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HISTORIA ROMANA CONTADA A LOS NIÑOS - Jules Raymond Lamé Fleury


Índice

 

 



LOS GRACOS

Desde el año de Roma 608 hasta el 631 (espacio de 23 años)
 

Los Gracos - Historia romana contada a los niños - Lamé FleuryTodas las historias que acabo de contaros os hacen ver que los romanos se habían vuelto muy malos; esto fue causa de muchas desgracias que les ocurrieron después, y se hicieron más daño a sí mismos que el que sus mayores enemigos hubieran podido hacerlos en tiempo que eran buenos y virtuosos.

En lugar de honrar a los dioses como Numa Pompilio se lo había enseñado, o de cultivar la tierra como lo había hecho Cincinato, no se ocupaban ya más que en repartir los tesoros que traían a Roma de todas las ciudades que quemaban o destruían, porque derribaron un gran número de ellas en varios países, lo mismo que habían destruido a Cartago.

Al mismo tiempo se mostraban tan avariciosos, que creían no tener jamás bastante para sí, y se habían vuelto tan feroces, que en sus mismos juegos no querían ver más que la sangre de los hombres o de las fieras.

Había en Roma un paraje que llamaban el Circo, donde se veían hombres enteramente desnudos matarse unos a otros con espadas o luchar contra los leones, tigres, panteras y otras fieras que llevaban en grandes jaulas, las que acababan siempre devorando a los pobres que forzaban a luchar con ellas: eran comúnmente infelices esclavos que elegían para esto y los llamaban gladiadores, porque estaban armados con una espada.

A pesar de cuanto habían cogido en tantas ciudades, había no obstante en Roma gentes que eran tan pobres y miserables que ya no tenían casas donde vivir ni muchas veces que comer, porque ya no querían dar como antes campos que cultivar a los que hubieran querido trabajarlos. Sin embargo hubo hombres que fingían tener compasión de todo aquel pobre pueblo, pero vais a ver lo que les sucedió, porque no caminaban de buena fe, y querían más bien hacer daño a los ricos que bien a los pobres.

Había en aquel tiempo en Roma dos hermanos que llamaban los Gracos, porque el mayor se llamaba Tiberio Graco y el segundo Cayo Graco.

Su madre Cornelia era hija del primer Escipión Africano, y quería tanto a sus dos hijos cuando eran pequeños, porque eran sabios y obedientes, que un día dijo a una señora que la enseñaba muchas joyas de oro y piedras preciosas, que no quería tener más alhajas que sus hijos; pero vais a ver que ambos causaron mucho disgusto a su pobre madre.

Cuando los Gracos fueron grandes eran los dos muy fuertes y valientes; y Tiberio que era el mayor, pidió al senado, y a los ricos que diesen a todo aquel pueblo que se moría de hambre algunos campos, donde trabajando pudiesen sacar su subsistencia, o a lo menos que le concediesen su parte del oro y de la plata que un rey llamado Atala acababa de dejar por herencia al pueblo romano.

El senado y los ricos no quisieron escuchar a Tiberio y este se encolerizó tanto, que reunió a todo el pueblo alrededor de él para quejarse de los senadores, y exhortarle a que se vengase de ellos. Pero como acaso iba a hacerlos mucho daño con su violencia, uno de sus parientes llamado Escipión Nasica le salió a buscar con mucha gente armada de espadas y palos y le mató en la plaza, y a algunos de los que le escuchaban. El cuerpo de Tiberio fue arrastrado por las calles y arrojado al Tíber como la de un hombre malvado y peligroso.

Sin embargo, todo el pueblo que creía que Tiberio le hubiera hecho dar lo que pedía hacía tanto tiempo, se afligió mucho cuando supo su muerte, y tomó rencor contra los que le habían matado. Escipión el Africano, que había destruido a Cartago y hecho servicios tan grandes a la República, fue aborrecido porque había sido enemigo de Graco, aunque era su primo, y un día le encontraron muerto en su cama, sin que pudiera sospecharse quien había cometido aquel delito.

Ya podéis pensar que Cayo Graco sintió mucho la muerte de su hermano, a quien amaba en extremo, pero al mismo tiempo se irritó tanto que quiso hacer lo mismo que él para manifestar que reclamaba una cosa justa.

Todos los días buscaba motivos de disputas con los senadores; unas veces los preguntaba qué habían hecho con todos los tesoros que se les habían dado; otras decía que era preciso que el pueblo se fuese a restablecer a Cartago, pues que ya no querían darle pan en Roma.

En fin, un día subió al capitolio con sus amigos armados, para echar de él a los senadores que estaban allí reunidos; pero aún esta vez fueron éstos los mas fuertes y Cayo tuvo que huir, porque habían dicho que darían libras de oro al que llevase su cabeza, como las que aquella cabeza pesase en una balanza.

El pobre Cayo no pudo ir muy lejos sin ser conocido, y se refugió al pronto en un bosque con uno de sus criados llamado Filócrates; mas habiendo visto llegar a los que venían a prenderle, mandó a su criado que lo matase, lo que hizo Filócrates con tanta pena que no quiso sobrevivir a su señor.

Habiendo encontrado un hombre el cuerpo de Graco, le cortó la cabeza y fue a llevarla a los senadores, quienes le dieron la recompensa que habían ofrecido.

Así fue como perecieron los dos Gracos, que hubieran sido amados como jóvenes buenos y honrados, si no hubieran sido tan violentos y arrebatados, porque la cólera no puede servir más que para hacernos cometer cosas feas.

 

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