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El príncipe Siddhartha llega a Buddha

 

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El príncipe Siddharta llega a Buddha

IX.- LAS INDAGACIONES DEL BODHISATVA (1)

1. Arada y Udraka eran los maestros más renombrados entre los brahmanes, y por entonces nadie les sobrepasaba en saber y en ciencias filosóficas.

2. El Bodhisatva fue hacia ellos y se sentó a sus pies. Escuchó sus doctrinas sobre el atman o la personalidad, que es el «yo» del espíritu y el actor de todas las acciones. Aprendió sus opiniones sobre la trasmigración de las almas y sobre la ley del karma; cómo las almas de los malos han de sufrir renaciendo en hombres de baja casta, mientras los purificados por libaciones, sacrificios y mortificaciones, llegan a ser reyes, brahmanes o dioses, elevándose más y más en los grados de la existencia. Estudió sus encantos, sus ofrendas y los métodos por los cuales obtenían la liberación del «yo» de la existencia material en el éxtasis.

3. Arada decía: «¿Qué es eso de la personalidad que percibe los actos de las cinco raíces del espíritu: tocar, oler, gustar, ver y oír? ¿Qué es eso que obra por los dos medios del movimiento: las manos y los pies? El problema del alma se manifiesta en las expresiones «yo digo», «yo sé» y «yo percibo», «yo vengo», «yo me voy» o «yo me quedo». Tu alma no es tu cuerpo; no es tu ojo, tu oído, tu nariz, tu lengua, ni tampoco tu espíritu. El «yo» es el que percibe el tacto en el cuerpo, el que huele en la nariz, el que gusta en la lengua, el que ve en el ojo, el que oye en el oído, el que piensa en el espíritu. Tu «yo» hace mover tus manos y tus pies. Tu «yo» es tu alma. Dudar de la existencia del alma es irreligioso, y si uno no discierne esta verdad no está en camino de la salvación. Una especulación profunda descarriará fácilmente al espíritu, conducirá a confusión y a la incredulidad; pero la purificación del alma conduce a camino de la liberación. Llega uno a la verdadera liberación separándose de multitud, llevando una vida de eremita y no viviendo sino de limosnas. Si nos despojamos de todos nuestros deseos y reconocemos distintamente la no existencia de la materia, alcanzaremos el estado de perfecto vacío. Allí encontraremos las condiciones la vida inmaterial. Como la hierba madja (2) limpiada de su corteza leñosa, o como el ave silvestre que escapa de su prisión, así el «yo», libertándose de todas las limitaciones, halla el reposo perfecto. Esa es la verdadera liberación; pero sólo la conocer los que tengan una fe profunda.

4. El Bodhisatva no quedó satisfecho con aquellas enseñanzas, y replicó: El pueblo está en servidumbre, porque no ha rechazado la idea del yo.

5. La cosa y sus cualidades son diferentes en nuestro pensamiento, pero no en la realidad. En nuestro pensamiento el calor es distinto del fuego pero en realidad no pueden separarse uno de otro. Decís que podéis quitar las cualidades y dejar la cosa; pero si lleváis vuestras teorías hasta su fin veréis que no es así.

6. ¿No es el hombre un compuesto de muchos agregados? ¿No estamos compuestos de diferentes skandhas, como dicen nuestros sabios? El hombre es un conjunto de forma material, de sensación, de pensamiento, de inclinaciones y de inteligencia finalmente. Lo que los hombres llaman su yo cuando dicen “yo soy”, no es una entidad distinta de los skandhas. Hay espíritu, sensación, pensamiento, verdad; y la verdad es el espíritu cuando va hacia el camino de la justicia. Pero no hay un yo-alma distintamente fuera o detrás del pensamiento del hombre. Aquel que cree que el yo es un ser distinto, no tiene una correcta concepción de las cosas. La misma indagación del alma es mala; es un mal punto de partida que lleva en una falsa dirección (3).

7. Cuántas confusiones provienen del interés que nos tomamos por la personalidad y de la vanidad, cuando pensamos:« «Yo soy tan grande» o «yo he hecho esta admirable acción». La idea de vuestro yo ocupa el centro entre vuestra naturaleza racional y la verdad; desterradla y veréis las cosas como son. El que piensa sanamente se desembarazará de la ignorancia y adquirirá ciencia. Las ideas de «yo soy», «yo seré» o «yo no seré», no se presentan a un pensador esclarecido.

8. Además, si vuestro yo persiste, ¿cómo podéis llegar a la verdadera liberación? Si el yo está destinado a renacer en cualquiera de los tres mundos, sea en el infierno, en la tierra o en los cielos, encontraréis siempre, inevitablemente siempre, la misma clase de existencia. Quedaréis envueltos en el egoísmo y en el pecado.

9. Todo compuesto está sujeto a la disgregación; y no podernos escapar al nacimiento, a la enfermedad, a la vejez y a la muerte. ¿Es eso una liberación final?

10. Udraka decía: «¿No veis en torno vuestro el efecto del karma? ¿Qué es lo que hace que los hombres difieran de carácter, posición, riquezas y de destino? Su karma; y el karma comprende el mérito y el desmérito. La trasmigración del alma depende del karma. De las existencias anteriores heredamos los malos efectos de nuestras malas obras y los buenos de nuestros actos virtuosos. Si así no fuera, ¿cómo habría de haber diferencias entre nosotros?»

11. El Tathagata meditó profundamente sobre los problemas de la trasmigración y el karma, y descubrió la verdad que yace en ellos.

12. «La doctrina del karma, dijo, es indiscutible, porque todo efecto tiene su causa. Lo que siembra el hombre, recoge; y lo que cosechamos debemos haberlo sembrado en existencias anteriores.

13. Veo que la trasmigración del alma está sometida a la ley de causa y efecto, porque los hombres hacen sus propios destinos. Pero no veo la trasmigración del yo.

14. ¿Esta personalidad mía, no es un compuesto material y espiritual? ¿No está hecha con cualidades que han nacido por una evolución gradual? Las cinco raíces de la percepción sensorial de este organismo proceden de los antepasados que las han tenido. Las ideas que yo tengo me vienen, por un lado, de los demás individuos que las han pensado, y por otro, de las combinaciones de esas ideas en mi propio espíritu. Los que han usado los mismos órganos de los sentidos y han pensado las mismas ideas antes que me formase en esta individualidad que me es propia, son mis existencias anteriores; son mis antepasados, con la misma razón que mi yo de ayer es el padre de mi yo de hoy, y el karma de mis actos pasados regula el destino de mi existencia presente (4).

15. Suponemos que hay un atman que desempeña los actos de los sentidos, y cuando la puerta de la visión ha sido arrancada de sus goznes y extirpado el ojo, ese atman, podrá ver por esas ventanas más grandes las formas que le rodean, mucho mejor que antes. Podrá oír mejor los sonidos, si le arrancan los oídos; percibir mejor los olores, si le amputan la nariz; gustar más suprimiéndole la lengua, y percibir mejor las sensaciones si el cuerpo fuera destruido (5).

16. Yo atestiguo la persistencia y la transmisión del alma; percibo la verdad del karma, pero no veo el atman que vuestra doctrina estatuye en autor de vuestros actos. Hay un renacimiento sin trasmigración de la personalidad; pues en el «yo digo» y «yo veo» ese atman, esa personalidad, ese yo es una ilusión. Si esa personalidad fuera real, ¿cómo se podría escapar al estado de personalidad? El terror al infierno no tendría límites, y no podría uno tener ningún reposo. Los males de la vida no se deberían a nuestra ignorancia y a nuestro pecado, sino que constituirían la naturaleza de nuestra propia existencia» (6).

17. Y el Bodhisatva se dirigió hacia los sacerdotes que oficiaban en los templos, pero el espíritu compasivo de Sakyamuní se ofendió por la crueldad inútil desplegada ante los altares de los dioses, y dijo:

18. «Únicamente la ignorancia puede inducir a esos hombres a preparar grandes fiestas y asambleas para los sacrificios. Vale más adorar la verdad que procurar ser propicio a los dioses por efusiones de sangre.

19. ¿Qué amor poseerá un hombre que cree que destruyendo una vida remediará los malos actos? ¿Un nuevo crimen puede expiar los anteriores? ¿El verdugo de una víctima inocente puede borrar los pecados de la Humanidad? Eso es practicar la religión, descuidando la conducta moral.

20. Pacificad vuestros corazones y cesad de matar: he ahí la verdadera religión.

21. Los rituales carecen de eficacia; las oraciones son vanas repeticiones de fórmulas; las encantaciones no tienen ni poder saludable; en cambio el libertarse de la concupiscencia y de la voluptuosidad, de las malas pasiones, y renunciar al odio y a la mala voluntad, es el verdadero sacrificio y el verdadero culto.»

__________

(1) Fuente: Fo-sho-hing-tsan-king, 919-1035.

(2) Hierba de le India que se utiliza para tejer.

(3) Fuente: Mahavagga (S. B. of the E. XIII, XVII), 6, 36, 38, 100.

(4) Fuente: Questions of the king. Milinda. T. W. Rhys Davids 83-86. Recuérdese la teoría de la evolución.

(5) Id, -135.

(6) Fuente: Questions of the king. Milinda. T. W. Rhys Davids 111.

 

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