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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
1ª parte - Psicología empírica - Cap. VIII - Noología
Artículo II - Del conocimiento
intelectual
Todo conocimiento supone algún modo de unión entre el sujeto que conoce
y la cosa conocida. Esta disposición de una cosa para con otra,
constituye una relación de todo punto necesaria en el acto del
conocimiento.
Al ocuparnos del estudio de la sensibilidad, como potencia cognoscitiva,
y seguir el proceso del conocimiento sensible, expusimos la necesidad de
que el objeto externo, término de dicho conocimiento, estuviera
representado en el alma, que es el sujeto del conocer; y añadíamos en
aquel lugar que a la representación del objeto en ella, se le daba el
nombre de especie sensible.
Ahora tratamos de una nueva clase de conocimiento, y nuevamente
afirmamos la necesidad de aquella unión, que ha de efectuarse por medio
de representación del objeto en el alma; y por la clase del objeto
representado, habremos de llamarla especie inteligible.
Es de todo punto precisa la distinción entre los dos términos del
conocimiento, porque de otra manera vendríamos a confundir cosas que,
realmente, son distintas; y esto nos llevaría a los graves errores del
idealismo o del panteísmo.
Además, la actividad del alma no entra en ejercicio si no es solicitada
de alguna manera por el objeto, y ciertamente cumple desempeñar este
papel a la especie inteligible. Ella viene a ser como forma del objeto,
que se pone en comunicación con el alma, para solicitar su acción.
La especie o representación ha de ser inmaterial, atendida la naturaleza
del sujeto recipiente; y en el caso actual, la clase del objeto
representado, porque sin este requisito no sería posible que obrase
sobre el alma.
Ésta posee la virtud para conocer, y el acto misterioso y admirable de
la intelección se efectúa en ella misma, y es por lo tanto
indispensable la representación, que antes hemos llamado
especie
inteligible.
Tal proceso es a todas luces necesario, por más que para nosotros
permanezca desconocida la naturaleza del fenómeno.
Podemos dar a la especie inteligible el nombre de
idea, pues ésta, en su
más lato sentido, significa representación de un objeto en nuestra
mente, según la define el insigne Balmes; y la especie inteligible,
según la doctrina que venimos exponiendo, no es sino la representación
de la esencia, que es el objeto proporcionado del entendimiento.
Finalmente; una vez excitada y determinada la facultad a conocer, por la
acción de la especie inteligible, conoce el objeto cuya representación
la solicita y no únicamente esa semejanza o especie que sobre ella
actúa, quedando ésta reducida a la condición de medio para el
conocimiento, pero jamás puede servirle de objeto y término.
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