manera eficaz y constructiva a la vida social y
profesional.
Desde el mensaje cristiano, lo principal es el
desarrollo de todo lo humano, de sus potencialidades y capacidades que
lo configuran y lo desbordan, de lo puramente funcional y material.
Desde el desarrollo de la persona se sientan las bases para la
cooperación y ejercicio de la ciudadanía democrática, la comprensión de
la realidad social en la que se vive, siendo conscientes de los valores
de nuestro entorno y colaborando con la oferta de vida que nos hace
Jesucristo, a construir un sistema de valores propio y a vivir en
coherencia con Él.
En esta acción humanizadora, la enseñanza religiosa
católica expone, fundamenta y jerarquiza los valores y virtudes capaces
de educar la dimensión moral y social de la personalidad del alumnado,
en orden a hacer posible la maduración de la corresponsabilidad, el
ejercicio de la solidaridad, de la cooperación, de la libertad, la
justicia, la igualdad y la caridad; todo ello, como expresión coherente
del conocimiento de Dios, revelado en Jesucristo y, al mismo tiempo,
como respuesta a las grandes preguntas sobre el sentido de la vida que
ya en esta edad se formulan los alumnos/as.
Con ello estamos apelando al principio básico. La
dignidad del ser humano, como hijo de Dios, ofreciendo el fundamento
estable del respeto a los principios y valores universales, como
respuesta a una profunda crisis de humanidad y de orden moral. El
alumnado necesita a su vez razones para amar, razones para vivir y
razones para esperar, basadas en la vida y mensaje de amor de
Jesucristo, origen y meta de la formación religiosa que la Iglesia
ofrece en la escuela.
Se contribuye directamente a la dimensión moral de la
persona favoreciendo que los alumnos y alumnas reconozcan la raíz de su
propio ser y sus mismos comportamientos, construyendo una conciencia
recta que se fundamente en los valores del Evangelio. Favoreciendo
también los aprendizajes desde un marco de referencia que se ha de
ajustar a la libre y voluntaria opción de los padres.
Ello conlleva mejorar las relaciones interpersonales
basadas en principios y valores que emanan de la persona de Cristo y
ayuda en consecuencia a afrontar las situaciones de conflicto mediante
el diálogo, el perdón y la misericordia, valores genuinamente
cristianos.
En lo más profundo del ser cristiano surge el gran
valor de la fraternidad universal. De ahí que las mínimas exigencias
éticas de convivencia, participación, conocimiento de la diversidad y de
las situaciones de discriminación e injusticia, estén fundamentadas y
sean consecuencias de la fe cristiana. Los valores del respeto,
cooperación, caridad, justicia, no violencia, compromiso y participación
tienen su fundamentación y referencias cristianas en la filiación por el
amor de Dios, el amor, la fraternidad, la justicia, la misericordia, el
perdón, la donación de sí mismo, la entrega total a favor de los pobres.
En consecuencia, desde la enseñanza religiosa se
propone una reflexión y un análisis crítico de los valores democráticos
y de la ciudadanía descubriendo que su raíz son los principios
fundamentales del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.
3. Competencia cultural artística. La contribución a la
competencia cultural y artística se relaciona con sus aspectos de
conocimiento y valoración de toda la expresión artística, plástica,
histórica, simbólica, lingüística, de costumbres, ritos, fiestas,
valores y modos de vida impregnados por el cristianismo desde su origen
y su desarrollo actual, como manifestación del hecho religioso. El
alumnado no sólo va a conocer, sino que podrá comprender y asumir los
valores que conlleva el conocimiento del hecho religioso en su expresión
artística, cultural y estética, teológica y vivencial.
La cultura y la historia europea occidental, y la
propia historia y cultura española, no pueden ser comprendidas y
asumidas si se prescinde del hecho religioso presente siempre en la
historia cultural de los pueblos y, en concreto, en los pueblos de
España. Es conocido por todos que la maduración de la personalidad
humana se realiza dentro de la tradición cultural donde crece y se
sustenta. Esta maduración se realiza en un mundo cada vez más complejo y
de mayor contrate cultural y de presencia, respeto y diálogo de
culturas.
La religión y moral católica presenta el acontecimiento
cristiano en diálogo con la cultura, incorporando orgánicamente el saber
de la fe en el conjunto de los demás saberes. Con ello los alumnos
adquieren una valoración crítica de la cultura a la luz del evangelio,
motivando al mismo tiempo el aprecio de la propia cultura y la estima
adecuada de otras tradiciones culturales y religiosas. Por otra parte,
en el currículo de religión católica están presentes también los
elementos esenciales que definen las grandes religiones de la humanidad.
La enseñanza religiosa católica no sólo aporta a la
competencia cultural y artística unos conocimientos del arte y cultura
con referencia religiosa y unas destrezas, sino también el sentido y
profundidad de su presencia que remite a una manera concreta de ver la
vida, de expresarla y de vivir desde la aportación cristiana a la
cultura. Haciendo esto contribuye activamente a la conservación del
patrimonio cultural y artístico, tanto de la propia comunidad como de
otras comunidades.
Es también cometido del profesor/a de religión
evangelizar la cultura, generar cultura, trabajar al servicio de la
realización de la humanidad según la verdad del ser humano. Esto es
posible mediante una pertenencia determinante: la pertenencia a
Jesucristo, el Señor, vivida en el presente a través de la pertenencia a
la Iglesia.
4. La competencia de aprender a aprender. El área de
Religión Católica como área de conocimiento dentro del proceso de
enseñanza-aprendizaje que se lleva a cabo en la educación, contribuye al
desarrollo de la competencia de aprender a aprender, fomentando las
capacidades de aprendizaje: atención, memoria, experiencia..., el
impulso del trabajo en equipo, la síntesis de la información y opinión.
La enseñanza religiosa ayuda a ser protagonistas de su
propio aprendizaje como respuesta a la voluntad de Dios de que el ser
humano colabore activa y libremente con el plan de Dios. Por ello,
aprender a aprender conlleva no sólo una propuesta consensuada de
sentimientos, valores y actitudes, sino un marco de referencia aceptado
voluntariamente según sus convicciones, que ha de ser crisol en la
búsqueda de la verdad y del bien.
La enseñanza religiosa proporciona a los alumnos y
alumnas, el principio sobre el que el ser humano debe sentirse orgulloso
y motivado como Hijo de Dios, para aprender y seguir aprendiendo.
5. La competencia sobre autonomía e iniciativa
personal. En cuanto a la autonomía e iniciativa personal la enseñanza
religiosa católica impartida en la escuela, objetivo irrenunciable de la
cual es formar a la persona desde dentro, liberarlo de todo lo que le
impide vivir libremente como persona, conlleva su efectiva referencia a
una determinada visión del hombre y a su sentido último, para afirmarlo,
negarlo o prescindir de él.
Es finalidad fundamental del quehacer de la escuela que los alumnos y
las alumnas descubran su identidad personal, pero esto no será posible
sin una apertura al significado último y global de su existencia humana.
La autonomía e iniciativa personal no podrá realizarse
en el alumnado si no se conoce a sí mismo en su ser más profundo, en sus
potencialidades, en su dignidad y en su sentido. La enseñanza religiosa
católica se dirige a la persona concreta en sus raíces y en su identidad
propia, en sus posibilidades humanas de acción y de servicio y se dirige
al ser humano en su finalidad trascendente. Todo ello conlleva el
ofrecimiento del Evangelio de Jesucristo que presenta la humanidad nueva
hecha de hombres nuevos conforme al designio de Dios. La enseñanza de la
religión católica propone a Jesucristo como camino que nos conduce a la
verdad y a la vida, y ha de hacerse desde la convicción profunda que
procede de la Iglesia que confiesa, celebra y vive la fe en Jesucristo,
y, en consecuencia, mediante la forma propia y más coherente de
transmitir esa fe de la Iglesia: el testimonio. El testimonio de hombres
y mujeres santos a lo largo de la historia constituye un referente
continuo para la autoasimilación de los valores más genuinamente
cristianos. De esta forma la enseñanza religiosa educa en la iniciativa
personal y autónoma del alumnado por el bien y la verdad.
En la contribución al desarrollo personal del alumnado,
la religión es generadora de valores y de integración social, pues el
hombre moderno podrá obtener una nueva dimensión totalmente ignorada por
otras teorías y escuelas como las que se orientan hacia el positivismo y
relativismo de un modo excluyente. La religión colabora en esta
competencia entregando al alumnado aquellas virtualidades necesarias
para crear las disposiciones y actitudes que favorecen la inserción
social. La autonomía del individuo cristiano viene precisamente
favorecida por la apertura a una visión del mundo y de la realidad, que
posibilita una formación integral del alumnado superando visiones
parciales y determinantes de la libertad propia.
Así mismo, le capacita al alumnado para examinar situaciones concretas
de la vida y realizar con autonomía un juicio crítico y en consecuencia
cristiano.
6. La competencia en el conocimiento e interacción con
el mundo físico. La religión católica contribuye al desarrollo de la
competencia en el conocimiento e interacción con el mundo físico a
través de la doctrina social de la Iglesia, iluminando las respuestas y
las soluciones a los problemas que surgen en la interacción del ser
humano con el medio físico y con sí mismo. También contribuye a la
valoración ética del uso de la ciencia y de la tecnología.
A su vez apoya y da sentido a las habilidades y
destrezas relacionadas con la ecología que se adquieren desde esta
competencia. El cristiano entiende la naturaleza como creación de Dios,
por lo que la valora, la cuida y fomenta.
Todas las aportaciones a las distintas competencias
pueden ser agrupadas y definidas, en cuanto a la aportación religiosa,
como un desarrollo de la capacidad trascendente de la persona, es decir
su aportación espiritual y religiosa. Ello le capacita para dar sentido
a su vida. A este objeto, conforman la capacidad trascendente:
La apertura de la razón a la búsqueda de la verdad en
la superación de todo itinerario racional reductivo, la capacidad de
dejarnos confrontar e interpelar por la llamada a la libertad y a la
felicidad verdadera, el empeño en el diálogo de la fe y la razón, (de la
fe y la cultura), la atención a la capacidad innata para dinamizar la
inteligencia y llamar a la razón humana a la búsqueda de «algo más»,
propio de la búsqueda originaria que identifica a todo ser humano, la
capacidad de ser y estar junto a los otros desde la fraternidad, el amor
y la misericordia, el ansia de infinito y la plenificación del ser en la
vida eterna... son, entre otros, objetivos y elementos fundamentales en
el desarrollo de las competencias antes descritas.
En la Educación Secundaria, la opción católica tiene en
cuenta las características psicológicas propias de la adolescencia. En
esta edad el alumno se plantea especialmente la actitud personal ante lo
religioso de una forma más racional y entra en una fase de
interiorización que aúna un descubrimiento mayor de sí mismo y una
capacidad creciente de abstracción.
Conforme a las competencias establecidas en el citado
Acuerdo internacional y reconocidas en la disposición adicional segunda
de la Ley Orgánica de Educación, 2/2006, de 3 de mayo, corresponde a la
Conferencia Episcopal Española fijar el currículo del área de Religión y
Moral Católica.
Objetivos:
Al finalizar la Educación Secundaria Obligatoria se
pretende que el/la alumno/a sea capaz de:
1. Conocer e interpretar los distintos elementos que
conforman el fenómeno religioso en su estructura y su expresión
histórica, como base de comprensión de las distintas religiones.
2. Razonar las respuestas que las grandes religiones
dan a las preguntas del ser humano sobre la concepción del hombre y su
destino último.
3. Conocer la Biblia, en su origen, estructura,
finalidad e interpretación pertinente en relación con la historia y
experiencia religiosa de Israel, y como expresión de la revelación de
Dios Padre a los hombres.
4. Conocer los contenidos del cristianismo que
fundamentan la concepción del ser humano creado por Dios y destinado a
ser hijo suyo.
5. Identificar a Jesucristo como Hijo de Dios, salvador
encarnado entre los hombres, mediante el conocimiento y análisis de su
mensaje, su vida y su presencia por el Espíritu Santo.
6. Analizar y valorar el sentido y finalidad de la
Iglesia en cuanto realización institucional del servicio de humanización
y salvación que Cristo ofrece al ser humano, y descubrir su aportación a
los procesos más importantes de la historia española y europea.
7. Conocer y valorar la respuesta de los creyentes al
mensaje y acontecimiento cristiano, que se realiza en la Iglesia.
8. Comprender y distinguir la acción salvadora de
Cristo, y el carácter celebrativo de cada uno de los sacramentos.
9. Descubrir los fundamentos racionales y revelados que
justifican la enseñanza moral de la Iglesia católica, y orientan la
relación del hombre con Dios, consigo mismo, con los otros y con el
mundo.
|