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HISTORIA ROMANA CONTADA A LOS NIÑOS - Jules Raymond Lamé Fleury


Índice

 

 



TARQUINIO EL SOBERBIO - SÉPTIMO REY DE ROMA

Desde el año de Roma 220 hasta el año 245 (espacio de 25 años)
 

Tarquino el Soberbio - Historia romana contada a los niños - Lamé FleuryYa podéis creer que la muerte del pobre rey Servio no hizo muchos amigos a Tarquino en Roma, y que todos temblaron el tener un rey y una reina cubiertos con tan espantoso parricida.

En efecto, el nuevo rey era tan duro y tan cruel que le llamaron Tarquino el Soberbio, es decir, el orgulloso. Con todo, no trató de desmentir el sobrenombre que le habían dado, porque en lugar de hacerse amar del pueblo y del senado para borrar si era posible el delito que había cometido, persiguió a los más hombres de bien de Roma por mil medios horrorosos, y sobre todo a los más ricos, porque quería apoderarse de sus bienes y de su dinero.

Ya no se sabía que medio emplear para evitar su cólera, y vais a ver lo que hizo entonces un joven llamado Marco Junio, cuyo padre y hermano había hecho matar Tarquino y a quien había despojado de todo el caudal de su familia.

Se fingió el insensato de tal maneja que todos creyeron que había perdido la razón, y a causa de esto le llamaron Bruto, que quiere decir tonto o estúpido. Tarquino, que creyó que nada tenía que temer de aquel pobre joven, porque daba lástima a todos, permitió que le guardasen en su casa, donde servía de diversión a sus hijos y a sus esclavos; pero Bruto no esperaba más que una ocasión para vengarse, como os lo diré luego. Sin embargo, creyendo Tarquino el Soberbio hacer olvidar a los romanos todo el mal que les hacía, quiso admirarlos edificando un templo magnífico sobre el monte Tarpeya, cerca la Roca Tarpeya, de la que ya os he hablado; y llamó a aquel templo el Capitolio, porque cuando abrieron los cimientos hallaron en aquel paraje una cabeza de hombre que creyeron era la de un romano llamado Aolo que había muerto hacía mucho tiempo. Tened cuidado con no olvidar el nombre de Capitolio del que os volveré a hablar algunas veces, y que volveréis a encontrar en las grandes historias cuando lleguéis a leerlas.

Mientras que edificaban aquel templo, lo que duró algunos años, una mujer desconocida y forastera se presentó al rey y le dijo que si quería comprar por cierta suma nueve gruesos libros, que llamaban los Libros Sibilinos, es decir los libros de las Sibilas, que habían sido antes decidoras de la buena ventura, muy conocidas en aquel país; el rey vio que pedía mucho dinero, y la despidió sin comprar los libros.

Algún tiempo después la misma mujer se presentó otra vez delante del rey y le pidió la misma suma por seis gruesos libros que la quedaban, porque declaró que había quemado los otros tres; el rey se burló de ella y la despidió lo mismo.

Aquella mujer, a quien nadie habla visto jamás en Roma, volvió tercera vez a ver al rey, diciéndole que ya había quemado otros tres de sus gruesos libros, pero que siempre quería la misma suma por los tres que la quedaban. Dijo esto al rey con un tono tan amenazador y terrible, que ya no se atrevió a dejar de comprar aquellos libros porque hubo quien le dijo que por mucho que la diera nunca serían caros.

Tarquino hizo poner aquellos libros en una arca de piedra, que depositó en el capitolio, haciéndolos guardar por quince personajes considerables, y se prohibió abrirlos para consultarlos sin una orden del rey o del senado, lo que no sucedió jamás sino en tiempo de peste, de hambre o de calamidades públicas.

Tarquino tenía dos hijos, el uno llamado Sexto y el otro Aruns, ambos eran tan malos como su padre, y acaso todavía más violentos que él.

Sexto, el hijo mayor del rey, vio un día a Lucrecia, que era mujer de uno de sus primos llamado Tarquino Colatino. Esta señora era tan bella como virtuosa; pero habiéndola hecho Tarquino (1) una cruel injuria (2), prometió vengarse al momento; y para ello llamó Lucrecia a su padre y a Colatino, su marido, mandándolos decir que tenía una cosa que confiarlos sumamente urgente. Colatino llegó con Bruto, de quien ya os he hablado, que era su amigo, y se enfurecieron todos al saber el insulto que Sexto había hecho a Lucrecia (3).

Pero fue mucho peor todavía cuando la pobre señora les dijo llorando que no quería ya vivir después de tan gran desgracia, y se atravesó el corazón delante de ellos con el puñal que tenia oculto entre el vestido. Bruto cogió al momento aquel puñal lleno de sangre y exclamó que era preciso vengar a Lucrecia, exterminar a Tarquino y a toda su familia y no sufrir jamás a nadie en Roma que tomase el título de rey.

Ya podéis pensar que se admiraron mucho en la ciudad cuando supieron que Bruto no estaba loco, y mucho más al ver el cuerpo de Lucrecia; y al escuchar la historia todos exclamaron, como él, que era preciso echar a Tarquino, que había hecho tanto mal, y a sus hijos, que no valían más que él.

Tarquino, que estaba en el campo, se presentó muy pronto a las puertas de Roma, las encontró cerradas y tuvo que huir para que no le matasen.

Por esta historia debéis conocer que los malos siempre son castigados por el mal que hacen, aun cuando sean ricos y poderosos.

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(1) T. B. Ediciones: Tarquino Sexto.

(2) T. B. Ediciones:  violarla.

(3) T. B. Ediciones: en el original dice, por error, Lucrecio.

 

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