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Parábolas e historias

LXVII.—LA CRUEL GARZA ENGAÑADA (1)

1. Un sastre, que suministraba por lo general las ropas para la congregación, tenía la costumbre de engañar a sus clientes y vanagloriábase por ello de ser más listo que los demás hombres. Pero un día, habiendo concertado un negocio importante con un extranjero, dio con un maestro de fraudes y sufrió una gran pérdida.

2. Y el Bienaventurado dijo: «No es este un acontecimiento único en el destino de este codicioso sastre, en otras encarnaciones ha sufrido reveses parecidos y al procurar engañar a los demás se ha perdido finalmente a sí mismo.

3. Ese mismo insaciable individuo ha vivido, muchas generaciones antes de esta, bajo la forma de una garza que había elegido casa cerca de un estanque. Cuando llegó la época de la sequía dijo a los peces: «¿No estáis inquietos por vuestra suerte futura? Ahora hay poquísima agua, acaso menos de la que hace falta, para alimentaros en este estanque. ¿Qué será de vosotros si por esta sequía se seca por completo?

4. Es verdad, dijeron los peces ¿qué será de nosotros?

5. La garza replicó: Yo conozco un lago hermoso que jamás se seca. ¿No os agradaría que os llevase en el pico hasta él?» Y como los peces comenzasen a dudar de la honradez de la garza, les propuso enviar uno de éstos a que viese el lago. Una gruesa carpa se arriesgó a correr la aventura en beneficio de todos y la garza la llevó a un lago magnífico y la volvió sana y salva entre sus congéneres. Desvaneciéronse entonces las dudas en los peces y se tornó en una loca confianza en la garza, que se los llevó uno a uno del estanque, yendo a devorarlos sobre un magnífico árbol, de esos que llaman varanas (2).

6. En el estanque hallábase también un cangrejo, y cuando devorados todos los peces, la garza sintió ganas de comérselo, le dijo: «He transportado todos los peces a un lago hermosísimo, ¿quieres que te lleve a ti también?»

7. «¿Pero, cómo me agarrarás para llevarme?, preguntó el cangrejo.

8. «Te llevaré en el pico», dijo la garza.

9. «Me dejarás caer si me levas así. No quiero que me lleves», replicó el cangrejo.

10. «No tengas miedo, respondió la garza; te llevaré seguro todo el camino.»

11. Entonces el cangrejo se dijo: «Cuando esta garza coge un pez, a buen seguro que no le deja ir al lago. Sin embargo, si me llevase realmente al lago, sería magnífico; pero si me falta la cortaré el cuello y la mataré.» Luego dijo a la garza: «Vamos, amiga mía, no serás capaz de sostenerme bien, pero nosotros los cangrejos tenemos una buena mano. Si me dejas agarrarte por el cuello con mis pinzas iré a gusto contigo.»

12. Y la garza, que no vio que el cangrejo trataba de engañarla, consintió; de suerte que el cangrejo se agarró a su cuello con sus pinzas tan sólidamente como un par de tenazas y gritó: «¿Adelante; en marcha!»

13. La garza llevándole le enseñó el lago, pero luego se dirigió al varana. «Amiga mía, exclamó el cangrejo, el lago está por aquí, y tú me llevas por otro lado.»

14. La garza respondió: «¿Qué crees? ¿Crees que soy tu padre? ¿Quieres decirme, me figuro, que soy tu esclavo encargado de llevarte por los aires y transportarte donde quieras? Pues mira, tiende la vista sobre ese montón de raspas de pescado al pie del árbol. De la misma manera que me he comido esos peces hasta el último, te voy a devorar a ti.»

15. «¡Ah!, esos peces se han dejado comer por su estupidez, pero yo no estoy dispuesto a dejarme matar. Al contrario, yo soy el que va hacerte perecer, porque en tu locura no has adivinado que te engañaba. Si yo muero, moriremos juntos, porque yo te corto la cabeza y la hago caer sobre el verde!» Y diciendo esto, apretó con sus pinzas el cuello de la garza, por vía de aviso.

16. Entonces, aleteando, con lágrimas en los ojos y temblando ante la muerte, la garza le suplicó diciendo: «¡Oh mi señor! En verdad que no he pensado en comerte: concédeme la vida.»

17. «¡Muy bien! Baja, pues, y deposítame en el lago», respondió el cangrejo.

18. Y la garza volvió hacia atrás y se detuvo al borde del lago para dejar al cangrejo sobre el limo de la orilla; pero el cangrejo cercenó la cabeza de la garza tan propiamente como se cortaría un tallo de loto con un cuchillo de caza, y en seguida entró en el agua.»

19. Cuando el Maestro acabó este discurso, añadió: «No es hoy sólo cuando ese hombre ha sido engañado, sino en otras vidas lo ha sido igualmente, y de la misma manera.»

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(1) Fuente: B. B. Stories 315.

(2) Crataeva Roxburghti.

 

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