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Historia de la Filosofía 

Tomo II

Segunda época filosófica, o
          La Filosofía Cristiana

Por el P. Zeferino González (1831-1894)

De la orden de Santo Domingo
Cardenal Arzobispo de Toledo

Edición digital en Torre de Babel Ediciones

Fuente: Agustín Jubera, Madrid, 1886 - 2ª edición 

                               
                               El P. Zeferino

  Álbum Biográfico-Litográfico del Episcopado Español
                            Lámina 1 - Calle, E. Litógrafo


Historia de la filosofía de Zeferino González: Filosofía griega - Filosofía moderna - Filosofía novísima (siglo XIX)

(Sobre Zeferino González: Proyecto de Filosofía en español, Semblanza)

(La presente edición digital de la Historia de la filosofía de Zeferino González está basada en la publicada por Agustín Jubera, Madrid, 1886, cuatro volúmenes. Hemos elegido la segunda edición por ser más completa que la primera. Para mantener la fidelidad al autor, actualizamos únicamente la ortografía, según las reglas de la Real Academia de la Lengua; en los casos de los nombres de filósofos griegos particularmente conocidos, hemos preferido también transcribirlos al modo actual.)


LA SEGUNDA ÉPOCA FILOSÓFICA O LA FILOSOFÍA CRISTIANA

§ 1. El Cristianismo y la Filosofía pagana § 2. Clasificación y divisiones generales de la Filosofía cristiana
§ 3. Antecedentes y primeros ensayos de la Filosofía cristiana

Escuela africana     § 4. Escuela separatista o africana    § 5. Tertuliano     § 6. Lactancio     § 7. Crítica

Escuela alejandrina   § 8. Escuela alejandrina.— Clemente de Alejandría        § 9. Crítica   

§ 10. Orígenes

§ 11. Escuela media

§ 12. La Filosofía cristiana en el siglo IV

§ 13. San Gregorio de Nissa y el Nazianceno
§ 14. Nemesio § 15. Filosofía areopagítica

San Agustín           § 16. San Agustín.— Sus obras          § 17. Filosofía de San Agustín           § 18. Critica

§ 19. Transición de la Filosofía patrística a la escolástica § 20. Capela y Mamerto Claudiano
§ 21. Boecio § 22. Casiodoro
San Isidoro de Sevilla       § 23. San Isidoro de Sevilla       § 24. El movimiento isidoriano
§ 25. San Liciniano y San Beato § 26. Beda y Alcuino

La filosofía escolástica    § 27. La Filosofía escolástica    § 28. Caracteres generales de la Filosofía escolástica

§ 29. Erígena § 30. Rabano Mauro y Enrique de Auxerre
§ 31. Gerberto § 32. Segundo período de la Filosofía escolástica
§ 33. Origen y naturaleza del problema o cuestión sobre los universales
§ 34. Roscelin                                               Abelardo    § 35. Abelardo          § 36. Crítica
§ 37. San Anselmo § 38. Guillermo de Champeaux
§ 39. Escuela platónica  

Escuela mística (escuela de San Víctor)   § 40. Escuela mística: Hugo de San Víctor § 41. Ricardo de San Víctor

§ 42. Escuela independiente y ecléctica.— Guillermo de Conches. § 43. Juan de Salisbury
§ 44. Pedro Lombardo y Alano de Lisie § 45. Escuela panteísta
§ 46. Tercer período de la Filosofía escolástica § 47. Alejandro de Hales
§ 48. Guillermo de París § 49. Los filólogos y los naturalistas
§ 50. Raimundo Martín § 51. Gerardo de Cremona y Arnaldo de Villanova
§ 52. Vicente de Beauvais § 53. Alberto Magno

Santo Tomás de Aquino     § 54. Santo Tomás de Aquino       § 55. Concepto de la ciencia según Santo Tomás

§ 56. Antropología de Santo Tomás                                      § 57. Cosmología de Santo Tomás

§ 58. Metafísica y teodicea de Santo Tomás                         § 59. Moral y política de Santo Tomás

§ 60. San Buenaventura § 61. Roger Bacón
Duns Escoto    § 62. Escoto    §63. Crítica § 64. Ricardo de Midletown
§ 65. Pedro Hispano § 66. Enrique de Gante
§ 67. Dante y algunos otros discípulos de Santo Tomás § 68. Egidio romano
§ 69. Escuela propiamente tomista § 70. Escuela escotista

Raymundo Lulio     § 71. Raymundo Lulio: su vida y sus obras       § 72. Filosofía de Raymundo Lulio

§ 73. Durando  
§ 74. Conclusión y crítica general de la Filosofía escolástica durante este período
§ 75. Cuarto período de la Filosofía escolástica, o sea el período de decadencia
Guillermo de Occam      § 76. Occam      § 77. Crítica
§ 78. La escuela realista.— Roberto Holkot § 79. Escuela occamista o nominalista
§ 80. Escuela dogmático-realista.— Pedro de Ailly § 81. Domiugo de Flandria
§ 82. Raymundo Sabunde § 83. Escuela mística
§ 84. Juan Gerson § 85. Nicolás de Cusa
§ 86. Juan de Torquemada y Alfonso de Madrigal § 87. Conclusión de la Filosofía escolástica

Filosofía árabe  

§ 88. La Filosofía de los árabes           § 89. Direcciones y sectas principales de la Filosofía entre los árabes

§ 90. Al-Kendi § 91. Al-Farabi   
§  92. Avicena   § 93. Algacel
§ 94. Avempace y Abdelaziz    § 95. Tofail 
§ 96. Averroes § 97. Los filósofos árabes y la Filosofía escolástica
§ 98. La Filosofía entre los judíos de la Edad Media     § 99. La Kábala
Avicebrón                § 100. Avicebrón                 § 101. Sucesores de Avicebrón
Maimónides             § 102. Maimónides              § 103. Sucesores de Maimónides hasta el siglo XV

§ 104. Filósofos judíos del siglo XV    § 105. Relaciones entre la Filosofía de los judíos y la Filosofía escolástica

§ 1 - EL CRISTIANISMO Y LA FILOSOFÍA PAGANA
 

 

    Mientras que la Filosofía pagana, trabajada por el escepticismo académico y de la escuela empírica, abatida y deshonrada por el empirismo greco-romano, y desacreditada por su impotencia y contradicciones, se ocupaba con ardor en fundir y amalgamar la multitud de elementos filosóficos, científicos, tradicionales, simbólicos y religiosos del Oriente y del Occidente, resonó repentinamente en sus oídos la voz de ciertos hombres oscuros, que, sin títulos ni conocimientos académicos, enseñaban verdades nuevas, extrañas y hasta completamente desconocidas en las diferentes escuelas filosóficas que hasta entonces habían aparecido.

El origen del mal y la rehabilitación del hombre explicados por la caída original y por la encarnación del Verbo de Dios; la comunidad de origen y de destino final por parte del género humano; la consiguiente igualdad y fraternidad entre todos los hombres sin distinción de razas, condiciones y estados; el principio de la humildad, de la mortificación y de la caridad cristianas; la triple personalidad de Dios, sin perjuicio ni menoscabo de su unidad de esencia y substancia, y sobre todo la grande idea de la creación ex nihilo, fundando la distinción real y substancial entre el mundo y Dios, entre lo finito y lo infinito, sin perjuicio de la causalidad de éste y de la dependencia de aquél, y sin necesidad de acudir a panteísmos y dualismos absurdos; he aquí afirmaciones que no podían menos de solicitar la atención de los espíritus elevados, por más que fueran anunciadas por hombres rudos e ignorantes de las ciencias humanas. Precisamente esta circunstancia debía servir, y sirvió, en efecto, de argumento poderoso en favor de la divinidad del Cristianismo, para los hombres de talento reflexivo y de buena voluntad, los cuales viéronse precisados a reconocer que hombres rudos, ignorantes y sin cultura no podían ser los autores o descubridores de verdades tan nuevas, tan sublimes y tan científicas, que derramaban vivísima luz sobre la ciencia y la vida en todas sus manifestaciones, y resolvían de una sola plumada, por decirlo así, y en sentido tan satisfactorio y tan profundamente científico, los problemas más trascendentales y difíciles de la Filosofía, de la religión, de la moral y de la sociedad; problemas ante los cuales habían sucumbido los más grandes genios de la Filosofía.

Teniendo en cuenta lo que acabamos de indicar, se explica y comprende el doble y encontrado movimiento que se manifestó en el campo de la Filosofía en los primeros siglos del Cristianismo. Porque es de notar y saber que, mientras que algunos filósofos y hombres de letras, como San Dionisio Areopagita, Arístides, Atenágoras, Taciano, San Justino, San Ireneo, Panteno, Clemente de Alejandría, Orígenes y otros, sin menospreciar ni abandonar la Filosofía griega, adoptaban las ideas y soluciones cristianas que transformaban y completaban las de aquélla; otros, por el contrario, arrastrados por el orgullo, y acaso más todavía por las pasiones, y llevados de un amor exagerado de independencia, mostráronse refractarios a las ideas y soluciones cristianas, y, lejos de adoptarlas, reunieron y concentraron sus esfuerzos para hacerlas desaparecer, ya desfigurándolas y adulterando o anulando su sentido real, como hicieron los gnósticos, ya combatiéndolas a todo trance y con toda clase de armas, como hicieron los neoplatónicos, enemigos encarnizados del Cristianismo. Así es que al lado del movimiento neoplatónico, movimiento separatista y de hostilidad respecto del Cristianismo, y al lado del movimiento corruptor y extravagante del gnosticismo, que entrañaba la destrucción de la idea católica, y cuyo triunfo hubiera sido la muerte de la religión fundada por el Verbo de Dios, apareció el movimiento filosófico-cristiano, movimiento de armonía y de alianza entre la Filosofía y el Cristianismo.

                                                               Clasificación y divisiones generales de la Filosofía cristiana

 

 

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