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HISTORIA ROMANA CONTADA A LOS NIÑOS - Jules Raymond Lamé Fleury


Índice

 

 



MARIO Y SILA

Desde el año de Roma 642 hasta el 676 (espacio de 34 años)
 

Mario y Sila - Historia romana contada a los niños - Lamé FleuryAcaso no habéis olvidado todavía la historia de aquel malvado Masinisa que dio veneno a la pobre Sofonisba con quien se había casado, como ya os he contado no hace mucho tiempo; voy ahora a deciros lo que sucedió al nieto de aquel rey, que se llamaba Yugurta.

Este Yugurta no era menos malo que su abuelo, y quiso tener la corona de aquel príncipe, que pertenecía de derecho a sus primos Hiempsal y Adherval; para esto mató al primero y dio tanto miedo al segundo, que se fugó a Roma para pedir al senado que le defendiese contra su pariente.

Pero Yugurta envió al momento a los romanos embajadores, quienes hicieron tan hermosos regalos a los senadores que no se sonrojaron de aceptarlos, Adherval se vio precisado a partir su reino con su primo, el que no tardó en cogérsele todo entero y en hacerle morir.

Lo que os digo de aquellos senadores que aceptaron los regalos de Yugurta os hace ver que eran muy distintos de aquellos que había rehusado las riqueza que Pirro les ofrecía para que le fuesen favorables; esto es porque los romanos no eran ya tan hombres de bien.

Sin embargo el senado se encolerizó mucho cuando supo que Yugurta había hecho morir a Adherval y que le había tomado su reino, y enviaron contra aquel malvado rey un cónsul con un ejército; pero Yugurta, que era muy astuto, fingió estar muy arrepentido de los delitos que había cometido y vino a Roma vestido de luto para pedir perdón. Hizo al pronto el ademán de estar tan arrepentido por haber hecho tan malas acciones y dio de oculto tan hermosos regalos a los senadores, que le dejaron volverse a su reino; aunque había hecho todavía otras cosas feas mientras estaba en Roma. Más apenas Yugurta estuvo de vuelta en África, donde estaban sus estados, cuando hizo la guerra a los romanos, y los venció muchas veces sin que pudiesen impedirlo; al fin enviaron contra él a un cónsul llamado Metelo que le obligó a pedir la paz, la que se sirvieron concederle, pero no duró mucho tiempo porque Yugurta tenia muy mala fe para cumplir sus promesas.

En aquel tiempo Metelo tenia consigo un oficial llamado Mario que tenia una figura horrorosa, pero que era robusto, valiente y capaz de hacer todo el daño posible. Este Mario, que quería ser general, también hizo tanto que logró el empleo de Metelo y prometió coger muy pronto a Yugurta, que se hacia muy peligroso.

En efecto persiguió a aquel príncipe con tanto vigor que aunque los romanos se morían de sed porque no había agua en aquel país, Yugurta fue cogido y llevado delante de Mario, quien le envió a Roma con sus dos hijos. Allí le pusieron en un calabozo muy oscuro donde se murió de hambre sin que nadie quisiese echarle un pedazo de pan, porque siempre había sido malo.

Mario hizo todavía servicios muy grandes a los romanos porque sucedió que de repente unos pueblos que no se conocían todavía y que llamaban los Cimbros vinieron de muy lejos a caer sobre Italia en tan gran número, que la tierra no podía alimentarlos. Mario los batió varias veces, mató a muchos de aquellos bárbaros, que llevaban consigo en grandes carros a sus mujeres y a sus niños; aquellas mujeres eran tan salvajes como sus maridos, llevaban largas trenzas de pelo que parecían serpientes y cuando veían acercarse a los soldados romanos daban tales gritos que se las oían desde muy lejos.

Después de esto sucedieron grandes desgracias en Roma, porque Mario, que estaba muy envanecido con tantas victorias, quiso ser dueño de toda la ciudad; pero otro general llamado Sila, que también había hecho grandes cosas, no quiso sufrirlo, y hubo entre ellos muchos combates que hicieron correr bastante sangre romana.

Desde luego Mario tuvo que fugarse para no ser muerto por los soldados de Sila, y como se veía perseguido de cerca, se ocultó en un pantano donde estuvo algunos días en el agua. Lo encontraron al fin y le pusieron en la cárcel de una ciudad llamada Minturnes, donde enviaron un soldado extranjero para matarle, pero Mario le miró con tanta fiereza preguntándole si tendría valor para matar a Mario, que aquel soldado tuvo miedo de él, y se escapó tirando su espada.

Mario se aprovechó de esto para salir de su prisión, y huyó muy lejos hasta que supo que Sila ya no estaba en Roma y que había ido a Asia, a hacer la guerra a un rey llamado Mitrídates, que aborrecía a los romanos casi tanto como Aníbal, de quien os acordáis, sin duda.

Cuando Mario volvió a Roma se reunió con un cónsul llamado Cinna, que era tan malo como él, y los dos mataron sin compasión a todos los amigos de Sila que pudieron coger. Esto duró todo el tiempo que estuvo en Asia Sila, y Mario, que ya era viejo, murió cuando su enemigo iba a volver a Roma. Muy pronto después Cinna fue muerto por sus propios soldados.

Al volver a Italia Sila, después de haber vencido a Mitrídates, fingió que no quería vengarse de los que habían hecho sufrir a sus enemigos durante su ausencia, pero cuando fue dueño de Roma se mostró aun más cruel que Mario, porqué hizo morir a todos los romanos que eran sus enemigos, empezando por los dos hijos de Mario. En fin, ya no hubo nadie en la ciudad que pudiese dormir tranquilo, porque Sila perseguía sin compasión a cuantos quería mal, y para que esto le fuese más fácil había hecho una gran lista de aquellos a quienes quería hacer morir, mandando a todos que los matasen si los veían: llamaron a esto una tabla de proscripción.

Sila quiso después ser dictador para poder mandar a todos y empezó entonces a ser menos malo, porque veía que todos temblaban delante él; pero un día abandonó la dictadura sin que pareciese acordarse de que tenia muchos enemigos.

Se retiró al campo donde murió de una enfermedad muy cruel, porque fue comido de gusanos estando vivo todavía. Su cuerpo fue quemado después de su muerte, para no echarlo al muladar, que es donde arrojan los perros y demás animales muertos, más en Roma se acordaron mucho tiempo de todo el mal que había hecho.

La historia que acabo de contaros acaso no os habrá divertido mucho, sin embargo no debéis olvidarla, porque la volveréis a encontrar cuando leáis en los libros gruesos.

 

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