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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA                                             

ZEFERINO GONZÁLEZ (1831-1894)                                                        

Tomo I - Tomo II - Tomo III - Tomo IV                                                       

 

 

Historia de la Filosofía - Tomo III - Crisis escolástico-moderna

§ 61 - PASCAL

Este filósofo, o, mejor dicho, este escritor filosófico, más afamado por sus polémicas teológicas que por sus escritos de Filosofía, nació en Clermont, en el año de 1623, y manifestó desde la niñez una precocidad y una penetración de ingenio excepcionales. Dícese que a los doce años descubrió por sí solo y sin ayuda de maestro, hasta la proposición treinta y dos de Euclides, y a los diez y seis escribió acerca de las secciones cónicas un tratado que llamó la atención de los más ilustres matemáticos de la época. Inventó una máquina aritmética, hizo varios experimentos y observaciones concernientes a las ciencias físicas, y principalmente acerca del peso del aire y el equilibrio de los líquidos, y escribió tratados especiales sobre estas materias, contribuyendo así a los progresos de las ciencias físicas y matemáticas.

 

     A consecuencia de un accidente de familia, acentuóse en Pascal el sentimiento ascético, y se dedicó a los estudios religiosos y teológicos. Desgraciadamente, entró en relaciones con los jansenistas, tomó partido por ellos, y se estableció en las cercanías del famoso monasterio de Port-Royal, dirigido por la hermana de Arnauld, en donde profesó también una de las hermanas de nuestro filósofo. Fruto de sus ideas y pasiones jansenistas fueron sus famosas Cartas Provinciales, cuyas bellezas de estilo se hallan desvirtuadas por la heterodoxia de las ideas, y, sobre todo, por las calumnias, contradicciones y falsedades de todo género que contienen. 

La obra principal de Pascal como filósofo, es la que conocemos con el título de Pensamientos, los cuales son en realidad y deben considerarse como reflexiones sueltas y apuntamientos para escribir una apología del Cristianismo, idea que por desgracia no pudo llevar a cabo Pascal, por haberle sorprendido antes la muerte (1), cuando no contaba todavía cuarenta años de vida. Aunque alguien dijo que Pascal se había reconciliado con la Iglesia antes de morir, la verdad es que nada hay que abone esta opinión, y que al autor de las Provinciales se le puede aplicar, por desgracia, aquella palabra de San Jerónimo: Nihil aliud dico quam Ecclesiae hominem non fuisse.

Como escritor filosófico, Pascal es a la vez un filósofo cristiano y un filósofo escéptico-místico o sentimentalista. Pascal enseña repetidas veces, y de una manera terminante, que la Filosofía no debe marchar con independencia y separación de la revelación divina y de la teología, sino que necesita de éstas, y es completada y perfeccionada por la fe. La razón humana sería mucho más débil e impotente para alcanzar la verdad, si no recibiera auxilio, vigor y fuerza de la fe o del orden sobrenatural. El mayor engaño o error de la razón del hombre y la señal más patente de su debilidad, es negar y desconocer que hay una infinidad de cosas que sobrepujan su capacidad y sus fuerzas propias. La religión cristiana es eminentemente racional, y se apodera de nuestro espíritu por medio de razones, así como se apodera de nuestro corazón por medio de la gracia (dans l'esprit par les raisons, et dans le cœur par la gràce), la cual es en el orden práctico, lo que la fe y el dogma son en el orden intelectual. La gracia eleva y perfecciona la voluntad y el orden moral humano, a la vez que la fe eleva y perfecciona la razón humana y el orden racional o científico. Los dogmas cristianos, aunque son superiores, no son contrarios a la razón, y en su mayor parte derraman viva luz sobre los problemas científicos. Tal acontece con el del pecado original, sin el cual el hombre sería un misterio incomprensible.

Al lado de esta dirección, esencialmente cristiana, obsérvase en Pascal una dirección escéptica con matices sentimentalistas. Sin ser un escéptico en el sentido propio de la palabra, toda vez que reconoce en la razón la fuerza y la realidad de la certeza y de la verdad, Pascal se complace con frecuencia en poner en parangón la grandeza y la pequeñez de la razón humana; insiste sobre las sombras y dudas que afectan su marcha a través de la especulación y de la ciencia; pone de relieve sus errores y extravíos, casi inevitables, dada la influencia y las ilusiones de los sentidos, de la imaginación y de las pasiones; busca la verdad en el sentimiento o corazón, al cual atribuye el conocimiento de los primeros principios (c'est de cette dernière sorte (por el corazón) que nous connaissons les premiers principes), y hasta concluye y afirma que el corazón y el instinto son superiores a la razón, a la cual sirven de base y apoyo en el conocimiento de la verdad: Et c'est sur ces connaissances du cœur et de l'instinct qu'il faut que la raison s'appuie.

En conformidad con estas ideas, Pascal critica y desvirtúa una gran parte de las afirmaciones de los dogmáticos, sin excluir las pruebas físicas y metafísicas de la existencia de Dios; pero no niega la posibilidad ni la existencia de la verdad y de la certeza en el hombre, bien que atribuyendo especial influencia sobre la última al sentimiento y al corazón. Por eso dice que «la naturaleza confunde a los pirrónicos y la razón a los dogmáticos». Es indudable que en ocasiones exagera la impotencia e inutilidad de la Filosofía, o, al menos, que su palabra va más lejos que su pensamiento. Cuando escribía que la verdadera Filosofía consiste en burlarse de ella (se moquer de la Philosophie, c'est vraiment philosopher), esta frase no era expresión genuina de su pensamiento, sino de su carácter apasionado y de su temperamento melancólico, a cuya inspiración momentánea obedecía también cuando dijo que toda la Filosofía no merece una hora de trabajo.

Arrastrado por estas ideas, y seducido en cierto modo por sus aficiones, o, digamos mejor, por su pasión escéptica, el autor de los Pensamientos se expresa alguna vez como pudiera hacerlo un partidario decidido del pirronismo. Sólo así se comprenden y explican sus palabras, cuando, no contento con afirmar que el hombre no conoce la existencia ni la naturaleza de Dios (nous ne connaissons ni l'existence, ni la nature de Dieu), proclama hasta la incapacidad absoluta de la razón humana para esto: nous sommes donc incapables de connaître ni ce qu'il est, ni s'il est.

Afortunadamente, Pascal modera en otros lugares estos apasionamientos escépticos, y enseña prácticamente que el hombre es una débil caña de la naturaleza, pero es una caña que piensa (mais c'est un roseau pensant), y que este pensamiento constituye toda nuestra dignidad (2), y hasta nuestra perfección principal, que consiste en la facultad que caracteriza al hombre individual y colectivo desde el punto de vista del progreso, en la facultad de perfeccionarse más y más, entrando en posesión de nuevas ciencias y nuevas verdades.

Así es que después de proclamar la impotencia de la razón hasta para conocer la existencia de Dios; después de afirmar en absoluto que el hombre es incapaz de certeza y de felicidad (nous sommes incapables de certitude et de bonheur); después de presentarnos al hombre lleno de error natural e inevitable (plein d'erreur naturelle et ineffoçable), y negándole hasta la facultad de dudar, y proclamando la verdad del pirronismo (il ne peut même douter.... Le pyrrhonisme est le vrai), el autor de los Pensamientos, casi a renglón seguido enseña y defiende la doctrina de la Filosofía cristiana acerca de la verdad y de la certeza en sus relaciones con la razón, afirmando, entre otras cosas, que el hombre es capaz naturalmente de amor y de conocimiento; que es preciso saber dudar cuando se debe, y saber afirmar cuando se debe, y que el hombre que no lo hace así desconoce el valor verdadero o la fuerza de la razón (qui ne fait ainsi n'entend pas la force de la raison), contra la cual se peca, ora presentándolo todo como demostrado, ora dudando de todo; concluyendo, finalmente, que de la impotencia de la razón humana, para demostrar algunas cosas, sólo se infiere su debilidad e insuficiencia relativa, pero no la incertidumbre de todos nuestros conocimientos, según pretenden los pirrónicos: Cette impuissance ne conclut autre chose que la faiblesse de notre raison, mais non pas l'incertitude de toutes nos connaissances, comme ils (les Pyrrhoniens) le pretendent.

En cosmología, y principalmente en el problema sobre la formación y constitución interna del mundo, Pascal rechazaba con toda energía la solución de Descartes, hasta el punto de que, al escribir que toda la Filosofía no merecía una hora de trabajo (nous n'estimons pas que toute la Philosophie vaille une heure de peine), hacía referencia a la teoría cartesiana sobre remolinos y materia sutil. Pascal, no sólo se burlaba de esta concepción de Descartes, sino que veía en ella una especie de tendencia disimulada al ateismo (3) por parte del filósofo francés.

§ 62. CRÍTICA

Geulincx, Malebranche y Spinoza representan la evolución de los principios erróneos y antitradicionales de la Filosofía cartesiana, y especialmente la evolución de su principio racionalista, el cual, contenido dentro de ciertos límites en los dos primeros, a causa de su Cristianismo personal, recibe forma y todo su desarrollo lógico en Spinoza; Bossuet, Fénelon y Leibnitz, representan, como veremos después, la continuación y evolución de la Filosofía cristiana, con mayor o menor pureza. Pascal representa una evolución o situación intermedia bajo este punto de vista.

Por un lado, representa las tradiciones y enseñanzas de la Filosofía cristiana, especialmente en cuanto a la tesis que se refiere a las relaciones entre la razón y la fe, entre la ciencia y la religión católica. Por otro lado, o sea por parte de su dirección escéptica, que puede apellidarse el punctum saliens de su doctrina filosófica, el autor de las Provinciales representa parcialmente, y en cierto sentido, la tradición de la Filosofía de Descartes, en la cual hemos observado más de un germen de escepticismo. Aparte de esto, no cabe poner en duda que Pascal coincide con Descartes y adopta sus opiniones sobre varios puntos de metafísica y de física, si bien se aparta de su compatriota en otras cuestiones capitales de estas mismas ciencias, y principalmente en las que se refieren a la física.

El juicio de Nourrison sobre este punto coincide o está de acuerdo con el de Ritter y con el de otros historiadores de la Filosofía. «Pascal, escribe el crítico francés, no obstante dos o tres frases un poco vivas, en las que se burla de la pretensión que tuvo Descartes de explicarlo todo; Pascal, como todos sus contemporáneos admira el cartesianismo y recibe su influencia. Porque, en realidad, aun cuando no supiéramos por boca de Mere que Pascal tenía en grande estima a Descartes, la simple comparación de los Pensamientos con el Discurso sobre el Método y con las Meditaciones, bastaría para establecer el parentesco de estos dos grandes espíritus. Sin perjuicio de algunas diferencias profundas que los separan, es indudable que existe estrecha analogía entre el pirronismo que se presenta en Pascal, y la duda metafísica por donde comenzó Descartes. Pascal juzga a la antigüedad como Descartes, y habla de la autoridad de la misma manera que él.» Este juicio de Nourrison, aunque verdadero y exacto en el fondo, no lo es en todas sus partes. Cierto que existe afinidad o analogía entre el pirronismo incompleto de Pascal y las ideas contenidas en el Discurso sobre el Método y en las Meditaciones; pero el pirronismo de Pascal no es el pirronismo sistemático e inicial de Descartes, no es el pirronismo a priori que establece la duda universal como único punto de partida para llegar a la ciencia; es más bien un pirronismo accidental y a posteriori; es el pirronismo que resulta de la observación exagerada y como enfermiza de la impotencia relativa y de los desfallecimientos frecuentes de la razón humana.

Tampoco hay completa identidad entre el pensamiento de Descartes y el de Pascal; pues mientras el primero rechaza toda tradición filosófica, menospreciando y hasta recomendando el olvido de las obras antiguas, sin excluir las de San Agustín y Santo Tomás, el segundo se limita a enseñar que en la resolución de los problemas puramente racionales y de cuestiones científicas, no debemos atenernos a la antigüedad en perjuicio de la razón y de la evidencia.

Epitecto entre los antiguos, y Montaigne entre los modernos, son los únicos escritores que atraen de un modo especial las miradas y la predilección de Pascal. Epitecto es para el autor de las Provinciales un grande espíritu, y es también «uno de los filósofos del mundo que conocieron mejor los deberes del hombre»; expresiones y calificativos muy naturales, si se tiene en cuenta la afinidad entre el rigorismo ético del filósofo estoico con el rigorismo ético de la escuela jansenista. Dadas las ideas y aficiones pirrónicas del autor de los Pensamientos, tampoco debemos extrañar que, después de exponer a grandes rasgos la doctrina de Montaigne, haga constar con cierta complacencia, que obliga a la razón a descender de la excelencia que se atribuye a sí misma, haciéndola dudar en cierto modo de su misma racionalidad: II gourmande si fortement et si cruellement la raison dénuée de la foi, que, lui faisant douter si elle est raisonnable.... iI la fait descendre de l'excellence qu'elle s'est attribuée.

Casi parece excusado advertir que la doctrina de Pascal, y especialmente las ideas diseminadas en sus Pensamientos, representan y contienen los antecedentes legítimos y el germen, ya del fideísmo sentimentalista de Jacobi y sus afines, ya de las ideas proclamadas en tiempos posteriores por la escuela tradicionalista.

No terminaremos esta crítica de la obra filosófica de Pascal, sin advertir que, a nuestro juicio, las contradicciones evidentes y chocantes a primera vista que hemos señalado en el filósofo francés, en orden al alcance y poder de la razón humana, traen su origen y tienen su razón suficiente en el virus jansenista que de él se había apoderado. Hay en Pascal dos hombres: el hombre del jansenismo que, exagerando los efectos y consecuencias del pecado original, rebaja y destruye y niega la nobleza, la elevación y las fuerzas inherentes a la naturaleza humana, y el hombre de la Filosofía cristiana, que marcha espontáneamente por el camino de la verdad y del bien. El autor de los Pensamientos, cuando piensa y escribe bajo las inspiraciones de la idea jansenista, piensa y escribe como pudieran hacerlo los Gorgias, Pirrón o Sexto Empírico; cuando piensa y escribe bajo la influencia de la Filosofía cristiana, piensa y escribe como pudiera hacerlo un Padre de la Iglesia, y como lo hicieron en todo tiempo los grandes apologistas del Cristianismo.

A juzgar por la belleza, y sobre todo por la profundidad de algunos de sus pensamientos, es de sentir que no haya tenido tiempo para realizar el plan de su Apología del Cristianismo, y decimos a juzgar por algunos de sus pensamientos, porque es muy posible que le hubiera sucedido algo análogo a lo que sucedió a La Mennais, si se tiene en cuenta su idiosincrasia escéptico-sentimentalista, así como también la fuerza casi calenturienta de su imaginación, su sensibilidad excesiva, y sobre todo sus ideas jansenistas, junto con el pertinaz apego al propio juicio de que dio repetidas muestras.

Ya dejamos apuntado que Pascal conoció la existencia y la importancia del movimiento progresivo de la humanidad. Sus ideas sobre esta materia son bastante exactas (4), y tienen, además, el mérito de representar la primera concepción explícita y consciente del progreso en la época moderna, el planteamiento formal de este gran problema, tan discutido después por los filósofos que sucedieron a Pascal, y de que tanto se ha abusado y se abusa en nuestros días en contra de la Iglesia, de sus dogmas y derechos.

__________

(1) Pascal murió como verdadero jansenista y sin reconocer la autoridad del Sumo Pontífice. Poco antes de morir, decía a uno de sus amigos: «Se me ha preguntado si me arrepiento de haber escrito las Provinciales, y respondo desde luego que, lejos de arrepentirme, les daría un carácter más fuerte todavía, si tuviera que escribirlas ahora». Sabido es que las tres primeras contienen errores dogmáticos condenados por la Iglesia. Las quince siguientes tienen por objeto principal la crítica de la moral de los jesuitas, y su título verdadero y completo es: Provinciales ou lettres écrites par Louis de Montalte à un provincial de ses amis et aux RR. PP. Jesuites sur la monde et la politique de ces Pères.

(2) «Toute notre dignité consiste donc en la pensée. Par l'espace l'Univers me comprend et m'englutit comme un point; par la pensée je le comprends.» Pensées, cap. IV., art. 1.°

(3) Margarita Rener, sobrina de Pascal, dice en sus Memorias, después de escribir que su tío se burlaba mucho de la materia sutil de Descartes: «Il ne pouvait souffrir sa manière d'expliquer la formation de toutes choses et il disait très-souvent: Je puis pardonner à Descartes; il voudrait bien, dans toute sa philosophie, se puvoir passer de Dieu, mais il n'a pu s'empêcher de lui accorder une chiquenaude pour mettre le monde en mouvement: après cela il n'a plus que faire de Dieu.»

(4) Después de consignar que el hombre, como ser producido para lo infinito, es capaz de progreso y de perfeccionarse más y más, añade: «De là vient que par une prerogative particulière, non seulement chacun des hommes s'avance de jour en jour dans les sciences, mais que tous les hommes ensemble y font un continuel progrès à mesure que l'univers vieillit.... De sorte que toute la suite des hommes, pendant le cours de tant de siècles, doìt être considérée comme un même homme qui subsiste toujours et qui apprend continuellement.» Pensées, pág. 469.

Spinoza                                                                                                                                              Bossuet

 

 

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