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J. Vicente Viqueira - La Psicología
Contemporánea
Capítulo III - LA PSICOLOGÍA DE W. WUNDT (continuación)
CAPÍTULO III
La psicología de W. Wundt
(Continuación)
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
(9)
(10)
Las dos psicologías sociales: psicología colectiva y
psicología de los pueblos - Precedentes de la última
- El doble interés y la doble consideración en ésta - El concepto y los contenidos de la conciencia colectiva - El desarrollo
de la conciencia colectiva - La explicación psicológica de los productos sociales
- Psicología de los pueblos, etnología e
historia - La psicología animal y del niño, en Wundt - Ideas metafísicas - Influjo de Wundt - Escuela wundtiana - Münsterberg - Escuela de Wurzburgo - Investigadores independientes - Psicología individual o diferencial - Pedagogía
experimental - Psicología aplicada - La psicología experimental en España: Francisco Giner de los Ríos; Luis Simarro
y sus discípulos; Turró; Mira - Bibliografía
VIII. Para terminar daremos una breve noticia acerca de la
psicología experimental de España.
La filosofía de Krause, que fue introducida entre nosotros por el severo pensador Julián Sanz del Río
(1814-1869), no daba singular
importancia a la psicología ni estaba en próxima conexión con la dirección en
que se realizaba la labor de Wundt. Sin embargo, un
discípulo de Sanz del Río, un krausista, ha sido el primero que se puso en contacto con ella y quien trabajó con ardor para el progreso
de esta clase de estudios en España. Este krausista fue el insuperable maestro Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), quien publicó
en 1874, es decir, un año después del tomo I de la obra fundamental de Wundt (La Psicología fisiológica, 1873-74), unas
interesantísimas Lecciones sumarias de Psicología, las cuales constituyen, sin duda alguna, el más importante de los trabajos
sistemáticos de psicología escritos en castellano en el siglo XIX. Por esto debemos decir algunas palabras acerca de ellas. La obra de
Giner de los Ríos está concebida en un sentido krausista; sin embargo (lo que es particularmente interesante), en el prólogo de la
segunda edición (1878) se declara que «los progresos que en los últimos años han realizado la
antropología, la psicología fisiológica
y la novísima psicofísica (merced a los trabajos de Wundt, Fechner, Lotze, Helmholtz, Spencer y tantos otros como han contribuido a
ensanchar los horizontes de la psicología propiamente dicha) exigían que se completase el punto de vista antropológico expuesto ya en
la primera edición (principalmente inspirado en Krause, Sanz del Río, Ahrens y Tiberghien)
y perfectamente compatible con aquellos progresos» (9). El libro nació
de unas lecciones dadas en la Escuela de Institutrices, pero ya con
intención de ser un manual de segunda enseñanza. La primera edición fue
pronto agotada; de la segunda dijo Bernardo Pérez que era el mejor
manual de psicología de Europa (10).
Consideremos brevemente su contenido. La psicología se ocupa de lo permanente y esencial en el alma; por esto
es ciencia filosófica.
Consta de tres partes:
1.ª Psicología general (Sustantividad del espíritu, relación con el cuerpo, vida y acción en el mundo).
2.ª Psicología especial (Estudio de las actividades mentales
particulares: conocer, sentir, querer).
3.ª Psicología orgánica (Combinaciones de las propiedades psíquicas en tipos; por lo tanto,
psicología individual).
Se expone con palabras completamente actuales la importancia práctica de la
psicología. Por la psicología «descubre el hombre sus
verdaderos fines, y descubre las fuerzas y medios de que dispone para alcanzarlos» y «en general todas las ciencias llamadas
prácticas, o que señalan inmediatamente reglas de conducta para la vida, tienen íntima afinidad con la
psicología que muestra la
naturaleza del agente a quien aquellas reglas se refieren. Es evidente la íntima relación de la
psicología con la pedagogía, cuyo objeto
es el arte de la educación, esto es, el cultivo y dirección de la naturaleza y vida del hombre según su fin racional desde que nace
hasta que muere» (11). El capítulo II de la psicología orgánica constituye un sugestivo bosquejo de
psicología individual, donde se
estudia el concepto de individualidad y las diferencias producidas por el carácter, temperamento y sexo, así como las
aptitudes que se
expresan en las vocaciones (una anticipación de los estudios acerca de la orientación profesional).
Después de publicadas estas Lecciones, no dejó nunca Francisco Giner de los Ríos de interesarse por la
psicología, a pesar de que, como
se sabe, sus dos producciones fundamentales en el orden teórico fueron la filosofía del
derecho y la pedagogía. Animó constantemente todo esfuerzo que tendiese a hacer progresar los estudios psicológicos,
particularmente en aquellos respectos
que mostraban relación con la pedagogía. Sus discípulos, le hemos oído citar en su clase y en sus conversaciones, con pleno
conocimiento, los resultados de la psicología novísima y estimar la importancia que podían tener para aquellas otras disciplinas
filosóficas que eran, como se dijo, objeto de su capital trabajo. Con gusto leía las obras de los psicólogos y las
interpretaba con gran
finura de espíritu. Entre tantas otras cosas, su influjo cultural determinó la creación de la cátedra de
psicología experimental en la
Facultad de Ciencias de Madrid, cátedra que en seguida desempeñó Simarro. En la misma dirección que su hermano e
influido por él actuó
Hermenegildo Giner de los Ríos (+ 1923), ilustre profesor del Instituto General y Técnico de Barcelona.
El primer representante de la psicología experimental en España fue el eminente neurólogo y psiquiatra Luis
Simarro La Cabra. Su
compleja y rica personalidad, aún poco conocida, exige que rompamos el marco de este libro para que puedan caber en él algunas noticias
biográficas: científico, filósofo, político social, enamorado del arte, todo esto lo fue al mismo tiempo.
Simarro era valenciano y conservó siempre por su tierra levantina un profundo afecto; ella le parecía
elevarle a mayor comunidad con
aquel gran pueblo luminoso, inteligente y libre a quien tanto admiraba: el pueblo griego. Su madre había nacido en Játiba; su padre,
descendiente de italianos, era natural del mismo punto y pintor de profesión (afín artísticamente y amigo de los Madrazo), habiendo
obtenido premios en varias exposiciones. Nació Simarro en Roma el 4 de noviembre de 1851, pues su padre se hallaba par entonces en la
«ciudad eterna» como pensionado del Gobierno español. Encontrándose tuberculoso el padre de Simarro, regresó con su familia a
Valencia, donde murió cuando su único hijo no tenía aún tres años; la madre, repentinamente loca por tan cruento dolor, arrojóse desde
la azotea de su casa a la calle, donde la hallaron muerta, sosteniendo entre sus brazos al tierno niño que aún vivía. Quedó a Simarro,
como consecuencia de este accidente, una leve cojera, apenas perceptible ya de hombre. Fue, pues, huérfano desde los tres años; hecho
que explica quizá un rasgo de su carácter. Recogido por su amorosa madrina, ingresó en el colegio monacal de la Institución de Damas
Nobles, fundada a fines del siglo XV por el papa Alejandro VI (Borgia). Pronto se dio a conocer el talento del joven escolar; se cuenta
que el prior del colegio sentaba al niño todos los días a su mesa para gozar de
sul conversación ingeniosa. A los 20 años se doctoró
Simarro (era doctor en medicina y en ciencias). Ya en 1874 comenzó a intervenir en
un sentido liberal, que siempre le fue propio en
política; desempeñó entonces, en la sublevación cantonal, el cargo de tesorero de la Junta revolucionaria de Valencia, y extendía los
salvoconductos para entrar y salir de la plaza, que estaba sitiada.
En Madrid, Simarro perteneció al grupo formado por tantos hombres eminentes que oscilaban en torno de la
escuela krausista, en la cual
era en aquella época ya la personalidad filosófica más relevante, y de hecho directora y propulsora, Francisco Giner de los Ríos. En la
Institución libre de Enseñanza, que el último, en unión de sus amigos, había fundado (1875), fue Simarro profesor de
física,
estableciendo en dicho centro un laboratorio de esta ciencia. Dio allí una serie de conferencias sobre los problemas científicos que
tenían entonces mayor actualidad,
colaborando, además, en el Boletín de la Institución con notas y resúmenes de su enseñanza y con artículos sobre la anatomía y
fisiología del sistema nervioso. Marchó en 1880 a París, donde residió algún tiempo (1880-84), estudiando histología del sistema
nervioso con Ranvier, y psiquiatría con Charcot. En aquella ciudad intimó con otro gran pensador español, en aquel entonces
desterrado, Nicolás Salmerón, con quien, lo mismo que con Francisco Giner de los Ríos, le unió perenne amistad. Vuelto a Madrid,
comenzó Simarro su actividad como psiquiatra; fue director del manicomio de Leganés. Contrajo matrimonio con una dama valenciana de
extraordinaria belleza y de alto valor espiritual y moral, que ejerció sobre él un benéfico y trascendente influjo, en el sentido de
una más amplia realización de su vida.
Su labor en el profesorado oficial comienza, para no interrumpirse ya, en 1894, fecha en que fue nombrado
profesor ayudante del Museo
Pedagógico, para dar allí cursos de psicología fisiológica y donde los venía explicando desde 1888. En dicho centro creó el primer
Laboratorio de Antropología pedagógica que ha existido en España. En 1902 ganó las oposiciones a su cátedra de
psicología experimental
de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid; asignatura común a los alumnos del doctorado de
ciencias y medicina y a los de
la licenciatura de filosofía. Más tarde fue nombrado profesor de psicología de la Escuela de Criminología. Ambos cargos los desempeñó
hasta pocos meses antes de su muerte. Además, formó parte de la Junta para Ampliación para el Progreso de las Ciencias y quien organizó
con el mayor entusiasmo su primer congreso.
Paralelamente a esta labor, Simarro intervino siempre en la vida política del país, sin abandonar jamás su
independencia espiritual. En
1909, cuando el terror de la opresión reaccionaria acobardaba los ánimos, levantó el primero su voz de protesta y en defensa de Ferrer
desde la cátedra del Ateneo de Madrid. En 1910 publicó su obra titulada El proceso de
Ferrer y la opinión europea. Fue un defensor
acérrimo de la libertad de conciencia, en favor de la cual, en unión de elementos liberales y disidentes, organizó reuniones públicas;
en 1913, con motivo del llamado
«decreto del catecismo», realizó una campaña para extender al magisterio el principio de la libertad de conciencia y para defender la
que se había conseguido para los niños. En el mismo año 1913 fundó la Liga española para los derechos del hombre y del ciudadano. Fue
el único español que perteneció a la Liga monista creada en 1906 bajo la presidencia honoraria de Haeckel, y cuyo fin era «hacer de la
ciencia la base de la concepción del mundo
y la conductora de la vida», y que en la práctica se situaba, con irreductible hostilidad, frente a las religiones positivas, ante todo
frente al catolicismo. De dicha Liga formaron parte hombres tan ilustres como Ostwald, Svante Arrhenius, Loeb, Semon, A. Forel y otros.
Simarro fue elegido Gran Maestre de la masonería española en 1917. Ya anciano contrajo segundas nupcias. Murió el 19 de junio de 1921.
Legó la mitad de su fortuna (lograda con su asiduo trabajo) para un Museo de Psicología Experimental, y su biblioteca (de unos 4000
volúmenes) a la Universidad de Madrid (12).
__________
(9) Última edición de las Lecciones de FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS con un prólogo de su hermano HERMENEGILDO GINER DE LOS RÍOS,
en el
tomo IV de las Obras completas de F. GINER DE LOS RÍOS. Madrid, 1920. Lo citado, en la pág. XIII. Sobre la filosofía española en los
siglos XIX y XX véase mi Apéndice a la Historia de la Filosofía de K. VORLÄNDER 1924.
(10) Revue de l'Enseignement, 1878.
(11) Revue de l'Enseignement, pág. 4.
(12) Actualmente en el Museo de Historia Natural.
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