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Goya - Tribunal de Inquisición - Hacia 1812-1819 - Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando - Madrid

manual de inquisidores

Compendio del DIRECTORIO DE INQUISIDORES

nicolao eymerico   -   Edición de 1821


Índice


 

 


Capítulo VIII De los castigos a que condena el Santo Oficio

Los castigos que aplica la inquisición son la purgación canónica, la abjuración en caso de sospecha de herejía, y las penitencias consiguientes, las condenaciones pecuniarias, que son las multas y confiscación de bienes, la privación de oficios y cargos, el encierro perpetuo, y la relajación del delincuente al brazo seglar.

De la purgación canónica

Se sentencia la purgación canónica contra aquellos que delatados a la inquisición como reos de herejía, no se les ha convencido de que han dicho o hecho algo contra la fe, mas han sido acusados de herejía por la fama pública.

En la purgación canónica está obligado el acusado a presentar cierto número de sujetos abonados, buenos católicos, y de su misma profesión, regulares si fuere regular, etc. que se llaman compurgatores, y deben ser mas o menos en número, según la gravedad de la sospecha de herejía, y declarar que conocen al reo hace muchos años. El acusado ha de jurar a Dios y a una Cruz que nunca ha profesado ni enseñado, y que no profesa ni enseña las doctrinas hereticales de que le han acusado, y con las propias formalidades juran sus compurgadores que ha declarado verdad. Esta purgación se practica en todos los pueblos donde está mal notado el acusado. Direct. part. 3, pág. 312 y 313. Se otorga al acusado término para que busque compurgadores, y si no los encuentra en el número y de las circunstancias que se le piden, esto es de su misma profesión y abonados, etc. queda convicto, y es condenado como hereje. Direct. ibid.

Por esta misma regla el que no puede hallar sujetos que le sirvan de compurgadores eum qui deficit in purgatione, si antes ha sido condenado como hereje, debe ser sentenciado y condenado como relapso, y relajado al brazo seglar; esta es la opinión común. Por eso no se debe mandar por ligeras causas la purgación canónica, porque pende de la voluntad ajena. Adnotat lib.3, schoL 10. Algunas veces se manda la purgación canónica a individuos mal notados por la voz publica, y que no están presos por la inquisición; en tal caso el que a ella se niega incurre en excomunión, y si permanece un año excomulgado es reputado hereje, y pasible de todas las penas de derecho. Direct. part. 3, pág, 312 y 313.

 

 

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