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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
1ª parte - Psicología empírica - Cap. IX
Artículo VII - De la atención y de la reflexión
Si es cierto que el ejercicio natural y espontáneo de las facultades de
nuestra alma da por resultado la posesión del término adecuado a cada
una de ellas, no es menos cierto, que con más rectitud y seguridad
llegarán a su respectivo objeto, encauzando o dirigiendo su acción, la
facultad que sobre todas impera, cual es la voluntad.
La atención, según Balmes la define, es:
la aplicación de la mente a un
objeto. (1)
Puede, con efecto, aplicarse a la acción natural de la potencia, un
grado superior de fuerza, que proporciona mayor firmeza y mejor
resultado en el ejercicio de la facultad a quien se une.
En muchas ocasiones, el alma conoce los objetos, sin concentrar sobre
ellos esa energía que los sujeta, por decirlo así, al examen e
influencia de la facultad; y el conocimiento alcanzado en esas
condiciones es siempre débil, y a menudo, inexacto.
La concentración sostenida del espíritu, por el contrario, produce el
beneficio de que se le conozca con claridad, que se conserve por mayor
tiempo su conocimiento y se le recuerde más pronta y fácilmente.
La atención es un auxiliar poderoso de las facultades cognoscitivas. No
obra sobre la naturaleza de las mismas, pero mejora su ejercicio.
Con diversos nombres se designan las variadas manifestaciones de la
atención.
Se le da el de observación externa o sensible, cuando, uniéndose a la
sensibilidad, se dirige al conocimiento de las cosas materiales.
Llamase contemplación, si, repetidamente, se aplica sobre un objeto,
cualquiera que sea el orden a que pertenezca, según el cual la atención
se une a la facultad correspondiente.
También recibe el nombre de
reflexión, cuando, unida al entendimiento,
el alma dirige sobre sí misma su fuerza intelectiva. No hay, por lo
tanto, diferencia esencial entre la atención y la reflexión.
La atención no comunica a las potencias mayor virtud intrínseca; no hace
sino encaminar rectamente las fuerzas del alma hacia sus objetos
respectivos.
Es muy conveniente y provechoso el que sepamos dirigir el admirable
instrumento de la atención. Su aplicación obedece a ciertas leyes, que
han de ser respetadas y cumplidas. Por este medio, el espíritu atento,
como afirma Balmes, multiplica sus fuerzas.
He aquí las principales reglas para recto uso de la
atención.
1ª No ha de emplearse sobre muchos objetos a la vez. Cuanto aumente en
extensión lo irá perdiendo en intensidad.
2ª La energía y duración ha de guardar proporción con la importancia y
dificultad del objeto.
3ª La atención debo ser flexible, suave y reposada; para que obedezca
al mandato de la voluntad y pueda pasar, sin esfuerzo ni violencia, de
uno a otro objeto. Los males de que suele adolecer la atención son la
debilidad o flojedad, la excesiva fijeza y la inconstancia o
volubilidad. Fácil es entender cuál es el remedio oportuno para cada uno
de aquellos defectos de la atención.
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(1) J. Balmes.- El Crit. p. 6
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