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PREDICACIÓN DEL BUDDHA

LVI.— LECCIÓN DADA A RAHULA (1)

1. Antes que Rahula, el hijo de Gotama Siddhartha y de Yasodhara, adquiriese la verdadera ciencia, su conducta no fue muy señalada por su amor a la verdad, y el Bienaventurado le envió a un vihara apartado para que aprendiese a gobernar su espíritu y a moderar su lengua.

2. Algún tiempo después, el Bhagavat fue a aquel lugar y Rahula, experimentó una gran alegría.

3. El Bhagavat mandó al joven que trajese una jofaina llena de agua para lavarle los pies, y Rahula obedeció.

4. Y cuando Rahula hubo lavado los pies al Tathagata, el Bienaventurado le preguntó: «¿Esta agua es propia para beber ahora?»

5. «No, señor, respondió el joven; es impropia.»

6. Entonces el Bhagavat dijo: «Reflexiona ahora en tu conducta. Aunque seas mi hijo y el nieto de un rey; aunque seas un sramana que ha hecho voluntariamente una renunciación completa, eres incapaz de guardar tu lengua de la mentira y así manchas tu espíritu.»

7. Y después que vació la jofaina, el Bienaventurado le preguntó de nuevo: «¿Ese cacharro sería propio para dar agua a beber?»

8. «No, señor, respondió Rahula ; también ha venido a quedar impuro.»

9. Y el Bhagavat dijo: «Reflexiona en tu conducta. Aunque llevas la túnica amarilla, ¿serás capaz de un propósito elevado, estando impuro como esa jofaina?»

10. Y el Bienaventurado, cogiendo la vasija y levantándola en el aire la hizo girar, diciendo: «¿No temes que se caiga y se rompa?»

11, «No, señor, respondió Rahula ; esa vasija vale poco, y su pérdida no tendría importancia.»

12. «Ahora ves tu propio estado, dijo el Bienaventurado. Tú eres arrastrado en los torbellinos sin fin de la transmigración, y como tu cuerpo es de la misma substancia que las demás cosas materiales que se deshacen en polvo, poco importa sea destruido. Aquel que se deja ir contra la verdad es con objeto de menosprecio para el sabio.»

13. Rahula se llenó de vergüenza, y el Bienaventurado le dijo aún: «Escucha, voy a contarte una parábola:

14. Un rey tenía un elefante fortísimo, capaz de resistir a cinco mil elefantes ordinarios. Cuando fue a la guerra armó al elefante con sables tajantes sujetos a sus colmillos, con hoces puestas en sus lomos, con pinchos sujetos a sus pies y una barra de hierro en la cola. El cornaca se gozaba de ver la noble criatura tan bien pertrechada, y sabiendo que una leve herida en su trompa le sería fatal, enseñó al animal a tenerla replegada en lo alto. Pero durante la batalla el elefante extendió su trompa para coger un sable. El cornaca se asustó, tuvo una conferencia con el rey y decidieron que el elefante no podía en adelante emplearse para la guerra.

15. ¡Oh Rahula!, si solamente los hombres retuviesen su lengua, todo iría bien! Sé como el elefante de combate, que protege su trompa de las flechas que le dirigen.

16. Por amor a la verdad, el hombre sincero evita la iniquidad. Semejante al elefante adiestrado y tranquilo que permite al rey subir sobre su trompa, el hombre que honra la justicia permanecerá fiel durante toda su vida.»

17. Oyendo estas palabras de su padre, Rahula sintió una profunda tristeza, jamás dio luego motivo a reproche, y a partir de ese momento santificó su vida por ardientes esfuerzos.

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(1) Fuente: Maha-Rahula-Sutta.

 

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