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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
1ª parte - Psicología empírica - Cap. II - Dinamilogía. Esthética
Capítulo II. dinamilogía. Esthética - Artículo I. De
la sensibilidad en general
La significación propia del nombre con que se señala la parte de la
Dinamilogía, consagrada al estudio de la sensibilidad, da a conocer el
acto producido en el alma como término necesario para que en ella tenga
lugar el conocimiento sensible; es a saber: la sensación. Fenómeno
complejo es éste, que no llega a realizarse sin la intervención del
elemento corpóreo; y semejante acto da a conocer un modo de obrar de la
facultad, que es su principio próximo. Pero en alguna otra forma y por
el mismo conducto o instrumento, se manifiesta a veces, la actividad
esencial, en actos de afección o emociones, que siguen a percepciones
determinadas.
Este nuevo y admirable fenómeno, es un hecho que recoge la observación
interna y que revela un modo de obrar más elevado y excelente, acusando
como la existencia de una superior esfera, no desligada de la
sensibilidad, pero que se relaciona y enlaza con las más altas
facultades de que ha sido dotada el alma del hombre, y en donde se
produce el llamado sentimiento. En la oscura y misteriosa naturaleza de
la facultad se originan, pues, dos especies de fenómenos; y, bien
podemos decir de ella, que es cognoscitiva y
afectiva.
Atendiendo a ese doble carácter, la definiremos, diciendo que
es la
sensibilidad, una facultad del alma, por cuyo ejercicio ésta percibe los
objetos materiales, y a veces experimenta afecciones relacionadas con
dicho conocimiento.
Siempre que se manifiesta la actividad del alma por mediación de esta
potencia, ese movimiento se dirige a objetos del orden físico, si obra
con el carácter de cognoscitiva; y aún en muchas ocasiones con el de
afectiva, y esto es bastante para revelar que se trata de una facultad
orgánica. Sus instrumentos son los llamados
órganos de los sentidos.
También afirmarnos que es facultad
pasiva, pues aunque en el mero hecho
de producir actos, siendo el principio próximo de ellos, corresponda a
toda facultad el carácter de activa, empleamos aquella denominación de
pasiva para significar que la facultad obra después de que sus órganos
han recibido la acción del objeto material; y esto acusa como
una
indiferencia y pasividad, de la cual no sale sin la acción y solicitud
del objeto.
Todos los que constituyen el mundo físico obran o pueden obrar sobre
nuestro cuerpo, bajo muy diversas aptitudes y cualidades; y estando
nuestro elemento corpóreo tan estrechamente ligado con la asombrosa
variedad de seres que constituyen la Naturaleza, claro es que por el
ejercicio de la facultad, que ahora ocupa nuestra atención, podemos
alcanzar de aquélla, los elementos o partes convenientes a nuestra
conservación y desarrollo físicos, y evitar los contrarios.
La sensibilidad, en cuanto es facultad cognoscitiva, se divide en
interna y externa. La primera, valiéndose de órganos situados en el
interior de nuestro cuerpo, trasmite al alma la noticia de estados y
afecciones físicos, que se efectúan en el cuerpo mismo, más los datos
relativos a las sensaciones correspondientes a los diferentes sentidos,
que ejercita la sensibilidad externa. Y ésta comprende los cinco
sentidos, llamados con poca propiedad corporales, porque lo que hay en
el cuerpo, formando partes de él, son los instrumentos u órganos de que
se valen los sentidos para su ejercicio. Los sentidos, por consiguiente,
son del alma y los órganos son del cuerpo.
Establecida esta conveniente distinción, nos ocuparemos de la
sensibilidad externa, como facultad que pone al alma en comunicación con
los objetos materiales, por mediación de los instrumentos u órganos
correspondientes, sin cuyo ejercicio no podría efectuarse aquella
necesaria comunicación, quedando en tal caso la facultad en permanente
estado de potencia, y el alma sin llegar al conocimiento de los objetos
pertenecientes al orden sensible.
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