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LECCIONES DE HISTORIA DEL IMPERIO CHINO


Prólogo

Primera parte

De la situación, población y división

Del gobierno

De las dinastías

De varios emperadores

De los mandarines y la policía

Del ejército y las armas

De la justicia y los castigos

Segunda parte

De la religión

De los sacerdotes y templos

Del carácter y las costumbres

De la educación, las ciencias y los libros

De las fiestas y teatros

Tercera parte

Edificios públicos

De las producciones naturales

Continúa el mismo asunto

Prosigue la misma materia

De los animales

Cuarta parte

De las artes e industria

Continúa el mismo asunto

Prosigue la misma materia

Preguntas sobre las lecciones precedentes


 

 

LECCIONES DE HISTORIA DEL IMPERIO CHINO
 

Breve descripción de este Imperio, de su historia, población, 

gobierno, religión, industria, usos y costumbres
 

Redactadas por J. Herrara Dávila y A. Alvear - 1829


Índice

 

 



TERCERA PARTE
Lección XIII - Edificios públicos.


146. Después de haber dado noticia de los templos de la China, en cuanto a otros monumentos de utilidad pública, los hay que exceden a los de los romanos, y recuerdan las empresas gigantescas de los egipcios: puentes de una longitud y ligereza prodigiosa; caminos magníficos y conservados siempre en el mejor estado; postas, telégrafos y canales por todas partes. El canal imperial de Canton a Pe-kin, tiene seiscientas leguas de curso. La gran muralla, que separa la China de la Tartaria Mautchesux, tiene más de quinientas.

147. Hay mucha variedad en los historiadores sobre el tiempo en que se empezó a construir la gran muralla; pero los más convienen en atribuirla al famoso Chi-vangti, emperador de la cuarta dinastía, hace más de dos mil años. Se cree que empleó la tercera parte de los hombres del imperio, y que tardó cinco años en construirla.

148. Empieza en la provincia de Chen-si, cerca del Houng-ho, o río amarillo; se extiende sin interrupción por las montañas y los valles, primeramente hacia el Norte a los 42 grados de latitud, y después tira hacia el Mediodía a los 80, y tiene por límites el mar de Kamtzchat-Ka, entre la provincia de Pe-tche-li, y el Leao-tong. Su longitud es más de quinientas leguas, comprendiendo las montañas inaccesibles, y grandes barrancos que en muchas partes sirven de murallas, pero la obra verdadera de mampostería tendrá unas cien leguas.

149. Está formada de ladrillo, piedra y argamasa, según los parajes; pero toda su obra es tan sólida, que todavía permanece entera en la mayor parte. Para cimentar la que toca al mar, se dice que echaron a pique una infinidad de embarcaciones cargadas de piedra y hierro.

150. Su altura varía mucho, según lo exigen las parajes, pero se puede calcular desde quince hasta treinta pies; su ancho es generalmente el suficiente para una fila da ocho hombres de frente.

151. Pasa por encima de muchos ríos, por medio de magníficos puentes y bóvedas, tiene de trecho en trecho torres que la flanquean, y hay en ella muchos caminos abiertos para la facilidad de las comunicaciones; en los parajes menos fuertes por la naturaleza, hay una doble y aun triple muralla para defenderlos; y se cree que en el reinado de las dinastías chinas, había siempre un millón de soldarlos guarneciendo la muralla para evitar las invasiones de los tártaros.

152. El canal imperial divide la China desde el Norte al Mediodía, y facilita la comunicación y los transportes en el espacio de más de seiscientas leguas.

153. La solidez de su obra y el ingenioso modo con que ha sido dirigido es superior a lo mejor que ofrece la Europa en esta línea. Empieza en la provincia de Pe-king, desde donde sigue sin interrupción basta la de Chang-tong, y una parte de la de Kiang-nan; aquí se pierde en el río Hoan-ho, sobre el cual se navega dos días; de éste se entra en otro río también navegable, y bien pronto continúa el canal que acaba su curso en la provincia de Kiang-nan, y se precipita a una jornada de Nan-King, en el río Yan-tre-kiang; se sigue navegando por este río hasta el lago Jau-tcheon, por el cual se atraviesa una parte de la provincia de Kiang-si; sigue la navegación por el Kian-Kian, hasta Nanbidug, en la provincia de Quang-tou, y desde aquí se continúa por otro río hasta la ciudad de Canton, en la extremidad meridional de la China; de manera que el canal propiamente dicho, es de unas trescientas leguas; pero facilita la navegación de más de seiscientas. De este canal salen un gran número de otros de riego, y navegables a los dos lados que fertilizan el terreno; así como sucede en todas las demás provincias que están atravesadas y regadas de una multitud de canales que llevan por todas partes la fertilidad y la riqueza.

154. Los chinos no conocen las esclusas de Europa, pero las suplen con una invención que, aunque grosera a la verdad, llena su objeto. Para unir dos canales que no están en un mismo nivel, fabrican una misma empalizada rellenándola de piedra, y compuesta de dos planos inclinados, o que tienen dos vertientes; por medio de una cuerda suben o bajan sobre la orilla de las dos vertientes el barco, deslizándolo como quien echa un navío al agua, para lo cual mojan muy bien antes las dos vertientes; pero solo con barcos pequeños pueden hacer esta maniobra, en la cual están muy diestros.

155. El orden que guardan los chinos en la construcción de sus casas es muy poco variado; generalmente tienen todas la misma forma. Esta es un paralelogramo, que descansa sobre un basamento elevado de algunas gradas o escalones; los lados mayores están abiertos y decorados de columnas de madera, que descansan sobre pedestales de piedra pero sin capitales, de modo que vienen a ser unos postes redondos; los lados menores son de muro de ladrillo, sobre el cual, en los lados mayores, está embebido otro segundo orden de columnas. La habitación está en el centro del edificio, y de cada lado hay un pórtico que tiene mucha analogía con los peristilos de los griegos. Las casas son generalmente muy capaces; cada familia o parte de ella ocupa distinta habitación; pero hay una pieza común muy grande, que se llama la sala de los abuelos, en donde todas las ramas de una familia se reúnen en las ocasiones de solemnidad.

156. En las casas de Canton, no se ha introducido novedad alguna que las imite a las de Europa, a pesar del trato con los comerciantes europeos; pero la mucha población parece que ha causado algunas de otra especie. Las casas de los comerciantes de Canton están casi todas a la orilla del agua, son muy largas y estrechas; las habitaciones ocupan los dos lados; cada una consiste en un salón para recibir las visitas; un cuarto pequeño para dormir, y en algunas un gabinete o estudio; delante de cada departamento hay un patio, y en su extremidad un estanque o cisterna, cuyas orillas están plantadas de bambú, lien-hoás y otras plantas. El estanque hormiguea en peces de varios colores, generalmente dorados; los lados de los patios están adornados de macetas de flores, arbustos, bambúes, y cepas de vid; en el centro suele haber un gran vaso de porcelana con una frondosa planta de lien-hoá. También se ven en los patios varias aves y pájaros preciosos y raros.

157. Los sepulcros están colocados en terrenos pertenecientes a cada familia, situados en eminencias y en medio de deliciosas arboledas. El jefe de la familia, esto es, aquel que ha dado principio a ella, ocupa un lugar de preferencia; los hijos, nietos y demás descendientes están colocados en nichos, según su grado, con sus mujeres. Se asegura que los que mueren sin hijos y los que están deshonrados por crímenes no son admitidos en estos sepulcros. Luego que una familia se extingue, el nuevo poseedor de este terreno se apresura a destruir estos tristes vestigios de la muerte; pero esto sucede muy raras veces, porque los chinos tienen mucho cuidado de perpetuarse con una numerosa posteridad. Las cercanías de Pe-Kin tienen un aspecto fúnebre, porque las tristes moradas de los muertos, esparcidas por los dos lados del camino, parece que igualan al número de las habitaciones de los vivos.

158. El palacio del emperador está situado en el centro de la gran ciudad de Pe-Kin:, y es el más sobresaliente edificio del imperio.

159. No sólo se comprende en este recinto el palacio propiamente dicho, o la habitación del emperador, sino también un gran número de casas para toda su familia, para sus ministros, oficiales y dependientes de palacio.

160. Las mujeres y los eunucos habitan en el centro de la morada del emperador, y este departamento está cercado de un muro particular. Este recinto central está asimismo rodeado de nueve calles de árboles, que se comunican con hermosas portadas de mármol terminadas en un gracioso pabellón. Tiene dos techos; todos los apoyos o bases del primero están pintados de verde con diferentes figuras doradas; el superior tiene cuatro vertientes que acaban en punta; la faja cornisa está adornada de hermosos florones y otros graciosos adornos, y el techo cubierto de tejas amarillas dadas de un barniz tan exquisito, que parecen de oro. Los costados de cada calle de árboles están cerrados por casitas y galerías, y todo ello termina en la habitación del emperador.

161. Los pórticos que decoran la entrada de la habitación imperial están apoyados sobre gruesas columnas de maderas muy preciosas; en torno de los aposentos hay un terraplén cubierto de mármol blanco con balaustres; la fachada se divide en tres partes: las de los lados con gradas o escalones por donde suben los grandes; la del medio es una rampa muy suave por donde sólo sube el emperador.

162. Recibe a los embajadores en la sala de audiencia, que tiene 130 pies de longitud y poco menos de ancho. Su techo está todo labrado, pintado de verde y adornado con diferentes dragones dorados. Las columnas interiores que sostienen el techo tienen de seis a siete pies de circunferencia en la base; las paredes son de un blanco sumamente brillante, sin tapices, ni pinturas, ni adorno alguno. En medio está el trono, que es muy sencillo, de 3 a 4 pies de altura, en forma de altar cubierto de un riquísimo tapiz o de pieles de martas cibelinas. El emperador se sienta sobre una especie de estrado, cruzadas las piernas al estilo de los tártaros, y rodeado de un gran numero de príncipes, ministros y mandarines.

163. Cuando algún embajador es convidado a comer, recibe este obsequio en la misma sala de audiencia, donde acostumbran poner un gran número de mesas, en cada una de las cuales comen dos personajes. El embajador come solo en una de preferencia, y el emperador también, solo en otra en el lugar más distinguido; suele enviar varios platos al embajador, y una gran taza de oro llena de vino. Durante la comida tocan una gran orquesta, y después de concluida, sube el emperador al trono, y por medio de los intérpretes hace preguntas al embajador sobre su misión, su viaje, su país, etc.

164. Los demás aposentos están más adornados; sus techos están tallados y dorados, las paredes barnizadas, y las pinturas, tapices y porcelanas riquísimas abundan como su principal adorno.

165. Hay además en el recinto del palacio imperial un espacioso parque donde están encerradas muchas fieras de varias especies, y en medio cinco colinas artificiales poblabas de árboles y arbustos, en cuyo paraje se recrea el emperador viendo correr los gamos, cabras monteses, conejos y liebres de que abunda. A la parte de Occidente hay un lago, que tiene cerca de una milla de longitud, rodeado de casas, algunas de ellas dentro del agua; hay para pasarlo un gran puente, en cuyas extremidades se encuentran dos arcos triunfales con tres puertas cada uno, altas, majestuosas y de graciosa arquitectura. El lago está poblado de peces excelentes con un gran número de barcas para pescar y pasearse. Por otra parte hay un gran bosque muy frondoso que termina en una casa de placer llamada el palacio de larga vida.

166. Son muy comunes en la China los arcos triunfales, no hay pueblo de consideración que no tenga alguno, y se necesita poco para obtener esta distinción. Si alguno es graduado de doctor, se le erige un arco triunfal por su familia, sus amigos o paisanos, pero los más considerables han sido construidos en honor de los príncipes y grandes guerreros.

167. Constan comúnmente de tres puertas, con columnas, sin adorno en sus pedestales, sin capitales ni cornisas, y todas terminan con igualdad en el arquitrabe; el friso es de una desmesurada altura, lleno de figuras de hombres, de pájaros, cuadrúpedos y flores de muy buena escultura, que forman sus inscripciones.



 

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