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LECCIONES DE HISTORIA DEL IMPERIO CHINO


Prólogo

Primera parte

De la situación, población y división

Del gobierno

De las dinastías

De varios emperadores

De los mandarines y la policía

Del ejército y las armas

De la justicia y los castigos

Segunda parte

De la religión

De los sacerdotes y templos

Del carácter y las costumbres

De la educación, las ciencias y los libros

De las fiestas y teatros

Tercera parte

Edificios públicos

De las producciones naturales

Continúa el mismo asunto

Prosigue la misma materia

De los animales

Cuarta parte

De las artes e industria

Continúa el mismo asunto

Prosigue la misma materia

Preguntas sobre las lecciones precedentes


 

 

LECCIONES DE HISTORIA DEL IMPERIO CHINO
 

Breve descripción de este Imperio, de su historia, población, 

gobierno, religión, industria, usos y costumbres
 

Redactadas por J. Herrara Dávila y A. Alvear - 1829


Índice

 

 



PRIMERA PARTE
Lección III - De las dinastías.


29. En la China han reinado, según se cuentan por sus historias, veinte y dos dinastías, de las cuales la actual reinante es la segunda de los tártaros.

30. Al fin de la lección siguiente se verá una tabla cronológica de ellas, que a golpe de vista da una idea suficiente de sus respectivas épocas, duración, y número de sus emperadores. No obstante se dará al menos una noticia de los principales sucesos de su historia, en qué tiempo se fundó este imperio y por quien.

31. La mayor parte de los historiadores dicen que Fo-by fue el fundador de este imperio; y según sus anales reinó unos tres mil años antes del diluvio. Fo-by, dicen, fue el que civilizó a los chinos, que antes de él eran un pueblo salvaje, por cuyo beneficio le eligieron por su rey; pero tanto los tiempos anteriores a este rey, como los que le siguieron hasta su octavo descendiente, están demarcados con mucha incertidumbre, y se confunden en el abismo de las edades, como casi todos los principios de las naciones antiguas.

32. El octavo emperador descendiente de Fo-by fue Yao, desde cuyo tiempo la historia de este imperio tiene todas las señales de certidumbre, aunque hay muchos autores respetables que dudan de ella, los cuales quieten probar que no puede tener este imperio la antigüedad que le dan sus anales. Los cristianos, por lo menos, no debemos creerla, porque se opone a lo que dice la escritura sagrada.

33. Esta dinastía cuenta diez y siete monarcas en el espacio de cuatrocientos cincuenta y ocho años.

34. La causa por la cual cesó de reinar fue por la que generalmente pierden el cetro los soberanos, esto es, por su mala conducta. Kié, que fue el último descendiente de Fo-by, cometió tales excesos que su memoria es todavía execrable entre los chinos, como la de un monstruo de crueldad y desenfreno. El pueblo se sublevó y, destronando por dos veces a Kié, colocó en el solio a Tchin-tang, príncipe tributario que gobernó el imperio con mucha sabiduría.

35. En la segunda dinastía se cuentan veinte y ocho Emperadores en el espacio de seiscientos cuarenta y cuatro años.

36. La misma causa que queda dicha para el destronamiento de la primera dinastía dio motivo al de la segunda: las crueldades, profusiones y libertinaje de Tcheou, su último Emperador.

37. A este sucedió Vou-vang, rey de un estado vecino tributario, a quien los Chinos elevaron a su trono.

38. La descendencia de Vou-vang cesó de reinar porque este príncipe cometió una falta muy esencial, cual fue la de crear muchos principados y reinos en el imperio. Estos pequeños soberanos se conservaron fieles y subordinados al principio; pero bien pronto se rebelaron, y haciéndose la guerra unos a otros, inundaron el imperio de sangre, y dieron la ley a los emperadores, quitándolos y poniéndolos a su arbitrio.

39. Tchao-siang, rey de Tsin, vasallo del imperio, que se apoderó del trono por la fuerza, dio principio a la cuarta dinastía despojando a Tcheou-kium.

40. La quinta línea de los emperadores fue establecida por un aventurero llamado Lieu-pan, que de soldado se hizo jefe de bandoleros, y por medio de la violencia y de toda especie de atrocidades llegó a hacerse emperador; pero se conservó en el trono ejerciendo las mayores virtudes.

41. Después duró mucho tiempo esta dinastía: permanecieron reinando veinte y cinco emperadores de ella en el espacio de 426 años, y hubo entre ellos hombres muy ilustres.

42. Por último cesó el trono en ella porque sus últimos monarcas se abandonaron a toda especie de vicios y flaquezas, lo que dio origen a guerras civiles que dividieron el imperio en cuatro reinos independientes, los cuales al fin se reunieron en la persona de Tchao-lievang fundador de la sexta dinastía.

43. Ésta solo reinó 44 años con dos monarcas; Heoti, hijo de Tchao-vouti, fue fundador de la séptima casa.

44. Hubo de ella quince emperadores durante ciento cincuenta y cinco años. El último de ellos K-ongti fue destronado y degollado por Lieou-you, que de sacerdote pasó a soldado, a general, y se hizo emperador.

45. Esta dinastía y las otras cuatro siguientes solo duraron ciento noventa y ocho años con veinte y cuatro monarcas. El imperio fue destrozado en este tiempo por continuas guerras civiles, a que dieron lugar la debilidad y los vicios de los monarcas, y la soberbia y ambición de sus ministros y de los sacerdotes o bonzos, que disponían a su antojo del trono y de la vida de los que no supieron ocuparlo.

46. La dinastía decimatercia tuvo príncipes sabios, que restablecieron el Estado, y lo gobernaron felizmente. Fue dichoso con especialidad el reinado de Trai-tsong, segundo emperador de esta dinastía.

47. Como nada hay estable entre los hombres, pues parecen condenados a una perpetua variación y alternativa de bienes y males, desde el reinado de Hiven, sexto emperador de esta casa, hasta el de Tchao-suen, que fue el vigésimo y último, continuas revoluciones turbaron la tranquilidad del Estado, causadas por la tiranía de los eunucos, a quienes los emperadores dieron una autoridad desmedida. Por fin Tchou-ven, caudillo de una tropa de malvados, aprovechándose de las circunstancias, destronó y dio muerte a Tchao-suen, y fundó la decimacuarta dinastía.

48. Esta dinastía y las cuatro siguientes no duraron más que cincuenta años con trece emperadores. Por este tiempo los tártaros establecidos en la parte septentrional de la China empezaron a hacerse temibles. Elevaron al trono a Kao-tsou cabeza de la decimasexta dinastía, quien en recompensa les cedió seis ciudades en la provincia de Petcheli. Estos dones hicieron más orgullosos y atrevidos a los bárbaros, que desolaron el imperio por término de más de 400 años.

49. Cansados los chinos de las vejaciones que sufrían con la dominación de los tártaros en la dinastía 19, llamaron en su socorro a otros tártaros orientales llamados niutches. Con este auxilio arrojaron a los tártaros del norte; pero los vencedores se apoderaron no solo del territorio que los otros ocupaban, sino también de las provincias de Petcheli, Kensi y Honan, y poco después tomaron a la capital Nan-King, quemaron el palacio, y obligaron a los chinos a que se declarasen sus tributarios.

50. La dominación de los tártaros niutches cesó porque los chinos llamaron en su ayuda a otros tártaros de la parte de occidente llamados tanyu; con ellos lograron, al cabo de muchos años y de sangrientos debates arrojar a los niutches del territorio que ocupaban.

51. La dinastía de tártaros tanyu se estableció entonces en el imperio de la China, los cuales no solo se apoderaron de las provincias que ocupaban los vencidos, sino de todo el imperio, sentando en el trono a sus mismos soberanos, que forman la vigésima dinastía de la China, y la primera línea tártara con el nombre de Y-ven; habiéndose verificado por fin en los chinos la triste verdad de que la nación que admite en su seno las harinas de otra como auxiliares por mucho tiempo, concluye con ser dominada por ellas.

52. Esta primera dinastía tártara reinó ochenta y nueve años con nueve emperadores. Chunti, que fue el último príncipe, indolente, entregado a sus mujeres y favoritos, se vio destronado por los mismos chinos, que aprovecharon esta ocasión para restablecer el trono en una dinastía de la nación.

53. En esta época entró a reinar la dinastía de Tai-tsou que es la 21, y permaneció 236 años con 16 monarcas.

54. Concluyó el reinado de ella cuando los tártaros niut-ches u oriénteles, que, como queda dicho, fueron arrojados del territorio del imperio, irritados porque los mandarines chinos de la provincia limítrofe de Leao-tong sorprendieron falazmente a su rey y le degollaron, acometieron furiosamente aquella provincia, mandados por Tieng-ming, hijo del difunto rey. Este conquistó aquella provincia y la de Pet-cheli; pero en breve fue arrojado de ellas. Tsong-te, su nieto, príncipe muy valiente y entendido, se había educado secretamente en la China y estudiado las costumbres y carácter de sus habitantes, como si algún día hubiese de gobernarlos. El imperio chino fue destrozado por disensiones civiles en el reinado de Hoal-tschong, príncipe virtuoso aunque muy débil. Li, jefe de una facción, se apoderó de algunas provincias y tomó el título de emperador; después entró en Pekin sin ser sentido de su soberano. Abandonado éste de su guardia, bajó al jardín del palacio con su hija; cortó a ésta la cabeza y en seguida se ahorcó él colgado de un árbol, siguiendo su ejemplo sus más fieles criados, por no entregarse al tirano usurpador. Ou-sangney general del ejército que hacia la guerra a los tártaros no quiso reconocer al tirano Li, y se encerró en una plaza fuerte. Éste marchó a ella con un poderoso ejército, y habiendo aprisionado al padre de aquel general, le condujo ante la plaza e hizo saber al hijo que si difería un punto la rendición, mandaría que fuese su padre degollado a su vista. El generoso anciano exhortaba al general a que persistiese firme en su propósito, pues que él moría contento por su patria y por su honor. Ou-sanguey animado con este heroico ejemplo, sacrificó su ternura filial y despreció las amenazas del tirano, quien hizo degollar a su vista al virtuoso padre. Estrechado fuertemente el general chino, hizo la paz con los tártaros y se concertó con ellos para combatir al usurpador. Entonces el rey de estos Tsong-te entró con 8.000 hombres, venció a Li, que acabó sus días oscuramente, y todo se prosternó a la autoridad del tártaro, a quien recibieron los pueblos como a su libertador. Ou-sanguey se arrepintió tarde y en vano de haber llamado en su socorro un pueblo extraño. Tsong-te se hizo emperador, y habiendo muerto a poco tiempo, dejó nombrado sucesor a su hijo Chunci, de menor edad, que sin embargo fue confirmado en el trono por agradecimiento a los servicios de su padre. El tal es considerado como el fundador de la dinastía reinante de la segunda línea tártara, que cuenta ya diez emperadores.

55. La principal de las ventajas que ha conseguido la China con la elevación al trono de esta dinastía, es la de haberse reunido al imperio una parte muy considerable de la gran Tartaria, con lo cual se ha hecho el más vasto y floreciente Estado del mundo. Rodeado de otros Estados demasiado débiles para ofenderle, ha permanecido en una profunda paz durante muchos años; aunque en la actualidad está alterada por una discordia intestina cuyo éxito se ignora. El genio guerrero de los tártaros mezclados con los chinos, ha hecho a éstos, que lo tenían acaso demasiado pacifico, más fuertes y celosos de su independencia; por otra parte, las costumbres suaves y la industria de los chinos han sido adoptadas por los tártaros, y han endulzado el natural fiero de estos vencedores; de manera que la China ha llegado en el día al mayor grado de prosperidad, de fuerzas y de poder que ha conocido desde su fundación.



 

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