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El evangelio del Buddha - Pablo Carus
El príncipe Siddhartha llega a Buddha

 

Glosario de términos buddhistas Índice

 

 

El príncipe Siddhartha llega a Buddha

XIV.- RUEGO DE BRAHMA (1)

1. Cuando el Bienaventurado llegó al estado de Buddha, pronunció estas solemnes palabras:

2. «La plenitud de la felicidad es la liberación del mal. La felicidad es la ausencia de concupiscencia y la destrucción de todo órgano que descansa sobre la idea de: «Yo soy» (2).

3. He descubierto la verdad más profunda, sublime y productora de paz; pero difícil de comprender, porque la mayoría de los hombres se agitan en una esfera de intereses mundanos y se complacen en los deseos del mundo.

4. El que vive en el mundo no comprenderá la doctrina, porque para él la dicha no existe sino en la personalidad, y la felicidad, que consiste en una sumisión completa a la verdad, no la puede concebir.

5. Ese llamará resignación lo que es para el iluminado el más puro de los goces. Verá el aniquilamiento allí donde el perfecto halla la inmortalidad, y considerará como la muerte lo que el vencedor del «yo» sabe es la vida eterna.

6. La verdad permanece oculta para el que yace en la servidumbre del odio y del deseo. El Nirvana queda incomprensible y misterioso para el espíritu vulgar, que está circundado de intereses mundanos, como entre nubes.

7. Si predico la doctrina y la humanidad no la comprende, no tendré por ello más que fatiga y disgusto.»

8. Entonces Brahma Sahampati descendió de los cielos y, después de adorar al Bienaventurado, dijo:

9. «¡Ay, el mundo va a perecer si el Santo, el Tathagata, no se decide a predicar el Dharma!

10. Sé misericordioso con los que luchan, ten compasión de los que sufren, ten piedad de los que están presos en las redes del dolor sin esperanza alguna.

11. Hay seres que están casi limpios de la mancha de apego al mundo, y esos se perderían si no oyesen la predicación de la doctrina; pero si la oyen creerán y serán salvos.»

12. El Bienaventurado, lleno de compasión, miró con el ojo de un Buddha todos los seres animados y vio entre ellos seres que apenas estaban cubiertos con el polvo de lo mundano, bien dispuestos y aptos para instruirse. Y vio también a algunos que tenían conciencia del peligro de la concupiscencia y del pecado.

13. Y el Bienaventurado dijo: «Que la puerta de la inmortalidad se alza de par en par a todos los que tengan oídos para oír, que puedan recibir el Dharma con fe.»

14. Entonces Brahma Sahampati comprendió que el Bienaventurado había acogido su ruego y que predicaría la Ley.

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(1) Fuente: Mahavagga, I, 5.
(2) Ídem. 1, 3, 4.

 

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