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J. Moreno Castelló - Psicología Elemental
2ª parte - Psicología racional - Cap. I - Substancialidad del alma
humana
Artículo III - La actividad, propiedad esencial
del alma humana
La substancia, cuya simplicidad dejamos ya acreditada, posee una
actividad, un poder de obrar, que arranca de su mismo fondo o
naturaleza. Es como decía el insigne Platón, un movimiento que se
mueve a sí mismo.
Al ocuparnos, en su lugar propio, del estudio de la voluntad,
indicábamos allí los especiales caracteres que acompañan al acto llamado
voluntario, que no permiten confundirlo con los procedentes de otros
principios de acción. Pero bueno es recordar ahora que todas las
facultades del alma son medios, instrumentos, conductos por donde
aparece y se exterioriza, si así es permitido decirlo, la actividad
esencial, que es una, y a la vez el principio remoto de los actos, por
más que las facultades sean el próximo o inmediato.
Esta actividad del alma, revelada a la observación interna por la
muchedumbre de actos que son manifestaciones de aquella propiedad, está
encarnada en el fondo de la admirable substancia, dotada por Dios de tan
excelente virtud, y además sabemos por nuestra propia conciencia que
somos dueños de esa actividad, que denominamos libre, en significación
del dominio que sobre ella ejercemos.
La manifestación genérica de la actividad es el movimiento, la
evolución, el tránsito. Pero es necesario averiguar sí el ser movido,
lo está por sí mismo o por extraño impulso que sobre él produzca su
acción.
La observación externa nos enseña que todos los seres de la Naturaleza
obedecen a leyes que les rigen, a fuerzas que los impulsan y llevan por
caminos conducentes a sus respectivos fines. Pero desde los inferiores
hasta llegar al hombre, en donde todo se condensa y resume, hay una gran
distancia y una enorme diferencia: Bajo el punto de vista físico, por
cuanto en el hombre existe un elemento material o sea el cuerpo, se
halla sometido a las leyes generales de la materia. Por el aspecto
espiritual, es poseedor de una actividad regida por leyes muy diversas.
Las grandes manifestaciones del espíritu activo se efectúan por medio
de las facultades; y la tendencia del alma, considerada en su esencia,
va en pos de un término absoluto y perfecto, que de continúo la
solicita, y en el cual reside su complemento definitivo.
Si el alma careciera de esa actividad originaria o ella no pudiera
encaminarla y dirigirla, carecería de fin propio, y Dios no la hubiera
formado para un alto y nobilísimo destino. No se concibe un espíritu
inactivo.
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