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Cap. II. De los fenicios

Cap. III. De los asirlos y babilonios

Cap. IV. De los medos y persas

Cap. V. De los indios

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Capítulo I. De los tiempos fabulosos y heroicos

Cap II. Esparta y leyes de Licurgo

Cap III. Gobierno de Atenas y leyes de Solón

Cap IV. Guerra de los griegos contra Darío I. La batalla de Maratón

Cap V. Guerra de los griegos contra Xerxes. Los trescientos y las Termópilas. La batalla de Salamina

 

 

COMPENDIO DE LA HISTORIA DE GRECIA - JERÓNIMO DE LA ESCOSURA


Índice

 

 



RESUMEN DE LA HISTORIA ANTIGUA

Nociones generales sobre los egipcios y pueblos antiguos del Asia

CAPÍTULO III. De los Asirios y Babilonios

Según la mayor parte de los historiadores, Babilonia, situada a las márgenes del Eúfrates, y Nínive a las del Tigris, entrambas en la Mesopotamia, eran las capitales de estos dos grandes imperios igualmente célebres y antiguos; pero hay fundamentos para conjeturar que los babilonios y asirios formaron un solo pueblo, al cual indistintamente se daban estos dos nombres.

Si hemos de creer a los historiadores griegos, Nino, después de haber fundado a Nínive, que tenía cerca de veinte y cinco leguas de circuito, se dedicó a hacer conquistas con un ejército de un millón de hombres; y Semíramis, mujer de un oficial de sus tropas, se distinguió tanto por sus proezas en algunos encuentros, que enamorado Nino se casó con ella, dejándole a su muerte la corona.

Construyó esta princesa para inmortalizarse la ciudad de Babilonia más grande aún que Nínive; y son igualmente obra suya sus murallas, por las que podían ir seis carros a la par, el templo de Belo, dentro del cual había una estatua de oro de cuarenta pies de alto, y otra infinidad de obras prodigiosas de arquitectura y escultura. Hizo construir otras varias ciudades; y deseosa de hacer alguna conquista, marchó contra el rey de la India con un ejército innumerable, y habiendo sido derrotada y puesta en fuga, murió poco tiempo después en sus estados.

La historia que se acaba de referir sin duda es fabulosa, como todas las que se le parecen. Lo cierto es, que en el espacio de ochocientos años no se halla hecho alguno notable hasta el voluptuoso Sardanápalo, rey de Asirla, que hallándose sitiado por los medos se quemó con todo su numeroso serrallo. La Sagrada Escritura dice que Nemrod, biznieto de Noé, fue el fundador de Babilonia, y los historiadores profanos no han podido aclarar aun las antigüedades de este imperio.

Los babilonios, o más bien los caldeos sus sacerdotes, observaban cuidadosamente los astros, y así llegaron a hacer tales progresos en la astronomía que inventaron los cuadrantes solares; se dedicaron particularmente a la absurda y falsa ciencia de la astrología judiciaria, de la cual abusó por tanto tiempo el género humano. Establecieron el culto de los astros persuadiendo a la plebe que por ellos conocían y vaticinaban lo futuro, y sacando no pequeñas ventajas de la credulidad pública. Su dios Belo era el sol; más en medio de esta idolatría no dejaban los sacerdotes de reconocer una suprema deidad, cuya doctrina ocultaban al puebla por el interés que de su ignorancia les resultaba.

Desde tiempo inmemorial florecían las artes y ciencias entre los asirios y babilonios; y aunque el lujo y la desenvoltura reinaban igualmente entre ellos, nunca fue más excesiva la corrupción de las costumbres que después de la conquista de Babilonia por Ciro. La causa principal de este abandono fue la indigencia, que en muchas ocasiones engendra más vicios que las riquezas; ella fue la que hizo a las mujeres perder el pudor, y a los hombres olvidarlos principios de la buena moral, entregándose a todo género de vicios.

 

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