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HISTORIA DE LOS TEMPLARIOS - Joaquín Bastús


Índice

 

 


Privilegios de los templarios  ◄

HISTORIA DE LOS TEMPLARIOS

    ►  Causas del fin de los templarios

DE LOS SERVICIOS Y HEROICAS ACCIONES QUE EJECUTARON O EN LAS QUE TOMARON PARTE LOS TEMPLARIOS

Historia de los caballeros templarios - Servicios y acciones heroicas de la orden del TempleA más del aprecio que se granjearon estos caballeros de San Bernardo, considerado en cierta manera como su fundador, de San Pedro de Cluni, contemporáneo de San Bernardo y de otros varones piadosos, respetables como hemos dicho por sus virtudes cristianas, gozaron por todas las provincias católicas de la más alta consideración por sus brillantes y heroicos servicios militares a favor de la religión de Jesucristo, y contra los infieles. Sin embargo de que la Palestina fue el teatro glorioso de sus expediciones guerreras, y en donde hicieron conocer a los enemigos de la cruz el poder de su fuerte y valeroso brazo, no fueron menores ni de menos cuantía los servicios que los templarios prestaron en España, habiendo contribuido, en unión con las otras órdenes militares de aquellos tiempos, a la conquista de la mayor parte de las plazas y reinos ocupados por los moros.

Sin ninguna dificultad puede asegurarse que desde su establecimiento en España hasta su extinción, se hallaron en casi todas cuantas batallas se dieron a los moros y conquistas se hicieron; pero en las que particularmente tomaron una parte activa y se distinguieron fue en las conquistas de Alga, Martin, Alambra, Caspe y otros muchos pueblos del reino de Aragón, de los cuales se apoderaron los españoles por los años de 1160 en el reinado de don Alfonso II llamado el Casto. No se distinguieron menos los templarios en el de don Pedro II, ayudándole su gran maestre Fr. don Pedro de Monteagudo con sus caballeros a la conquista de los fuertes castillos de Adamur, Castelfabil y Sortella, situados en las fronteras de Valencia.

En el año de 1176 acompañaron los templarios al rey don Alonso VIII en la difícil conquista de la ciudad de Cuenca, en Castilla la Nueva. Auxiliaron al mismo soberano y a los reyes don Sancho VIII de Navarra y don Pedro II de Aragón en la célebre batalla de las Navas de Tolosa, dada en el año de 1211, en la cual les mandaba su maestre don Fr. Gómez Ramírez, que poco después murió gloriosamente.

En 1229, cuando don Jaime de Aragón hubo resuelto emprender la conquista de las islas Baleares, dispuso que por los obispos de Barcelona y Gerona y por don Fr. Bernardo de Champans, comendador de Miravete y teniente de maestre de los templarios en dicho reino, se hiciera la división y repartimiento de la conquista. En ella se distinguieron particularmente los templarios, los cuales, como dicen casi todos los historiadores, asistieron con gran número de caballos y gentes de guerra mantenidas a expensas de la orden. En recompensa de estos servicios, el rey don Jaime les remuneró generosamente, como que en el año de 1282 tenían dichos caballeros comendador en Mallorca y casas particulares o conventos en Palma, su capital, que todavía se conservan. El primer comendador de la isla fue, según se cree, don Fr. Ramón de Sera. Este caballero acabó de apaciguar toda la isla, reduciendo algunos moros que se habían sublevado a la obediencia del rey don Jaime. Más adelante, el mismo monarca encargó a este comendador que pasase con otros caballeros a la conquista de la isla de Menorca, cuya expedición desempeñó a entera y completa satisfacción del soberano.

Después que el rey de Aragón hubo terminado la conquista de Mallorca y demás islas Baleares, resolvió volver sus armas contra Zaen, rey moro que reinaba en Valencia. La primera plaza que se tomó fue la de Morella, en el año de 1232, y en seguida determinó que para mayo del año siguiente se hallase reunido en Teruel el maestre de los templarios con sus tropas para proseguir la conquista. En esta campaña dieron estos caballeros pruebas indudables de su valor, capitaneados por su maestre Fr. don Ramón Patott, que lo era de Provenza, Aragón y Cataluña. Entre otras plazas a cuya conquista ayudaron poderosamente, fue en la toma del castillo y villa de Burriana; empresa larga, y que a poco más costó la vida al rey don Jaime. Para recompensar los servicios que en aquella empresa le habían hecho los caballeros del Temple hízoles donación de una parte de ella, y en seguida los mismos templarios pasaron a sitiar y se apoderaron de Chivert.

En los años de 1235 el gran maestre del Temple en Aragón, que lo era Hugo de Monlauro, apoderose con sus caballeros del castillo de Moneada, punto importante para la toma de Valencia. Prosiguiose en 1237 con mas empeño la campaña después de tomado y fortificado el castillo llamado del Puch de Santa María, confiando el rey don Jaime su delicada defensa a los caballeros templarios y demás órdenes militares. En el año inmediato de 1238 salió el rey del castillo del Puch y con Hugo de Focalquer y un comendador con veinte caballeros templarios, de cuya orden era gran maestre entonces Fr. don Ramón Berenguer, se dirigió en unión con otros caballeros a poner sitio a la ciudad de Valencia. La conquista o toma de esta ciudad se verificó el día 28 de setiembre de 1238, víspera de San Miguel; y en su toma hubo de particular que en la misma torre en la cual se enarboló el pendón o estandarte real, se convirtió luego en casa de la religión del Templo, cuyo palacio y plaza conserva el mismo nombre.

El aprecio que hacía de los caballeros templarios el rey don Jaime de Aragón era tal, que según refiere Zurita, en el año de 1248 dispuso que el hijo que le naciera después de los cuatro que tenia, si fuese varón, entrase en la orden y caballería del Temple.

Distinguiéronse igualmente y con mucha particularidad los caballeros templarios en el sitio e interesante toma de la ciudad de Sevilla, auxiliando al santo rey don Fernando III, quien se apoderó de ella en 23 de noviembre del año de 1248.

En el de 1266, capitaneados los templarios de Aragón por su lugarteniente de maestre don Pedro de Queralt, ayudaron mucho a la rendición de Murcia, que se había rebelado a don Alonso el Sabio, rey de Castilla, y en premio les concedió este soberano el dominio de Frexenal y sus aldeas, en cuya donación entró también Jerez de los caballeros. No fueron de menos importancia los servicios que los templarios de Castilla hicieron en las fronteras de Granada defendiendo a Andalucía.

Honorífica fue también la comisión que desempeñó el maestre del Temple en Cataluña, Fr. don Antonio de Castellnou, en 1272, cuando con su hermano y el obispo de Barcelona fueron enviados por el rey don Jaime a requerir al Rey de Francia para que pusiera en libertad al conde de Foix. El mismo maestre del Temple asistió también, como otro de los prelados, al concilio que Gregorio X convocó en León de Francia para la reunión de la iglesia griega a la latina.

Su sucesor en el maestrazgo del Temple en Aragón y Cataluña, Fr. don Pedro de Moneada, dio pruebas de su valor, y se distinguió particularmente en el reino de Valencia contra los moros rebeldes, y en otros muchos lances de importancia. Parece que este mismo Maestre fue el que en el reinado de don Alonso III de Aragón, por los años de 1290, sustentaba uno de los bandos en que se hallaba dividida la nobleza catalana con los caballeros y vasallos de la Orden, habiendo abrazado el partido de don Guillen y de don Pedro de Moneada, señor de Aytona, contra don Berenguer de Entenza y su hijo.

A más de las acciones referidas, asistieron en otras no menos brillantes, tanto en España como en Portugal, y en todas acreditaron el alto concepto que justamente se habían adquirido de valientes y esforzados defensores de la religión de Jesucristo.

 

 

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