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Nociones de historia de Grecia

Cap.I. Principios de los griegos

Cap II. El Peloponeso hasta el año 500 antes de J. C. Colonias

Cap.III. Ática hasta 500 años antes de J. C

Cap. IV. La revolución jónica y las guerras médicas

Cap. V. El imperio de Atenas y la guerra del Peloponeso

Cap.VI. Esparta, Tebas, Macedonia

Cap. VII. Imperio de Alejandro
 

 

 

NOCIONES DE HISTORIA DE GRECIA - CHARLES ALAN FYFFE


Índice

 

 



CAPÍTULO VII - IMPERIO DE ALEJANDRO

1. Alejandro dueño de Grecia

Al subir al trono Alejandro, se encontró con todo dispuesto para la invasión de Persia. Como la muerte de Filipo causó un movimiento en favor de la libertad en algunos de los Estados de Grecia, Alejandro marchó inmediatamente sobre el Peloponeso con un gran ejército, para hacer ver a los griegos cuan fuerte era. Se celebró un congreso como antes, en Corinto, y Alejandro, aunque sólo tenía veinte años de edad, fue reconocido como jefe y general de Grecia. Volvió entonces a Macedonia y en la primavera del año 355 antes de J. C. hizo una expedición contra las naciones bárbaras al Norte de Macedonia. Primero se abrió paso peleando por Tracia hasta el Danubio, cuyo río cruzó, derrotando a los Getas, que vivían a la otra orilla, y volviendo después al S. O., derrotó a los Ilirios, que habitaban al Oeste de Macedonia. Durante su ausencia, llegó a Grecia la falsa noticia de su muerte y los tebanos se sublevaron y sitiaron la guarnición macedonia de la Cadmeya. Alejandro marchó desde Iliria con asombrosa rapidez y se apoderó de Tebas. La ciudad fue asolada, y la población entera vendida como esclavos. Esta destrucción completa del Estado que últimamente se había encontrado a la cabeza de Grecia, aterrorizó a las otras ciudades, y puso fin a toda idea de resistencia.

2. El ejército macedonio. Falange

El ejército que Filipo había preparado y con el cual Alejandro derrumbó el imperio persa, estaba armado y arreglado de tal manera que aunque no era muy numeroso, fue el más fuerte que hasta entonces había existido en el mundo. El gran rasgo distintivo del ejército macedonio fue la falange. Esta era un cuerpo de soldados de a pié armados con lanzas de veinte y un pies de largo, y formados en seis filas, a distancia de tres pies uno de otro, y que empuñaban sus lanzas a quince pies de la punta y seis de la contera, que era muy pesada, de modo que las lanzas de los que formaban las primeras cinco hileras salían por delante de los soldados de la primera, a distancia de tres, seis, nueve, doce y quince pies respectivamente. La lanza ordinaria griega solamente alcanzaba seis pies; así es que cuando los tebanos cargaron a la falange macedonia en Queronea, tuvieron que abrirse camino por estas hileras de puntas de lanzas, antes de poder herir a los macedonios. La falta de la falange consistía en que no podía dar vueltas con prontitud, y que requería mucho terreno para poder conservarse en formación; y así, aunque la falange era un cuerpo más fuerte de tropas pesadamente armadas que ningún otro de los que hasta entonces habían existido en Grecia, el método romano de lanzar primero una lanza corta y pelear después a la espada, demostró ser superior aun a la falange, porque en aquél nada había que impidiera moverse a los soldados rápidamente en todas direcciones, y que cada hombre pudiera pelear individualmente y valerse de su espada, lo mismo en buen terreno que en el accidentado. No hay, sin embargo, ejemplo de que la falange haya sido vencida en buen terreno por tropas que la atacaran con arma corta y por el frente. Los romanos, cuando combatieron la falange, salieron victoriosos atacándola por los costados, y en terreno de colinas, donde las lanzas no podían conservarse en su correcta formación. Alejandro nunca se sirvió de la falange sola, sino que empezaba sus batallas con otras tropas, y empleaba la falange para el ataque decisivo al fin de la batalla.

3. Guardia y caballería

Todos los soldados de la falange eran macedonios de nacimiento; también lo eran los que servían en la guardia, cuerpo de infantería armado con la lanza y el escudo comunes en Grecia, y en las dos divisiones de caballería, de las cuales una llevaba armadura pesada y una lanza gruesa y corta para combatir en batallas regulares, y la otra, sin mucha armadura, llevaba una larga lanza ligera para reconocer el país y perseguir al enemigo. El rey estaba escoltado por una partida de jóvenes nobles macedonios, que se llamaban los pajes. De ésta eran ascendidos los nobles a un cuerpo escogido, llamado la guardia personal, o como ahora diríamos, el estado mayor del rey, del cual sacaba éste sus generales y sus mayores empleados.

4. Otras tropas

Además de estas divisiones del ejército, compuestas de hijos de Macedonia, había regimientos de griegos, tanto de infantería como de caballería, y también regimientos sacados de los países bárbaros vecinos de Macedonia, armados con arcos, jabalinas y otras armas ligeras. Sobre todo había una división regular del ejército que trabajaba en las máquinas para lanzar piedras, lo mismo en los sitios que en las batallas. Estas máquinas hacían, de una manera inferior, lo que hoy hacen los cañones. En las guerras griegas habían sido hasta entonces empleadas solamente para batir los muros en los sitios. Alejandro fue el primero que se sirvió de ellas en las batallas, y después ha habido en la historia un ejemplo de una batalla que se decidió por esta especie de artillería.

5. Monarquía militar

De este modo el ejército macedonio, aunque no tenía más de 40000 hombres, comprendía tropas y aplicaciones para toda clase de servicios. En su espíritu se diferenciaba mucho del ejército de un Estado griego, hasta donde era posible diferenciarse. En un ejército griego los soldados eran los mismos ciudadanos, que tan pronto como se terminaba la guerra volvían a la vida ordinaria, y los generales eran también ciudadanos, y elegidos por el pueblo; pero en el ejército macedonio el rey lo era todo. Los soldados no hablan conocido nunca lo que era obrar como ciudadanos; poco sabían de achaque de leyes o de libertad, y estaban entregados a su rey, que los conducía y que peleaba en medio de ellos. Los generales habían empezado por ser los pajes del rey; luego lo habían acompañado en la guardia personal, y habían sido ascendidos porque habían alcanzado su amistad o buena fama. No se trata nunca de libertad en un Estado en que el ejército no es más que el instrumento de un hombre solo como Alejandro, César o Napoleón; pero el ejército mismo, suponiendo que el monarca sea un buen general, llega a ser excesivamente eficaz, tanto porque el amor que los soldados tienen a su general es uno de los sentimientos más fuertes que puede haber entre hombres, y es causa de que hagan maravillas de valor y sufrimiento, cuanto también porque un ejército está siempre mucho mejor dirigido cuando hay un solo jefe que es supremo, que cuando se suceden los generales uno a otro en el mando, o tiene el gobierno del Estado derecho a intervenir en la acción del general. Sucedió que Alejandro, que tuvo entonces el mando absoluto del ejército que Filipo había llevado a tal grado de perfección, era hombre de extraordinario genio para la guerra. Por todas estas causas, el ejército macedonio, con Alejandro a su cabeza, fue una fuerza como nunca había existido otra en la historia, y que pudo probablemente sin gran dificultad haber conquistado el mundo entero.

6. Fama de Alejandro

Alejandro merece el nombre de Magno por sus maravillosas cualidades como general y por el poder natural que tenía sobre los suyos. No ha habido nunca ser humano que demostrara tanta energía en la guerra. Tomando él siempre parte en sus marchas, causaban éstas algunas veces la muerte de fatiga a los hombres y caballos que le acompañaban. Cualquier cosa que hubiera que hacer, la hacía con la mayor celeridad; generales y soldados conocían que estaban mandados por un hombre a quien nada podía resistirse. Verdad es que sus adversarios fueron en su mayor parte asiáticos, de modo que las victorias que ganó en batallas campales no hubieran bastado a probar que Alejandro había sido un gran general; pero la prontitud en que se encontraban siempre sus tropas, las marchas asombrosamente largas y veloces que él las hacía llevar a cabo, la certidumbre con que ejecutaba todo lo que se proponía y la confianza que en él tenían sus soldados, le acreditan de haber sido un caudillo extraordinario. Generales romanos capaces de juzgar con acierto, le consideraron el más grande de todos los jefes, con la excepción de Aníbal el cartaginés. En valor, determinación y elevado espíritu, nadie le sobrepujó nunca; pero cuando nos salimos de las cualidades de soldado y comparamos a Alejandro con Feríeles o con otros de los realmente nobilísimos griegos, no suele ser tan grande ni mucho menos, y algunas veces es despreciable. Si solamente hubiera pasado a cuchillo a sus prisioneros, no hubiera sido esto ciertamente mancha de su fama, pues era la práctica general en aquella época; pero Alejandro arrastró vivo con su misma carroza a un general que valientemente había combatido en su contra; torturó y mató por meras sospechas a Filotas, jefe de su caballería, cuyo amigo había pretendido ser hasta el último instante; condenó a muerte alevosamente a Parmenión, uno de sus generales más antiguos, padre de Filotas, por la misma sospecha; se aprovechó de ser rey para asesinar a Clito, uno de sus amigos más antiguos, en una salvaje borrachera; dio tormento y ahorcó a Calístenes, escritor griego, por sospechas de que conspiraba, y en parte porque Calístenes se había negado a tributarle culto como a un dios.

      Se habla algunas veces de Alejandro como el héroe de la Grecia, pero es lo cierto que en él había poquísimo de griego, y mucho más del rey medio bárbaro. En los últimos años de su vida la conquista y la gloria sacaron a la superficie la parte odiosa y salvaje de su carácter; y si ha de considerársele como griego, pueden algunos de sus actos compararse solamente a los de los tiranos de peor especie. Era el reverso completo de hombres como Feríeles y Epaminondas, que conforme fue aumentando su poder, se observaron más estrictamente a sí mismos, y más ansiosos estuvieron de respetar los derechos de los otros.

7. Conquista del Asia Menor

En el año 334 antes de J. C. cruzó Alejandro el Helesponto. Las mejores tropas que los persas tenían para oponérsele eran regimientos de griegos a sueldo, y el jefe de éstos, un rodio llamado Memnon, sabía bien lo que era la guerra. Memnon aconsejó a los griegos que no aceptaran una batalla campal con Alejandro, sino que defendieran los desfiladeros de las montañas y las ciudades, y que enviaran la flota fenicia, que era superior a la de Alejandro, a excitar a los griegos contra Macedonia y a atacar a la misma Macedonia. Los sátrapas, sin embargo, no quisieron hacer caso de Memnon y dieron una batalla cerca del Helesponto en el río Gránico, la cual ganó Alejandro después de un combate muy reñido. Darío, rey de Persia, dio entonces el mando en jefe a Memnon. Éste se preparó a emprender las operaciones por mar y se apoderó de algunas de las islas egeas; pero poco después cayó enfermo y murió. Alejandro recorrió toda el Asia Menor, y Darío, abandonando los planes de Memnon, reunió un ejército enorme para darle una batalla decisiva. Se verificó ésta cerca de Iso, en las fronteras de Cilicia y Siria (mapa del imperio Persa y de Grecia). Darío huyó con vergonzosa cobardía; y aunque los naturales de Persia se batieron bravamente, ganó Alejandro una completa victoria y cayó en su poder la familia de Darío (333 antes de J. C).

8. Conquista de Fenicia

Se retiró Darío al otro lado del Éufrates, pero en vez de perseguirle, Alejandro se dirigió al Sur, hacia Fenicia. Fue tomada Damasco, y los puertos de mar fenicios, excepto Tiro, se entregaron sin combate. Esto fue causa de que se disolviera la flota fenicia empleada por los persas, y así acabó el mejor recurso que los persas tenían contra Alejandro. Solamente Tiro se negó a admitir dentro de sus puertas a Alejandro. Estaba la ciudad de Tiro construida en una isla a media milla de la costa, y circundada por una muralla inmensamente fuerte. Tenían los tirios buques, y Alejandro no, de modo que en su insular ciudad parecía que podían desafiarle con toda seguridad; pero Alejandro decidió llegar a Tiro por tierra, construyendo un sólido muelle de piedra de 200 pies de ancho, a través de aquella medía milla de mar, que uniera a Tiro con el continente. Se construyó el muelle, pero cuando llegaba ya cerca de las murallas de Tiro, los de la ciudad lo destruyeron muchas veces. Por último Alejandro tuvo que llevar la flota de las otras ciudades fenicias para proteger a los trabajadores. Se acabó el muelle; las máquinas de sitio de Alejandro rodaron por él, y últimamente se abrió brecha en las murallas. Después de una lucha muy encarnizada fue tomada Tiro por asalto. Siete meses duró el sitio; tanto el ataque como la defensa figuran entre los más famosos de la historia (332 antes do J. C).

9. Egipto, Alejandría

Desde Fenicia marchó Alejandro a Egipto, que no hizo resistencia. Los persas hablan provocado a los egipcios, insultando a sus dioses animales; Alejandro por el contrario les ofreció sacrificios, con objeto de que los egipcios y las demás naciones vieran su propósito de respetar sus religiones, y acogieran con gusto su gobierno en lugar del persa. Fundó entonces la ciudad de Alejandría en la desembocadura del Nilo. Alejandría fue después la ciudad más importante del mundo, con excepción de Roma, pero Alejandro no podía haberlo previsto. Su objeto al fundarla fue probablemente unir a Egipto con el resto de su imperio, creando para capital del país una ciudad de comercio en la costa, cuya población fuera mixta de griegos y egipcios.

10. Arbelas. Marchas de Alejandro

Después de visitar el templo de Amnon en el desierto al oeste de Egipto, atravesó Alejandro a Siria hacia el nordeste, y habiendo cruzado el Éufrates y el Tigris, se encontró a Darío con un numeroso ejército cerca de Arbelas, no muy lejos de Nínive. De nuevo huyó Darío de la batalla al primer asomo de peligro, y Alejandro alcanzó una victoria completa (331 antes de J. C). Ya entonces era dueño del imperio persa y nombraba a los sátrapas. Entró con gran pompa en Babilonia, y agradó a los sacerdotes y al pueblo ofreciendo sacrificios a sus dioses, y ordenando la reconstrucción de los templos que los persas habían destruido. Después de dar a sus tropas un descanso de un mes, marchó hacia Susa y de allí a Persépolis (sudeste), capital del distrito nativo de los persas. Allí encontró inmensos tesoros; y aunque no se le hizo resistencia, quemó Alejandro la ciudad y dejó a los soldados que pasaran a cuchillo a parte de los habitantes, solamente para vengar la invasión de Grecia, 150 años antes, en la capital verdadera de los persas (330 antes de J. C).

11. Muerte de Darío

Darío había huido de Arbelas a Ecbatana, en Medía, y Alejandro se dedicó ahora a perseguirle. Al aproximarse Alejandro, se escapó Darío hacia el Este, a través de las montañas de la extremidad meridional del Mar Caspio. Alejandro le perseguía de día y de noche; pero, cuando llegó a su vista, fue asesinado Darío por Besso, uno de sus propios nobles, para que no se entregara a Alejandro.

12. Alejandro al otro lado del Caspio

Después de reducir el país al Sur del Caspio, marchó Alejandro al Este y al Sur, a través de lo que hoy es Persia y Afganistán. A su paso fundó la colonia de Alejandría Arion, cerca de Herat, importante posición militar en la frontera occidental del Afganistán. En Proftaria, poco más al Sur, se detuvo dos meses, y allí fue donde condenó a muerte a Filotas (330 antes de J. C). De allí se dirigió hacia el Este y fundó una ciudad, que se dice ser la moderna Candahar, y luego volvió hacia el Norte y cruzó las montañas indias de Kush, fundando otra colonia cerca de donde hoy existe Kabul. Besso había intentado resistir a Alejandro en la Bactriana, pero huyó hacia el Norte, y fue hecho prisionero y condenado a muerte. Alejandro siguió marchando hacia el Norte y tomó a Maracanda, que hoy es Samarcanda, capital de Bokhara (329 antes de J. C). Cruzó el río Jaxartes (Sir), que va a desembocar al mar de Aral, y derrotó a los escitios al otro lado de su curso, pero no penetró en su país. Quería que el río Jaxartes fuese la frontera septentrional de su imperio, y allí fundó la colonia de Alejandreschata (εσχάτη, la más remota). La conquista de Sogdíana (Bokhara) dio mucho que hacer a Alejandro, y le ocupó hasta el año 327 antes de J. C.

13. Alejandro en la India

En el 327 antes de J. C. salió Alejandro de la Bactriana para conquistar la India. Llegó al alto Indo, y habiéndolo cruzado cerca de Attock, se dirigió hacia el Este, atravesando el Punjab. Poro, rey de un país más allá del Hidáspes (Jelum), salió al encuentro de Alejandro y dio una batalla; fue derrotado, pero Alejandro le permitió que siguiera reinando como vasallo suyo. Siguiendo más hacia el Este, llegó al Hifaso (Sutlej o Gurrab); y allí los soldados se negaron a seguir más lejos, a pesar de las órdenes de Alejandro. En vista de esto retrocedió Alejandro, pero cuando llegó al Hidáspes, embarcó en botes a parte de su ejército, y ordenó al resto que marchara por la orilla del río, siguiendo su corriente. El Hidáspes desagua en el Acesino (Chenab), y éste en el Indo. En la confluencia del Acesino con el Indo, se fundó una ciudad y se construyeron diques, y el ejército y la flota siguieron bajando el Indo hasta llegar a su boca y dar vista al Océano indio (325 antes de J. C). De este modo exploró Alejandro hace 2000 años el curso de aquel río en cuya orilla estaban, en 1875, tendiendo un camino de hierro los ingenieros ingleses.

14. Viaje de Nearco

Alejandro fue tan amigo de descubrir como de conquistar; y desde la boca del Indo envió su escuadra, al mando del almirante Nearco, a seguir costeando hasta la boca del Éufrates. Él mismo marchó hacia el Oeste con el ejército, atravesando los desiertos de Beluchistan, y de nuevo lo llevó, después de terribles penalidades, causadas por la sed, enfermedades y fatigas, a Persépolis (324 antes de J. C). De allí volvió a Susa, donde se detuvo algunos meses, investigando la conducta de los sátrapas y castigando severamente a algunos de ellos.

15. Costumbres asiáticas de Alejandro

Desde la batalla de Arbelas, se había convertido cada vez más Alejandro en rey persa, por su manera de vivir, aun cuando no dejaba que esto fuera obstáculo a su actividad. Se vestía a la persa, y adoptó las ceremonias de la corte persa. Los soldados se disgustaron de que abandonara los usos de Macedonia, y en Susa les desagradó todavía más, haciendo que ochenta de sus principales oficiales se casaran con mujeres persas. El objeto de Alejandro era acabar con las distinciones de raza y de país en su imperio, y colmar el abismo que había existido siempre hasta entonces entre los griegos y los asiáticos. Alistó también muchos persas en los regimientos que sólo habían contenido antes macedonios, y reclutó 30000 soldados de las regiones más belicosas del Asía, a los cuales armó a la macedonia.

16. Muerte de Alejandro

Desde el viaje de Nearco, se había propuesto Alejandro hacer una expedición por mar a Arabia, y había ordenado la construcción de buques en Fenicia, que en pedazos habían de ser conducidos por tierra a Tapsaco, en el Éufrates. En Tapsaco debían armarse de nuevo, y hacer así su viaje a Babilonia, desde cuyo punto saldría la expedición. En la primavera del año 323 antes de J. C, salió Alejandro de Susa para Babilonia. En el viaje le salieron al paso embajadas de casi todos los Estados del mundo conocido. En Babilonia encontró listos los buques; habían llegado tropas de refresco, tanto griegas como asiáticas; y estaba a punto de salir la expedición, cuando cayó enfermo con fiebre Alejandro, y murió (Junio del año 323 antes de J. C). Solamente tenía treinta y dos años de edad.

17. Los designios de Alejandro

Se ha dicho algunas veces que el propósito de Alejandro era hacer que Asia fuese como Grecia, fundando ciudades como los griegos. El resultado verdadero de sus conquistas fue que la parte occidental del Asia se hizo más tarde en parte griega, pero más fue esto obra de los sucesores de Alejandro, que de Alejandro mismo. Con la excepción de Alejandría, todas las colonias fundadas por Alejandro eran estaciones de soldados en distritos lejanos, con objeto de tener al imperio sujeto y no de hacerlo griego. Que Alejandro deseaba hacer que las naciones de su imperio más parecieran un solo pueblo que reunión de varios, lo esclarece el que animara a sus soldados a casarse con mujeres persas; pero de esto a decir que deseara extender la inteligencia griega, el arte y la literatura sobre su imperio, por medio de ciudades, hay mucha distancia. Tampoco hay motivo para suponer que Alejandro quería introducir un nuevo sistema de gobierno en el imperio persa. Conservó las satrapías y el sistema persa de contribuciones, y la principal diferencia entre su gobierno y el de los reyes persas fue que Alejandro quiso conservar una autoridad absoluta por medio de su ejército, y tener a los sátrapas completamente bajo su dirección, mientras que los reyes persas hablan sido débiles e indolentes, y los sátrapas se hablan convertido en una especie de príncipes independientes. Claro se ve por su conducta en Egipto y Babilonia que no trataba de atender más a los deseos de las diferentes naciones del imperio, de lo que lo habían hecho los persas; y aunque no establecía sistema nuevo de gobierno, quería haber alterado muchísimo el estado del imperio, haciendo caminos, puertos y diques, y todo lo que pudiese mejorar el comercio y poner a las diferentes naciones en comunicación, unas con otras. En cuestión de gobierno, pensaba probablemente Alejandro que los griegos tenían más que aprender de los persas, que éstos de aquéllos, y consideraba que el sistema persa de un gran imperio al mando de un solo rey, era mucho mejor, cuando estaba vigorosamente gobernado, que el sistema griego de estaditos y ligas.

18. Resultados de las conquistas de Alejandro

A la muerte de Alejandro fue su imperio dividido entre sus generales. Se fundaron en el Asia occidental un gran número de ciudades, como Antioquía y Seléucia, habitadas en parte por asiáticos, y en parte por griegos procedentes de todos los Estados griegos sueltos. La experiencia de los griegos en fundar establecimientos entre otras razas les hizo ahora poder establecerse con tanto éxito en Asia, e introducir sus propias costumbres en los pueblos que venían a habitar. Aunque bajo el dominio de los sucesores de Alejandro, no pudieron ser Estados independientes estas ciudades, como las antiguas de Grecia, y por esta misma razón sólo muy poco pudieron traer a Asia de la antigua libertad, del elevado espíritu, y del respeto individual de Grecia, extendieron mucho el idioma griego y las costumbres ordinarias de la vida. En su aspecto exterior estas ciudades parecían griegas; había en ellas los templos, las estatuas, los baños, el teatro, las columnatas, etc., de una ciudad griega; las ceremonias y festividades religiosas se hacían al modo griego; el idioma que se hablaba en ellas era el griego, y también lo eran los libros que se escribían y leían; aunque por la mezcla de razas, siempre hubo alguna cosa en sus habitantes que los distinguía de los de los Estados puramente griegos. En algunas localidades, como Siria, las costumbres griegas se extendieron muy fácilmente; en otras, como Judea, la población del país les hizo la más obstinada resistencia. Antíoco Epifanes, rey de Siria, trató de introducir el culto griego en el templo de Jerusalén. Los judíos se sublevaron, bajo el mando de los Macabeos, y se hicieron independientes (año 160 antes de J. C). Pero a pesar de esto se esparcieron por las ciudades de Judea el idioma y muchísimas ideas de Grecia. Por esta razón están escritos en griego los libros del Nuevo Testamento.

19. Asia

El imperio de Alejandro se dividió en tres reinos principales: Macedonia, Asia y Egipto. Los reyes de Asia fueron los Seléucidas, descendientes de Seléuco, uno de los generales de Alejandro. No pudieron conservar unidas en un solo reino las conquistas de Alejandro en Asia. Sucesivamente se fue perdiendo por partes el imperio. Rodas y otras islas formaron una poderosa liga marítima y se mantuvieron independientes. En la costa occidental del Asia Menor se levantó un reino independiente, llamado Pérgamo, cuyas costumbres eran griegas; en el Norte y en el centro del Asia Menor se formaron algunos estados, tales como Ponto y Capadocia, con pocos rastros griegos en ellos. Más allá del Eúfrates se sublevaron los partos y fundaron un Estado asiático en toda regla. Los judíos se hicieron libres en el Sur. De este modo fue reduciéndose gradualmente el reino de Asia, hasta quedar convertido en el de Siria; y junto con todos los demás Estados hasta el Éufrates cayó por último en poder de los romanos y fue provincia del imperio romano (año 63 antes de J. C).

20. Egipto

Egipto fue gobernado por la familia de los Ptolomeos; y lo mismo que en Asia, el idioma griego fue el empleado por el gobierno, y griegos fueron los principales funcionarios. Los griegos y los naturales de Egipto se mantuvieron enteramente aparte entre sí. Alejandría estaba llena de griegos y judíos. Allí se fundó una universidad, a la que se llegaron los hombres más instruidos de Grecia. El matemático Euclides y el astrónomo Ptolomeo escribieron en Alejandría. Allí había una biblioteca que contenía casi todo lo que se había escrito en Grecia; pero aunque florecían en Alejandría la ciencia y el saber, no existió allí nada de aquel antiguo genio poético griego, ni de aquel talento sencillo y natural. Nada se escribió que pudiera compararse con las obras de los grandes escritores atenienses. En Alejandría se hizo la traducción griega del Antiguo Testamento (275-250 antes de J. C), y allí aprendieron los judíos sabios las ideas de aquellos griegos que más habían pensado en materias religiosas. El último soberano griego de Egipto fue la famosa reina Cleopatra. A su muerte hizo Augusto de Egipto una provincia romana (30 antes de J. C).

21. Macedonia

Todo fue confusión en Macedonia durante mucho tiempo después de la muerte de Alejandro, y no podemos relatar aquí las guerras entre reyes rivales. En el año 289 antes de J. C. una tribu de galos invadió a Macedonia, causando muchos daños; después pasaron al Asia Menor, donde tomaron algunas costumbres griegas y formaron el Estado llamado Galacia, o Grecia gala. Después se arreglaron las cosas en Macedonia, y los descendientes de Antígono, uno de los generales de Alejandro, conservaron el trono hasta que los romanos pusieron fin a la monarquía. Filipo, que era rey de Macedonia en la época de la segunda guerra entre Cartago y Roma, se alió con Cartago; y cuando concluyó la guerra, los romanos se la hicieron a Filipo y le derrotaron en Cinoscéfalos (197 antes de J. C). Pusieron término a la dirección que sobre Grecia tenía Macedonia, y declararon libres a todos los Estados griegos. En el año 171 antes de J. C, hubo otra vez guerra entre Macedonia y Roma, siendo entonces rey Perseo. Perseo fue derrotado en la batalla de Pidna (168 antes de J. C.); se abolió la monarquía, y Macedonia se dividió en cinco repúblicas. Veinte y dos años después, y so pretexto de una rebelión, fue hecha Macedonia provincia romana.

22. Estados griegos. Liga aquea

A la muerte de Alejandro se levantaron contra Macedonia, Atenas y otros muchos Estados, pero fueron reducidos a la obediencia. Demóstenes tuvo que huir de Atenas, y perseguido de cerca por los macedonios se envenenó por no caer en sus manos. Durante los cincuenta años siguientes reinó una grande confusión. Por el año 260 antes de J. C, Antígono Gonatas, rey de Macedonia, era dueño de toda la Grecia, con la excepción de Esparta. Sin embargo, se había restablecido la libertad en una gran parte de Grecia por el crecimiento de las ligas, la liga aquea y la liga etolia. La liga aquea fue primitivamente la liga de diez ciudades aqueas de la costa Norte del Peloponeso, y hasta ahora nada había hecho en la historia griega. Antígono había establecido tiranos en estas ciudades, y en el esfuerzo para libertarse de éstos, y para libertar a otras ciudades de tiranos semejantes, fue cuando la liga se hizo enemiga activa y temible de Macedonia. En el año 240 antes de J. C, poco más o menos, Arato de Sición, que había incorporado Sición a la liga, de la cual fue hecho presidente, rescató a Corinto de los macedonios; y entonces no sólo se unieron a la liga todas las ciudades del Peloponeso, con la excepción de Esparta y otras pocas, sino también se le incorporaron Atenas y Egina.

23. Liga etolia

Al Norte del golfo de Corinto las rudas tribus de los etolios, que no vivían en ciudades como la mayor parte de los griegos, y eran en todo y por todo como un pueblo bárbaro, formaron una liga que en esta época llegó a ser muy poderosa. Ganaron el mando sobre Fócida, la Lócrida y la Beocia; pero tenían muy mala fama por razón de sus expediciones de robos.

24. Esparta

Esparta había conservado su independencia en contra de Macedonia, pero había perdido su antigua reputación; el número de ciudadanos completos se había rebajado a 700, y toda la tierra pertenecía a unas 100 familias. Por los años 240 antes de J. C, Agis, rey de Esparta, intentó abolir las deudas y dividir la tierra, con objeto de crear otra vez un gran cuerpo de ciudadanos. Hiciéronle oposición los ricos y le condenaron a muerte, pero su sucesor Cleomenes, llevó a cabo sus planes e hizo de Esparta otra vez por algún tiempo un Estado poderoso. La liga aquea y Esparta tenían celos entre sí, y se hicieron la guerra. Cleomenes derrotó a Arato, y éste sacrificó el carácter independiente de la liga pidiendo auxilio al rey macedonio, y permitiendo de este modo que la liga cayera considerablemente bajo el poder de Macedonia. Esparta fue derrotada (221 antes de J. C), pero nada ganó con ello la liga. Inmediatamente después hubo guerra entre las dos ligas, y otra vez pidió la aquea la ayuda de Macedonia.

25. Grecia convertida en provincia romana

En el año 211 antes de J. C, y a consecuencia del auxilio dado por Filipo a Aníbal, hicieron alianza los romanos con la liga etolia en contra de aquél; y desde entonces, continuaron los romanos interviniendo en los asuntos de Grecia, hasta que en 146 antes de J. C, habiendo sido llamados por Esparta en contra de la liga aquea, se apoderaron de Corinto y convirtieron a Grecia en provincia romana.

26. La desunión fue el vicio de los griegos

En toda la historia griega hay trabajando la misma causa para arruinar el poder de Grecia y producir interminables desgracias, a saber, la incapacidad de los griegos para obrar de acuerdo. No solamente se presenta ésta en las guerras entre las ciudades, y en el no poderse formar nunca una unión duradera, sino todavía más en la división que existía dentro de cada ciudad. De murallas adentro se odiaban los partidos opuestos más encarnizadamente que al enemigo extranjero. Otras naciones han tenido mayores dotes para el gobierno y han poseído el poder de unirse de que tan desgraciadamente carecieron los griegos. Al leer la historia de Grecia, claramente se pone de relieve a nuestra vista esta gran falta; pero muchas de las grandes cualidades de los griegos no se nos presentan en la historia. Su perspicacia, su amor al saber, su facultad de crear cosas hermosas, no pueden revelársenos por una simple relación de sus hechos. Para comprenderlas, y para hacer justicia a la verdadera grandeza de los griegos, tenemos que leer los libros que ellos mismos escribieron, y conocer algunas de sus obras de arte. Ninguno de los que se han tomado la pena de conocer así a los griegos, ha sentido nunca el trabajo que le haya costado conseguirlo.

 

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