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J. Vicente Viqueira - La Psicología
Contemporánea
Capítulo II - LA PSICOLOGÍA DE W. WUNDT
Capítulo II
La psicología de W. Wundt (1832-1920)
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
Precedentes de la psicología de W. Wundt - Herbart - H. Lotze - J. Müller - Helmholtz - El asociacionismo
inglés - Los tiempos de reacción - Las investigaciones de Weber - La psicofísica de Fechner - Las concepciones evolutivas
- La psicología de Wundt - La psicología como conciencia y sus ramas - Plan de lo que sigue - La
psicología experimental o fisiológica - El objeto de la Psicología - Las cuestiones capitales de la
psicología fisiológica - Los métodos de la psicología - Exposición de conjunto del contenido de la
psicología fisiológica y cuestiones que encierra -
Elementos psíquicos y sus diferencias - Enlaces de varios grados -
Principios de estos enlaces - Atención y apercepción - Enlaces asociativos y aperceptivos - Los últimos problemas de la
psicología - Conciencia; grados de conciencia y autoconciencia - Concepto del alma - La relación de lo psíquico y lo físico
- Causalidad psíquica
La vida psíquica es una combinación, de complejidad creciente y de varios grados, de elementos. Al
someter al análisis todos los
sucesos de conciencia se descubre que son un tejido de últimos sucesos que no permiten por su simplicidad una descomposición ulterior.
Estos sucesos simples son los elementos psíquicos. Dichos elementos psíquicos se reducen totalmente a dos clases, a saber:
1.ª, las
sensaciones de presión, calor, frío, dolor que provienen tanto de la piel como del interior de nuestro organismo, y las de sonido, olor,
sabor y luz (o visuales); 2.ª, los sentimientos, en los que, además de los incluidos
en el género del placer y el dolor, considera Wundt los de excitación y depresión y los de tensión y alivio. Entre sensaciones y
sentimientos existen diferencias esenciales. Las
propiedades comunes a sensaciones y sentimientos son la intensidad y la cualidad, el poseer una menor o mayor
magnitud y el ser
diversos a otros. Ahora bien; la primera diferencia entre las dos clases de elementos está, precisamente, en la distinta manera de
variar cuando la intensidad y la cualidad varían. Un cambio de intensidad en una sensación no pasa nunca a un cambio de cualidad; un
sonido, por muy fuerte que se haga, es siempre el mismo sonido. No sucede así en los sentimientos, en los que, partiendo de un
estado
libre de sentimiento, la variación de intensidad puede realizarse en dos sentidos opuestos; por ejemplo: el placer y el dolor.
Asimismo, un cambio de cualidad en la sensación lleva a diferencias máximas, mientras que un cambio análogo en los sentimientos da lugar
a los sentimientos opuestos. Por ejemplo: el paso en un piano del sonido más profundo al más agudo es un paso entre diferencias
máximas, pero los sentimientos que acompañan a estos sonidos extremos son contrarios u opuestos. Los sentimientos, pues, como se ha
visto en su enumeración, se dan por pares de contrarios. Una segunda nota diferencial es que los sentimientos, dentro de las grandes
clases citadas, son mucho más diversos que las sensaciones, y esto porque los sentimientos simples no sólo acompañan a las sensaciones,
sino también a complejos de sensaciones. Así hay sentimientos simples que acompañan a los sonidos, pero también hay sentimientos simples
que surgen ante un acorde o ante una frase melódica. Por último, las sensaciones constituyen clases heterogéneas e incomparables porque
no hay tránsitos cualitativos posibles entre ellas. Así sucede, por ejemplo, entre las sensaciones auditivas y visuales. Los
sentimientos, en cambio, forman un todo coherente, en el que a través de grados intermedios se puede pasar de uno a otro. Esta última
diferencia tiene su raíz en que el origen de los sentimientos es subjetivo, y por lo tanto unitario, y en que las sensaciones tienen
condiciones múltiples objetivas de su surgir; por eso aquéllos se refieren al sujeto único, y éstos a la pluralidad de objetos. El haber
distinguido entre sensaciones y sentimientos es un gran progreso de Wundt frente a la psicología anterior, en que aún habían sido posibles
arbitrarias teorías intelectualistas como la de Herbart, citada al comienzo de este capítulo.
Dijimos antes que toda la variedad y complicación de los sucesos psíquicos surgía, según Wundt, de una
combinación de los elementos; a
saber: de los elementos que acabamos de reseñar, de las sensaciones y de los sentimientos, afirmación que estaba hecha al decir que en
la vida mental no había otra cosa más que ellos. Esta combinación, como se indicó, tiene varios grados. En un primer grado se combinan
las sensaciones en representaciones, que pueden ser: intensivas, o sea, aquéllas en que no hay un orden fijo, como por ejemplo, un
sonido complejo; o extensivas, en que hay un orden fijo, como sucede en los dos
géneros de éstas: las representaciones temporales y espaciales. Es
preciso tener en cuenta que Wundt llama representaciones tanto a las imágenes de los objetos producidas en nosotros por
la impresión presente de éstos, como a las imágenes reproducidas en nuestro espíritu. Los sentimientos, al combinarse, dan lugar a
complejos que o bien son sentimientos de brevísima duración y de poca intensidad (sentimientos complejos), o bien el enlace de
sentimientos intensos como un todo en el tiempo (emociones). Cuando una emoción trae consigo un cambio del estado representativo y
afectivo del sujeto, cambio que puede o no ir acompañado de un movimiento corporal, se designa, juntamente
con este resultado suyo,
como un acto de voluntad. A estas combinaciones de primer grado llama Wundt
formaciones psíquicas, y, según lo anterior, son: las
representaciones, los sentimientos complejos, las emociones y los procesos de voluntad. Estas formaciones psíquicas entran en
combinaciones de segundo grado, a las que llama Wundt conexiones de las formaciones psíquicas. Los actos voluntarios, como se
indicó,
pueden terminar en un movimiento, y se llaman entonces, externos; pero también pueden terminar en un mero cambio representativo y
afectivo, y entonces se llaman internos. Ahora bien; la voluntad desborda de las formaciones psíquicas y se convierte en el proceso
unificador de la conciencia, como se dijo antes. Ya la voluntad, puesto que posee motivos que no son más que representaciones, enlaza
representaciones y estados emocionales. Pero, además, como acto de voluntad interno es, por una parte, atención, o sea comprensión clara
y distinta de un contenido, y, por otra, elevación de un contenido oscuro en la conciencia, par ejemplo una representación, a
comprensión clara y distinta (atención). A este proceso se llama apercepción. Todas las combinaciones psíquicas pueden verificarse
con
una atención pasiva, y son, entonces, procesos asociativos, o pueden verificarse en un proceso de apercepción activa; son; entonces,
activos, y constituyen lo que se llama vulgarmente procesos imaginativos y lógicos (procesos aperceptivos).
Pata terminar con este punto, es conveniente tener en cuenta cómo entiende Wundt la combinación de los
elementos que produce las
estructuras de la conciencia. No se trata ya de una
mecánica, sino más bien de una química mental (7). Para comprenderlo, lo mejor es recordar su teoría del espacio, en particular del
espacio visual, o de las representaciones espaciales, lo que es lo mismo. Aquí se halla el fin de una línea que remonta a Berkeley, y
en enlace próximo con Lotze. Las representaciones espaciales nacen de la fusión de las sensaciones musculares, que proceden de los
músculos de los ojos cuando dirigimos la mirada a un objeto, con las sensaciones de luz; a saber: de claridad y color. Naturalmente que
esta fusión se hace según ley. En el espacio táctil la fusión es de las sensaciones de presión con las de los movimientos (de presión
interna). Con esto estamos en el tránsito que lleva a los principios que rigen las combinaciones que dan lugar a las varias estructuras
psíquicas. Como lo muestra claramente en un caso concreto el ejemplo anterior, hay en el dominio del espíritu una
síntesis creadora, o,
lo que es lo mismo, los elementos, sensaciones y sentimientos, al combinarse, dan lugar a nuevos contenidos psíquicos; así surge toda
la variedad que se nos presenta en la conciencia. Pero es preciso tener en
cuenta que para Wundt no es esta síntesis creadora algo
añadido a los elementos, quizá un acto del sujeto, sino que tiene su origen único en los elementos combinados; es, pues, una síntesis
en cierto modo análoga a las que estudia la química. En este respecto, sin embargo,
Wundt contrapone los dominios del espíritu y la
naturaleza. En aquél hay constante creación, producción de algo nuevo, mientras que en la última hay mera conservación de lo
existente,
conservación que se expresa, por ejemplo, en la ley de la conservación de la energía. En la síntesis creadora los nuevos contenidos
resultan de los elementos combinados y están determinados en sus propiedades por las relaciones en que se hallan los elementos; así
incluye dos principios: el de las «resultantes» y el de las «relaciones».
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(7) La expresión "química mental" procede de Stuart Mill.
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