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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
2ª parte - Psicología racional - Introducción
SEGUNDA PARTE. PSICOLOGÍA RACIONAL
Introducción
Hasta aquí alcanza la obra de la observación interna en el estudio y
conocimiento del alma humana.
Hemos recogido abundantes datos, que nos ha proporcionado el examen de
las facultades, e inútil sería que nos esforzáramos para penetrar
directamente, con la vista de la conciencia, hasta el fondo de la
substancia en quien residen los admirables medios de acción, que la
Dinamilogía nos ha dado a conocer.
Para investigar cuál sea la naturaleza del agente que
usa de tan variados instrumentos y averiguar cuáles sean sus atributos y propiedades
esenciales, se hace preciso valerse de un medio que alcance más que la
simple observación de los fenómenos; pero estos, a su vez, nos han de
servir de base para remontarnos a la consideración del principio que
los produce, y por la naturaleza de los hechos, fácilmente podremos
llegar al conocimiento de la naturaleza del alma que los muestra.
El raciocinio, operación propia de la facultad suprema, será el precioso
instrumento que nos alcanzará el conocimiento deseado; y del ejercicio
necesario que de él hemos de hacer, para lograr el resultado propuesto,
toma nombre esta segunda parte de nuestro estudio, que no sólo no se
opone a la materia y doctrina que ha sido objeto de la primera, sino que
por el contrario es como su desarrollo natural y necesario complemento.
Ocasión oportuna es esta, para decir, que así como en la Psicología
empírica no hubiera sido posible llegar a formarnos una idea de cómo
obra y se manifiesta la actividad esencial del alma humana si
hubiéramos prescindido de las interesantes funciones de la sensibilidad,
necesitada para su ejercicio de órganos corpóreos, de igual modo, en la
Psicología racional no podríamos conocer el alma toda si hiciéramos
absoluta abstracción del cuerpo al cual se halla unida, y para cuya
unión ha sido creada por Dios.
Momentos hubo en la primera parte y otros llegarán en la segunda, en los
cuales nuestro estudio podría merecer el nombre de antropológico. Pero
solo nos hemos detenido, e igual haremos en lo que resta, el tiempo
bastante para explicar el problema de los actos del alma, entonces, y el
no menos interesante y necesario de su estrecha unión con el cuerpo,
ahora. Si nuestra enseñanza no abrazara tales extremos, seguramente
habría de quedar incompleta.
Habremos, pues, de ocuparnos en esta segunda parte, en primer término,
de las razones que acreditan la substancialidad del alma, pasando
después a determinar cuáles sean sus atributos esenciales, qué
caracteres señalan su unión con el cuerpo, de dónde procede este noble
elemento de nuestro ser humano, ilustrando tan importante materia con el
breve examen de las principales doctrinas relacionadas con el asunto que
va a constituir el objeto de nuestra atención y de nuestro estudio.
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