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Consolidación de la religión del Buddha

XXXVIII.- RESTABLECIMIENTO DE LA CONCORDIA. (1).

1. No habiéndose apaciguado la disputa entre los partidos, el Bhagavat abandonó Kosambi, yendo de pueblo en pueblo llegó a Sravasti.

2. Con la ausencia del Bienaventurado las querellas subieron de punto de tal modo, que los fieles laicos de Kosambi hubieron de decir: «Estos monjes quisquillosos son una calamidad, y van a traer la desgracia sobre nosotros. Cansado de sus altercados, el Bhagavat se ha marchado, buscando otra residencia. No saludemos, pues, a los bhikshus, y dejemos de socorrerles. Son indignos de llevar las túnicas amarillas, y es menester que se apacigüen o que vuelvan al mundo.

3. Y cuando los bhikshus de Kosambi vieron que ni les honraban ni les socorrían los fieles laicos, comenzaron a arrepentirse, y dijeron: «Vamos hacia el Bienaventurado, y resolvamos por él la cuestión que nos divide.»

4. Y los dos partidos fueron a Sravasti a ver al Bienaventurado. Entonces el venerable Sariputra, sabedor de la llegada de ellos, dirigiéndose al Bhagavat, le dijo: «Esos monjes quisquillosos, disputadores y encismadores de Kosambi, los autores de las disensiones, han venido a Sravasti. ¿Cómo se debe obrar, Señor, respecto de ellos?»

5. «No les reprendas, Sariputra, dijo el Bienaventurado, porque las palabras duras no agradan a nadie. Da a cada partido locales separados, y trátales con una imparcial justicia. Aquel que pese los dos lados, puede llamarse un muní. Cuando los dos partidos hayan expuesto su causa, que el Sangha se ponga de acuerdo y decrete el restablecimiento de la concordia.»

6. En seguida la abadesa Pradjapati pidió instrucciones al Bhagavat, y el Bendito dijo: «Que los dos partidos gocen según sus necesidades de los dones de los miembros laicos, sean vestidos, sean alimentos; pero sin que ninguno sea sensiblemente más favorecido que el otro.»

7. Luego el venerable Upali, que estaba cerca del Bienaventurado, le preguntó, a propósito del restablecimiento de la paz en Sangha: «¿Sería justo, Señor, que el Sangha, a fin de evitar nuevas disputas, decretase el restablecimiento de la concordia, sin informarse del asunto de la querella?»

8. Y el Bienaventurado respondió:

9. «Si el Sangha proclama el restablecimiento de la concordia sin informarse del asunto, su declaración no es justa, ni legal.

10. Hay dos maneras de restablecer la concordia: una es en la letra y otra es en el espíritu y en la letra.

11. Si el Sangha decreta el restablecimiento de la concordia sin una indagación sobre el asunto, la paz se establece únicamente en la letra; pero si inquiere el asunto y llega hasta el fondo del mismo y luego proclama el restablecimiento de la concordia, la paz se ha conseguido, así en el espíritu como en la letra.

12. La concordia restablecida en el espíritu y en la letra es la única justa y legal.»

13. Entonces el Bienaventurado habló a los bhikshus y les refirió la historia del príncipe Dirghayú. Dijo:

14. «En otro tiempo vivía en Benarés un rey poderosísimo que se llamaba Brahmadata, de Kasí, y levantó guerra contra Dirgheti, rey de Kosala, porque pensó: «EI reino de Kosala es pequeño, y Dirgheti no podrá resistir a mis soldados.»

15. Viendo Dirgheti que era imposible la resistencia contra la horda del rey de Kasí, huyó dejando en manos de Brahmadata su pequeño reino, y después de vagar por aquí y por allá, llegó, finalmente, a Benarés, donde se albergó con su mujer en la casa de un alfarero de las afueras de la ciudad.

16. Y la reina le dio un hijo, al que llamaron Dirghayú.

17. Cuando Dirghayú fue mayor, el rey se dijo: «El rey Brahmadata nos ha hecho mucho mal y teme nuestra venganza, y tratará de matarnos. Si nos descubre nos matará a todos tres.» E hizo partir a su hijo; y Dirghayú, que había recibido de su padre una buena educación, se aplicó activamente a aprender todas las artes y llegó a ser habilísimo y sabio.

18. Por entonces el barbero del rey Dirgheti, que vivía en Benarés, vio al rey su antiguo señor, y como era de un natural avaro, le entregó al rey Brahmadata.

19. Cuando Brahmadata, el rey de Kasí, supo que el fugitivo rey de Kosala vivía tranquilamente con su mujer, desconocido e ignorado, en casa de un alfarero, mandó cargarle de cadenas, como a la reina, y condenarlos a muerte, y que el jefe de policía llevase a los reos a la plaza de las ejecuciones.

20. Mientras iba conducido por las calles de Benarés el rey cautivo, vió a su hijo que había venido a ver a sus padres, y queriendo comunicar a su hijo su último consejo sin arriesgarse a descubrirle, exclamó: «¡Oh Dirghayú, hijo mío! No mires mucho ni mires demasiado poco, porque no es con el odio como el odio se apacigua; el odio se apacigua únicamente con la ausencia del odio.»

21. El rey de Kosala fue ejecutado con su mujer; pero Dirghayú, su hijo, compró un vino capitoso y embriagó a los guardias. Y cuando fue de noche colocó los cuerpos de sus padres sobre una pira fúnebre y los quemó con todos los honores debidos y según los ritos religiosos.

22. Cuando el rey Brahmadata supo eso, sintió miedo, porque pensó: «Dirghayú, el hijo del rey Dirgheti, querrá vengar la muerte de sus padres, y si espía una ocasión favorable, me asesinará.»

23. El joven Dirghayú huyó al bosque y se anegó en llanto. Luego enjugó sus lagrimas y regresó a Benarés. Sabiendo que se necesitaban empleados en los establos de los elefantes del rey, fue a ofrecer sus servicios, y le recibió el jefe a su servicio.

24. Y sucedió que el rey oyó una voz agradable resonar en el silencio de la noche, y cantar, acompañándose del laúd, una canción magnífica, que regocijaba el alma; y preguntando a sus servidores de quién podría ser aquel cantar, se le dijo que el jefe de los establos le tenía a su servicio, que era un joven muy dispuesto y querido de sus compañeros. Añadieron que tenía la costumbre de acompañarse del laúd, y ese debía ser el que había regocijado al rey.

25. Ordenó el rey que se llamase al joven, y como Dirghayú resultase de su agrado, le dió un empleo en el palacio. Observando luego con cuánta sabiduría se conducía el joven, su modestia y la puntualidad en el cumplimiento de sus deberes, el rey le confirió en seguida un puesto de confianza.

26. Ocurrió entonces que yendo el rey de caza se separó de su séquito, quedando solo con el joven Dirghayú. Y el rey, fatigado por la caza, descansando su cabeza sobre las rodillas de Dirghayú, se durmió.

27. Y Dirghayú pensó: «Este rey Brahmadata nos ha hecho mucho daño, nos ha quitado nuestro reino y ha matado a mi padre y a mi madre. Y ahora está en mi poder.» Y pensando esto sacó su sable.

28. Entonces Dirghayú recordó las últimas palabras de su padre: «No mires mucho, ni mires demasiado poco, porque no es con el odio como el odio se apacigua; el odio se apacigua únicamente con la ausencia del odio.» Y ante aquel recuerdo, envainó de nuevo el sable.

29. El rey se agitó en su sueño y se despertó, y cuando le preguntó «¿Qué os pasa, ¡oh rey!, parecéis asustado?» Él respondió: «Mi sueño es siempre agitado, porque sueño constantemente que el joven Dirghayú viene sobre mí con un sable. Así, mientras yo dormía sobre vuestras rodillas, he soñado de nuevo un sueño espantoso y me he despertado lleno de terror y de alarma.

30. Entonces el joven, poniendo su mano derecha sobre la cabeza del rey indefenso, sacó su sable y dijo: «Yo soy Dirghayú, el hijo del rey Dirgheti, a quien robasteis su reino, y a quien habéis matado, con su mujer, mi madre. La hora de la venganza ha llegado.»

31. Y el rey, viéndose a merced del joven Dirghayú, levantó las manos exclamando: «¡Dadme la vida, mi querido Dirghayúl»

32. Y Dirghayú dijo sin rencor ni maldad: «Cómo puedo yo dejaros la vida, ¡oh rey!, cuando ponéis la mía en peligro. Sois vos, ¡oh rey!, el que debe concedérmela a mí.»

33. Y el rey dijo: «Bien, mi querido Dirghayú, dejadme la vida y os concederé la vuestra.»

34. De suerte que el rey Brahmadata, de Kasí, y el joven Dirghayü se concedieron recíprocamente la vida, y uniendo sus manos, juraron solemnemente no hacerse ningún mal.

35. Y el rey Brhamadata de Kasí dijo al joven Dirghayú: «¿Por qué vuestro padre os dijo a la hora de su muerte: «No mires mucho, ni mires demasiado poco; porque no es con el odio como el odio se apacigua, el odio se apacigua únicamente con la ausencia del odio?» ¿Qué os quiso decir con esas palabras?»

36. El joven respondió: «Cuando mi padre, ¡oh rey!, dijo en el momento de su muerte: «No mires mucho», quiso decir no dejes durar tu odio mucho tiempo. Y cuando dijo: «ni demasiado poco», significaba no sea que te reúnas en seguida con tus amigos. Y cuando añadió: «porque no es con odio como el odio se apacigua; el odio se apacigua únicamente con la ausencia del odio», significó: Vos habéis matado a mi padre y a mi madre, ¡oh rey! Si yo os privase de la vida, vuestros partidarios me privarían de la mía, y de la misma manera los míos matarían a los vuestros. De suerte que, por el odio, el odio no se apaciguaría. Pero ahora, ¡oh rey!, me habéis concedido la vida, y yo también la vuestra, y así, por la ausencia del odio, el odio se ha apaciguado.»

37. Entonces e! rey Brahmadata de Kasí, pensó: ¡Cuán sabio es este joven Dirghayú para haber comprendido el sentido de las breves palabras de su padre!

38. Y el rey le devolvió las armas de su padre, sus carros, sus tesoros y los graneros de aprovisionamiento y le dió su hija en matrimonio.»

39. Y cuando el Bhagavat hubo contado esta historia a los bhikshus, les dejó ir.

40. Y los bhikshus, reunidos en asamblea, examinaron el asunto de sus discusiones, y cuando llegaron el fondo, la concordia se restableció en el Sangha.

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(1) Fuente: Mahavagga X-5, 6, X-2-3-20.

 

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