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El evangelio del Buddha - Pablo Carus
Fundación del reino de la verdad

 

Glosario de términos buddhistas Índice

 

 

Fundación del reino de la verdad

XXVIII.- YASODHARA (1)

1. A la mañana siguiente el Buddha tomó su cuenco y salió a mendigar su alimento.

2. Y la noticia se extendió: «El príncipe Siddhartha va de casa en casa pidiendo limosna en la ciudad donde antes acostumbró a pasear en carro seguido de su escolta. Su traje es del color de la tierra roja y en la mano lleva un cuenco de barro.»

3. Al oír este extraño rumor, el rey salió apresuradamente y exclamó: «¿Por qué me injuriáis así? ¿No sabéis que yo puedo fácilmente proveer a vuestro sustento y al de vuestros bhikshus?»

4. Y el Buddha respondió: «Es la costumbre de mi raza.»

5. Pero el rey replicó: ‹¿Cómo es eso? Vuestros antepasados fueron reyes y ninguno de ellos mendigó jamás el alimento.»

6. «¡0h gran rey!, respondió el Buddha; vos y vuestra raza podéis reclamar un origen real; yo desciendo de los Buddhas de las antiguas edades. Mendigaban su alimento y vivían de limosnas.»

7. El rey no replicó nada, y el Bienaventurado continuó: «Es costumbre, ¡oh rey!, que el que encuentra un tesoro oculto ofrezca a su padre la joya más valiosa. Permitidme, pues, que abra mi tesoro, que es la ley, y aceptadme esta gema.

8. Y el Bhagavat recitó los gathas siguientes:

«Salid del sueño, no tardéis.
Escuchad la ley,
Practicad la justicia, y he aquí
Que la eterna felicidad os pertenecerá.»

9. Entonces el rey llevó al príncipe a palacio, y los ministros, así como todos los individuos de la familia real, le saludaron con gran respeto; pero Yasodhara, la madre de Rahula, no se dejó ver. El rey envió a buscarla, pero ella respondió: «Si merezco alguna mirada, seguramente Siddhartha vendrá a verme.»

10. Y el Bienaventurado, después de saludar a todos sus parientes y amigos, preguntó: ¿Dónde está Yasodhara?» Y cuando se le dijo que rehusaba venir, se levantó en seguida, y fue a su cuarto.

11. «Me he libertado», dijo el Bienaventurado a sus discípulos Sariputra y Maudgalyayana, a quienes rogó le siguiesen, «pero la princesa no lo está todavía. No habiéndome visto desde hace tanto tiempo, está desolada. Su corazón se romperá, si no se la deja dar rienda suelta al dolor. Pondrá la mano sobre el Tathagata, el Santo, no se lo impidáis.»

12. Yasodhara estaba sentada en su cuarto, vestida con vestidos sencillos y los cabellos cortados. Cuando el príncipe Siddhartha entró, por el exceso de su amor, como un vaso que se desborda, no pudo contenerse ella.

13. Olvidando que el hombre que amaba era el Buddha, el Señor del mundo, el Predicador de la verdad, se abrazó a sus pies, y lloró amargamente.

14. Dándose cuenta de la presencia de Suddhodana, sintió vergüenza, y, levantándose, se sentó a corta distancia.

15. El rey excusó a la princesa, diciendo: «Eso proviene de su profundo amor, y no es más que una emoción pasajera. Desde hace siete años que ha perdido a su esposo, cuando oyó que Siddharta se había tonsurado la cabeza, ella hizo otro tanto; cuando supo que él había renunciado al uso de los perfumes y ornamentos, rehusó servirse de ellos. Como su esposo, ha querido comer sólo a horas fijas y en una vasija de barro. Como él, ha renunciado a los asientos elevados, magníficamente cubiertos; y cuando otros príncipes la han pedido en matrimonio, ha respondido que le pertenecía siempre. Hay que perdonarla por eso».

16. Y el Bhagavat habló dulcemente a Yasodhara, diciéndole los grandes méritos que ella había heredado de las existencias anteriores. «En verdad, en sus vidas pasadas ella le había sido de gran auxilio. Su pureza, su dulzura, su devoción habían sido preciosas al Bodhisatva, cuando él aspiraba al mas elevado fin que tiene la Humanidad: adquirir la iluminación de la ciencia. Y tal fue su santidad, que deseó ser la esposa de un Buddha. Este es, pues, su karma, y el resultado de sus grandes méritos. Su dolor ha sido indecible; pero la conciencia de la gloria que rodea su herencia espiritual, aumentada por su noble actitud durante esta vida, será un bálsamo que transformará milagrosamente todas sus tristuras en una alegría celeste.»

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(1) Fuentes: Manual of Buddhism, 203. B. B. Stories, 125-126.

 

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