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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
1ª parte - Psicología empírica - Cap. IX
Artículo II - De los actos del entendimiento. De la
idea y de la percepción
Es evidente el hecho del conocimiento. La conciencia lo atestigua
repetidamente, y al examinar el hecho, pronto encontrarnos tres
elementos o términos necesarios, a saber: un sujeto que conoce, un
objeto cognoscible y una relación entre ambos, para que lo cognoscible
pase a ser conocido.
Tan cierta es la necesidad de los tres términos mencionados, en todo
acto de conocer, que hasta cuando el alma se conoce a sí misma, no
podernos dejar de considerarla como sujeto y como objeto, relacionados
entre sí.
Existen en todo conocimiento diversos elementos combinados, que, al ser
objeto de nuestro análisis, se descomponen y van resolviendo hasta
llegar a los elementos simples e indescomponibles. Éstos, que ya no
admiten descomposición, por su propia simplicidad, son
las ideas; con
ellas se forman los juicios y con los juicios los raciocinios.
El raciocinio es una operación formada por la concurrencia de diversas
partes o elementos. Es un todo mental, que, analizado, descubre la
presencia de los juicios y en estos, a su vez, descubre el análisis la
presencia necesaria de las ideas. El acto interno por el cual nos
hacemos cargo del objeto, una vez representado por la idea, se llama
percepción, que vale tanto como
visión del objeto. (1)
La idea, que antes designamos con el nombre de especie inteligible, ha
sido llamada de muy diversas maneras. La noción intelectual, la simple
aprehensión, el concepto, no son más que otras tantas denominaciones de
la idea, pues todas significan un fenómeno representativo, efectuado en
el alma.
La idea, pues, tornada su significación en su más lato sentido, es
la
representación interior de un objeto.
No son términos idénticos imagen y representación. Con este último
nombre, damos a entender un fenómeno que nos hace conocer la cosa. A ese
fenómeno, sea lo que fuere, por cuyo medio conocemos, se le puede llamar
representación, porque presenta a nuestra inteligencia la cosa conocida.
(2)
La idea es a la vez objetiva y
subjetiva. Le conviene la primera
denominación, porque representa objeto o cosa distinta de sí misma. Le
cuadra la segunda, por ser un fenómeno que tiene lugar en el alma,
sujeto del conocimiento.
Que existe la representación en el alma, sin la cual no podría tener
lugar el conocimiento del objeto, es un hecho innegable. Más, ¿de donde
procede esta representación? ¿Como se origina? Muchos son los pareceres
de los filósofos, y ya que no debamos detenernos en su examen,
expondremos brevemente la teoría que juzgamos verdadera.
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(1) Balmes Metaf.- p. 81.
(2) Ibid.
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