TORRE DE BABEL EDICIONES

Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano
 

Diccionario filosófico

Diccionario de Filosofía

Vocabulario de Psicología

Vocabulario de economía

Biografías y semblanzas

Biblioteca del Pensamiento

Historia de
la Filosofía

Portal de Filosofía, Psicología y Humanidades

Selección de artículos de
 la clásica Enciclopedia española

 Edición íntegra del famoso diccionario de Voltaire

Breve definición de los términos filosóficos

Explicación de los conceptos, tesis
y escuelas

Principales conceptos de
esa ciencia

Vidas de los filósofos y pensadores

Textos íntegros de obras clásicas
de Filosofía

La filosofía de los principales pensadores, resúmenes, ejercicios...


MITOLOGÍA

La Mitología contada a los niños e historia de los grandes hombres de Grecia  
 

Mitología de la juventud o Historia fabulosa para la inteligencia de los poetas y autores antiguos

 

 

HISTORIA

Compendio de la historia de la China

Lecciones de historia del Imperio Chino

Japón. Estudio histórico y sociológico 

Nociones de historia de Grecia

Compendio de la historia de Grecia

Lecciones de historia romana  

Historia de los templarios


HISTORIA ROMANA CONTADA A LOS NIÑOS

 

Fundación de Roma

Rómulo

Numa Pompilio

Tulio Hostilio

Anco Marcio

Tarquinio el antiguo

Servio Tulio

Tarquinio el soberbio

Bruto y sus hijos

Sitio de Roma por

Porsena

Coriolano

Virginia

Camilo y los Galos

Pirro y los elefantes

Régulo y los cartagineses

Aníbal en Italia

Escipión el Africano

Ruina de Cartago

Los Gracos

Mario y Sila

Julio César

El segundo Triunvirato

Antonio y Cleopatra

La clemencia de Augusto

 

 

 

HISTORIA ROMANA CONTADA A LOS NIÑOS - Jules Raymond Lamé Fleury


Índice

 

 



ESCIPIÓN EL AFRICANO

Desde el año 541 de Roma hasta el 570 (espacio de 29 años)
 

Escipión el Africano - Historia romana contada a los niños - Lamé FleurySin duda no habéis olvidado a Hierón, aquel rey de Siracusa que era amigo de los romanos; habiendo muerto este rey hubo en aquel país gentes que mataron a su hijo Gerónimo, a quien correspondía la corona, los que se declararon enemigos de Roma; como Aníbal y sus soldados no pensaban ya más que en divertirse en Capua, no tenían miedo de ellos, y un general romano llamado Marcelo recibió orden de ir a sitiar a Siracusa, de la que se hubiera apoderado muy pronto si no hubiera habido en aquella ciudad un hombre de quien quiero hablaros que se llamaba Arquímedes.

Arquímedes era tan sabio que había inventado unos espejos ardientes, con los cuales quemaba desde muy lejos las galeras de los romanos, del mismo modo que cuando os estáis divirtiendo con un espejito al sol y hacéis revoletear la claridad sobre los objetos que están a alguna distancia de vosotros.

También había preparado unas máquinas que lanzaban piedras muy gruesas y vigas enormes sobre los soldados que se atrevían a acercarse a las murallas; y, en fin, había compuesto una especie de fuego que ardía en el agua y con nada podía apagarse.

Todo esto no impidió que la ciudad fuese tomada, y los romanos degollaron a todos los siracusanos que pudieron coger. Arquímedes, que mientras se batían así estaba ocupado en un trabajo nuevo, fue muerto por un soldado que no le conocía. Marcelo sintió mucho su muerte cuando la supo, porque no hubiera querido que hiciesen daño a aquel hombre tan hábil, y le mandó hacer magníficos funerales.

Sin embargo Aníbal no tardo en arrepentirse de haberse detenido tanto tiempo en Capua, porque sus soldados habían perdido la costumbre de andar y de trabajar; y cuando quiso volver a empezar la guerra para ir a tomar a Roma, ya no fue vencedor como antes. Esto debe enseñaros que un trabajo continuo es el solo que puede hacer a los hombres fuertes y valientes.

Después de muchas desgracias tuvo que volverse a África, adonde los romanos habían enviado un grande ejército a las órdenes de un general joven que se llamaba Escipión, cuyo nombre os ruego no olvidéis porque os hablaré todavía de él en lo sucesivo.

En aquel tiempo había en África un rey llamado Masinisa que era amigo de los romanos; pero un día que aquel rey estaba ausente, Sifax que era su enemigo, aunque pariente suyo, le quitó su reino y quiso reinar en su lugar. Masinisa llamó al momento a los romanos en su socorro, y con su auxilio cogió a Sifax a quien intentó matar.

Aquel infeliz Sifax tenia una mujer llamada Sofonisba que era tan hermosa, tan hermosa, que así que la vio Masinisa quiso casarse con ella para que no la llevasen los romanos. Más habiéndole reconvenido Escipión por esta imprudencia, el cruel Masinisa dio veneno a la pobre Sofonisba, la que murió al momento con grandes dolores.

Cuando Aníbal llegó a África encontró a los cartagineses muy asustados, porque Escipión había muerto a sus mejores soldados, y avanzaba para tomar a Cartago. También quiso él mismo combatir con Escipión, pero la fortuna le era contraria y tuvo que escaparse al reino de un príncipe llamado Antíoco, porque temía que los romanos le hiciesen morir si llegaban a cogerle.

Reducidos los cartagineses a la desesperación, se decidieron en fin a pedir la paz al Senado, quien quiso concedérsela, pero tan dura y tan cruel que daba lástima a todo el mundo.

El joven Escipión, que acababa de expulsar a Aníbal recibió los honores del Triunfo, y ya no le llamaron mas que Escipión El Africano.

Cuando os he contado las historias de Coriolano y de Camilo os dije que los romanos habían sido ingratos para con aquellos grandes hombres y que en lugar de recompensarles los habían desterrado, porque se habían vuelto envidiosos, y la envidia es un defecto muy feo, que hace a los hombres injustos y malos.

La derrota de Aníbal y la humillación de Cartago no eran sin embargo los solos servicios que Escipión había hecho a los romanos; había conquistado para ellos una gran parte de España, mas bien por su virtud y grandeza de alma que por la fuerza de sus armas, porque era tan justo con todos que se hacia amar hasta de sus enemigos.

Esto no impidió que los malos romanos, que le tenían envidia, le acusasen de haber guardado para él los tesoros que había cogido a los enemigos de la República, pero Escipión, en lugar de responderles, puso en su cabeza la corona de oro que llevaba el día de su Triunfo, y dijo en voz alta delante de sus acusadores, que en semejante día había vencido a Aníbal y que iba a dar gracias a los dioses; todo el pueblo le respondió con voces de alegría, y los envidiosos avergonzados tuvieron que callar.

Sin embargo Escipión no quiso ya vivir en una ciudad donde había hombres tan injustos, y se retiró a su casa de campo, donde murió, sin haber podido consolarse de la ingratitud de sus conciudadanos.

Aníbal fue todavía más infeliz que el que había sido su vencedor. Aquel grande hombre, a quien el odio de los romanos perseguía por todas partes, no pudo estar mucho tiempo en casa del rey Antíoco, porque aquel rey temía desagradarlos guardándole en su casa. Entonces fue a pedir un asilo a otro rey llamado Prusias, que tuvo la cobardía de entregar a sus enemigos un hombre a quien había ofrecido proteger; pero habiendo sabido esto Aníbal tomó un veneno que tenia escondido en una sortija que siempre llevaba puesta en su dedo, y murió antes de que los soldados enviados para cogerle hubieran llegado.

 

  © TORRE DE BABEL EDICIONES - Edición, maquetación y diseño web: Javier Echegoyen - Aviso legal y política de privacidad