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El evangelio del Buddha - Pablo Carus

 

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PREDICACIÓN DEL BUDDHA

LXI. — EL MAESTRO DESCONOCIDO (1)

1. El Bienaventurado dijo a Ananda:

2. «Hay diferentes clases de asambleas, Ananda; asambleas de nobles, de brahamanes, de jefes de casa, de bhikshus y de otras personas. Yo acostumbro, cuando entro en una, antes de sentarme, a tomar un color parecido al de mi auditorio y una voz semejante a su voz. Entonces, mediante un discurso religioso, les instruyo, les vivifico y les conforto.

3. Mi doctrina se parece al mar, porque posee sus mismas ocho cualidades.

4. El océano y mi doctrina, los dos, se hacen, gradualmente, más y más profundos. Ambos conservan su identidad en todos sus cambios, los dos arrojan los cadáveres sobre la costa. Del mismo modo que los grandes ríos, cuando se vuelcan en el mar, pierden sus nombres y se confunden con él, así los hombres de todas las castas, repudiando su origen y entrando en el Sangha, se hacen hermanos y se cuentan como hijos de Sakyamuni. El océano es el depósito de todas las corrientes y de las lluvias y no se desborda jamás, ni se seca nunca: de la misma manera el Dharma, comprendido por millones de gentes, no crece ni mengua, sin embargo. Así como el mar sólo tiene un gusto, el gusto de sal, así también mi doctrina sólo tiene un perfume, el perfume de la liberación. En fin, el mar y mi doctrina están también llenos de piedras preciosas, de perlas y de joyas, y los dos sirven de morada a los seres poderosos.

5. Tales son las cualidades maravillosas por las que mi doctrina se parece al océano (2).

6. Mi doctrina es pura y no distingue entre el noble y el vulgar, entre ricos y pobres.

7. Mi doctrina se asemeja al agua, que todo lo purifica sin distinción.

8. Mi doctrina es como el fuego, que consume todas las cosas que existen en la tierra y en el cielo, grandes y pequeñas.

9. Mi doctrina se parece al cielo, porque no hay lugar en ella limitado, y ampliamente puede recibir a todos, hombres y mujeres, jóvenes y niños, poderosos y humildes (3).

10. Pero cuando hablaba así no me conocían y se preguntaban: «¿Quién puede ser el que habla de ese modo, un hombre o un dios? Así después de haberlos instruido, vivificado y regocijado por tan discurso religioso, desapareceré. Y no me conocerán aun después de haber desaparecido.»

_________

(1) Ídem: Maha-parinibhana-Suttanta, III, 22.

(1) Fuente: Cullavagga, IX-1, 4. Compárese Mat. V.13.

(2) Ídem: Sutra-Dsanglun. Compárese Mat. V. 1-2.

 

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