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EVOLUCIONISMO
Con este término nos referimos fundamentalmente a la teoría biológica
según la cual las especies de seres vivos han cambiado a lo largo de la
historia y las especies actuales descienden de otras más primitivas, de las
que tenemos noticia por los restos fósiles. Esta teoría defiende la
existencia de parentescos entre las distintas especies. Aunque el
evolucionismo tiene un lejano antecedente en la filosofía de Anaximandro
(s. V a. C.), es sólo a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando se
introduce y desarrolla en la ciencia, sustituyendo a las explicaciones
fixistas. Los representantes más destacados del evolucionismo en el siglo XIX fueron Lamark y Darwin. Actualmente la teoría evolutiva dominante
recibe el nombre de "teoría sintética de la evolución".
El naturalista francés Lamark
(1744-1829) fue el primero en defender la idea de la transformación de
los seres vivos, desde las especies más simples hasta las más
evolucionadas y recientes. Los principios fundamentales en los que se
apoyó su concepción evolucionista son básicamente los siguientes:
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respecto del nivel explicativo
ontogenético (o relativo a los cambios en el desarrollo del
individuo), Lamark señala que el ambiente ejerce una presión sobre
los individuos en relación a sus posibilidades adaptativas; la vida
se desenvuelve en un medio ambiente determinado en el que de forma
inevitable se producen cambios; los cambios
originan nuevas necesidades en el ser vivo en cuanto a sus
posibilidades de adaptación a las nuevas condiciones del medio.
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Las nuevas necesidades provocaran
el uso o desuso de ciertas partes del organismo, o incluso la
aparición de nuevos órganos; este uso o desuso favorece la
hipertrofia o atrofia de los órganos y partes del ser vivo; aquí
es donde encontramos la famosa tesis "la función crea al órgano".
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Respecto del nivel explicativo
filogenético (o relativo a las modificaciones de las especies),
Lamark defenderá una tesis hoy ampliamente cuestionada por la
genética: la herencia de los caracteres adquiridos en el
desarrollo individual, que, en opinión del naturalista francés, se
pueden transmitir de una generación a otra. La genética actual duda
de la herencia de los caracteres adquiridos a partir de dos tesis
principales:
-
los cambios que el sujeto sufre en su
trato con el ambiente o circunstancia en la que se desenvuelve
su vida modifican los rasgos de su cuerpo (el fenotipo);
para que esos rasgos se transmitan a los hijos sería necesario
que se trasladaran al genotipo o carga genética de los
padres (responsable de la herencia); no se entiende cómo pueden
darse cambios en esa dirección en el mismo individuo (del
fenotipo al genotipo);
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por otra parte, la modificación de
los genes, según el punto de vista de Lamark, tendría que ser
una consecuencia del beneficio que dicha modificación otorga al
individuo y la especie de cara a su adaptación al medio, pero la
genética actual defiende una ley contraria a este punto de
vista: la probabilidad de la modificación de un gen es
independiente del posible beneficio que dicha modificación pueda
suponer para la supervivencia del individuo, y es más bien y
desde este punto de vista, una consecuencia del azar.
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Finalmente, destaca también en el
evolucionismo de Lamark la referencia al principio de perfección
para dar cuenta de la complejidad creciente de las especies que se
observa al contemplar la historia de los seres vivos: en la
Naturaleza encontramos una tendencia a la aparición de organismos
cada vez más complejos y perfectos, siendo este principio la causa
última de la evolución. El principio de perfección de Lamark supone
una concepción finalista de la Naturaleza, la idea de que existe
algo así como un objetivo o intención en la sucesión de los
cambios naturales, plan que busca en último término la creación de seres
evolutivamente cada vez más perfectos, con órganos y facultades cada
más más complejos; sin embargo, la ciencia actual es contraria a las
explicaciones finalistas y prefiere las mecanicistas para dar cuenta
de los cambios en la Naturaleza.
Por su parte el naturalista inglés Charles
Darwin (1809-1882) parte de los siguientes hechos:
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los individuos de una especie tienden
a la multiplicación sin límite;
-
sin embargo, los recursos de los que puede
disponer el organismo son limitados;
Parece que Darwin pudo apreciar la
importancia de este conflicto por la lectura de la obra de
Thomas Malthus (1766-1834) "Ensayo sobre la población", en el que
el economista inglés defendía que los alimentos crecen en progresión
aritmética mientras que los individuos lo hacen en progresión
geométrica.
-
Hay variaciones morfológicas
innatas: Darwin fue muy sensible a la existencia de
diferencias individuales dentro de una misma especie
(diferencias interespecíficas); su viaje alrededor del mundo en
el barco Beagle le permitió tomar nota de la enorme variedad de
especies y de las no menos diferencias en las características
físicas de los individuos de una misma especie (son famosas sus
anotaciones de las variaciones en los rasgos de los pinzones de
las islas Galápagos).
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Como consecuencia de 1 y 2 tenemos
lucha por
la vida: competencia y enfrentamiento entre los animales de una
misma especie y entre los animales de especies distintas por obtener los
limitados recursos del medio. Selección natural: en la lucha por
la subsistencia sólo
sobreviven aquellos individuos que tienen mejores condiciones para la
vida; la naturaleza no tiene el equivalente humano a la compasión: la
lucha por la vida trae consigo la supervivencia de los más aptos (por su
fuerza, habilidad, recursos físicos...) y la muerte de los menos aptos,
y con ello la primacía de ciertos rasgos anatómicos en la especie y la
disminución o desaparición de otros. Si encontramos ahora una especie
con características anatómicas y funcionales que parecen encajar
perfectamente con las posibilidades y limitaciones que impone el
medio, no es porque haya algo así como una mano o voluntad oculta que
otorgue a cada especie los rasgos que más les benefician para su
adaptación al medio: en la selección natural no hay intención, se trata
simplemente de que promueven su descendencia sólo los seres vivos mejor
adaptados al medio; la selección natural no actúa de forma consciente,
no hay plan alguno ni en su funcionamiento ni en los resultados que
ejerce sobre los seres vivos.
Junto con el mecanismo explicativo de
la selección natural, Darwin se refirió también a la selección sexual
para dar cuenta de la evolución. A aquella competencia por los
recursos, Darwin añadió la competencia por la reproducción: hay
diferencias en los rasgos de los individuos de un mismo sexo ligadas a
la reproducción y que determinan la elección del miembro del otro sexo
con fines procreativos. En la mayoría de las especies los machos
compiten entre sí por el favor de las hembras de cara a la reproducción,
y los rasgos físicos que determinan su éxito no son necesariamente los
mismos que les facilitan también la supervivencia en la lucha por los
recursos que ofrece el medio. Selección natural y selección sexual son,
para Darwin, los mecanismos fundamentales de la evolución.
Más allá de los enfrentamientos con
la religión y las teorías creacionistas, la teoría evolucionista
de Darwin tuvo como mayor dificultad la explicación de la aparición de
rasgos nuevos en las especies: la selección natural puede dar cuenta de
la disminución de un rasgo ya existente, incluso su desaparición, y el
que otro rasgo se extienda en el conjunto de los individuos de una
especie, en el primer caso por no ser un rasgo con el que los individuos
puedan adaptarse bien al medio, y en el segundo por lo contrario, por la
eficacia que provoca en el individuo que la posee para el mismo fin; sin
embargo, la evolución consiste principalmente en la aparición de nuevas
características y, en definitiva, de nuevas especies. Tenemos que acudir
a la teoría genética actual (desconocida por Darwin) para
solucionar medianamente estos problemas; en lo esencial la aportación de
la genética actual consiste en señalar que el conjunto de los rasgos
físicos fundamentales de las especies (su fenotipo) depende de sus genes
(su genotipo) y que los cambios en el primer nivel son por lo tanto
consecuencia de los cambios en el segundo. A la pregunta ¿por qué cambia
el genotipo? la respuesta principal de la genética consiste en señalar
que por ninguna finalidad o motivo que tenga que ver con el bien o
ventajas del individuo que los sufre, sino por azar.
El evolucionismo tuvo una influencia destacada en la psicología: al
demostrarse que existe una relación de parentesco entre el hombre y los
animales "inferiores" parecía razonable pensar, y en contra de la
radical distinción que estableció el pensamiento cartesiano entre los
hombres (que disponen de mente) y los animales (que carecen de ella),
que hay similitudes entre ambos con interés para el psicólogo;
naturalmente, había dos posibilidades:
-
pensar que los animales también tienen
cierto tipo de mente, aunque más sencilla que la humana;
-
considerar que el hombre no es tan
distinto a los animales, y que los principios que valen para dar
cuenta de la conducta de los segundos pueden servir para explicar
también el comportamiento del primero (lo que en definitiva no es
otra cosa que la naturalización del ser humano).
La
primer tendencia dio lugar a la
psicología animal y
comparada, (por ejemplo, el darwiniano
ortodoxo John. Romanes, 1848-1894), que estudia las semejanzas y
diferencias entre las capacidades psicológicas de las diferentes
especies, principalmente las relativas a la inteligencia y la resolución
de problemas, con la intención de establecer la evolución filogenética
de la inteligencia. La segunda postura, en la línea de la naturalización
del ser humano, se centró en la investigación de las leyes generales de
la conducta, comunes a las diferentes especies, básicamente las leyes
generales del aprendizaje. Como la conducta animal había sido explicada
en el filosofía cartesiana en términos
mecanicistas, se empleará este enfoque
para dar cuenta también de la conducta humana, utilizando, además el
concepto explicativo de la escuela cartesiana: el reflejo; primero la
reflexología
rusa con Pavlov (1849-1936) y Sechenov
(1829-1905), y después el
conductismo
americano (John B. Watson, 1878-1958, y Skinner,
1904-1990) llevó a la psicología a la crítica de la introspección y la
reivindicación del método experimental para dar cuenta también del ser
humano, y al rechazo o negación de la mente. A medio camino entre una y
otra tendencia tenemos el
funcionalismo americano (Thorndike,
1874-1949), claramente influido por el evolucionismo y el pragmatismo,
que empleó el método experimental para descubrir las facultades mentales
de los animales.
Tampoco sería posible
entender el
psicoanálisis,
(con el protagonismo que da a los instintos, las pulsiones biológicas y
lo inconsciente) sin la visión naturalista del hombre que promueve el
evolucionismo, o la aparición de la
etología y el
nacimiento de la
psicología diferencial de la mano del
inglés Francis Galton (1822-1911), sin referirse a esta teoría
biológica. Finalmente, la teoría psicológica que de modo más claro y
explicito quiere recoger las aportaciones del evolucionismo y aplicarlas
a la comprensión de la mente y el comportamiento humano lo tenemos en
uno de los enfoques más recientes, la
psicología
evolucionista.
©
Javier
Echegoyen Olleta |