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LECCIONES DE HISTORIA DEL IMPERIO CHINO


Prólogo

Primera parte

De la situación, población y división

Del gobierno

De las dinastías

De varios emperadores

De los mandarines y la policía

Del ejército y las armas

De la justicia y los castigos

Segunda parte

De la religión

De los sacerdotes y templos

Del carácter y las costumbres

De la educación, las ciencias y los libros

De las fiestas y teatros

Tercera parte

Edificios públicos

De las producciones naturales

Continúa el mismo asunto

Prosigue la misma materia

De los animales

Cuarta parte

De las artes e industria

Continúa el mismo asunto

Prosigue la misma materia

Preguntas sobre las lecciones precedentes


 

 

LECCIONES DE HISTORIA DEL IMPERIO CHINO
 

Breve descripción de este Imperio, de su historia, población, 

gobierno, religión, industria, usos y costumbres
 

Redactadas por J. Herrara Dávila y A. Alvear - 1829


Índice

 

 



SEGUNDA PARTE
Lección XI - De la educación, las ciencias y los libros.


118. El gobierno cuida de la educación con un esmero verdaderamente paternal; hay muy pocas poblaciones en que no haya a lo menos una escuela de primeras letras. Desde la edad de cinco años, empiezan los niños a aprender los caracteres de su lengua, los cuales son tan numerosos y complicados que apenas alcanza la vida de un hombre para saber leer y escribir bien.

119. La gran dificultad de la escritura china consiste en la variedad muy numerosa de sus figuras; todas ellas se forman de seis rasgos curvos o rectilíneos, los cuales combinados dos a dos, tres a tres, etc. forman un número prodigioso figuras; de éstas hay varias que se emplean para expresar una misma palabra; mas, para escribir bien, es preciso no repetir un mismo signo en la misma composición. Para escribir al emperador hay ciertos signos particulares, de donde se sigue que hay pocos que puedan escribir correctamente un memorial, porque la menor imperfección es bastante para desechar una suplica. Esto hace que se tenga por un gran talento en aquel país el escribir bien. Los literatos chinos escriben con una rapidez tan prodigiosa, que solo pueden formarse una idea de ella los que hayan vista operar en Francia o Inglaterra a algún hábil estenógrafo.

120. Los chinos escriben con pinceles hechos de pelo de conejo, tienen el pincel verticalmente entre el dedo pulgar, el índice y el dedo mayor, con una pulgada lo menos de fuera; trazan los renglones de arriba a bajo y empiezan la página por la derecha.

121. Los tártaros suelen escribir más bien con una especie de pluma hecha de bambú, cortada a semejanza de las que se usan en Europa; pero como el papel de la China es muy delgado y sin goma, es preferible el uso del pincel. Para escribir con pluma o para pintar a la chinesca, acostumbran dar al papel una ligera mano de agua impregnada de alumbre, a fin de impedir que se pase la tinta. Los tártaros usan para escribir de un alfabeto muy limitado en lugar del numeroso y difícil vocabulario de los chinos, lo cual hace preferible la escritura tártara, y acaso prevalecerá sobre la China.

122. Además de las escuelas primitivas, hay también colegios donde se signe un curso de estudios, que tiene tres grados correspondientes a los nuestros de bachiller, licenciado y doctor, los cuales no se obtienen sino en consecuencia de exámenes multiplicados y severos.

123. La clase de los letrados es la que, en cierto modo, tiene el primer rango en el Estado; son considerados como nobles y están exentos de contribuciones.

124. A pesar de la grande estimación y protección que merecen las ciencias en aquel imperio, los conocimientos de sus doctores se reducen en general a la lengua y escritura, en lo cual emplean la mayor parte de su vida, algo de derecho y la historia del país. Hubo un sacerdote de la secta de Tao-tsé que, por haber conocido algo de la química y la magia, fue proclamado después de su muerte Dios y Señor del cielo, del sol, de la luna y de las estrellas.

125. Todas las ciencias son muy apreciadas, pero con especialidad la astronomía y la medicina. La particular estimación que dan a éstas nace (respecto a la astronomía) del auxilio que proporciona a las obras de astrología judiciaria, a que son apasionadísimos los chinos y en la cual creen con una fe supersticiosa. Sin embargo, hay leyes que llegan hasta imponer la pena de muerte al astrónomo que anuncie un eclipse que no tenga efecto, o que deje de anunciar el que lo tenga. En cuanto a la medicina, su aprecio se funda en la utilidad general. Un cirujano, sobre todo, es un hombre tan necesario, que él solo puede por su influencia adquirir más protección al cristianismo que todos los misioneros juntos.

126. En lo antiguo era regularmente ejercida la astronomía por los mahometanos, que, por su inteligencia en ella, eran muy estimados en Pekin, y estuvieron mucho tiempo en posesión de la presidencia y dirección del tribunal astronómico; pero confundida después su ignorancia por las demostraciones de los misioneros europeos, cedieron a éstos aquel puesto distinguido.

127. Ninguna misión es admitida, sin embargo, en Pekin, sin ser llamada por el emperador, y este no la llamará, sino ha ostentado antes grandes conocimientos en las ciencias y las artes. La astronomía, la música, la pintura, la medicina y cirugía, y las matemáticas, son los títulos bajo los cuales han sido admitidos los misioneros europeos, y muy apreciados después de haber acreditado su saber.

128. Hay un número tan prodigioso de libros en la China, que excede a toda ponderación. En ningún país del mundo, sino es en Europa, se han escrito tantos libros como en la China, sobre todas materias; pero la mayor parte son de historia, de religión, de moral, de astronomía, medicina, y de la ciencia del gobierno. En tiempo del emperador Kien-Long, se calculó que un colección completa de las mejores obras sobre estas materias, llegaría a seiscientos mil volúmenes. Los chinos tienen también comedias, tragedias y romances; de éstos hay muchos parecidos a nuestras antiguas historias de caballería. Los bonzos tienen también sus libros de piedad, que reparten con profusión al pueblo para fomentar su credulidad y aumentar las rentas de sus iglesias.

129. Entre los muchos libros preciosos que tienen los chinos, se encuentra particularmente un herbario en doscientos sesenta volúmenes, en el cual se podrá sin duda hacer una copiosa cosecha de observaciones y descubrimientos.

130. Los cinco libros sagrados que los chinos llaman Ou-King son el objeto más reverenciado que tienen. Confucio es el más célebre comentador de ellos, y por tanto es considerado como el primer sabio, el doctor, el legislador, y el oráculo de los emperadores.

131. He aquí la distribución y materias de estos cinco libros; el primero que se titula Chou-King contiene una colección de los anales de diferentes príncipes de los primeros de la China. El segundo Chi-King es una colección de odas, sonetos y máximas morales. El tercero Y-King comprende los famosos trigramas de Fobi, que pasan por el primer ensayo de la escritura china. El cuarto Choung-Chou encierra la historia de algunos príncipes del reinado de Yao, escrita en gran parte por Confucio. El quinto Y-Ki es el tratado de las ceremonias y deberes morales. Los doctores chinos miran al tercero de estos libros como el que conserva el texto más puro, y como obra de la misma divinidad; Fobi pretendía haber visto sus figuras elementales trazadas sobre la espalda de un dragón salido de un lago. Éste es el famoso dragón que forma la divisa de la China y el adorno de sus emperadores y príncipes; pero solo el primero, como queda dicho, puede llevarlo con cinco garras, y los que tengan su autorización para ello; los demás solo pueden ponerle cuatro; es tal la veneración que tienen los chinos a este libro que dicen, da conocimiento de todas las cosas visibles o invisibles. Está escrito en una lengua monosilábica; el número de sus sonidos no pasa de 350, perceptibles al oído de los europeos; pero los chinos modulan su voz, de modo que dan a un mismo monosílabo cinco sonidos diferentes, y así pueden pronunciar 1200 a 1300 palabras radicales, cuya significación varía por la diversa pronunciación de una misma sílaba.

132. En la China no están los libros sujetos a ninguna censura ni examen anterior a su publicación; pero después de ella están sujetos a una revisión severa, y los errores más pequeños se castigan con el mayor rigor.



 

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