|
| |
|
UNED - CURSO DE
ACCESO
FILOSOFÍA E INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA
RESUMEN
DEL MANUAL "INTRODUCCIÓN AL PENSAMIENTO FILOSÓFICO. Filosofía y
Modernidad" |
|
|
Moisés González
Editorial Tecnos
|
|
|
|
Volver
a la página principal (materiales para el Curso de Acceso) |
|
| |
|
|
|
CAPÍTULO
2.
RAZÓN Y FE EN LA EDAD MEDIA
Capítulo 1 -
Capítulo 3 -
Capítulo 4 |
|
|
Índice
del tema
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
1.
RELIGIÓN Y FILOSOFÍA: DOS FORMAS DE MIRAR EL MUNDO
La relación entre religión y filosofía, entre
razón y fe, fue una de las preocupaciones
básicas y fundamentales en la Edad Media. Esta relación fue atormentada y
tortuosa, llena de altibajos y conflictos. Y ello porque se trata de dos
concepciones del mundo muy distintas:
-
la primera se presenta como
dada o revelada por Dios a las hombres, y la segunda como
obtenida por ellos mismos a través de la actividad de su mente
racional;
-
la palabra religiosa se
presenta como definitiva, pronunciada de una vez y para siempre, y
poseedora de una verdad absoluta; la palabra
filosófica, en cambio, se muestra siempre como una palabra
reflexiva, nunca única ni definitiva, dada en el tiempo,
frágil y abierta para ser completada, corregida o sustituida por otra.
Desde el punto de vista de la filosofía, esta confrontación es
consecuencia del intento de la razón de reivindicar su lugar en el saber
humano, su autonomía frente a cualquier tipo de imposiciones. Se trataría
de no subordinar la filosofía a la teología, la razón a la fe.
Desde el punto
de vista de la fe, la historia de esta relación se centró principalmente
en el tema de la compatibilidad o incompatibilidad entre ambas. En este
tema podemos encontrar varias posturas:
-
La de aquellos que, en nombre
de la fe consideran que ésta se basta a sí misma, por lo que la filosofía
sería superflua, cuando no dañina. Esta respuesta está ligada al
desprecio, tan característico del cristianismo medieval, de la naturaleza,
la vida terrenal y el saber mundano. Un ejemplo de esta actitud lo tenemos
en Tertuliano (siglo II) y en su famosa frase “credo quia absurdum”
(“creo porque es absurdo”).
-
Una actitud más moderada se
encuentra en San Agustín y San Anselmo, quienes consideran posible y
necesaria una colaboración entre la fe y la razón; de todos modos, en
estos autores la filosofía aún sigue subordinada a la fe y la teología
pues considerarán que la fe debe servir de guía de la razón y utilizarán
la razón casi exclusivamente como un instrumento para aclarar las tesis
aceptadas mediante la fe.
-
Aún más tolerante se muestra
Santo Tomás: defiende el equilibrio y armonía entre fe y razón y llega a
considerar que la razón, sin la ayuda de la revelación, puede dar lugar a
un verdadero conocimiento. La fe y la razón son dos formas de conocimiento
distintas, separadas, pero compatibles.
De todos modos,
se debe recordar que en realidad esta cuestión no es exclusiva de la Edad
Media y, por ejemplo, también estará presente en la Edad Moderna.
|
|
|
2. Razón y fe en el mundo
medieval
El triunfo del cristianismo en el mundo
occidental influyó decisivamente en el pensamiento filosófico. Por su
parte, la filosofía permitió al cristianismo fijar y precisar sus propias
creencias y crear con ellas una doctrina. Dado que la actitud filosófico
suponía un peligro para la religión, el acercamiento no fue pacífico,
aunque no todo pensamiento filosófico se vio como igualmente peligroso.
Los primeros autores cristianos, los llamados
Padres de la Iglesia adoptaron diferentes
posturas ante la filosofía, unos la rechazaron y otros creyeron encontrar
continuidad entre el cristianismo y la filosofía griega.
San Pablo es un claro ejemplo de
esta doble actitud: en su discurso a los atenienses en el Areópago les
indica que el “Dios desconocido” al que los griegos dedicaron un altar
entre los demás dioses, es el Dios cristiano; este discurso tiene un tono
positivo en relación a la sabiduría profana. Sin embargo, en otros textos
contrapone la “sabiduría del mundo” (la que es consecuencia de la razón
natural) a la “sabiduría cristiana” (la que descansa en la fe y la
revelación) y recomienda no dejarse convencer por la sabiduría de los
hombres sino por el “poder de Dios”, previniendo al lector de la vana
filosofía que aparta de la verdadera fe en Cristo.
En los primeros siglos del cristianismo,
encontramos actitudes diversas ante el pensamiento filosófico:
-
Tertuliano (169-220)
reivindica la fe cristiana frente a la filosofía griega, incluso aunque
parezca una locura o absurdo el mensaje cristiano (por ejemplo la idea
de que el Dios pueda morir en la cruz).
-
Algunos Padres de la Iglesia
como Clemente de Alejandría
(150-214) defendieron la filosofía como propedéutica o preparación para
la fe. Para Clemente la filosofía griega fue algo concedido por Dios
para preparar la llegada de Cristo.
-
San Agustín (354-430)
defiende también la continuidad entre el cristianismo y la filosofía,
identificando el cristianismo como la verdadera filosofía, si
entendemos por filosofía la búsqueda de un saber que nos muestre el
camino para la felicidad. Para él la verdad se encuentra en la palabra
de Dios presente en las Escrituras. Y aquí encontrará una de las
finalidades del esfuerzo intelectual: la comprensión del mensaje divino.
La fe y la razón están perfectamente relacionadas:
-
“Crede ut intelligas”
(“creo para comprender”): sin la fe es imposible la plena comprensión de
la realidad, por lo que debe servir de guía a la investigación racional.
-
“Intellige ut credas”
(“comprendo para creer”): la fe sin comprensión no es auténtica; la razón
puede ayudarnos a mantener una fe más firme y convincente.
- San Anselmo
(1033-1109) se mantiene en esta misma línea, y aspira también a la
inteligencia o comprensión de los contenidos de la fe. Sin embargo, no se
trata de que la razón nos permita llegar de modo independiente a la verdad
religiosa; su visión de la capacidad de la razón es más moderada: el
conocimiento racional nos permitirá vivir de un modo más profundo y
verdadero lo que nos enseña la fe. La razón por sí sola puede desembocar
en la herejía, necesita de la fe para orientarse. No se trata de “entender
para creer”, de utilizar la razón para la justificación de las verdades
religiosas, antes al contrario, de “creer para entender”, de dejarse guiar
por la fe para apoyarse en la razón y con ella entender la verdad (“si no
creyereis, no entenderéis”. El pecado original supuso también la caída de
la razón y únicamente la gracia de Dios puede redimirla. El ejemplo más
importante de su reivindicación de la razón y de su creencia en las
“razones necesarias” es el argumento ontológico (argumento que parte de
nuestra idea de Dios como el “ser mayor que el cual nada puede pensarse” y
concluye racionalmente en su existencia).
Sin embargo el
descubrimiento de la filosofía aristotélica a finales del siglo XII,
supuso una conmoción para el pensamiento cristiano: el pensamiento
aristotélico supuso el descubrimiento de la posibilidad de utilizar
únicamente la razón para crear un sistema racional de afirmaciones acerca
de la realidad. Esto provocó la necesidad de encontrar una nueva
justificación de las relaciones entre la filosofía y la religión.
En esta línea destacó la
figura de Santo Tomás de Aquino (1225-1274). En su filosofía se
integra de modo armónico el pensamiento aristotélico y las
afirmaciones principales de la religión cristiana. Separó
claramente la filosofía y la teología, el conocimiento
racional del conocimiento basado en la fe y la revelación (en
los Textos Sagrados). El uso de la razón da lugar a la esfera de
conocimiento natural (puesto que la razón es una facultad que se
encuentra en la naturaleza humana); el uso de a fe y la revelación da
lugar a la esfera de conocimiento sobrenatural (puesto que la fe es
un don de Dios y la revelación su Palabra). Pero estas dos esferas no son
incompatibles, ocurre más bien que se produce entre ellas una
intersección: habrá un subconjunto de verdades naturales a las que no se
puede llegar por la fe (las matemáticas, por ejemplo), otro subconjunto de
verdades sobrenaturales que jamás se podrán demostrar racionalmente (los
misterios como el de la Eucaristía) y finalmente, otro subconjunto de
verdades, el más interesante, que podemos alcanzar tanto mediante la fe
como utilizando la razón (nada menos que la existencia de Dios y la
inmortalidad del alma, por ejemplo). Esto quiere decir que la razón goza,
para Santo Tomás, de posibilidades extraordinarias puesto que nos permite
llegar hasta el mundo sobrenatural. Sin embargo, este autor aún defiende
la subordinación de la razón a la fe. Veámoslo: las dos esferas de
conocimiento no son incompatibles, no hay una oposición verdadera entre
el correcto uso de la razón y la fe. Y ello porque en definitiva
las dos dependen de Dios: Dios da directamente a los hombres las
verdades reveladas y las que son objeto de fe, e indirectamente las
verdades naturales puesto que es Él quien ha puesto en nuestra alma la
capacidad para el conocimiento que llamamos razón. Sin embargo Santo Tomás
se encuentra con un problema: de hecho sucede que nuestra razón concluye
en afirmaciones contrarias a los dogmas de la religión. En este caso,
cuando parece que hay incompatibilidad entre estas dos esferas, ¿quién
lleva la peor parte? Santo Tomás responderá que la razón, la filosofía.
Puesto que Dios es infalible, y su palabra también, seremos nosotros, los
hombres los que nos habremos equivocado al utilizar nuestra razón. En caso
de conflicto es la filosofía la que tiene que rectificar sus afirmaciones,
no la religión. (Por cierto, Santo Tomas no atiende a otra posibilidad:
que aún cuando podamos considerar a Dios como infalible, ocurra que los
hombres nos equivocamos al interpretar su palabra, por lo que cabría
rectificar lo considerado como palabra de Dios. Esta es la posibilidad que
de hecho se dio después, en los siglos siguientes, en donde ha tenido que
ser la religión la que acomodara su interpretación de los Textos Sagrados
a las afirmaciones racionales, tanto de la filosofía como de la ciencia.)
En Santo Tomás la fe debe servir de guía para el ejercicio de la razón.
Los
ataques más consistentes a la posibilidad de emplear la razón para la
tarea de aclarar la religión vinieron de la mano de Guillermo de Occam
(1285-1349), el cual, sobre la base de la tesis empirista de rechazar
cualquier tipo de conocimiento que pretenda trascender los límites de la
experiencia, estableció una radical separación entre teología y
filosofía, rompiéndose de esa forma la continuidad entre ambas que
había defendido Santo Tomás. Las verdades de fe resultan inaccesibles a
la razón y, por lo tanto, la verdad revelada queda totalmente excluida
del ámbito del conocimiento humano, que no puede ser otro más que el de la
naturaleza, donde la libertad de investigación debe ser total, sin
limitación alguna. No es posible dar razón y explicar las cosas que
creemos por fe, ni siquiera la propia existencia de Dios. |
|
|
3. RAZÓN Y FE EN EL
MUNDO JUDÍO: MAIMÓNIDES
El problema de las relaciones entre fe y
razón se planteó en el mundo judío en términos muy parecidos al mundo
cristiano:
-
Los ortodoxos judíos
consideraron que la filosofía representaba un peligro para la fe pues
podía conducir a la herejía y provocar dudas e incertidumbre que podía
apartar a la gente de la fe.
-
Los judíos también creyentes
pero amantes del saber pensaron que tener fe no debía implicar la renuncia
a la razón pues el Creador había infundido al hombre la inteligencia, que
era una perfección.
En esta línea se encuentra el pensador
cordobés Maimónides (1135-1204). Su meta fue conciliar la Torá y
el Talmud con la filosofía de Aristóteles. (Torá: título que la
religión judía da al Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo
Testamento: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio;
genéricamente se utiliza también este término para designar toda la ley
judía, revelada por Dios e interpretada por sacerdotes, profetas y sabios.
Talmud: libro del siglo IV que contiene la tradición, doctrinas,
ceremonias y preceptos de la religión judía. Son los textos fundamentales
de la religión y de la ley judías).
Maimónides considera la razón como el más
precioso don de dios, llegando a creer que el estudio de la filosofía es
un mandato bíblico al posibilitar al hombre un mejor conocimiento de Dios
a través del conocimiento de la verdad. El pensamiento puede fortalecer la
fe:
-
la razón puede permitir la
comprensión de la fe,
-
además permite enfrentarse a
las falsas creencias y a los ataques de los enemigos.
Así, en su obra Guía de perplejos,
intentará mostrar a los que se inician en la filosofía y acaban en un
estado de confusión y perplejidad, que en realidad, bien utilizada la
razón, ésta no es contraria a las convicciones religiosas. Propondrá el
estudio científico de la Torá, para conocer el verdadero significado de
los textos bíblicos. Las Escrituras son palabra de Dios, pero en el
lenguaje de los hombres y adaptada a la medida de la inteligencia del
vulgo, por lo que no pueden ser tomadas literalmente. Las palabras de las
Escrituras las debemos entender como un lenguaje alegórico. Por
esta razón, Maimónides inicia el camino para la desmitologización y el
estudio crítico de la Biblia.
La
especulación filosófica debe confirmar las verdades de la Ley por medio de
la genuina especulación, respetando la verdad porque la fe es verdad. Sin
embargo, hay cosas que el intelecto humano no es capaz de entender, como
determinadas verdades que conocemos a través de la fe y de la revelación.
La inteligencia humana tiene un límite, y en esos casos debemos silenciar
la razón y limitarnos a la fe. Aunque aristotélico, Maimónides se apartará
del filósofo griego en aquellas doctrinas contrarias a los dogmas del
judaísmo, como por ejemplo la tesis aristotélica de la eternidad del
mundo, que parece enfrentarse a la idea bíblica de la creación. En opinión
de Maimónides no es posible probar filosóficamente ni la creación ni la
eternidad del mundo, aunque cree que la razón muestra más plausible lo
primero que lo segundo.
A pesar de su visión
moderada del papel de la filosofía, los ortodoxos judíos le atacaron por
considerar que su obra era peligrosa para la fe.
|
|
|
4. LA RAZÓN Y FE EN
EL MUNDO ÁRABE: AVERROES
En el mundo
árabe la presión de la religión islámica sobre la filosofía no fue tan
fuerte como en el mundo cristiano y en el judío. Los árabes asimilaron antes
la filosofía griega que las otras dos culturas: fomentaron las traducciones
al árabe de los textos griegos, por lo que pronto comenzó la racionalización
del Islam. Pero también aquí entraron en conflicto las verdades reveladas
con las diversas teorías de la filosofía griega, el conflicto entre fe y
razón, entre filosofía y teología. Las posturas ante el conflicto son las ya
conocidas:
-
Las escuelas de carácter místico
rechazaron el análisis racional de la fe.
-
El Islam oficial u ortodoxo vio con recelo
y preocupación el desarrollo de la especulación filosófica por considerarla
un peligro para la fe pura, provocando errores heréticos.
-
Sin embargo, la posición dominante fue la
de armonía entre filosofía y religión, tal como fue defendido por sus
principales representantes, como Al-Kindi, Al-Farabi o
Avicena.
El principal
enemigo de los filósofos fue el místico musulmán Algazel (1058-1111)
quien mantuvo un escepticismo filosófico que le llevó a la mística y a la
defensa estricta de las leyes coránicas. Quiso defender la fe
combatiendo a los filósofos con sus propias armas, intentando poner de
manifiesto que la razón no podía alcanzar ningún tipo de certeza en las
proposiciones metafísicas acerca de Dios y del mundo, por lo que tampoco
podía servir guía para la solución de los problemas de la vida. Los
filósofos defienden tesis contradictorias, las opiniones filosóficas
contrarias a los dogmas religiosos carecen de todo fundamento. Obras
principales: Intenciones de los filósofos e Incoherencia de los
filósofos.
El cordobés
Averroes (1126-1198), el más célebre filósofo del Islam medieval, sin
embargo, mantuvo una actitud bien distinta: defensor de la filosofía y de
la libre investigación, redactó contra Algazel su Incoherencia de la
Incoherencia. En este texto quiso restaurar la confianza en la
filosofía, en la razón humana, llevando a cabo una lectura directa e
independiente de Aristóteles, libre de toda contaminación
teológica o neoplatónica, lo que le convirtió en el más famoso y reconocido
comentarista del filósofo griego. Quiso rebatir también la posición de
Algazel. Los errores filosóficos no invalidan la filosofía como camino de
acceso a la verdad, cuya conquista se debe al esfuerzo racional de muchos
hombres a través de la historia. Defendió la autonomía de la filosofía
como la verdadera ciencia del hombre, la primacía del saber filosófico y
científico sobre cualquier saber. Su ideal es una filosofía pura,
estricta, sin concesiones ni supuestos: la investigación filosófica no
tenía por qué estar subordinada a la enseñanza de la teología. Su objetivo
es la búsqueda de la verdad por medio de una especulación racional rigurosa
y sistemática. Esto no quiere decir que la filosofía se tenga que enfrentar
a la religión: fue un creyente sincero, admitió la revelación de Dios al
profeta Mahoma y consideró al Corán como el Libro de Dios, y, por tanto,
como absolutamente verdadero. Creyó que hay dos vías de acceso a la verdad,
pero la verdad sigue siendo una, por lo que la verdadera filosofía no puede
ser peligrosa para la fe.
La verdad
filosófica sólo es accesible a unos pocos, los sabios; por su parte, la
verdad revelada pretende llegar a todos los hombres, por lo que adopta un
lenguaje vulgar, simbólico y alegórico, que resulta suficiente para la
consecución de la felicidad. Cuando se da una contradicción entre la palabra
divina y la palabra filosófica, dicha contradicción sólo puede ser aparente,
nunca una discrepancia esencial. Si la filosofía no podía ser un peligro
para la fe, tampoco la fe podía ser un peligro para la verdadera
filosofía, pues ésta se constituye en única intérprete del verdadero
significado de la palabra revelada, que a veces exige una
interpretación alegórica. Se trata de niveles de aproximación a la
verdad distintos, uno que corresponde a la interpretación vulgar o alegórica
del texto sagrado, que recoge la sabiduría religiosa, y el otro el
filosófico, el único que puede darnos el significado preciso y exacto de la
palabra divina.
Para él, las
religiones son construcciones necesarias, tanto por su verdad como por su
utilidad práctica, dado que son indispensables para que todos los hombres
puedan alcanzar la virtud y la felicidad; además favorecen la cohesión y el
orden social. La filosofía también tiene estas funciones, aunque con un
alcance más limitado, el de los sabios.
El pensador
cordobés influyó más allá de los países islámicos, llegando al mundo latino
medieval y al Renacimiento, en particular en los llamados averroístas
latinos. En el mundo cristiano fue muy criticado y condenado por su
defensa de una filosofía estricta, por no subordinar como correspondía la
filosofía a la teología.
|
|
| |
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
|