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HISTORIA ROMANA CONTADA A LOS NIÑOS - Jules Raymond Lamé Fleury


Índice

 

 



ANTONIO Y CLEOPATRA

Desde el año de Roma 712 hasta el 724 ( espacio de 12 años)
 

Antonio y Cleopatra - Historia romana contada a los niños - Lamé FleuryDespués de esto, Octavio volvió a Roma, donde sabía que Lépido no tenía bastante talento para gobernar, y Antonio se fue a Egipto para descansar, porque no le gustaba la guerra, y prefería la ociosidad y la buena vida al trabajo y a la sobriedad. Además estaba muy colérico contra la reina Cleopatra, que había dado soldados a Casio cuando éste se los había pedido.

Cuando Cleopatra supo que venía a Egipto y que estaba muy irritado contra ella, creeréis acaso que quiso fugarse, pero vais a ver lo que hizo para no tener nada que temer, porque sabía que Antonio era un hombre débil y afeminado.

Le salió al encuentro en una galera que estaba toda cubierta de oro y piedras preciosas, cuyas velas de seda eran de color de púrpura. En lugar de remos de madera, de que se servían comúnmente, los suyos eran de plata, y se oía salir de aquella nave una música encantadora. Cleopatra iba recostada en una especie de tienda de paño de oro, y estaba rodeada de hermosos niños que parecían amores, los que agitaban alrededor de ella algunos abanicos para refrescar el aire; en fin, unas jóvenes, magníficamente adornadas, quemaban por todas partes los perfumes más exquisitos, que esparcían a lo lejos un olor delicioso.

Cuando Antonio vio a Cleopatra la encontró tan hermosa tan hermosa, que no tuvo valor para hacerla reconvenciones, olvidó lo que había venido a hacer a Egipto, no se acordó de que Octavia (1) era su mujer, y no quiso ya volver a Roma sabiendo no obstante que ésta le esperaba allí con sus hijos.

Octavio, que durante este tiempo acababa de destruir a sus enemigos, había expulsado a Lépido que era un hombre cobarde y perezoso, y escribía sin cesar a Antonio que volviese a Roma; más éste no le respondía, porque no pensaba más que en hacer grandes comidas con Cleopatra, en ver bailar hermosas esclavas o en oír conciertos.

Al fin Octavio se incomodó contra él, porque la pobre Octavia lloraba todos los días al ver que su marido no volvía, y mandó a Antonio que fuese a pelear contra los Partos, que habían matado a Craso en su tiempo, según ya os lo he contado; más Antonio se había hecho tan cobarde desde que tenia una vida tan vergonzosa, que se escapó así que vio a los enemigos.

Octavia (2) también fue a buscarle para traerle consigo; pero la despidió con dureza; esta vez Octavio se incomodó tanto porque maltrataba así a su hermana, que él mismo fue a hacerle la guerra con muchas galeras cargadas de soldados.

Antonio se asustó mucho cuando supo que Octavio llegaba a Egipto; más para no dar a entender su miedo, como lo hacen muchas veces los cobardes, le salió al encuentro con un gran número de navíos y quiso también que Cleopatra fuese con él, aunque había en aquel momento una gran tempestad. Más así que aquella reina, que no se hallaba acostumbrada al ruido de las armas y al movimiento del mar, vio las galeras de Octavio, echó a huir y Antonio la siguió dejando a su enemigo la victoria y casi todos su navíos.

Ambos se fugaron a una ciudad de Egipto llamada Alejandría, porque fue edificada por Alejandro el Grande, donde Octavio no tardó en alcanzarlos. Entonces Cleopatra se retiró con dos de sus mujeres, a quienes quería mucho, a un soberbio sepulcro de mármol, que era tan grande como una casa, y llevó consigo todos sus tesoros y piedras preciosas. Antonio no quiso seguirla, porque estaba muy avergonzado de haber hecho cosas tan feas, y cuando supo que llegaba Octavio tuvo tanto miedo que probó a matarse con su espada, y con todo no pudo lograrlo al instante, y le llevaron moribundo al sepulcro de Cleopatra donde expiró poco después.

Cleopatra hizo al pronto como que tenía mucha tristeza, más esperó después que si veía a Octavio, éste tendría lástima de ella y no la haría morir: rehusó verla y la hizo decir que no la harían daño alguno y que se vería siempre servida como reina. Hubiera querido que viviese bastante tiempo para ser conducida a Roma y aparecer en su Triunfo cargada de cadenas de oro, como ya os he dicho que había sucedido con Perseo y Yugurta.

Cuando dijeron esto a Cleopatra lloró mucho y mandó a sus mujeres que en la cesta de fruta que la llevaban todos los días, pusiesen un áspid, que es una pequeña serpiente muy mala, cuya mordedura hace siempre morir de repente. Entonces se hizo morder por aquel reptil venenoso, y en seguida se acostó sobre una cama magnífica, donde la encontraron muerta envuelta en su manto real, y con una corona de oro en la cabeza; estaba todavía tan hermosa en este estado, que todos los que la vieron creyeron que estaba dormida.

Octavio lo sintió mucho cuando supo su muerte; admiró su valor y mandó que su cuerpo fuese colocado en el mismo monumento donde ya estaba el de Antonio.

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(1) El traductor pone "Octavio", pero en el original dice, naturalmente, "Octavia" (Nota Editor: Torre de Babel Ediciones).

(2) Ídem.

 

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