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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
1ª parte - Psicología empírica - Cap. IV - Sensibilidad interna
Artículo IV - Del apetito sensitivo
No es posible desligar las facultades para separar su respectivo
ejercicio y que aparezcan obrando con una independencia, que en realidad
no poseen. Tan fácil y frecuente es el tránsito de uno a otro medio de
acción, dada la unidad del alma a quien los diversos instrumentos
corresponden, que en muchas ocasiones la obra imperfecta de una
facultad se termina y perfecciona por otra de más elevada categoría.
Además, hay que tener presente, que el alma ejercita siempre los
instrumentos adecuados a la clase de objetos que han de servir de
término a su movimiento, y esto acontece no solo cuando se trata de
conocer, sino también de obrar, lo cual es propio de las facultades
llamadas expansivas.
En proporción con las dos facultades que sirven para el conocimiento,
existen otras que propenden a los objetos conocidos. La una es propia de
la naturaleza inferior, y es manifestación de la sensibilidad afectiva.
Su término es lo sensible, y se denomina apetito sensitivo. La otra
responde al conocimiento intelectual, y se llama
apetito racional o
voluntad.
El apetito en general revela y significa una tendencia; propensión y
movimiento de un ser a otro ser u objeto, en quien aquella evolución
termina, constituyendo un bien para el sujeto de la acción, ya se
origine o no la actividad del ser, de su misma naturaleza, actuándose
después del hecho del conocimiento, o sin que éste le preceda, o luego
que el sujeto ha llegado a entender la razón de conveniencia por la cual
el objeto mismo es apetecible. Esto justifica la división del apetito en
natural,
sensitivo y
racional.
El apetito natural
se muestra en todos los seres de la naturaleza,
privados de medios cognoscitivos, los cuales son movidos hacia términos
que ellos alcanzan como
bien, siempre ignorado.
El sensitivo es propio de los animales, que poseen la facultad de
conocer lo sensible o material, y experimentan el impulso que les mueve
hacia tales objetos, que les son convenientes, aunque desconozcan la
razón de esa conveniencia.
Y por último; corresponde la denominación de
racional al apetito
exclusivo del hombre, dotado de una facultad capaz para descubrir la
relación armónica entre sujeto y objeto, moviéndose después hacia lo que
su razón le muestra como término y complemento, propio de un bien.
El lenguaje filosófico designa con el nombre de
pasiones a los
movimientos que se originan del apetito sensitivo, sin que la
significación de tal nombre alcance a expresar la intensidad ni
vehemencia del movimiento ciego y desordenado, cuyo estudio es propio de
la Ética, sino la acción natural que mueve hacia el objeto conocido.
Divídese el apetito sensitivo en
concupiscible e
irascible. La primera
denominación expresa el impulso del alma hacia las cosas sensibles,
percibidas por mediación de los sentidos. La segunda significa la
tendencia que lucha con obstáculos, que dificultan la posesión de la
cosa apetecida. Al apetito concupiscible corresponderá las pasiones
amor, odio,
deseo, aversión,
alegría y tristeza. Al irascible, la
esperanza, desesperación,
audacia, temor e
ira.
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