TORRE DE BABEL EDICIONES

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano
 

Diccionario filosófico

Diccionario de Filosofía

Vocabulario de Psicología

Vocabulario de economía

Biografías y semblanzas

Biblioteca del Pensamiento

Historia de
la Filosofía

Portal de Filosofía, Psicología y Humanidades

Selección de artículos de
 la clásica Enciclopedia española

 Edición íntegra del famoso diccionario de Voltaire

Breve definición de los términos filosóficos

Explicación de los conceptos, tesis
y escuelas

Principales conceptos de
esa ciencia

Vidas de los filósofos y pensadores

Textos íntegros de obras clásicas
de Filosofía

La filosofía de los principales pensadores, resúmenes, ejercicios...


MITOLOGÍA

La Mitología contada a los niños e historia de los grandes hombres de Grecia  
 

Mitología de la juventud o Historia fabulosa para la inteligencia de los poetas y autores antiguos

 

 

HISTORIA

Compendio de la historia de la China

Lecciones de historia del Imperio Chino

Japón. Estudio histórico y sociológico 

Nociones de historia de Grecia

Compendio de la historia de Grecia

Lecciones de historia romana  

Historia de los templarios


HISTORIA ROMANA CONTADA A LOS NIÑOS

 

Fundación de Roma

Rómulo

Numa Pompilio

Tulio Hostilio

Anco Marcio

Tarquinio el antiguo

Servio Tulio

Tarquinio el soberbio

Bruto y sus hijos

Sitio de Roma por

Porsena

Coriolano

Virginia

Camilo y los Galos

Pirro y los elefantes

Régulo y los cartagineses

Aníbal en Italia

Escipión el Africano

Ruina de Cartago

Los Gracos

Mario y Sila

Julio César

El segundo Triunvirato

Antonio y Cleopatra

La clemencia de Augusto

 

 

 

HISTORIA ROMANA CONTADA A LOS NIÑOS - Jules Raymond Lamé Fleury


Índice

 

 



SITIO DE ROMA POR PORSENA

Desde el año de Roma 247 hasta el año 260 (espacio de 13 años)
 

Sitio de Roma - Historia romana contada a los niños - Lamé FleuryDespués de haber perdido la batalla en que habían muerto Bruto y Aruns, Tarquino se retiró con Porsena, rey de Lacium, que era una ciudad de un país inmediato a Roma, llamado Etruria, y rogó a aquel rey que le ayudase a recobrar su corona.

Porsena no amaba a Tarquino, porque nadie podía amar a un hombre tan malvado; pero le prometió socorrerle para tener ocasión de perjudicar a los romanos, de quienes tenía envidia, porque cada día se hacían más poderosos y temibles. Llegó pues a poner sitio delante de Roma, es decir, a rodear aquella ciudad con un grande ejército y toda clase de máquinas de guerra, con las cuales trató de derribar las murallas. Pero vais a ver ahora cómo fue rechazado por el valor de los romanos y obligado a faltar a las promesas que había hecho a Tarquino.

El cónsul que había ocupado el lugar de Bruto se llamaba Valerio Publicola, que quiere decir: el amigo del pueblo. Era un hombre sabio y valiente, que resolvió morir primero que sufrir que Tarquino volviese a subir al trono; y le ayudaron mucho todos los habitantes, quienes también hicieron prodigios de valor.

Había entonces en el Tíber un puentecito de madera por el cual podían con facilidad entrar en la ciudad. Porsena lo advirtió y envió al momento un gran número de soldados para apoderarse de él.

Aquel día no había para guardar el puente más que tres romanos, de los cuales uno se llamaba Horacio Cocles, que quiere decir el tuerto, porque no tenia más que un ojo; así que Cocles vio a los enemigos, mandó a sus compañeros que cortasen el puente detrás de él, y se quedó solo al otro lado para detener a los soldados que llegaban, hasta que habiendo visto que el puente estaba cortado se tiró al Tíber, aunque estaba herido, y nadando se volvió a Roma, donde fue recibido con la mayor alegría: las madres levantaban a sus hijos en alto cuando pasaban por las calles, para hacerlos ver un hombre tan valiente, y el cónsul Valerio mandó levantar una estatua que le representaba.

Los soldados de Porsena se retiraron avergonzados por haber sido vencidos por un solo hombre, y se fueron a decirlo a su rey, quien resolvió hacer morir a los romanos por hambre.

Podéis pensar lo desgraciada que era Roma cuando empezaron a carecer de los alimentos más necesarios para la vida, pero todos querían mejor morir de hambre que volver a ver a Tarquino. Hubo entonces un generoso romano llamado Mucio, que se sacrificó solo por su patria, creyendo que si Porsena llegaba a perecer, todos los males que agobiaban al pueblo se verían concluidos.

Se disfrazó como soldado extranjero y llegó hasta la tienda del rey, donde mató a su secretario creyendo que era Porsena; lo prendieron al momento, y mientras que el rey le preguntaba por qué había matado a aquel hombre, puso su mano derecha sobre un brasero encendido que había allí, y la dejó quemar sin manifestar la menor señal de dolor, para castigar aquella mano de haberse equivocado.

El rey se asusto con un valor tan varonil, y sobre todo con el peligro que había corrido sin saberlo; pero no quiso que hiciesen daño alguno a Mucio, a quien envió a Roma después de haberle vuelto a entregar su espada, que éste tuvo que recibir con su mano izquierda, pues que la derecha estaba seca; a causa de esto, dieron a Mucio el nombre de Escévola, lo que quiere decir zurdo, el que tuvo toda su vida honrándose con él.

Antes de marchar, Mucio declaró a Porsena que trescientos jóvenes romanos habían hecho como él el voto de matarle, lo que dio tanto miedo a aquel príncipe, que se decidió a levantar el sitio y hacer la paz con los romanos.

Tarquino se encolerizó tanto cuando supo que la guerra se hallaba concluida, y que ya no podía volver a Roma, que se retiró a una ciudad lejana, donde se sirvieron recibirle, y allí murió algunos años después con el último de su familia, sin que nadie le echase de menos.

No sucedió lo mismo cuando murió Valerio Publicola, quien después de haber hecho tan grandes cosas, y salvado a Roma del furor de sus enemigos, murió tan pobre que tuvieron que enterrarle a costa del público.

Ya veis que los romanos de aquellos tiempos, no solo eran hombres sabios y valientes, sino también los más hombres de bien del mundo, pues que en lugar de pensar en enriquecerse Valerio Publicola no se había ocupado más que en el bienestar de la República.

 

  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición, maquetación y diseño web: Javier Echegoyen - Aviso legal y política de privacidad