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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
2ª parte - Psicología racional - Cap. I - Substancialidad del alma
humana
Artículo VII - Últimos problemas de la Psicología
(1)
Tres son las interesantes cuestiones cuyo planteamiento y posible
solución pone fin a nuestro no largo trabajo.
Refiriéndose el estudio del alma a su estado actual, no es posible
prescindir de su unión con el cuerpo; he aquí el
primer problema.
Hallándose, como lo está, unida al cuerpo, es preciso averiguar
si
reside en solo una parte, en varias o en todo él. Esta es la
segunda
cuestión.
Por último, la substancia simple, espiritual e inmortal, como finita y
contingente, ha tenido seguramente un origen. Este es el tercer
problema.
Vamos a ocuparnos brevemente de cada una de estas interesantes y
trascendentales cuestiones.
1ª De la unión del alma racional con el cuerpo.
Misterio, y grande, encierra el enlace de los dos elementos, cuyas
respectivas naturalezas ofrecen radical oposición. Resultado de tan
estrecho vínculo es el ser humano, o lo que es igual, una tercera y
nueva substancia, distinta, a su vez, de cada uno de los dos principios
que concurren a su formación.
No sería bastante para producirla la simple agregación de los
componentes; era preciso que existiera entre ellos como una
compenetración, que diera por resultado un ser que participando de las
propiedades del uno y del otro, fuese en realidad distinto y más
perfecto que cada uno de ellos. Tan admirable efecto sólo puede ser
producido por la unión substancial que enlaza íntimamente dos
substancias incompletas, y que por la unión substancial se completan
recíprocamente, formando una nueva esencia específica, cual es el
hombre.
A pesar de tan estrecho vínculo, cada uno de los coprincipios
substanciales conserva su propia naturaleza.
El hombre forma una persona, es decir,
un ser subsistente de naturaleza
racional. (2)
Y en efecto, por ella toma, por decirlo así, un ser real la resultante
de la unión, significándose por la palabra yo, que expresa un sujeto que
es principio de acción y de pasión y al cual referimos tanto las
afecciones del cuerpo como las del alma. Tal es el hombre.
2.° problema.— Del sitio o lugar del cuerpo donde reside el alma.
A dos únicamente pueden reducirse las numerosas opiniones formuladas
por los filósofos: o el alma reside en un órgano, cualquiera que éste
sea, o está toda en todo el cuerpo y toda en cada una de las partes del
mismo.
Varias razones destruyen la primera opinión. No hay razón bastante para
fijar un determinado órgano como asiento único del alma. Hay muchos
esenciales para vida física y en igual caso se encuentran varios
elementos, que, sin ser propiamente órganos, son de todo punto
necesarios para la vida.
El suponer al alma residiendo en un solo lugar, vale tanto como
desconocer sus nobles atributos esenciales y renunciar a la explicación
satisfactoria del influjo y acción del alma sobre partes distintas y
remotas del órgano o parte, lugar único de su residencia.
Residir en un solo lugar, solo conviene a los cuerpos, que, estando
formados de partes, tienen cantidad, y su extensión necesita espacio
proporcionado a ella.
Se acredita, en cambio, que el alma reside toda en todo el cuerpo y toda
en cada una de las partes del mismo, considerando que todas las partes y
miembros del cuerpo se llaman humanos, lo cual significa que esta
materia goza de la presencia del alma y todas sus partes se hallan
informadas y vivificadas por el alma misma.
La simplicidad e inextensión del alma permiten su presencia en todo el
cuerpo.
La sensación se efectúa en los diversos órganos, mediante la virtud
sensitiva que el alma les comunica, hallándose presente en ellos; y como
el alma es el sujeto y este sujeto es simple y lo simple no admite
división, claro es que su presencia significa y supone la totalidad de
su ser.
Concedemos, sin embargo, que por el modo de obrar, el alma manifiesta su
actividad por medio de diferentes partes del cuerpo, y por esto puede
afirmarse, con razón, que en cuanto a su virtud operativa reside en los
diversos órganos que son instrumentos de muchas de sus facultades.
3er. problema. Del origen del alma
humana.
Si el alma hubiera existido siempre, tendría la eternidad del principio,
sería Dios. Esto afirma el panteísmo y algo muy semejante, Platón,
Pitágoras y algunas escuelas de la antigüedad.
Ni como determinación individual, ni como emanación o derivación de la
substancia divina, dejaría el alma humana de poseer los atributos de la
divinidad. Baste nuestra conciencia para refutar tan atrevida e
infundada doctrina.
No proviene ni puede provenir el alma del hijo del alma, ni mucho
menos del cuerpo, de los padres. No es del alma, porque habría de
trasmitirse toda o parte. Si lo primero, el que la trasmitiera habría de
quedar sin ella, y la experiencia lo desmiente. Lo segundo no es
posible, por oponerse a ello la simplicidad del alma.
Las teorías que sostienen que el alma procede del cuerpo o es formada
por él, cualquiera que sea la explicación que pretendan dar del
asombroso hecho, queda fácilmente destruida, sin más que invocar el
siguiente universal y racional principio axiomático: «Ningún, efecto
puede jamás aventajar en naturaleza a la causa que lo produce.»
Concluyamos diciendo que el origen del alma es la creación de la nada,
lo cual sólo puede ser obra de Dios, causa primera que la produce
inmediatamente para que informe al cuerpo y sea en el principio único de
actividad y de vida. El alma humana es creada por Dios para que se una
al cuerpo, y por la unión substancial de ambos elementos, quede
constituido el hombre, que en sí lleva este profundo misterio y a quien
no le es dado sorprender el momento en que el elemento simple y
espiritual viene a ennoblecer y dar vida a su organismo.
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(1) Al juicio de los profesores queda el suprimir o no en la enseñanza
lo que resta hasta la conclusión.
(2) J. Prisco-. Elem. De Fil. esp. T. II. P. 83
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