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Doma del buey 9 - Kakuan - ShubunLA DOMA DEL BUEY (texto completo)

KAKUAN, maestro Zen, s. XII

Índice  

1. Buscando al buey

En los prados de este mundo, buscando al buey, sin descanso,
voy apartando las altas hierbas.
Siguiendo ríos sin nombre, perdido entre los confusos senderos de lejanas montañas,
desesperado y exhausto, no puedo encontrar al buey.
Oigo únicamente el canto nocturno de los grillos, en el bosque.

Comentario: El buey nunca se ha extraviado. ¿Qué necesidad tenemos de buscarlo? Si no lo encuentro es sólo porque me he separado de mi verdadera naturaleza. Confundido por los sentidos, he perdido incluso su rastro. Lejos de mi hogar, veo muchas encrucijadas, pero desconozco cuál es el camino bueno. La avidez por las cosas y el temor de perderlas, el bien y el mal, me perturban y aturden.

2. Descubrimiento de las huellas

Junto a la orilla del río, bajo los árboles, ¡descubro sus huellas!
Incluso sobre la fragante hierba veo sus pisadas.
Y en lo profundo de las remotas montañas también se las encuentra.
Su rastro a nadie puede pasar desapercibido.

Comentario: Comprendiendo la enseñanza, veo las huellas del buey. Y aprendo ahora que así como de un único metal se forjan muchos utensilios, del tejido de mi yo más íntimo se forman miríadas de entidades. A menos que las discierna, ¿cómo diferenciaré lo cierto de lo falso? Aún sin atravesar la puerta, he reconocido el camino.

3. Encontrar al buey

En la enramada lejana, un ruiseñor canta alegre.
El sol es cálido, la brisa suave, los sauces verdean a lo largo de la orilla del río.
El buey está ahí, ¿cómo podría ocultarse?
¿Qué artista sabría dibujar esa espléndida cabeza, esa majestuosa cornamenta?

Comentario: Al oír la voz, podemos intuir su fuente. Cuando los seis sentidos se unifican, atravesamos la puerta. Sea cual sea la puerta de entrada, se ve la cabeza del buey. Esta unidad es como la de la sal en el agua, como la del color en un material tintado. Ni siquiera la partícula más pequeña está separada de su Ser.

4. La captura del buey

Lo atrapo tras una implacable lucha.
Su ruda voluntad y su fuerza son inagotables.
Y se lanza hacia la colina distante, tras las lejanas brumas.
O se dirige hacia un barranco impenetrable.

Comentario: Desde hace mucho tiempo pastaba en los campos silvestres, ¡pero hoy lo he atrapado! Encandilado por los paisajes, confunde los caminos. Anhelando sus verdes pastos, vaga desorientado. Su espíritu es todavía obstinado y sin freno. Si quiero someterlo debo alzar mi látigo.

5. La doma del buey

Necesito del látigo y la soga.
De lo contrario podría escapar en los polvorientos caminos.
Bien adiestrado, es de espíritu dócil.
Entonces, sin dogal, obedece a su dueño.

Comentario: Cuando sobreviene un pensamiento, otro le sucede. Si el primer pensamiento brota desde la iluminación, cuantos le siguen son verdaderos. Pero si emerge de la ilusión, todo se hace falso. La ilusión no es consecuencia de la objetividad, es el resultado de la subjetividad. Sujeta con fuerza al buey por el anillo de la nariz y no dudes ni un instante.

6. Volver a casa a lomos del buey

A lomos del buey, lentamente regreso a casa.
El son de mi flauta llena la tarde.
Marco con la mano la armonía que me acompaña, y dirijo el ritmo eterno.
Quien oiga esta melodía me acompañará.

Comentario: La lucha ha terminado, superados ya el afán por los logros y el temor a las pérdidas. Canto la canción del leñador de la aldea y entono melodías infantiles. A lomos del buey, contemplo las altas nubes. Sigo adelante, sin importarme los deseos que me incitan a retroceder.

7. El buey, superado

Montado sobre el buey, vuelvo a mi hogar.
Estoy sereno. El buey también puede descansar.
El alba ha llegado.
En este dulce reposo, en mi cabaña, dejo a un lado el látigo y la soga.

Comentario: Todo está sometido a una única y misma ley; somos nosotros los que hacemos del buey una realidad temporal. Pero es como la relación entre el conejo y la trampa, los peces y la red. O como el oro y la escoria, o la luna que asoma a través de la nube. Un sendero de clara luz viaja por el tiempo sin fin.

8. Ambos, el buey y uno mismo, superados

El látigo, la soga, uno mismo y el buey, todos, se funden en la Nada.
Este cielo es tan vasto que ninguna palabra lo puede abarcar.
¿Podría un copo de nieve subsistir en el ardiente fuego?
Aquí están presentes los vestigios de los antiguos maestros.

Comentario: La vida vulgar e ignorante ha cesado. Ahora el espíritu carece de impurezas y límites. No trato de encontrar el estado de iluminación; ni permanecer allí donde no existe ninguna iluminación. Como a ninguna condición me ato, los ojos no me pueden ver. Aunque cientos de pájaros cubriesen de flores mi camino, este homenaje nada significaría para mí.

9. Regresando a la fuente

Se han dado demasiados pasos para volver a la raíz y la fuente.
¡Más habría valido ser ciego y sordo desde el principio!
El hogar en la más verdadera morada de uno mismo, indiferente a las cosas exteriores.
Sin esfuerzo, fluyen las aguas del río y las flores son rojas.

Comentario: La verdad es clara desde el comienzo. Tranquilamente, en silencio, observo los diversos modos de nacimiento y muerte. El que no tiene apego a la identidad y la forma, ya no necesita de una mejor transformación. El agua es esmeralda, la montaña añil, y veo aquello que crea y lo que destruye.

10. En el Mundo

Descalzo y con el pecho desnudo, me mezclo con la gente del mundo.
Mi ropa está remendada y cubierta de polvo, y soy más dichoso que nunca.
No uso magia para alargar mi vida,
pero ahora, ante mí, los árboles marchitos se cubren de flores.

Comentario: Tras mi puerta, ni mil sabios me podrían conocer. La belleza de mi jardín es invisible. ¿Por qué deberíamos buscar las huellas de los antiguos maestros? Voy a la plaza del mercado con mi botella de vino y vuelvo a mi hogar con mi bastón. Visito al vendedor de vino y frecuento el mercado, y todos a los que miro se iluminan.
 

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