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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
1ª parte - Psicología empírica - Cap. VI - De la imaginación o fantasía
Capítulo VI - De la imaginación o fantasía
En el número de las facultades sensitivas y orgánicas, cuentan, con
razón, los autores, la que lleva el nombre de
imaginación o fantasía. En
rigor psicológico, no deben usarse indistintamente estos dos nombres,
pues cada uno de ellos sirve para señalar una forma o modo particular de
obrar de la facultad productora.
Cuando se limita a reproducir la imagen del objeto sensible, qué ya no
está presente, le conviene el nombre de fantasía, porque, según la
acepción etimológica, significa fijeza o permanencia de imágenes. Y
cuando forma o compone una nueva imagen, juntando el todo o partes de
otras representaciones sensibles, sin correspondencia con la realidad
externa, cuádrale el de imaginación, que vale tanto como expresar que
hace o forma imágenes.
Fundados en estos antecedentes, definiremos la imaginación o
fantasía,
diciendo que es la facultad sensitiva, por la cual nos representamos
nuevamente los objetos sensibles, antes percibidos, o combinamos sus
imágenes para formar una nueva representación, que no corresponde a
objeto alguno real.
Vamos a exponer algunas razones para acreditar que se trata de una
facultad sensitiva, y como sensitiva, orgánica.
No es difícil observar que el objeto de esta facultad son las imágenes
de las cosas sensibles, basadas en las representaciones correspondientes
a todos los sentidos. Por este sólo hecho, vemos que la imaginación obra
dentro de la esfera de la sensibilidad, y merece el calificativo de
sensitiva.
También la observación nos revela, por los fenómenos que los animales
irracionales presentar claramente en el estado de sueño, que ellos están
dotados de esta potencia; y como carecen de facultades superiores o
espirituales, claro es que aquélla se deriva de la inferior naturaleza,
o sea la animal, que con ellos nos es común; luego hay que referir,
necesariamente, la imaginación a la categoría expresada.
No es posible formar representaciones de objetos que no hayan sido
percibidos por mediación de los sentidos; así es que el ciego de
nacimiento no las tiene de los colores, ni el sordo de los sonidos; y en
todas las extrañas, caprichosas combinaciones, los elementos combinados
son imágenes totales o parciales de objetos sensibles.
Por estas mismas razones debemos afirmar que la imaginación es una
facultad orgánica; lo cual quiere decir que ha de servirse, para su
ejercicio, de un instrumento corpóreo. Con, efecto, las observaciones de
la ciencia enseñan que las alteraciones del cerebro producen alteración
en las funciones de la imaginación, y las perturbaciones de la facultad
guardan proporción con la importancia del daño que el órgano
experimenta. La variedad de causas, tanto internas como
externas que
llegan a ocasionar dichas alteraciones cerebrales, pueden explicar de
modo satisfactorio las muchas representaciones que forma la imaginación
en el sueño, en la manía, en el delirio y en la locura.
Como todas las facultades, ésta tiene dos modos de obrar: el espontáneo
y el voluntario.
Con suma facilidad nos representamos en el estado de vigilia los objetos
que antes hemos percibido, y lo hacemos tanto mejor cuanto más profunda
haya sido la impresión por ellos producida. En aquel estado, no es
difícil distinguir las representaciones imaginarias de las sensaciones
reales, porque la facultad obra obediente a las potencias superiores,
que ordenan su ejercicio. En el sueño, por el contrario, se confunden
unas y otras representaciones, ocasionadas, acaso, por causas internas y
desconocidas que afectan al órgano, sin que la imaginación se vea
detenida por el freno de la voluntad.
Cuando persiste la alteración cerebral, suele originarse la manía o la
locura, porque el daño material traerá consigo, ya un desorden en las
representaciones, ya la repetida imagen de unas mismas cosas.
Las funciones de la imaginación obedecerán a determinadas leyes, que
bien pueden llamarse de fantasmas o representaciones. El repetido
fenómeno de que éstas se presenten unidas o sucesivamente revela
claramente un enlace entre ellas. Los principales vínculos son los de
la semejanza,
oposición, lugar y tiempo
y el de los signos arbitrarios. Los tres primeros son naturales; el último es debido a la influencia de
nuestra voluntad.
La imaginación desempeña importante papel en la producción de las obras
de arte; pero no es tanto su poder que él sólo baste para la concepción
artística. No negaremos, ciertamente, a esta facultad el mérito que le
es propio al formar las representaciones, ora simples, ora combinadas,
que son como el original que el artista ve dentro de sí y que luego
expresa, valiéndose del pincel, del sonido, del cincel o la palabra. Se
necesita, además, que el artista esté dotado de una intuición poderosa
para el arte, que le dé acierto para comparar, elegir y combinar los
elementos de su obra.
Por último, vamos a considerar a la imaginación o fantasía en el
desempeño de otra misión interesantísima. La actividad del alma empieza
a manifestarse por las facultades orgánicas; porque étas son las más
relacionadas con el mundo físico, cuyos objetos excitan la acción de
dichas facultades por mediación de sus respectivos órganos. La más
cercana, por decirle así, a las facultades superiores, de todas las
sensitivas, es la imaginación, y ella, con efecto, trabaja de continuo,
siendo un poderoso estímulo para el ejercicio de la inteligencia,
ofreciéndole formas sensibles para todos sus conceptos.
Por otra parte, sus propias representaciones son materia abundante, que
deposita en manos del entendimiento, para que éste la purifique y
descubra en ella lo oculto e inmaterial que guardan, y que esta fuera
del alcance de las potencias orgánicas, viniendo a ser, bajo tal punto
de vista, como dice un ilustre filósofo, el origen próximo de nuestros
conocimientos intelectuales y por consiguiente de la ciencia humana. (1)
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(1) Z. Gonzalez – Fil. Elem. T. I. p. 252.
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