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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
2ª parte - Psicología racional - Cap. I - Substancialidad del alma
humana
Capítulo I. Substancialidad del alma humana -
Artículo I
La palabra substancia se ha formado en nuestra lengua por la unión de
las dos latinas sub y stare, y significa, según dicha etimología,
estar
debajo. Aclarando el sentido de esta frase, podremos decir que expresa
aquello que sirve en los seres como de fundamento estable, sobre el cual
descansan los accidentes, fenómenos y modificaciones, que los mismos
seres experimentan.
Al concepto de substancia acompaña siempre el de cosa, ser o entidad
que subsiste por sí mismo; pero no ha de entenderse que esta propiedad
otorgue al ser que la posee una independencia absoluta; significa
únicamente, que el ser substancial no necesita de inherencia a otra cosa
para existir, porque a Dios plugo dotarle de una naturaleza que lleva en
sí las condiciones y elementos necesarios para su propia existencia.
Sabemos por la experiencia externa que existen muchas substancias
corpóreas, muchos objetos sensibles, que al ser observados por nosotros
nos permiten descubrir un elemento permanente, en medio de la
extraordinaria variedad de cambios y modificaciones, que ofrecen a
nuestra atención. Tales mudanzas no son sino modos de ser de una
substancia, cuya naturaleza no cambia ni varía, y sirve de fundamento al
elemento variable.
Invocando ahora el testimonio de la experiencia interna, él nos dice que
también en nosotros existe un ser fijo, permanente, que muestra su
actividad de modos muy diversos, quedando él mismo a través de
innumerables modificaciones, ocasionadas por la variedad de actos
propios del sentir, recordar, imaginar, juzgar, raciocinar y querer.
La substancia es el ser dotado de la virtud de obrar por sí,
permaneciendo el mismo como sujeto de sus propias modificaciones, y
esto ciertamente acontece en el alma; luego bien podremos concluir
afirmando que el alma humana es una verdadera substancia.
Los que niegan arbitrariamente la substancialidad del alma y sólo ven la
serie de fenómenos y de actos que en nosotros se verifican, no pueden
reducir a la unidad los opuestos entre sí, faltos, según ellos, de
principio substancial, ni pueden dejar de sustantivas las cualidades,
modificaciones y accidentes, cuyo asiento natural y necesario es la
substancia.
Además, las facultades productoras de los actos no son sino su
principio próximo, instrumentos del alma; y el principio remoto e
indispensable es el alma misma, substancia dotada de actividad.
Es cierto que el alma, principio remoto y substancial, necesita de la
unión con el cuerpo, tanto para que resulte la unidad
hombre, cuanto
para que pueda ejercitar sus potencias orgánicas. Esto no altera en modo
alguno su ser substancial, formado para que exista en la vida presente
íntima unión con el elemento corpóreo. Por esto es lógico afirmar que
el alma considerada en sí misma o sea con separación del cuerpo,
subsiste con imperfección y que es una substancia incompleta.
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(1) Z. Gonz.- Fil. Elem.- T. I. p. 326
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