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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
1ª parte - Psicología empírica - Cap. VII - De la memoria en general
Capítulo VII - De la memoria en general
La memoria es una
facultad, por cuyo ejercicio el alma reproduce el
conocimiento de los objetos, dándose cuenta, a la vez, de haberlo
adquirido anteriormente.
La reproducción del conocimiento, debida a la memoria, se verifica
siempre bajo una relación necesaria con el tiempo pasado, y no porque
el objeto antes conocido existiera entonces y después haya dejado de
existir; sino porque al ser reproducido actualmente, el alma, valiéndose
de la memoria, le reconoce como existiendo en un tiempo anterior en que
por vez primera alcanzó su conocimiento.
La nota distintiva y característica del acto de la memoria es la del
tiempo pasado; y lo pasado es el objeto propio de dicha facultad. Sin
esa nota esencial, fácilmente podrían ser confundidos los actos de la
fantasía y los de la memoria, pues las representaciones de ambas se
refieren igualmente a objetos materiales; pero la nota característica
del acto de la memoria es esencial, y sirve para diferenciarlos,
haciendo imposible su reducción.
Se divide la memoria en sensitiva e
intelectiva. Esta doble
denominación expresa las dos clases de objetos que podemos conocer, y
las dos facultades cognoscitivas que el alma posée.
Con efecto, todos los objetos del conocimiento o son materiales o
inmateriales; los primeros, se relacionan con la sensibilidad; los
segundos, con el entendimiento. Esto nos lleva a considerar que si la
memoria es una facultad con objeto propio y actos distintos de los de
las demás potencias, lo es realmente mientras obra reproduciendo el
conocimiento de los objetos sensibles; pues cuando lo hace de los
inteligibles, sus actos y los del entendimiento admiten reducción a la
unidad específica, y corresponden a una sola facultad, cual es la
superior de conocer.
Considerada la memoria del modo que dejamos expuesto, a una facultad
sensitiva, no ya solo por el carácter de su objeto propio, sino por ser
potencia común al hombre y al bruto, como acredita fácilmente la
observación. Siendo sensitiva, es orgánica, aunque las investigaciones
de la ciencia no hayan logrado precisar cuál sea el órgano destinado a
servirle de instrumento. Quizá desempeñe esa misión alguna parte del
cerebro, según se sospecha, y de las condiciones del medio dependa la
variedad que se advierte en las manifestaciones de esta potencia.
Viene también a corroborar nuestra creencia de que se trata de una
facultad orgánica, la marcha paralela entre su ejercicio y el gradual
desarrollo y declinación del cuerpo.
Los recuerdos se producen unas veces espontánea y otras voluntariamente.
En muchas ocasiones la reproducción no es acabada y perfecta, y entonces
el acto de la memoria recibe el nombre de reminiscencia.
Unos filósofos han ponderado la importancia de la memoria y otros la han
rebajado con exageración. El término medio expresa entre ambos extremos
la verdad.
El buen ejercicio de la memoria proporciona al hombre beneficios muy
estimables. A ella debemos la conservación del caudal de nuestros
conocimientos y la de la riqueza de palabras que constituyen la lengua o
idioma de que nos servimos para la expresión de cuanto sentimos,
pensamos o queremos.
Para ayudar el ejercicio de la memoria y mejorarle, se ha formado un
conjunto de reglas, basadas en las leyes que rigen a las facultades, y
debidas a una prolija observación. Tales preceptos constituyen un arte,
el cual lleva el nombre de Mnemónica o arte
memorativa. Numerosas son sus
advertencias; pero solo hemos de reproducir una regla general formulada
por Quintiliano: «Si alguno pretende, dice en sus Instituciones, que yo
le dé la única y la más principal regla que hay para aprender de
memoria, sepa que ésta es el ejercicio y el trabajo; aprender mucho de
memoria, meditar mucho, si es posible todos los días, hacer esto es el
medio más poderoso. Ninguna cosa hay que en tanto grado se aumente con
el cuidado y se disminuya con el descuido.»
La repetición de actos correspondientes a una clase determinada,
engendra el hábito, y éste, a su vez, proporciona prontitud y facilidad
en su ejecución, de cuyo beneficio participa la memoria, si la
ejercitamos con regularidad y constancia.
Finalmente, suele designarse a la memoria con diversos calificativos,
según la variedad de los caracteres predominantes que la acompañan en
sus actos.
Memoria pronta, es aquella que retiene y reproduce con facilidad.
Memoria tenaz o firme, la que conserva sin menoscabo los conocimientos
que se la confían.
Memoria grande, si dichos conocimientos son en crecido número.
Memoria fiel, si retiene y reproduce con exactitud hasta las menores
circunstancias o detalles.
Memoria feliz, si reúne todas las condiciones antes enumeradas.
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