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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
1ª parte - Psicología empírica - Cap. VIII - Noología
Artículo III - Del entendimiento agente y del posible
Siendo cada una de las facultades de nuestra alma el principio próximo
inmediato de sus actos, claro es que en este sentido no existe en el
alma facultad alguna que no merezca la denominación de activa. Pero más
que el poder de obrar, que es propia de todas ellas, consideramos en
algunas como cierta espontaneidad en el movimiento, que va a actuar
sobre el objeto, y una vez realizada esta operación, descubre en él lo
que a la facultad conviene y le sirve propiamente de término.
Bajo el punto de vista expresada, el entendimiento es una facultad
eminentemente activa. La esencia, que es su objeto proporcionado, se
encuentra como revestida de cualidades, accidentes y modificaciones, que
la envuelven y ocultan, siendo necesario que la facultad que tiende a
descubrirla, ejercite su acción sobre el objeto, para transformar la que
existía en él anteriormente como inteligible en potencia y que pase a
ser inteligible en acto.
Desde el momento en que esto se verifica, lo inteligible hallado cambia
los caracteres de singular y contingente por los de
universal y
necesario.
Semejante cambio no se efectuada sin la acción de una fuerza, que,
obrando sobre el objeto, le despojase de cuanto en él aparece como
individual y concreto, para descubrir lo que sin tales limitaciones se
muestra como universal.
Como este resultado lo alcanza el entendimiento en virtud de su propia
acción, dásele el nombre de agente;
y a la operación que efectúa sobre el objeto, para considerarle
despojado de las notas individuales, se le denomina
abstracción.
Los objetos aprehendidos por los sentidos solo ofrecen singularidad y
contingencia; y estos caracteres son diametralmente opuestos a la
condición de universalidad que corresponden a la verdad científica. El
entendimiento agente, ejercita su propia fuerza sobre las
representaciones sensibles de las cosas singulares, y despojándolas,
mentalmente, de las notas individuales, opera la transformación y se
eleva del orden sensible al inteligible.
Cierto es que en el orden real la esencia siempre se halla acompañada de
notas o determinaciones individuales; pero no es menos cierto que esa
unión, aunque constante, no responde a una necesidad absoluta y por lo
tanto puede ser considerada la esencia en si misma, sin que esto la
ocasione menoscabo ni alteración alguna.
Finalmente; el entendimiento, por ley de su naturaleza, exige objeto
inmaterial, y se halla en el fondo, si así podemos expresarnos, de las
cosas materiales. Para llegar a él, se oponen las condiciones
individuales, y una vez abstraídas o separadas por la acción del
entendimiento, aparece la esencia, objeto proporcionado de la facultad,
la cual es aprehendida por la fuerza intelectiva de ésta.
La doble acción del entendimiento se verifica simultáneamente, o por lo
menos sin diferencia de tiempo apreciable; poro es fácil entender que
para que se realice el acto único de la aprehensión de la esencia, hay
necesidad de que se haya efectuado la abstracción. Esto da origen a que
consideremos al entendimiento en una segunda función y con un nuevo
nombre, cual es el de posible.
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