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Cap.I. Principios de los griegos

Cap II. El Peloponeso hasta el año 500 antes de J. C. Colonias

Cap.III. Ática hasta 500 años antes de J. C

Cap. IV. La revolución jónica y las guerras médicas

Cap. V. El imperio de Atenas y la guerra del Peloponeso

Cap.VI. Esparta, Tebas, Macedonia

Cap. VII. Imperio de Alejandro
 

 

 

NOCIONES DE HISTORIA DE GRECIA - CHARLES ALAN FYFFE


Índice

 

 



CAPÍTULO V - EL IMPERIO DE ATENAS Y LA GUERRA DEL PELOPONESO

1. Murallas alrededor de Atenas y del Pireo

Después de la batalla de Platea volvieron los habitantes de Atenas a sus arruinadas moradas y por segunda vez reedificaron la ciudad. En vez de volver a levantar sus antiguas murallas, sin embargo, les persuadió Temístocles a construir una de mucho mayor circuito, para que en caso de guerra, la gente del campo pudiera trasladar todos sus efectos y refugiarse dentro de la ciudad. Los Estados vecinos, sobre todo Egina y Corinto, estaban celosos del poder de Atenas, y cuando vieron la potente fortificación que Temístocles estaba haciendo, animaron a los espartanos para que estorbaran los trabajos; pero por una treta de Temístocles los espartanos se abstuvieron de hacer nada hasta que ya las murallas habían llegado a bastante altura para ser defendidas. Entonces era ya muy tarde para que los espartanos interviniesen, y tuvieron que tragarse la cólera. La muralla que rodeaba a Atenas estaba concluida, y se construyó otra todavía más fuerte alrededor del Pireo.

2. Pausanias

El combate de Micala había libertado a Jonia, pero todavía tenían los persas muchos puntos en la costa del Asia Menor y de Tracia. Era el principal de estos Bizancio, hoy Constantinopla. Mientras Bizancio perteneciera a los persas, podían enviar desde allí escuadras para causar daños a la navegación griega, y podían fácilmente invadir otra vez a Europa. Los griegos pusieron por esta razón sitio a Bizancio, bajo el mando de Pausanias. Fue tomada la ciudad y algunos parientes de Jerjes cayeron en manos de los griegos. Formó entonces Pausanias un plan traicionero. En el campo conquistado en Platea y en Bizancio, había visto el esplendor de los príncipes persas; y como al ir aprendiendo más sobre Persia, vio cuan insignificantes eran Esparta y todos los Estados griegos, por riqueza y extensión, comparados con un gran reino del Oriente. Se descontentó y pensó que podía él hacerse un gran rey como los reyes orientales. Por todo esto, cuando fue conquistada Bizancio, dejó en libertad sin hacerles daño a los parientes de Jerjes, y envió a éste una carta pidiéndole su hija en matrimonio y ofreciéndole poner a toda Grecia bajo el imperio de Persia. Empezó a conducirse como si ya fuera un sátrapa, viviendo con el lujo persa, e insultando a los griegos que le servían. Llegó la noticia de esta traición a Esparta, y le mandó que regresara. En esto los jonios que servían en la escuadra, provocados por la insolencia de Pausanias, invitaron a los capitanes atenienses a ponerse a la cabeza de la marina griega en lugar de Esparta. Así lo hicieron los atenienses, y cuando llegó de Esparta el sucesor de Pausanias, se encontró con que nadie le obedecía y tuvo que volverse.

3. Confederación de Delos (477 años antes de J. C.)

Durante la invasión persa, había sido obedecida Esparta, como cabeza de Grecia, por todos los Estados que combatían, pero después hubo dos grandes ligas, una acaudillada por Esparta, y otra por Atenas. Los Estados del Peloponeso continuaban siguiendo a Esparta; las islas y muchas ciudades de las costas del Asia Menor y de Tracia se unieron a la nueva liga, cuya cabeza era Atenas. Llamose esta liga la Confederación de Delos porque sus diputados se reunían en el templo de Apolo en la isla de Delos, y allí guardaban su tesoro. El objeto de la liga era tener siempre a los persas fuera del mar Egeo. Cada ciudad contribuía anualmente con un cierto número de buques de guerra tripulados, o con una cantidad dada en dinero; y el hombre escogido para fijar lo que cada una debía contribuir fue el recto Arístides, que a la sazón mandaba la flota ateniense. Hubo desde el principio dos grandes diferencias entre las ligas espartana y ateniense. Los Estados aliados de Esparta contribuían con tropas de tierra, y los que lo eran de Atenas con buques; otra vez Esparta provocó en todas partes gobiernos oligárquicos, y Atenas gobiernos democráticos. Por esta razón sucedía que en la misma ciudad solía estar por Esparta el partido de los nobles, y el partido popular en favor de Atenas. La gran equivocación de la Confederación de Delos, era que se permitía a algunos de los Estados contribuir con dinero en lugar de buques y hombres. De esto provino que otros Estados, que en un principio habían dado buques, se arreglaron para dar en cambio dinero, con objeto de evitar la molestia y el peligro del servicio naval. Esto los hizo vasallos en vez de aliados libres de Atenas. Mientras conservaron sus buques tuvieron los medios de defenderse si Atenas no procedía con ellos rectamente; pero cuando enviaron dinero y no buques, perdieron toda influencia sobre Atenas, y el dinero se convirtió en una especie de tributo a Atenas, en vez de ser propiedad común de la liga. Con el tiempo cesaron las reuniones de los diputados; la casa del tesoro fue trasladada de Delos a Atenas (459 años antes de J. C), y se gastó una gran parte del dinero en pagar a los atenienses la administración de los negocios públicos y en embellecer a Atenas. Este cambio fue haciéndose muy lentamente; al principio los Estados más pequeños no tuvieron razón para quejarse de Atenas. Se había continuado la guerra con Persia; los lugares que Persia poseía en las márgenes del mar Egeo fueron conquistados uno tras otro; y en el año 466 antes de J. C., Cimón, general ateniense, alcanzó dos victorias, una por mar y otra por tierra, contra los persas, en la desembocadura del río Eurimedón, en la costa meridional del Asia Menor. Las primeras señales de descontento con Atenas se presentaron en este mismo año; Naxos se sublevó para separarse de la liga, y tuvo que volver a ella a la fuerza.

4. Pausanias

Al llegar a Esparta Pausanias fue acusado y juzgado por traidor, pero no condenado. Volvió al Asia Menor y trató de persuadir a algunos Estados para que le ayudaran en sus planes. De nuevo le hicieron regresar los espartanos; y entonces empezó a conspirar con los ilotas para derribar el gobierno de Esparta. Por último los éforos consiguieron escucharle sin que él lo supiera cuando hablaba con uno de sus esclavos, y lo que le oyeron les convenció de su traición. Se refugió en un templo, y allí se le dejó morir de hambre (467 años antes de J. C).

5. Temístocles

Descubrieron los éforos que Temístocles había participado en la traición de Pausanias. Aunque con asombrosas facultades de talento, Temístocles tenía muy pocos sentimientos de honor. Nunca se había preocupado con qué fuera bien o mal hecho lo que hacia, con tal de que consiguiera su objeto, y una vez acabada la guerra había empleado todo su influjo en sacar dinero para uso propio en los Estados mas débiles. Su injusticia y su fanfarronería le hicieron odioso en Atenas, y en el año 471 antes de J. C, fue condenado al ostracismo, y se estableció en Argos. Cuando supo que se había descubierto su participación en la traición de Pausanias, huyó, y atravesando muchos peligros llegó a Susa, capital del imperio persa. Acababa de morir Jerjes, y era rey su hijo Artajerjes. Temístocles escribió a éste una carta, diciéndole que aun cuando había hecho más que ningún hombre para dañar a Jerjes, podía hacer servicios a Persia que fueran igualmente grandes. El rey le recibió gustoso, y le dio grandes riquezas. Esperábase que Temístocles, que nunca fracasaba en lo que emprendía, pondría a los persas en disposición de conquistar a Grecia; pero murió sin intentarlo. Murió desterrado y siendo un mercenario de Persia, porque había antepuesto el dinero y el poder a la justicia y al amor a la patria; pero jamás fue un Estado pequeño convertido en uno grande más verdaderamente por un solo hombre, que Atenas lo fue por Temístocles.

6. Los partidos en Atenas

Cuando los atenienses abandonaron su país, todos los ciudadanos útiles, lo mismo los ricos que los pobres habían servido a bordo de los buques en Salamina. La parte que los pobres hablan tenido en alcanzar aquella gran victoria les hizo creer que habían hecho por Atenas tanto como los ricos, y que no debían quedar alejados de los empleos del Estado, como lo estaban por la constitución vigente. Arístides, jefe del partido de los ricos y nobles, que trataba de sostener las antiguas usanzas vio que tendría que cambiarse la constitución, y propuso él mismo el cambio, con objeto de que otros más precipitados no lo tomaran a su cargo. Desde entonces pudo ser elegido para los arcontados u otros empleos el ciudadano más pobre, y Atenas fue más democracia que antes. Después de la muerte de Arístides (año 468, antes de J. C.), el jefe del partido de los nobles fue Cimón, hijo de Milcíades, buen general y hombre integérrimo. Él y sus partidarios eran muy amigos de Esparta y deseaban que Atenas y Esparta con sus ligas se unieran para hacer la guerra a Persia, y para no causarse danos recíprocamente.

7. Pericles

Era jefe del partido opuesto Pericles, noble de la familia alcmeónida. Creyó Pericles que todo en Atenas había cambiado tanto desde el comienzo de las guerras persas, que lo que era el gobierno justo algunos años atrás, no podía serlo entonces. Era Atenas en aquella época una ciudad pequeña de tierra adentro. Sus ciudadanos eran en su mayor parte labradores, que sólo por casualidad venían a la ciudad y que bien podían dejar los negocios del Estado a hombres más ricos, contentándose con poder salvar sus cosechas de las garras del usurero. Pero ahora Atenas era ya una gran ciudad comercial; había surgido de las aguas del mar una nueva ciudad, en la que se apiñaba una multitud de traficantes emprendedores y perspicaces; sus buques mercantes estaban en todos los puertos de Grecia; su armada había demostrado ser la más fuerte del mundo; estaba a la cabeza de una liga que poseía todo el mar Egeo. Atenas se había convertido en una ciudad directora, y Pericles creyó que sus ciudadanos debían de ser capaces de gobernarse a sí propios y al imperio. Pensó que del ciudadano más vulgar podía hacerse inteligente y sensato, por medio de la educación, asistiendo a los discursos pronunciados en la asamblea, con la práctica del jurado en los procesos, y tomando parte en la vida diaria de sus conciudadanos, entre los cuales había casi todas clases de capacidades. Pensó también que la gran masa de los ciudadanos, guiados por sabios estadistas, formaría un juicio mejor sobre lo que a Atenas conviniese, que el pequeño grupo de nobles o ricos. Ni tenía confianza en que los nobles desearan conservar a Atenas en su nueva grandeza, o que supiesen cómo hacerlo. El amor que tenían a las pasadas edades le parecía más bien un obstáculo que una ventaja, y su consideración hacia Esparta peligrosa para Atenas. Vio claramente que siempre sería Esparta enemiga celosa de Atenas; y aunque no tenía deseos de precipitar una guerra, sabia que las intenciones de Cimón de conservarse en buenas relaciones con Esparta, saldrían indispensablemente fallidas, por lo cual deseaba que Atenas se hiciera lo más fuerte posible antes de estallar el conflicto.

8. Cambios en Atenas

Cimón y su partido tuvieron al principio las riendas. Por el año 462 antes de J. C, hubo un terremoto en Esparta, y se sublevaron los ilotas. Esparta, en un gran peligro, pidió auxilio a Atenas, y Cimón persuadió al pueblo a que le enviaran con una fuerza importante a socorrer a los espartanos; pero trascurrido algún tiempo, sospecharon los espartanos que las tropas atenienses no procedían con buena fe, y las despidieron. Tal insulto exasperó a los atenienses contra Esparta. Cimón, el amigo de Esparta, perdió todo su poder, y el partido de Pericles arrastró todo por delante.

     Al Areópago, donde tan poderosos eran los nobles, le quitaron el derecho de vedar las leyes y de intervenir con los ciudadanos; y aprobaron una medida que daba una paga regular a los ciudadanos por asistir a la asamblea y por servir en los jurados, con objeto de que los pobres no repugnasen dedicar el tiempo a estos negocios, y que todos los del Estado pudieran estar más que nunca a cargo de los mismos ciudadanos. Se rompió la alianza con Esparta, y se hizo una con Argos, enemigo de Esparta. En cuanto a Cimón, fue desterrado en el año 459 antes de J. C.

9. Guerra

También hicieron los atenienses alianza con Megara, porque en las montañas de Megara les seria más fácil resistir un ejército que viniera del Peloponeso. Al ver esto, Corinto y Egina declararon la guerra a Atenas. Los atenienses ganaron en un combate naval y bloquearon a Egina. Al mismo tiempo tenían los atenienses un gran ejército en Egipto peleando contra los persas; y los corintios, sabedores de que todas las tropas atenienses estaban ocupadas, invadieron a Megara (458 antes de J. C.). Los niños y los ancianos, esto es, los ciudadanos que no salían a campaña porque eran demasiado jóvenes o demasiado viejos para servir en el ejército, salieron de Atenas y derrotaron completamente a los de Corinto. Todavía existe parte de una inscripción que da los nombres de los atenienses muertos en el campo de batalla en aquel año. En el mismo año estuvieron combatiendo en Chipre, en Egipto, en Fenicia, en Megara, en frente de Egina y en la costa del Peloponeso. Sus triunfos sobre los persas habían infundido en los atenienses este asombroso espíritu y arranque; se sentían como si nada difícil hubiera para ellos.

10. Beocia

La mayor parte de las ciudades de Beocia estaban confederadas en una liga cuya cabeza era Tebas. Platea se había esforzado siempre para libertarse de la liga, y lo había finalmente conseguido, aliándose con Atenas. Esto, además de otras causas, hizo que Tebas fuera el más encarnizado enemigo de Atenas. El gobierno de Tebas era oligárquico, y solamente podía mantener la liga estableciendo gobiernos oligárquicos en las otras ciudades. Para ayudar a los tebanos en este punto, fue enviado un ejército espartano a Beocia (451 antes de J. C.) y el partido oligárquico de Atenas aprovechó la ocasión para hacer una conspiración con Esparta. Debía el ejército espartano sorprender a Atenas cuando volviera de regreso de Beocia, y entregar el gobierno a los nobles; pero los atenienses descubrieron la conspiración y despacharon un ejército que saliera al encuentro de los espartanos. Se dio una batalla en Tanagra, y aunque los atenienses llevaron la peor parte, no se atrevieron los espartanos a entrar en Atenas. Dos meses más tarde penetraron los atenienses en Beocia, derrotaron a los tebanos, y derribaron las oligarquías en todas las ciudades beocias, estableciendo en su lugar democracias. Estas democracias eran en realidad como súbditos de Atenas, y en Fócida y Lócrida las cosas estaban en el mismo estado, sobre poco más o menos; de modo que ahora extendían el gobierno de hecho los atenienses hasta las Termópilas. En el año 455 antes de J. C., fue tomada Egina, y obligada a pagar tributo.

11. Largas murallas

Se construyeron entonces dos grandes murallas, que cubrían toda la distancia entre Atenas y Pireo, distancia de más de cuatro millas, a unas doscientas varas una de otra. Estas murallas aumentaron inmensamente el poder de Atenas, porque imposibilitaron a cualquier ejército de tierra que rodeara a la ciudad y la redujera por hambre. Mientras no cayeran estas murallas en poder del enemigo, había un paso libre entre Atenas y el Pireo; y mientras los atenienses no perdieran su dominio en el mar, podrían traer en los buques víveres al Pireo, y desde aquí llevarlos con seguridad a Atenas por entre las murallas, aun cuando un ejército sitiara a Atenas por la parte de tierra. En el año 452 antes de J. C. se hizo una tregua de cinco años con Esparta, y el poder de Atenas estaba entonces en su apogeo; pero en el 447 antes de J. C. los nobles de las ciudades beocias, que habían sido expulsados por los atenienses, recobraron su poder y derrotaron a los atenienses en Coronea. Los atenienses perdieron toda influencia en Beocia, Fócida y Lócrida; y en el mismo momento se sublevaron Eubea y Megara. Concluyó la tregua de cinco años, y los espartanos invadieron la Ática. Atenas estuvo en gran peligro, pero la salvó Pericles, que compró a los jefes espartanos la retirada y sometió a Eubea. Se hizo la paz con Esparta por treinta años (445 antes de J. C.), abandonado Atenas todo gobierno sobre Beocia y los demás Estados del continente, de modo que sus súbditos y aliados eran ahora enteramente marítimos. Por aquel mismo tiempo acabó la guerra con Persia.

12. Atenas al mando de Pericles

En los diez años siguientes, Pericles, que tenía el empleo de estratego, lo dirigió todo en Atenas. No se colocó por encima de las leyes, como un tirano, ni hizo que el pueblo le obedeciera a la fuerza, sino que, quedándose simple ciudadano, pudo gobernar al pueblo con su elocuencia y sabiduría, y sobre todo, por la perfecta nobleza de su manera de ser. Al hacer que Atenas tratara a sus aliados como súbditos, y al dar a los ciudadanos paga por atender a los negocios públicos, no hacía bien, indudablemente; y se equivocaba creyendo que se podía confiar en que el pueblo había de seguir a un gobernante sabio prefiriéndole a otro ignorante; pero no ha habido quien haya dedicado su vida con mejores intenciones, y con más abnegación de sí mismo, al servicio de su patria; y por esto, y por la gran sabiduría y buen éxito de su administración en general, y aun más por la noble idea que tuvo de elevar a todos los ciudadanos atenienses en inteligencia y buen gusto, suele ser considerado Pericles como el mejor de los hombres de estado griegos. Hay una parte en el trabajo de Pericles que nunca será anticuada. Los hombres mejores de los países modernos tienen los mismos sentimientos hacia el pueblo que tuvo Pericles. Como éste, desean ver a todo el pueblo, los pobres lo mismo que los ricos, tomando su correspondiente parte en el gobierno, e interesados en lo que sucede en el Estado; y creen que la felicidad de un país dependerá, más que de otra cosa, de la educación y adelanto del pueblo. Los medios que Pericles empleó para mejorar al pueblo no eran los mismos a que estamos acostumbrados hoy en día, como escuelas, academias y sociedades en que los unos se ayuden a los otros, sino los que más naturales le parecían a un griego. Pericles dio más que ningún otro a los atenienses el amor al saber, a la poesía y al arte, que les quedaron cuando ya había desaparecido su grandeza militar, y que, más que su grandeza militar, ha contribuido a que Atenas sirva a la humanidad. No dio al pueblo la instrucción de los libros, porque en aquellos días apenas existían; pero trató de despertar en él todas las facultades, haciendo que la vida de todos los días fuera activa y ligera, en vez de reposada y floja, y dando todo cuanto interés y nobleza era posible a aquellas cosas, para las cuales se congregaba el pueblo, como el culto de los dioses y las diversiones públicas. Bajo su dirección, los templos y las estatuas de los dioses, que sirvieron para dar a los griegos la idea de los dioses que tenían, se hicieron más grandes, hermosos y majestuosos. Se pintaron en los lugares públicos los actos de los dioses en favor de Atenas, y los principales acontecimientos de la historia ateniense. A costa del Estado se representaban, en un gran edificio abierto y ante grandes concurrencias, obras escritas por grandes poetas: las serias, llamadas tragedias, contaban alguna historia dolorosa de los héroes; las divertidas, llamadas comedias, solían hacer alusión a los sucesos de actualidad. Estas representaciones no sólo daban placer al público, y le ayudaban a no gustar de diversiones groseras y estúpidas, sino que hacían pensar, del mismo modo que un libro. El poeta trágico más antiguo fue Esquilo, que tomó parte en la batalla de Maratón. Sus obras son muy solemnes; hay en ellas muy pocos personajes, y hablan de un modo muy entonado. El inmediato, Sófocles, puso más acción en sus tragedias, e hizo que sus personajes hablaran y obraran más de acuerdo con los verdaderos seres humanos. Después de Sófocles vino Eurípides, el más tierno de todos los poetas trágicos. El mayor poeta cómico, más moderno que el último, fue Aristófanes, cuyas obras todavía divierten muchísimo. Le disgustaban los cambios que se habían hecho en Atenas, y se reía de los hombres de estado a la nueva moda. También estaba empezando en Atenas el estudio de la naturaleza. Ya venia haciéndose desde hacia algún tiempo en Jonia, pero Atenas se estaba convirtiendo muy deprisa en el punto de reunión de todos los hombres más instruidos de Grecia. Sin embargo, los atenienses ordinarios creyeron que era malo estudiar la naturaleza, porque creían, por ejemplo, que el sol era un dios. Un jonio llamado Anaxágoras, amigo y maestro de Pericles, por poco es condenado a muerte porque dijo que el sol se componía de piedras como la tierra. De esta manera estaba apenas empezando en Atenas la investigación de los conocimientos, y todavía era la gente supersticiosa; pero la poesía y el arte de la época de Pericles han sido desde entonces un modelo de belleza para la humanidad.

13. Contraste entre Atenas y Esparta

Mientras Pericles estaba adornando Atenas, Esparta seguía siendo una población sencilla, sin edificios públicos; y el contraste entre la vida que llevaban los espartanos y la de los atenienses era tan grande como el que había en el aspecto de las dos ciudades. La vida de los atenienses estaba llena de cambios; la prontitud y el movimiento habían llegado a formar parte de su naturaleza. Los espartanos, por el contrario, seguían su tosca vida militar y sus reglas modeladas a la antigua. Tenían poca instrucción, y en poco se ocupaban que no fuera en hacerse soldados perfectos.

14. Guerra del Peloponeso

En el año 451 antes de J. C, estalló una guerra entre Atenas y la liga del Peloponeso, la cual, al cabo de veinte y siete años, acabó en la ruina del imperio ateniense. Empezó por una disputa entre Corinto y Córcira, en la que Atenas ayudó a Córcira. Se celebró un congreso en Esparta; Corinto y los demás estados se quejaron de la conducta de Atenas, y se decidió la guerra. La verdadera causa de ésta fue que Esparta y sus aliados estaban celosos del gran poder que Atenas había adquirido. En esta guerra entraron muchos más Estados griegos que en ninguna de las anteriores. Estados que no habían tomado parte en la guerra persa combatieron ahora en uno u otro lado. Esparta era una oligarquía, y amiga de los nobles de todas partes; Atenas era una democracia, y amiga del pueblo; de manera que hasta cierto punto fue la guerra una lucha de clases en toda Grecia, y muchas veces dentro de una misma ciudad se atacaron los nobles y el pueblo, los primeros defendiendo a Esparta y los otros a Atenas.

15. Poderes de Atenas y Esparta

Al lado de Esparta estaba al empezar la guerra todo el Peloponeso, con la excepción de Argos y Acaya, y también la liga beocia oligárquica, cuya cabeza era Tebas, además de la Fócida, la Lócrida y otros Estados al Oeste de éstos. Eran muy fuertes por tierra, pero sólo los corintios tenían una buena escuadra. Más adelante veremos el poderoso Estado de Siracusa con su armada, en unión de Esparta. Del lado de Atenas estaban casi todas las islas del Egeo, y un gran número de las ciudades de las costas del mismo mar, Calcidía y ciertos Estados del Oeste de Grecia. También hablan hecho alianza los atenienses con Sitalces, rey bárbaro del interior de Tracia. Atenas era mucho más fuerte por mar que Esparta, pero no tenía un ejército de tierra tan grande. Por otro parte tenía un buen tesoro y un sistema de contribuciones, mientras que la liga espartana no tenía dinero o tenía muy poco. En temperamento llevaban la ventaja las atenienses, que a todo estaban dispuestos y sabían sacar el mejor partido de las situaciones, mientras que los espartanos eran lentos y poco amigos de salir de su paso; pero Esparta tenía una gran superioridad en que sus aliados obraban de buena fe, cuando muchos de los llamados aliados de los atenienses distaban mucho de serlo, y no eran más que sus súbditos; y en casi todas las ciudades, aunque las masas populares solían estar en favor de Atenas, los nobles se inclinaban más bien a levantarse en su contra. Los espartanos proclamaron que hacían la guerra para derribar la tiranía de Atenas y para devolver la libertad a los Estados griegos.

16. Planes de Pericles y de Esparta

Como Esparta era mucho más fuerte por tierra, y Atenas por mar, aconsejó Pericles a los atenienses que no dieran nunca la batalla por tierra; sino que cuando los espartanos invadieran a Ática se refugiaran en Atenas y dejaran a los espartanos que asolaran el país. Las grandes murallas servían para que los atenienses introdujeran por mar sus comestibles, de modo que no había de importarles mucho la destrucción de las cosechas; y más daño podían hacer ellos a Esparta que Esparta a ellos, con repentinos desembarcos sobre algunos lugares del Peloponeso. Así era como Pericles quería hacer la guerra; y aconsejaba a los atenienses que se contentaran con conservar su imperio sobre las islas, y no intentaran grandes conquistas a lejanas distancias o en el continente. Los espartanos, por otra parte, esperaban cansar a los atenienses asolando su país todos los años y privándoles del dinero que recibían en tributo, y persuadiendo a sus súbditos a la resolución.

17. Invasiones de Ática. Plaga

En el verano del año 451 antes de J. C. invadieron los espartanos a la Ática y destruyeron las cosechas, pero sin darse ninguna batalla. Al año siguiente la invadieron otra vez; y cuando el pueblo estaba apiñado dentro de las murallas de Atenas, se declaró una plaga que mató a muchísimos. La fuerza de Atenas quedó reducida sólo por el momento; pero es probable que la plaga influyó en todo el porvenir de la historia de Atenas, por cuanto acabó con muchos de los hombres que habían sido educados por Pericles, y que a la muerte de éste hubieran continuado manteniendo el Estado en la misma sabia línea de conducta que Pericles había trazado. De nuevo invadieron los espartanos a Ática en tres años de los cinco que siguieron.

18. Muerte de Pericles

Falleció Pericles en el año 429 antes de J. C. Poco tiempo antes de su muerte se habían vuelto en su contra los atenienses condenándole injustamente al pago de una multa; pero se arrepintieron, y depusieron a Pericles a la cabeza del Estado. Después de su muerte no volvió a haber un hombre como él en Atenas. Se levantaron los demagogos (δημαγωγός -δημος, pueblo, άγωγος, jefe), hombres que, sin conocimientos reales, se pusieron como jefes del pueblo, lo que consiguieron con discursos de mucho efecto. Pericles había hecho resistencia muchas veces al pueblo, y le había dicho sin miedo en qué cosa estaba equivocado. Los demagogos, por el contrario, dependían del favor popular y no decían sino aquello que halagaba a las masas. Era su jefe un curtidor, llamado Cleón. Los nobles, por su parte, tenían asociaciones, por cuyo medio trataban de conservar en sus manos la dirección del Estado; y los demagogos eran a manera de jefes naturales del pueblo contra estas agrupaciones de nobles.

19. Sitio de Platea (429-427 antes de J. C.)

En el año tercero de la guerra, el rey espartano Arquidamo, sitió a Platea con un gran ejército, a pesar del juramento de Pausanias, porque Platea se había resistido siempre a los esfuerzos de Tebas para gobernar las ciudades de Beocia, y se había aliado con Atenas buscando protección contra Tebas. Consistía solamente la guarnición en 400 plateos y 80 atenienses; pero tan buena defensa hicieron que Arquidamo abandonó toda esperanza de tomar la ciudad por asalto, y construyó una doble muralla en derredor suyo, con objeto de rendirla por hambre. Cuando ya el sitio seguía por más de un año y se iban acostando los víveres, parte de la guarnición resolvió abrirse paso entre los espartanos. En una tempestuosa noche de invierno salieron sin ser vistos por la puerta de la ciudad, llevando escaleras de mano, y llegaron del mismo modo a la muralla espartana. Pusieron sus escalas en el muro, subieron a él, sorprendieron y dieron muerte a los centinelas espartanos que encontraron, y escaparon atravesando el campamento espartano, sin perder más que un solo hombre que cayó prisionero. Este valiente hecho permitió al resto de la guarnición sostenerse todavía más tiempo; pero, al fin, se agotaron los víveres y tuvieron que rendirse. Los espartanos los pasaron a todos a cuchillo y arrasaron la ciudad, para dar gusto a los tebanos.

20. Victorias de Formio

Al Oeste de Grecia tenían aliados tanto los del Peloponeso como los de Atenas. Después de la sublevación de los ilotas en el año 462 antes de J. C., los atenienses habían arreglado un cuerpo de emigrados mesemos, los peores enemigos de Esparta, en Naupacta, a la entrada del golfo de Corinto; y la bahía de Naupacta servía para que en aquellas aguas hubiera una escuadra ateniense. Más al Oeste, estaba Acarnania en alianza con Atenas, y Anfracía con Esparta. Los espartanos proyectaron una expedición, por mar y por tierra al mismo tiempo, contra Acamanía. El ataque por tierra fracasó; y Formio, que mandaba la escuadra ateniense en Naupacta, alcanzó dos brillantísimas victorias por mar sobre los del Peloponeso. En el primer combate, Formio, con veinte buques, derrotó a los enemigos, que tenían cuarenta y siete; en el segundo tenían éstos setenta y siete, y Formio sólo veinte, lo mismo que antes. Formio ganó la primera vez por la rapidez con que movió sus buques; era un excelente jefe, y las tripulaciones atenienses estaban tan perfectamente instruidas que podían hacer cosas de que los del Peloponeso no tenían siquiera idea. Por esta razón trataron en el segundo combate los del Peloponeso de llevar sobre la costa a Formio, en donde poco había de servirle su habilidad. Nueve de sus buques quedaron así cortados del resto y fueron batidos; pero los otros once entraron en la bahía de Naupacta y virando repentinamente sobre la escuadra victoriosa del Peloponeso que iba dándoles caza, derrotaron sucesivamente todas sus divisiones, apoderándose de seis buques y rescatando los que habían sido apresados en la primera parte de la batalla (429 antes de J. C).

21. Resolución de Mitilene

En el año 428 antes de J. C, la isla de Lesbos con su principal ciudad, Mitilene, se sublevaron contra Atenas. Los atenienses pusieron bloqueo a Mitilene por mar y por tierra, y los espartanos tardaron en enviar a la ciudad socorros. Mitilene se rindió y Cleón convenció a los atenienses de que era preciso enviar una orden para que fueran condenados a muerte todos los varones adultos. Al día siguiente se arrepintieron de su crueldad los atenienses, y se envió una contraorden, que llegó precisamente a tiempo para salvar a los mitilenios, aunque los atenienses dieron muerte a unos mil.

22. Demóstenes

Los mesenios de Naupacta persuadieron a Demóstenes, general ateniense, a invadir un territorio de los Etolios, sus vecinos y enemigos. Demóstenes, que era muy atrevido y de espíritu aventurero, no solamente esperaba conquistar la Etolia, sino seguir marchando hacia Oriente, y dominar todo el país que se extiende al Norte del golfo de Corinto entre Naupacta y Ática; pero el terreno de los etolios era demasiado accidentado para las marchas de un ejército, y Demóstenes tuvo que retroceder, después de perder un considerable número de hombres. Sin embargo, pronto reparó completamente su error, porque cuando los espartanos y anfraciotas atacaron otra vez a Acamania por tierra, Demóstenes hizo sufrir a estos últimos una de las derrotas más ruinosas que se conocen en la historia de Grecia, y obligó a los espartanos a desistir de la guerra en aquel distrito (426 antes de J. C.).

23. Esfacteria

Poco después, Demóstenes se apoderó del promontorio de Pilos, en la costa occidental de Mesenia, y lo fortificó para poder recorrer el país y excitar a la revolución a los ilotas (425 antes de J. C.). Los espartanos pusieron sitio a Pilos y colocaron algunas de sus tropas en una isla llamada Esfacteria, inmediata a Pilos; pero llegó en auxilio de Demóstenes una inmensa flota ateniense, que hizo varar a los buques espartanos, quedándose las tropas que había en la isla de Esfacteria sin medios de volver a salir y como en una trampa había allí muchos de los espartanos más nobles, y no era posible sacarlos de la isla. Tan grande fue el decaimiento que esto produjo en Esparta, que los éforos trataron de hacer las paces con Atenas; pero los atenienses, persuadidos por Cleón, pidieron condiciones fuera de razón. Cleón se había hecho general él mismo, y tuvo la gloria de conducir a Atenas los prisioneros espartanos de la isla, aunque realmente el hecho era debido a Demóstenes. Esta rendición rebajó mucho la fama de Esparta, pues hasta entonces se había creído que los soldados espartanos antes de rendirse morían. Poco después los atenienses, al mando de Nicias, conquistaron la isla de Citéres, en el extremo S. E. del Peloponeso. Poseyéndola, podían arrasar a su gusto la costa espartana.

24. Matanzas en Cercira

Los nobles de Cercira, que era una democracia, conspiraban para derribarla, y romper la alianza con Atenas. Mataron a los jefes del pueblo, y se apoderaron del arsenal y de los diques; pero el pueblo los atacó y derrotó, y durante siete días quedó la ciudad entregada a la venganza y derramamiento de sangre. Quinientos nobles escaparon, sin embargo, y fortificaron una altura fuera de la ciudad. Fueron bloqueados por el pueblo, con la ayuda de los atenienses, y se rindieron con condición de ser enviados a Atenas para ser allí juzgados. En vez de esto, fueron todos asesinados. Este es el peor ejemplo de furioso odio que causó la guerra entre los partidos de los nobles y del pueblo, en las ciudades griegas.

25. Beocia y Tracia. Brásidas

El triunfo de los atenienses en Esfacteria los llenó de un orgullo nada razonable, pues pensaban que podían reconquistar el poder que habían poseído en el continente entre los años 457 y 447 antes de J. C., y que Pericles les había aconsejado que no intentaran recobrar. Con estas pretensiones invadieron la Beocia (424 años antes de J. C), pero fueron completamente derrotados en la batalla de Delio. Al mismo tiempo, un general espartano llamado Brásidas, penetró en Tracia e indujo a Anfípolis y otras ciudades de la costa a sublevarse contra Atenas. Estaba Brásidas muy por encima del soldado ordinario de Esparta. No tenía la calma acostumbrada en los espartanos ni miedo a los cambios. Era veloz y atrevido, y no solamente esto, sino que tenía la propiedad de hacer que los demás tuvieran confianza en él y le amaran. Diferente de la mayor parte de los espartanos, era un orador elocuente; y sus palabras, no menos que sus hechos, excitaron a las ciudades de Tracia en contra de Atenas. La pérdida de estas ciudades, unida a la derrota de Delio, cambió la suerte de la guerra en contra de los atenienses, que hasta entonces la hablan tenido favorable. Fue enviado Cleón a rescatar Anfípolis. Allí le salió al encuentro Brásidas, y ambos generales, Cleón y Brásidas, murieron (422 antes de J. C).

26. Paz de Nicias

Había sido Cleón el jefe del partido más decidido por la guerra, y a su muerte fue la paz posible. Se hizo en el año 421 antes de J. C., conviniendo cada una de las partes contratantes en entregar los prisioneros y las plazas que habían tomado durante la guerra. Los espartanos permitieron, sin embargo, a los atenienses que conservasen ciertos lugares que se les hablan entregado y no habían sido tomados a la fuerza. Esta conducta de Esparta ofendió tanto a los corintios y a otros Estados, a los cuales pertenecían las plazas tomadas, que se negaron a reconocer la paz. Por otra parte, los atenienses no volvieron a tener a Anfípolis. La paz lleva el nombre de Nicias, general ateniense, que fue quien más parte tuvo en ella. Los espartanos nada habían ganado con la guerra, y el imperio ateniense estaba tan fuerte como siempre, con la excepción de la pérdida de Anfípolis.

27. Alcibíades. Mantinea

El jefe del partido que se oponía a la paz y deseaba hacer nuevas conquistas era ahora Alcibíades. Alcibíades era un joven noble de mucho talento y valor, pero sólo pensando en hacer un gran papel en el mundo. Por su talento y su buena figura, había sido tan halagado y echado a perder que nada podía contenerle. Si le gustaba hacer una cosa, la hacía, sin el menor miramiento por la ley. La impudencia con que mentía y engañaba al pueblo, con objeto de alcanzar sus propósitos, es increíble; pero su genio le dio un gran poder sobre los atenienses, y los acontecimientos próximos fueron consecuencia de sus consejos. Algunos de los Estados del Peloponeso, descontentos con Esparta, estaban haciendo una nueva liga con Argos a su cabeza; Alcibíades arrastró a los atenienses a que se uniesen a la liga con Argos, y entonces empezó Atenas a intervenir en los asuntos de los Estados del Peloponeso. Pronto se rompió la paz con Esparta, y los de Atenas se unieron a los de Argos, para invadir Arcadia. En Mantinea, el rey espartano Agis los encontró y derrotó en una gran batalla, que deshizo la liga argiva, y restableció el poder y la fama de Esparta (418 antes de J. C).

28. Melos

La isla de Melos era ya casi la única del Egeo sujeta a Atenas. Los atenienses, sin la menor pretensión de derecho, excepto que Melos era necesaria para su imperio, le intimaron que se sometiera; y cuando los melios se negaron, conquistaron la isla, pasaron a cuchillo a todos los hombres adultos, y vendieron como esclavos las mujeres y los niños (418 antes de J. C).

29. Expedición a Sicilia

Los atenienses venían desde mucho tiempo atrás interviniendo en los asuntos de las ciudades griegas de Sicilia, y en el año 416 antes de J. C, acudió a ellos la ciudad de Egesta pidiendo auxilio contra Siracusa. Alcibíades excitó a los atenienses con la esperanza de formar un nuevo imperio en Sicilia, y en vano arguyó Nicias contra semejantes proyectos salvajes de conquista. Se determinó enviar una inmensa armada y fueron nombrados sus comandantes Nicias, Alcibíades y Lámaco. Desde la muerte de Pericles, había sido Nicias el ciudadano más querido en Atenas. Era noble y muy rico, pero servía fielmente al pueblo. Más que ningún otro observó los sabios planes de Feríeles para hacer la guerra, y resistió los consejos imprudentes. Era justo y piadoso; pero en la religión de aquel tiempo había mucha superstición, y esa misma piedad de Nicias produjo, como ya veremos, un resultado terrible. Nicias había tenido muchos mandos; era un hombre muy valiente, y hasta entonces invicto en la guerra; pero aunque había salido con bien de empresas más pequeñas, no era idóneo para el inmenso mando que ahora se le daba. Era demasiado cauto e indeciso, y dejaba pasar el tiempo sin hacer nada, cuando no debiera haberse perdido un solo momento. El tercer general, Lámaco, era un buen militar, pero tan pobre que nadie hacia caso de sus opiniones.

30. Mutilación de los Hermes

En todas las calles de Atenas había bustos del dios Hermes, protector de la democracia ateniense. Cuando el pueblo se levantó una mañana poco antes de la salida de la expedición, se encontró con que durante la noche hablan sido desfigurados todos estos bustos. Una alarma extraordinaria se apoderó de la ciudad, porque al acto no era sólo un atrevido insulto a los dioses, sino una amenaza contra la democracia. Alcibíades, entre otros, fue acusado de complicidad; pidió al pueblo que decidiera sobre su inocencia o culpabilidad antes de salir la expedición; pero sus enemigos hicieron que no se procediera a la investigación, para poder acusarle durante su ausencia.

31. La expedición

En junio del año 415 antes de J. C, una flota de 300 trirremes salió de Atenas contra Siracusa. En Córcira se le incorporaron las fuerzas de los aliados, y toda la armada junta se componía de 134 trirremes y 500 buques de trasporte, que tenían a bordo 5000 hombres armados, además de honderos y otros con armas ligeras. Lámaco deseaba atacar a Siracusa inmediatamente, sin dar tiempo para que se apercibiera a la defensa; pero en vez de hacerlo así, recorrieron los generales las ciudades de Sicilia en busca de aliados. Estando en esto ocupados, fue llamado Alcibíades para responder a una nueva acusación de sacrilegio. Huyó a Esparta, y se hizo el más encarnizado enemigo de Atenas. Pasó el otoño sin hacer nada, y Nicias tuvo a sus fuerzas en la holganza en Naxos, de Sicilia, durante el invierno. Mientras tanto los siracusanos fortificaban la ciudad y pedían socorros a Grecia. Recordando lo que Brásidas había hecho en Tracia, pidieron a los espartanos sobre todo que les enviaran un general espartano que se encargara del mando. Alcibíades, que ya estaba en Esparta, por odio a Atenas, persuadió a los espartanos a que hicieran lo que los de Siracusa pedían.

32. El sitio

Siracusa era la mayor y más poderosa ciudad de Sicilia. Estaba en la costa, con tierras altas por detrás de ella. Por la tardanza de Nicias, que había dado tiempo a los de Siracusa para hacer sus fortificaciones, no había ya que pensar en tomar la ciudad por asalto, y la única esperanza de los atenienses era reducirla por el hambre, cortando la llegada de provisiones por mar y por tierra. En consecuencia, en la primavera del año 414 antes de J. C., empezó a edificar una doble muralla alrededor de la ciudad por la parte de tierra, y tanto progresó en ella que casi se dio por perdida Siracusa. Al mismo tiempo la escuadra ateniense la bloqueaba por mar; pero poco después fue muerto Lámaco, y quedó Nicias solo en el mando, y, antes de estar completamente acabada la muralla, llegó un general espartano, llamado Gilipo, con unos 3000 hombres de todas clases, y, gracias al poco cuidado de Nicias, pudo abrirse camino y entrar en Siracusa. Desde este momento cambió todo. Gilipo llevó a todos la esperanza. Derrotó a los atenienses en las alturas que había detrás de la ciudad, y edificó un muro trasversal, en tal dirección que, sin apoderarse de él los atenienses, nunca pudieran acabar de rodear a Siracusa con la muralla. Se detuvo entonces el sitio. El ejército ateniense tuvo que conservarse en la parte de muralla ya construida; sus barcos se pudrían por falta de carena; los esclavos que remaban en los buques, y los ciudadanos de los Estados sujetos que servían en las tripulaciones, iban desertando; y los de Siracusa, que en un principio se hablan creído inferiores a los atenienses por mar, sin esperanzas, ahora estaban tripulando buques en la bahía y ejercitándose para una batalla. Nicias escribió a Atenas pidiendo refuerzos, y pidió que se le permitiera dejar el mando (septiembre de 414, antes de J. C), porque sufría una enfermedad dolorosa. Los atenienses insistieron locamente en no relevarle. En la primavera del año 413 antes de J. C, atacó por mar Gilipo a los atenienses; fue derrotado en la primera batalla, pero estando las escuadras empeñadas en la bahía, el ejército de tierra de Gilipo se apoderó del campamento naval y de los almacenes que tenían los atenienses en la playa. En la segunda batalla, fue enteramente derrotada la flota ateniense, y los de Siracusa se dedicaron a destruir por completo a los de Atenas.

33. Demóstenes

No bien habían conseguido esta victoria los siracusanos, cuando se desanimaron al ver entrar en su bahía una nueva flota ateniense. Los atenienses habían hecho un esfuerzo inmenso y habían despachado setenta y cinco trirremes más, en un nuevo ejército, al mando de Demóstenes, el más resuelto y atrevido de todos sus soldados. Desde luego vio Demóstenes que si no se tomaba el muro trasversal de Guipo, nunca podría vencerse a Siracusa. Habiendo fracasado en un ataque que se hizo por el frente, hizo que sus tropas dieran un gran rodeo por la noche, subió a la tierra alta sin ser visto, y atacó a Guipo en la oscuridad. Al principio llevaba la victoria Demóstenes, pero la oscuridad hizo que sus tropas entraran en confusión. Se mataron entre sí los unos a los otros, y concluyó la batalla siendo un desastre ruinoso.

34. Destrucción de los atenienses

Habiendo salido mal su ataque a la muralla, sabia Demóstenes que no podía tomar a Siracusa, y pidió a Nielas que se retirara, antes de que vinieran mayores daños. Nielas se negó por algún tiempo; por fin convino en ello, y se dio la orden para dar la vela al día siguiente (27 de agosto del 413 antes de J. C.); pero aquella noche hubo un eclipse de luna, y Nielas, que tenía un profundo respeto por todas las supuestas señales del cielo, fue avisado por los adivinos que el ejército no debía de moverse en un mes. Ya habían descubierto los siracusanos que Nielas quería retirarse, y determinaron no dejar escaparse a los atenienses. Bloquearon la gran bahía en que estaba toda la escuadra de Atenas, de modo que los atenienses no pudieran salir sino abriéndose paso a la fuerza por entre los buques de sus enemigos. Cuando estaban hechos todos los preparativos posibles, avanzó la escuadra ateniense y empezó la batalla. Toda la población de Siracusa se agrupó a las orillas para observar la batalla, y en el lado opuesto de la bahía estaban formadas las tropas atenienses que no habían ido en los buques; toda aquella multitud chillaba y movía sus cuerpos con gozo o agonía, según veían a los suyos conquistando o conquistados. Era una lucha a vida o muerte. Los atenienses pelearon con el valor de la desesperación; pero en vano. Fueron derrotados y rechazados contra la costa. Su único medio posible de salvación era escapar por tierra hasta alguna ciudad amiga. Abandonando heridos y muertos, y sumidos todos en la mayor miseria, toda aquella hueste, que según el día constaba de 40000, se internó por la isla. Pereciendo de hambre y de sed, eran perseguidos y atacados por los siracusanos, y al cabo de seis días cayeron prisioneros cuantos no habían muerto o desertado. Nielas y Demóstenes se envenenaron por no ser expuestos ante el populacho de Siracusa. Todos los demás prisioneros fueron hechos esclavos. Tal fue el fin terrible de esta gran expedición, la mayor que se había visto armada por un Estado griego.

35. Peligro de Atenas. Deceleya

La ruina de la expedición a Sicilia fue una de las mayores calamidades que haya sufrido nación alguna. Si los espartanos hubieran obrado con energía, podían haber aplastado a Atenas enseguida, pero perdieron la oportunidad y los atenienses sostuvieron la guerra con asombroso espíritu. La verdad es que no podían pasar por otro punto. El rey espartano Agis, por consejo de Alcibíades se había apoderado de una plaza fuerte, llamada Deceleya, en el corazón de Ática, y habían puesto en ella una guarnición permanente, que asolaba el país en todas direcciones, sin permitir ninguna cosecha. El ganado era destruido, los esclavos se pasaban a los espartanos, y no podían usarse los caminos. Atenas dependía para sus comestibles de lo que le traían los buques, principalmente de Eubea y de las costas del Mar Negro.

36. Revolución de Chios

También persuadió Alcibíades a los espartanos a que construyesen una escuadra, y la enviasen al Asia para ayudar a los jonios en su revolución. Él mismo pasó enseguida a Chios con unos pocos buques, con objeto de empezar la revolución. El gobierno de Chios estaba en manos de los nobles; pero hasta entonces habían servido tan bien a Atenas que los atenienses no hablan cambiado su gobierno en democracia. Ahora, sin embargo, se sublevaron (413 antes de J. C). Éste fue un golpe grande para Atenas, pues era Chios el más poderoso de los Estados jonios, y era seguro que otros seguirían su ejemplo. Mileto y Lesbos, se sublevaron en 412 antes de J. C. Los nobles de Samos se preparaban a la revolución, pero el pueblo estaba en favor de Atenas y se levantó contra los nobles, matando doscientos y desterrando a otros cuatrocientos. Atenas hizo de Samos un aliado libre e igual, en vez de un súbdito, y Samos se convirtió en cuartel general del ejército y marina atenienses.

37. Alianza entre Esparta y Tisaférnes

Tisaférnes, sátrapa persa del centro del Asia Menor, deseaba ver por el suelo el imperio de Atenas, porque servía para librar de Persia a Jonia. Con este objeto hizo alianza con los espartanos prometiendo pagar las tropas que habían sido enviadas a Jonia; y los espartanos con bajeza convinieron en entregar a Persia todas las ciudades griegas del Asia Menor. Sin embargo, ya los atenienses habían alistado una nueva escuadra. Derrotaron a las del Peloponeso y de Persia junto a Mileto, y si no sitiaron a esta ciudad, fue por la llegada de una flota de Siracusa.

38. Alcibíades deja a los espartanos

Se había hecho Alcibíades algunos enemigos entre los espartanos, y cuando ya llevaba algún tiempo en el Asia Menor, llegó una orden de Esparta condenándole a muerte. Se fue con Tisaférnes y resolvió entonces recobrar el favor de Atenas rompiendo la alianza entre Tisaférnes y los espartanos. Los hizo pelear por cuestión de la cantidad de paga, y convenció a Tisaférnes de que lo mejor para Persia sería dejar que atenienses y espartanos se destrozaran sin ayudar ni a los unos ni a los otros. Tisaférnes tuvo por esto parados a los espartanos durante meses enteros, pretendiendo siempre que estaba a punto de enviar la escuadra en su auxilio. Alcibíades envió entonces un mensaje falso a los generales del ejército ateniense que estaban en Samos, diciendo que él hacia que Tisaférnes ayudara a los atenienses, si se le permitía volver a Atenas de su destierro; pero añadió que no podría volver nunca mientras hubiera una democracia; de modo que si deseaban el socorro de Persia, tenían primeramente que cambiar su gobierno en una oligarquía (412 antes de J. C).

39. Los cuatrocientos

En el ejército de Samos había muchos ricos que querían ver una oligarquía establecida en Atenas, y firmada la paz con Esparta. Los ricos tenían que contribuir con pesadas cargas a los gastos de la guerra; las sumas gastadas en pagar a los ciudadanos para que asistieran a las asambleas y jurados agotaban el Estado; y la democracia se había desacreditado por su locura en decidir la expedición a Sicilia contra la opinión de Nicias y otros hombres moderados. Por esta razón, aunque la gran masa del ejército de Samos era democrática, un cierto número de los hombres de poder se convinieron con el plan de Alcibíades para cambiar el gobierno. Uno de los conspiradores, llamado Pisandro, fue enviado a Atenas con instrucciones para los círculos de los nobles y otros ricos con objeto de trabajar secretamente en este designio. En estos círculos se proyectó el derribar a la democracia. Ciudadanos conocidos por su celo por la constitución fueron asesinados en secreto. Se apoderó de la ciudad el terror, porque nadie fuera de los conspiradores sabía quién pertenecía al complot y quién no pertenecía; y por último, en parte a la fuerza, se vio obligada la asamblea a abolir el gobierno y todas las magistraturas populares, y a entregar enteramente el Estado en manos de cuatrocientos hombres del partido de los nobles. Se dijo que se reuniría una asamblea de 5000 hombres, pero los cuatrocientos no intentaban convocarla. Condenaron a muerte a muchos de sus enemigos, y empezaron las negociaciones de paz con Esparta (411 antes de J. C).

40. El ejército de Samos

Cuando supo el ejército que había en Samos lo ocurrido en Atenas, se puso furioso contra los conspiradores, y juró conservar la democracia. Se declararon ser el verdadero cuerpo de ciudadanos atenienses, puesto que los que en la patria habían quedado habían abandonado la constitución; y se reunieron en todas las formas de asambleas populares, y eligieron los magistrados regulares del Estado. Los jefes democráticos del ejército se hicieron amigos de Alcibíades, que rompió sus relaciones con los cuatrocientos y fue nombrado general del ejército. Alcibíades había hecho el daño más mortal a su país. Por él había sido enviado Gilipo a Esparta, había ocupado Agis a Deceleya y se había sublevado Chios; pero tan convencidos estaban los soldados de que él podría traerles el auxilio de Tisaférnes, y compensar todo el mal que había causado a Atenas, que todo se lo perdonaron.

41. Caída de los cuatrocientos

Los cuatrocientos estaban divididos entre sí; los más moderados eran partidarios de convocar aquella asamblea de 5000 ciudadanos, y de permitir alguna clase de libertad; los más desesperados estaban decididos a conservar su poder a cualquier precio, y enviaron a los espartanos la oferta de dejarlos entrar en el Pireo. Perdieron los espartanos la ocasión; y el pueblo no pudo tolerar más el gobierno de los cuatrocientos. Se restableció la antigua constitución, con la excepción de que se exigía cierta propiedad para dar a un hombre el derecho de votar como ciudadano, y de que se abolió la paga por asistir a la asamblea y a los jurados. Algunos jefes de los cuatrocientos fueron condenados a muerte después de ser juzgados en debida forma; pero el pueblo obró con gran calma y moderación y no hubo aquella violencia que había habido en Córcira y otros Estados (411 antes de J. C). En este momento se sublevó Eubea y se unió a los espartanos. Éste era un golpe terrible para Atenas. No había modo de cosechar provisiones en Ática, y ahora no solamente se veían privados los atenienses de los comestibles procedentes de Eubea, sino que los espartanos, ocupando a Eubea y sus puertos, podían caer sobre todos los buques portadores de comestibles para Atenas, desde otros puntos.

42. Victorias atenienses en el Helesponto

Los espartanos, que en un principio sólo por tierra peleaban, se habían acostumbrado ya a la mar, y estaban preparados a batir la flota ateniense que recorría la costa del Asia Menor. Cuando vieron que Tisaférnes en lo que menos pensaba era en ayudarles, movieron su escuadra desde Jonia al Helesponto, para obrar de acuerdo con Farnabazo, sátrapa de la parte Norte del Asia Menor, y ayudar a las ciudades de aquel distrito, que ya habían empezado a revolverse contra Atenas. El almirante espartano, Mindaro, esperaba adquirir el mando del Bósforo y del Helesponto, porque de este modo quedaría Atenas incomunicada con las ciudades del Mar Negro, de las cuales dependía para los cereales. La escuadra ateniense que había en Samos siguió a Mindaro hacia el Norte, y se dieron dos batallas en el Helesponto, y en ambas salieron vencedores los atenienses. En febrero del año 410 antes de J. C, por la habilidad de Alcibíades, la flota espartana que estaba sitiando a Cicico en la Propóntida fue envuelta por los atenienses. Mindaro hizo varar sus buques y dio una batalla en tierra, en que los espartanos fueron completamente derrotados, muerto Mindaro y perdida toda la escuadra. Tan grande fue el desastre que enviaron proposiciones de paz a Atenas, que los atenienses imprudentemente desecharon. Alcibíades continuó haciendo buenos servicios a Atenas en los dos años siguientes, y fueron conquistadas las ciudades sublevadas en el Bósforo.

43. Lisandro y Ciro. Egos-pótamos

Viendo el rey de Persia que Atenas iba recobrando su poder, y no ocultándosele que si salía victoriosa de la guerra no podrían los persas recobrar a Jonia, determinó entonces ayudar realmente a los espartanos y envió a la costa al menor de sus dos hijos, Ciro, para socorrerlos con dinero. El nuevo almirante espartano, Lisandro, era un habilísimo jefe y administrador. Hizo tales amistades con Ciro, que éste no sólo dio a los espartanos la paga que había prometido, sino aun aumentada; y por este dinero persa pudo al fin Esparta sobreponerse a Atenas. Continuaba la guerra, no obstante, y los atenienses alcanzaban más victorias, hasta que en 405 antes de J. C, sorprendió Lisandro a la flota ateniense enteramente desapercibida en Egos-pótamos, del Helesponto, y la apresó totalmente.

44. Caída de Atenas

Sin escuadra ya, no quedaba a los atenienses nada más que la misma Atenas. Las ciudades del Asia Menor se fueron entregando sucesivamente a Lisandro, con la excepción de Samos; y en noviembre de 405 antes de J. C. bloqueó Lisandro al Pireo con un flota, mientras que el ejército espartano al mando de Agis, sitiaba a Atenas por tierra. Inútiles fueron ahora las largas murallas, porque Lisandro era dueño del mar, y no podían acercarse al Pireo buques con provisiones. Al cabo de cuatro meses se vio obligada la ciudad a entregarse por hambre (marzo de 404 antes de J. C). Las condiciones de paz fueron que Atenas abandonara todo su imperio, y que se destruyeran las largas murallas y fortificaciones del Pireo. Éste fue el término de la grandeza de Atenas.

45. Los treinta tiranos

Lisandro ayudó entonces a los que entre los nobles eran los más valientes a derribar la democracia, y a establecer un gobierno de treinta hombres. Era el jefe de éstos, Critias. Los crímenes de los treinta figuran entre los de peor especie que registra la historia de Grecia. Condenaron a muerte centenares de ciudadanos sin formación de causa, y obraron con tal violencia, maldad y sevicia que les quedó para siempre el nombre de los treinta tiranos. En Atenas se colocó una guarnición de espartanos para protegerlos; pero al cabo de ocho meses los ciudadanos a quienes hablan desterrado marcharon sobre Atenas. Se dieron batallas en regla, y por último dejaron los espartanos de proteger a los treinta. El gobierno del pueblo fue restablecido en la primavera del año 403 antes de J. C. Por poco sabia que la democracia hubiera sido, nunca había cometido crímenes como los de los gobiernos oligárquicos de los cuatrocientos y de los treinta.

46. Falta de creencias. Sócrates

Las desesperadas luchas entre los nobles y el pueblo que eran efecto de la guerra en tantas ciudades, hicieron que los hombres todo lo descuidasen excepto los intereses del partido a que pertenecían. En su odio contra la facción opuesta en el Estado, llegaron a perder su cuidado por el mismo Estado. El interés del partido ocupó el lugar de la ley, de la costumbre, y de la piedad. Esto, unido a otras causas, tendió a quebrantar la creencia de los griegos educados en su antigua religión, y sus antiguas distinciones entre lo bueno y lo malo. La guerra todo lo cubría con sus violencias en Grecia. Los hombres obraban como si sólo la fuerza diera derecho para todo; y no faltó quien les enseñara este principio como verdadero. En esta mala época se levantó un hombre en Atenas, llamado Sócrates, que tenía tales ideas sobre lo verdadero y lo bueno, cuales ningún otro griego había tenido antes. Enseñó que mejor era sufrir un daño que hacerlo, y que los dioses deseaban que los hombres les rindieran culto, no por medio de creencias y prácticas, sino haciendo bien. Su manera de enseñar era haciendo preguntas, hasta hacer comprender al pueblo cuan poco sabía. Los atenienses le entendieron mal; le acusaron de destruir la creencia de los hombres en los dioses, y fue condenado a muerte. Estando en prisión, tuvo modo de escaparse, pero se negó a ello. La muerte de Sócrates por la verdad era una cosa nueva en la historia de Grecia. Muchos habían muerto antes valientemente por su país, pero Sócrates murió más bien como un misionero o un mártir. Su vida y su muerte hicieron una impresión profunda en cuantos le habían conocido; y desde entonces siempre hubo en Grecia hombres que dieran sus vidas en aras de la verdad, y buscándola.

 

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