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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
2ª parte - Psicología racional - Cap. I - Substancialidad del alma
humana
Artículo V - Espiritualidad del alma humana
Decimos que una substancia es
espiritual cuando posee facultades
inorgánicas; es así que el alma humana posee facultades de tal especie,
luego el alma humana es espiritual.
No podríamos formarnos idea exacta de lo que es la naturaleza del alma
humana sin fijar la atención en las operaciones realizadas por sus
mejores potencias, cuales son el entendimiento y la voluntad.
Tales operaciones revelan claramente la excelencia del principio de
quien proceden, pues como
dice Santo Tomás: «La operación de una cosa
demuestra o manifiesta la sustancia y ser de la misma, puesto que
cualquier agente obra en cuanto es tal ente o ser, y la operación propia
de una cosa es conforme y consiguiente a su naturaleza propia.»
Ahora bien, las operaciones admirables del entendimiento y de la
voluntad se ejecutan por un modo superior e independiente de la
materia, significándose con esto que proceden de facultades
inorgánicas; y las facultades, a su vez, revelan que el principio o
agente de quien ellas son instrumentos posee una naturaleza espiritual,
guardando así proporción necesaria, según el principio racional antes
citado, con el carácter de sus operaciones.
Consiste, pues, la espiritualidad del alma en poseer esta substancia
simple, condiciones por las cuales es capaz de existir y obrar por si
misma, con independencia de la materia.
Ciertamente el alma es principio de facultades de todo punto
incompatibles con las condiciones propias de la materia. Las potencias
superiores, entendimiento y voluntad, son fuerzas que suponen una
actividad, que contrasta con la inercia propia de la materia; y si se
quisiera suponer lo contrario, no sería posible atribuir a los cuerpos
dominio sobre su actividad, a diferencia de lo que acontece en el alma,
la cual, valiéndose de la voluntad, se determina a sí misma variando los
modos de obrar y hasta puede suspender la acción. (1)
La libertad que la voluntad muestra en la producción de sus actos solo
puede convenir a una substancia espiritual, porque el apetito racional,
en sus movimientos propios, se ha de inclinar, por tendencia de su
naturaleza, hacia los objetos que la posean idéntica, y siendo
espiritual el objeto que sirve de término a la aspiración constante del
alma, claro es que su naturaleza es igualmente espiritual.
Acredita tal verdad el hecho constante de que el alma obra con mayor
vigor siempre que se relaciona con objetos del orden espiritual, y se
aparta de la mezquina esfera del orden corpóreo, marcándose así no
solo la existencia de una doble naturaleza, sino la oposición entre
ellas y el predominio de la superior o espiritual.
El entendimiento llega, por medio de sus admirables funciones, al
conocimiento de innumerables objetos que no obran ni pueden obrar sobre
los órganos de los sentidos. Las operaciones del alma, que ostentan el
carácter de universalidad, significan que la intelección es espiritual;
luego espiritual es el alma, como sujeto del entendimiento.
Que la intelección es acto espiritual se demuestra porque, si así no
fuera, habría de consumarse por medio de órganos o instrumentos
materiales, y su acción no traspasaría jamás los límites de lo sensible
y singular. Sabemos, por propia experiencia, que el entendimiento
conoce objetos que pertenecen a un orden superior, tales come los
conceptos de causa, verdad, justicia, virtud, belleza, armonía,
relación, etc.; que discurre acerca de la naturaleza de los seres
absolutamente espirituales; que se eleva hasta descubrir la necesidad de
la existencia de un ser eterno, absoluto y perfectísimo, y que cuando
así obra, no sólo el cuerpo es ineficaz e innecesario, sino que es
preciso que el espíritu se abstraiga de la acción y de la influencia de
las cosas sensibles; luego la facultad productora de tales actos es
espiritual, como también le es el alma de quien depende.
Por último, la virtud reflexiva es un excelente privilegio que sólo
puede ser propio de lo espiritual; el entendimiento, no sólo está libre
de los numerosos obstáculos que dificultan o modifican el ejercicio de
la sensibilidad, sino que vuelve sobre sí mismo, y por su mediación el
alma conoce sus propios actos. Innegable es la espiritualidad del
entendimiento y evidente es la espiritualidad del alma.
Cuantas objeciones han ideado el sensualismo y el materialismo, no han
logrado oscurecer y mucho menos destruir la solidez de las pruebas ni la
verdad y fuerza de los razonamientos que dejamos consignados.
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(1) Z. Gonz.- Fil. elem.- T. I. p. 329
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