|
J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
1ª parte - Psicología empírica - Cap. VIII - Noología
Capítulo VIII. Noología. Artículo I - Del
entendimiento o inteligencia
La parte de la Dinamología consagrada al estudio del
entendimiento,
lleva el nombre de Noología.
Acabamos de hacer el estudio de la sensibilidad, y las potencias que
hemos llamado sensitivas han ofrecido a nuestra observación numerosos
actos, que si específicamente los hemos atribuido a esas diversas
facultades, genéricamente proceden de la sensibilidad, de quien son
formas, las llamadas facultades sensitivas. Las variedades que los
numerosos actos nos han presentado no han afectado a la esencia de los
mismos; han servido únicamente para formar las agrupaciones idénticas, y
entre ellas hemos descubierto el lazo de unión constituido por el objeto
común de todas las facultades sensitivas y orgánicas; es a saber: lo
sensible, como tal cosa sensible.
Los objetos materiales, obrando sobre los órganos, hacen que la
sensibilidad, como potencia cognoscitiva, entre en ejercicio, y el alma
logre alcanzar por su mediación el conocimiento de los objetos, pero
solo bajo su aspecto sensible.
No logra, ciertamente, la sensibilidad, penetrar en el fondo de las
cosas; no le es dado traspasar la superficie, por decirlo así, en donde
aparecen las cualidades, que son las que realmente producen la acción
sobre los órganos. Era necesaria una alta facultad, dotada de superior
naturaleza, de poder y virtud más privilegiados, para que el alma
penetrara en el interior de los objetos y pudiera descubrir lo oculto,
lo inmaterial que en ellos existe, y desde allí pudiera elevarse a las
nobles regiones del mundo espiritual, en donde la realidad, cuyo
conocimiento alcanza, no sólo existe, sino que el alma la aprehende y
conoce como término conveniente a su propia naturaleza.
La experiencia confirma que el alma alcanza semejante conocimiento, y no
pudiendo conseguirlo por medio de la sensibilidad, necesariamente ha de
existir otra potencia, a la cual correspondan actos especiales, en
relación con el término a donde se dirigen. Esta potencia se llama
entendimiento, y se define diciendo que es la
facultad por cuyo medio
el alma conoce lo inteligible.
Suele designarse indistintamente con los nombres de
entendimiento o
inteligencia, a la facultad de cuyo estudio nos estamos ocupando. Así lo
haremos también en adelante, pero no sin apuntar en este momento las
diferencias filosóficas que existen en la significación de esos dos
nombres.
La palabra entendimiento debe servir para señalar a dicha potencia
espiritual en cuanto está adornada del poder de conocer las cosas,
obrando sobre ellas, hasta encontrar como su contenido inmaterial. Tal
es el concepto etimológico del nombre, porque según el profundo Santo
Tomás, intellectus equivale a
intus legere o
intus legens, porque la
acción de esta facultad va más allá del límite sensible, no se detiene
en las cualidades, desdeña las modificaciones singulares, y no parece
sino que penetra en el interior de los objetos, para percibir las
propiedades que afectan a su esencia o naturaleza.
Con el nombre de inteligencia, se debe significar la actuación del
entendimiento, el acto mismo de entender, y además el conocimiento de
los principios y verdades dotados de evidencia inmediata.
En el transcurso de nuestro estudio, iremos viendo que el entendimiento
recibe otros varios nombres, como los de razón,
conciencia,
memoria
intelectiva, que propiamente sólo expresan distintos modos o formas
particulares de obrar de una sola facultad.
El objeto del entendimiento es lo inteligible. Así le llamamos por la
manera con que es percibido y por la facilitad que le percibe.
Pero si todavía exigimos mayor grado de determinación del objeto del
entendimiento, podemos afirmar, en concreto, que es
las esencias o sea
lo que constituye el fondo intrínseco de las cosas y por lo que las
cosas son; lo íntimo que en ellas existe, lo inmaterial en lo material.
La categoría del objeto del entendimiento revela desde luego lo
excelente de la facultad encargada de su aprehensión y conocimiento,
pues existe una segura proporción entre las facultades y los objetos
hacia los cuales tienden en sus actos.
Con efecto, entre las facultades del alma, el entendimiento es la
superior de conocer, y su objeto lo revela por ser el más extenso, el
ser o ente que todo lo abraza, que es la misma existencia de las cosas:
es lo que antes hemos designado con el nombre de
esencia. (1)
El objeto del entendimiento se divide en adecuado y
proporcionado.
Damos el nombre de objeto adecuado
al que sirve de término y complemento
a la facultad, considerada en su naturaleza, y por lo tanto no puede ser
otro que la verdad absoluta, hacia la cual propende y se siente atraída
el alma.
Objeto proporcionado, el que en la vida presente sirve de término a su
acción, y es la realidad concreta, que, descubierta por el
entendimiento, constituye para él la verdad relativa que aquí le es dado
alcanzar. De modo que si la potencia se considera en sí misma,
descubrimos que tiende a la esencia general; y si es observada en sus
actos, su objeto no puede ser otro sino la esencia de las cosas
materiales, mentalmente separada de las condiciones con que en realidad
existe.
El entendimiento en su actual condición ―la de hallarse en un alma unida
a cuerpo― necesita que la sensibilidad obre como antecedente, pues se
encuentra para con ella en una cierta dependencia extrínseca; y una vez
recogido el dato de lo material, el entendimiento aprehende lo
inteligible o sea la esencia.
Dos hechos constantes, observó el profundo Santo Tomás, los cuales
vienen a comprobar la verdad de nuestra doctrina. El uno es que las
alteraciones ocasionadas en la fantasía se reflejan inmediatamente en
el ejercicio del entendimiento. El otro es que siempre nos valemos de
representaciones sensibles para revestir los conceptos espirituales.
Esta dependencia de una facultad superior respecto de otra de menos
categoría, la hemos llamado extrínseca, lo cual significa que no afecta
en modo alguno a la naturaleza de la facultad dependiente, y sí solo
expresa que no obra sin un antecedente que le es necesario para su
ejercicio.
Cuando éste se efectúa, el entendimiento no busca ni se dirige a lo
material; la fantasía representa las cualidades y notas singulares,
propias del objeto; el entendimiento llega a lo inmaterial, a la esencia.
Los datos suministrados por la potencia orgánica son el principio de
donde arranca la acción del entendimiento, pero no es lo que el
entendimiento conoce. La materia, pues, que excita la actividad
intelectual, no es sino la envoltura de lo inteligible, pero no es el
mismo inteligible. Así lo confirma San Buenaventura cuando dice:
«Mientras ésta ―el alma― permanece unida con el cuerpo, nada puede
entender fuera del cuerpo o sin el cuerpo: praeter corpus sive sine corpore.»
__________
(1) J. Prisco.- Elem. De Fil. Esp.- T. I. p. 283
|