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LECCIONES DE HISTORIA DEL IMPERIO CHINO


Prólogo

Primera parte

De la situación, población y división

Del gobierno

De las dinastías

De varios emperadores

De los mandarines y la policía

Del ejército y las armas

De la justicia y los castigos

Segunda parte

De la religión

De los sacerdotes y templos

Del carácter y las costumbres

De la educación, las ciencias y los libros

De las fiestas y teatros

Tercera parte

Edificios públicos

De las producciones naturales

Continúa el mismo asunto

Prosigue la misma materia

De los animales

Cuarta parte

De las artes e industria

Continúa el mismo asunto

Prosigue la misma materia

Preguntas sobre las lecciones precedentes


 

 

LECCIONES DE HISTORIA DEL IMPERIO CHINO
 

Breve descripción de este Imperio, de su historia, población, 

gobierno, religión, industria, usos y costumbres
 

Redactadas por J. Herrara Dávila y A. Alvear - 1829


Índice

 

 



SEGUNDA PARTE
Lección XII - De las fiestas y teatros.


133. Las principales fiestas públicas entre los chinos son las de las linternas, la de la agricultura, la de la seda, la de la cuarta luna, la de los difuntos, y la de los sepulcros.

134. La fiesta de las linternas se reduce a iluminar todos los años en un día fijo todo el imperio; en esta iluminación se hace ostentación de las más bellas y variables linternas que puede inventar la imaginación. Este día lo es de un regocijo y lucimiento general, y parece que se fija en los últimos del año. Los chinos son tan aficionados a divertirse con las linternas que hasta los soldados hacen con ellas una especie de ejército.

135. La fiesta de la agricultura se celebra todos los años en el mes de Febrero, con la mayor pompa. En la capital, en un terreno propio del emperador, ara éste algunos surcos, y doce príncipes elegidos por él hacen lo mismo. El emperador siembra cinco especies de grano en cinco parajes distintos, de los cuales se tiene gran cuidado; se recoge su cosecha en el otoño, se pone en sacos amarillos, y se guarda cuidadosamente para los sacrificios que hace el mismo emperador. A esta fiesta se preparan por un riguroso ayuno de tres días, y sacrifican una vaca a la diosa Tierra. En las demás capitales de provincia preside la fiesta y ara la tierra el primer magistrado. Una vaca de tierra cocida se conduce al paraje destinado, allí se rompe, y de su vientre sacan un gran número de vaquillas de la misma materia que se distribuyen a los labradores asistentes a la fiesta, así como los pedazos de la gran vaca. La agricultura es la profesión más estimada entre los chinos, y han tenido muchos emperadores de la clase de labradores.

136. Así como los emperadores honran la agricultura, las emperatrices se hacían antes un honor de la cría de la seda, de hilarla y manufacturarla. Había en los jardines de palacio un pequeño bosque de moreras; todos los años en un día fijo celebraba la emperatriz en este bosque una ceremonia semejante a la de la agricultura: acompañada de las primeras damas de la corte pasaba con toda solemnidad al bosque, cogía por su mano las hojas de tres ramas que sus damas bajaban hasta ponerlas a su alcance, las echaba de alimento a los gusanos de seda, y se celebraban sacrificios para los cuales servían las más hermosas piezas de tela de esta materia, que la emperatriz hacía fabricar a su vista, y en las cuales trabajaba ella misma. Ya esta fiesta no está en uso desde el principio de la dinastía reinante.

137. En la noche de la cuarta luna (y según el P. Magallanes de la octava), pretenden los chinos que aparece en este astro una liebre machacando arroz en un mortero. Los días precedentes se regalan lunas de dulces, pasta y liebres de la misma materia; desde que se pone el Sol hasta el amanecer siguiente, en la noche de la fiesta se pasean todos por las calles y plazas, jardines y azoteas para ver la aparición de la pretendida liebre. Los antiguos emperadores habían hecho construir de intento un palacio para la celebridad de esta fiesta sobre una altura que llaman monte de la liebre.

138. La fiesta de los difuntos consiste en una ceremonia que practican todas las familias en un día señalado de la primavera. Se reúnen en la sala que llaman de los abuelos todos los miembros de una misma estirpe, que muchas veces llegan a seis o siete mil, mezclándose sin distinción de clases ni jerarquías. En la sala hay una tabla con el nombre de todos los difuntos de la familia, día de su nacimiento y su muerte. Se celebra un gran banquete, regularmente en el campo donde hay mesas destinadas a los muertos, y nadie toca a los platos que se les ofrecen. Se practican otras varias formalidades, y al oscurecer se retiran todos a sus respectivas casas.

139. La fiesta o ceremonia de los sepulcros se celebra todos los años en el mes de Abril. Los miembros de cada familia visitan los sepulcros de sus difuntos; renuevan las ceremonias del funeral, limpian y reparan los sepulcros, etc. En esta ocasión se preguntan si algún individuo de la familia tiene algún negocio en mal estado, dan cuenta de ellos los que se hallan en el caso, y reciben el consejo y los auxilios de los demás parientes para salir de sus apuros.

140. Es notable el cuidado que todos los chinos tienen de llevar al sepulcro todos los miembros y partes del cuerpo que han recibido de la naturaleza, en términos que muchos guardan hasta los cabellos y las uñas que se han cortado en vida para llevarlos consigo a la tumba.

141. Hay en la China teatros donde se representan comedias y tragedias, se canta y se baila; pero los cómicos son reputados infames, y esta tacha se transmite a los descendientes, y no se puede extinguir sino después que en tres generaciones sucesivas hayan abandonado el oficio, de modo que es mayor infamia ser cómico que verdugo o carcelero, porque estos oficios solo imprimen infamia en cuanto se ejercen.

142. La opinión de los chinos es muy diferente de la de los europeos en punto a las diversiones teatrales: merecen allí muy poco o ningún aprecio de las personas notables, que no consideran el teatro como en Europa es tenido por la escuela de las costumbres. Un literato famoso de la última dinastía china decía: "que los espectáculos teatrales son una especie de fuegos artificiales del entendimiento, que no se pueden ver sino en la noche del fastidio; envilecen a los que ganan su vida ejecutándolos, fatigan los ojos delicados del sabio, ocupan peligrosamente las almas ociosas, corrompen las mujeres y los jóvenes que los ven sin reflexión, dan más humo y más olor que luz, no dejan más que un dañoso deslumbre, y causan frecuentemente perniciosos y horribles incendios."

143. No hay teatros permanentes ni aun en la capital: los actores llevan consigo las decoraciones, que son muy pocas y sencillas; cuando en un pueblo quieren disfrutar de esta diversión, fabrican en un momento un teatro de madera y esteras por suscripción; los espectadores están en campo descubierto, y la orquesta se coloca en el fondo de la escena.

144. Una compañía de cómicos casi nunca excede de ocho individuos, todos hombres: no hay en ellas actrices, y los papeles de mujer son desempeñados por jóvenes sin barba que hacen equivocarse a cualquiera que no esté advertido de su sexo; cada actor ejecuta dos, tres y más papeles distintos.

145. No guardan en la composición de los dramas un orden fijo; muchas veces una pieza misma abraza sucesos de todo un siglo, y aun la historia de una dinastía entera; se presentan frecuentemente en la escena animales de varias especies y cosas inanimadas que dialogan entre sí. Los ingleses vieron ejecutar el matrimonio de la Tierra con el Mar, representados ambos por un gran número de sus respectivos habitantes, todos los cuales se reunieron al fin, y dejaron paso a una enorme ballena, que se adelantó con dirección al emperador, y repentinamente vomitó grandes bocanadas de agua, y remojó bien a los espectadores, cuyo chasco fue muy aplaudido. Las principales piezas dramáticas son sacadas de la antigua historia del Imperio; la más célebre es el huérfano de la Casa de Tchao; la representación de algunas ocupa varios días consecutivos.



 

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