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COMPENDIO DE HISTORIA DE LA CHINA


Introducción

Geografía

División política

Estadística

Leyes y Gobierno

Gran muralla. Monumentos. Palacios. Ciudades. Usos y costumbres

Comidas. Visitas. Viajes. Matrimonios. Fiestas. Pasatiempos

Agricultura. Reino animal y vegetal

Ciencias. Artes. Industria. Comercio. Navegación

Lengua. Literatura. Enseñanza. Grados científicos y literarios

Relaciones entre chinos y europeos. Motivos de la última guerra con los ingleses. Operaciones militares. Tratado de comercio
 

 

COMPENDIO DE LA HISTORIA DE LA CHINA

Su gobierno, leyes, ciencias, artes, industria, comercio, navegación, usos y costumbres

Traducido del francés por Mariano de Castro y Duque - 1862


Índice

 

 



Capítulo VI. Comidas. Visitas. Viajes. Matrimonios. Fiestas. Pasatiempos.

COMIDAS

El arte culinario es muy variado; pero a excepción del arroz, no hay estómago europeo que pueda acomodarse a los singulares y detestables guisados inventados por los gastrónomos chinos; pues se presenta sobre las mejores mesas, lombrices, nidos de pájaros, aletas de tiburón y una confusión de mezclas de este género, cuyo aspecto y olor es suficiente para quitar el apetito a un extranjero. El plato favorito de un chino es una papilla grasa y gelatinosa cargada de pimienta, hecha con aceite de higuera. La vaca y carnero se presenta solamente en un día de solemnidad; el postre de una comida consiste en caza y pescado, que con las preparaciones complicadas que la dan viene a hacerse desagradable.

Para dar una idea referiremos una comida con la que unos ricos negociantes de Canton obsequiaron al Capitán La Place, de la marina francesa. El primer servicio era un gran número de salsas frías en diversos platillos de porcelana pintada, hechas de lombrices ahumadas, pescado y jamón perfectamente picados; en seguida un guisado de un pellejo oscuro bastante duro, de gusto desagradable; un licor llamado soy, hecho de habas del Japón, y adoptado por los inteligentes en vinos para abrir el apetito; en otra entrada huevos cocidos de paloma; después ánades y pollos cortados en pequeños trozos, condimentados con una salsa negruzca; en otra albóndigas hechas de nadadera de tiburón con huevos cocidos, de un olor y gusto malísimo y un sin número de pescados de mar, langostas y cangrejos machacados; después una sopa preparada con los famosos nidos de pájaros, reducidos a filamentos muy delgados, trasparentes como la cola de pescado e imitando a los fideos, pero de gusto insípido. A este tiempo traen el vino, y los brindis se suceden rápidamente (porque se bebe siempre caliente) y se parece mucho al Madera por su color y gusto (aunque no se sube a la cabeza); le sirven en unas pequeñas tazas doradas de dos asas, que tienen la hechura de un vaso antiguo; los domésticos que están de pie con grandes utensilios de plata, parecidos a las cafeteras, tienen cuidado de llenarlas continuamente. El segundo servicio fue arroz, hecho croquetas y el único bien sazonado; en seguida cubren la mesa con cestas de flores, confites, tortas de harina de diversas formas y li-tchi (fruta de piel dura y color de carmesí, tiene una especie de hueso que envuelve una almendra blanca de un gusto superior a la mayor parte de las frutas de los trópicos, se cría en las provincias marítimas; ofrece a los habitantes un alimento en el estío tan sano como delicioso, y luego que se seca es una excelente provisión para el invierno) y avellanas, castañas, manzanas, uvas y peras de Pe-King. Los únicos utensilios para comer son unos palillos de marfil en forma de espátula y cuchillos de hoja larga, delgada y estrecha.

Después se pasa a otro cuarto para tomar el té, costumbre indispensable en todas sus visitas y ceremonias; los criados le presentan en tazas de porcelana con tapaderas para impedir que el aroma se evapore, echan el agua caliente azucarada sobre las hojas contenidas en cada taza, y aquella infusión exhala un olor tan delicioso y suave como los mejores tés que vienen a Europa.

Los artesanos y jornaleros de la campiña se alimentan ordinariamente con el arroz, cerdo, caza y tortas de harina, sin perjuicio de la guerra encarnizada que hacen a los ratones silvestres y otras alimañas, porque les gusta mucho.

En la mayor parte de las grandes ciudades hay una especie de fondas muy concurridas de los mercaderes, que hacen sus comidas allí; pues encuentran mucha economía con este modo de vivir.

En Canton se consume más hielo que en ningún otro pueblo, porque en el estío sube la temperatura a 35°, y se encuentra a cada paso por las calles mercaderes con grandes cestas de hielo, que venden muy barato.

VISITAS

Los chinos son el pueblo mas ceremonioso de la tierra; el Tribunal de Ritos ha promulgado un código donde está minuciosamente definido todo lo que concierne a la etiqueta. Una persona bien educada está muy enterada en este artículo, y sabe perfectamente en todas circunstancias de que términos honoríficos debe emplear, como el sitio que debe de ocupar, o sentarse, beber, comer y pasar por una puerta; lo mismo que cuando va a visitar a algunos de su clase. Le precede un criado llevando un cartel con sus nombres y títulos inscritos en él, y luego que se encuentra en presencia del visitado, empieza una serie de salutaciones y reverencias, pero sin que se exceda ninguno de los dos un ápice de lo que creen corresponderles.

Se sientan uno enfrente del otro, y le sirven el té con diferentes manjares de gusto; necesita tomar la taza de cierto modo, concluirla con medida y volverla al criado, saludando ligeramente al dueño de la casa; no se puede, sin faltar a las reglas, menear los brazos o pies, se necesita estar derecho, con los ojos bajos y las manos extendidas sobre las rodillas.

VIAJES

Los chinos de distinción no salen nunca a pie, y muy rara vez en coche; la moda mas usada es en silla de manos para la ciudad, o en litera para afuera; las de los mandarines son de mucho lujo, y cuando van de ceremonia le preceden sus espolistas llevando cadenas y bastones de bambú de los que se sirve para la bastonada; a su alrededor oficiales subalternos sostienen quitasoles y grandes cuadros de madera pintados de verde y escritos en gruesos caracteres de oro, los títulos y dignidad del funcionario; un grupo de criados sigue detrás, y cinco o seis caballeros cierran la comitiva. Los militares usan del caballo, y de capitán arriba van acompañados de un grupo de caballeros cuyo número indica exactamente el rango del oficial. Los Príncipes, hermanos y tíos del Emperador, salen de su palacio rodeados de cien caballeros sin conservar orden alguno, y cuidando solo de que el Príncipe se encuentre en medio de ellos.

Las postas no están servidas por caballos, sino por demandaderos; en todos los caminos hay paradas de estos hombres robustos e infatigables; en cada parada el viajero encuentra un jefe, que según la rapidez con que quiere viajar, le da dos, cuatro, seis, doce o veinte y cuatro de estos portadores, cuyo precio paga en el acto al jefe, que devuelve en cambio un sello para cada demandadero, y luego que han acabado su tarea, los recogen a su vez los sellos que deben presentar so pena de ser castigados severamente.

En los caminos principales tiene el Gobierno paradas de caballos para el servicio de correos encargados de despachos ministeriales, y cuando el Emperador se digna escribir de su mano a un Virrey, la carta se arrolla en un tubo de bambú pintado de amarillo y verde, y se confía a un mandarín de primer orden, quien por medio de un cordón de seda se le pone sobre su espalda, y le lleva a su destino; en este caso puede hacer uso de los caballos del Gobierno.

Cuando un particular, por gusto o necesidad, quiere viajar con economía, toma pasaje a bordo de las embarcaciones que surcan en todos sentidos los ríos y los innumerables canales. Estas ligeras embarcaciones, llamadas jonques, salen en día y hora fijo, y son ordinariamente remolcadas por los haladores de profesión, sujetos también aun jefe.

En China hay pocos caballos, y los escasos carruajes que circulan se emplean para las damas tártaras; estos vehículos son de dos ruedas, muy pesadas, sin suspensión ni almohadones para sentarse, teniendo que apoyarse con los puños pata sobrellevar los vaivenes que da cuando las ruedas encuentran algún canto.

MATRIMONIOS

Los novios no pueden tratar nada entre sí, tienen que hablar a los padres respectivos, porque éstos, según las leyes, no pueden romper los empeños adquiridos entre las familias; y sucede muy frecuentemente que dos amigos, sin hijos todavía, se prometen de una manera solemne unir por el matrimonio a los hijos que tuvieran, siendo de diferente sexo: la solemnidad de esta promesa consiste en rasparse su túnica, y darse recíprocamente la mitad. Los chinos no pueden esposarse más que con una sola mujer; pero la ley autoriza a un marido para recibir en su casa tantas mujeres como le parezca; lo mas extraño es que los hijos de estas mujeres no las llaman madres. Por una ficción legal, su verdadera madre es la esposa legitima, a la cual deben amar, obedecer y respetar; mientras los hijos nacidos del padre tienen derechos iguales, sean procedentes de la mujer legitima o no.

La reclusión en que tienen a sus mujeres e hijas, hace los matrimonios imposibles, sin el oficio de entremetedores y de entremetidos, que ejercen casi un empleo público; la intervención está marcada por las leyes, que castigan la menor irregularidad en la negociación; toda superchería, fraude, sustitución de personas o alianza en tiempo prohibido, ocasiona a los entremetedores penas que pueden llegar hasta la estrangulación. Pero en despecho de los mas sagaces reglamentos, los entremetedores, ganados por dinero, alaban o ensalzan alguna vez las gracias y los méritos de la desposada; como el futuro la ve por la primera vez cuando abre la puerta de la litera que la conduce a su casa, si ha sido engañado en su objeto con la falsa pintura que de ella le han hecho, no le queda otro recurso que volver a enviar inmediatamente a sus parientes la señorita y deshacer toda la boda. Los aventureros de éste género son muy raros, por la razón de que rompiéndose así el trato, pierden a la vez la suma con que contaban del bello padre para dar salida a su hija, y los presentes que tienen hechos a esta última.

El código de ritos admite el divorcio en gran número de casos, quedando los divorciados tan libres para contraer segundas bodas, como con la muerte de uno de ellos.

Los chinos no pueden casarse en largo tiempo si acontece la muerte de uno de sus padres, porque el duelo dura tres años, y si durante los preliminares del matrimonio uno de los futuros pierde a su padre o madre, el otro se encontrará, en este mero hecho, desempeñado de todas las promesas hechas. La ley priva la celebración de un matrimonio cuando un próximo pariente de las partes contratantes está preso, o a las resultas de una acusación.

Cuando dos familias han convenido casarse por mediación de los entremetedores, y señalado el contrato, se empiezan las ceremonias, que se reducen a seis artículos.

1.° Convenir el matrimonio.

2.° Pedir el nombre de la hija, el día, mes y año de su nacimiento.

5.° Consultar a los adivinos sobre el matrimonio futuro, y llevar el feliz presagio a los parientes de la novia.

4.° Llevar los vestidos de seda y otros presentes.

5.° Proponer el día de la boda.

Y 6.º Ir delante de la esposa, para conducirla en seguida en casa del esposo.

Estas diligencias duran cinco días en las clases elevadas de la sociedad, donde se exige seguir a la letra el ceremonial prescrito. Luego que todo está preparado, se da parte a sus antepasados el día de la boda, del medio siguiente; se adorna el templo doméstico con tanta magnificencia como es posible; todos los miembros que componen la familia se reúnen; los hombres a la izquierda y las mujeres a la derecha; después de haberse lavado las manos, descubren las cuadros en que están escritos los nombres de sus abuelos hasta la cuarta generación, e invocan sus espíritus. El padre de familia toma los perfumes, que están sobre una mesa erigida en forma de altar, y arrodillándose, los echa en una urna con fuego; entonces toda la asamblea se prosterna para saludar a los antepasados, y a continuación lee un discurso escrito con letras de oro, por el cual instruye a los antepasados del matrimonio que ha sido concertad», en estos términos: Día, mes y año. Yo vuestro humilde hijo, queriendo daros un testimonio de mi piedad y veneración, os hago saber que mi hijo, no teniendo mujer, y estando en edad de tomar una, deliberé con sus parientes sobre su matrimonio futuro con la hija de N. N.; nos recreamos infinitamente y os ofrecemos estos perfumes, para que estéis informadas de lo que pasa en vuestra familia. Cuando el padre ha leído su discurso, le quema, y la asamblea toma permiso de sus abuelos los para echar el velo a los cuadros.

Como entre casi todos los pueblos del mundo, el día de boda se pasa en festines y regocijes; ellos dan una externada importancia a las ceremonias fúnebres, y es un crimen castigado por la ley no observar los ritos que prescriben, visitar en ciertas épocas tas tumbas de sus parientes, y están persuadidos que la menor negligencia en este puntos atraerá sobre ellos las venganzas del cielo; así se satisfacen en conciencia con las mas insignificantes ceremonias. Por una coincidencia bastante extraña, la forma invariable adoptada en las tumbas es la de la omega griega Ω; el féretro es de madera maciza cuidadosamente trabajada y pintada, y el cadáver está sobre una cama de cal viva, cuya precaución, en un país tan poblado, es muy higiénica, que unida a la de esparcir las sepulturas sobre las colinas incultas, puedan ser causa, del buen estado sanitaria que disfrutan. Aunque queman incienso delante de las tumbas y ofrecen a los muertos oblaciones y sacrificios, parece que miran estas ceremonias como simples testimonios de respeto y veneración; sin embargo, no hay casa que deje de tener un cuarto separado con una especie de altar pequeño, donde están colgados los cuadros indicando el nombre y la profesión de sus abuelos, y alumbrado continuamente con lámparas, al cual suelen retirarse para premeditar resoluciones importantes, o para buscar consuelo si han tenido algún acontecimiento desgraciado. El color blanco es el adoptado para duelo.

Tienen dos fiestas al año, el día de Año Nuevo y el de Candelas, en los cuales parece que quieren indemnizarse cumplidamente de la severidad de su Calendario. Un mes antes de concluirse el año, cada uno se prepara a celebrarla. Los comerciantes dejan sus cuentas, los magistrados y empleados se esfuerzan, dándose prisa, para despachar todo lo atrasado; los artesanos trabajan día y noche para procurase algún dinero, y caía uno, según sus medios, dispone a sus anchas, para el momento preciso en que el sol empieza su nueva evolución (se entiende cuando ha llegado al trópico de Capricornio, y vuelve hacia su hemisferio) que se anuncia con una campana. A esta señal una multitud inmensa armada de fusiles, petardos y cohetes se precipita a la calle, donde hacen salvas y fuegos artificiales. A esta bataola y confusión sucede otro día de escenas de otro género; luego que dejan sus casas limpias, perfumadas y sembradas de flores, y los jefes de familia han ejecutado delante de las estatuas de los dioses domésticos todas las ceremonias prescritas, se vuelven a los templos acompañados de sus mujeres e hijos, para no entrar en casa hasta haber cumplido las visitas obligatorias. Cada cual se pone los mejores vestidos; y será un espectáculo curioso a la vez ver esta multitud adornada de brillantes colores, que se inclina, prosterna, arrodilla y pone en medio de la calle a todas las evoluciones eminentemente grotescas de su cortesía. A las visitas de ceremonia siguen las de amistad, que siempre van acompañadas de finezas, como flores artificiales, gomas, confites o algún objeto delicadamente trabajado. Estos regocijos se prolongan mas o menos tiempo, según la posición de las personas, pero en general no pasan de diez días.

La fiesta de Candelas se celebra el día de la primera luna llena de Año Nuevo; es el día de la iluminación más completa que se puede imaginar, pues hasta el más pobre artesano se procura un fanal, que los hay de todas formas y clases, de papel, madera, cuerno, seda, vidrio y nácar, para en seguida que se pone el sol, iluminar todas las ventanas, lienzos y columnas de las casas; en medio de las plazas forman grupos con haces y pólvora para fuegos artificiales, a los que son muy aficionados, representando figuras fantásticas o naturales y árboles cubiertos de hojas, flores y frutas. En los palacios y jardines del Emperador no hay sala, galería ni árbol que no tenga su farol iluminado, lo mismo que sobre los canales y puentes figurando peces, pájaros, vasos, frutas y flores, todos de una obra fina y delicada.

PASATIEMPOS

Aunque está prohibido severamente el juego de cartas, los tártaros le han introducido, y hoy no es extraño ver que un chino pierde sucesivamente en una sola sesión su fortuna, muebles, casa, mujer e hijos. Además tienen teatros, pero pobres y mezquinos, que no pueden compararse de ningún modo con los que se construyen en nuestras plazas principales para el tiempo de las ferias; no obstante, hacen continuas representaciones dramáticas que sirven ordinariamente de intermedios en todas las comidas de ceremonia.

Los demás entretenimientos son muy pueriles; la afición general es a los globos, todo el mundo, niños, hombres maduros y ancianos se mezclan y esfuerzan por sobresalir en la construcción de esta clase de juegos de su predilección; siendo admirable la altura prodigiosa a que saben elevarlos.



 

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