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PSICOLOGÍA CONTEMPORÁNEA

J. Vicente Viqueira

Índice general



 

J. Vicente Viqueira - La Psicología Contemporánea                                                                           Capítulo VIII - CONCLUSIÓN

 

CAPÍTULO VIII
Conclusión (1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8)

   
   

Pasamos a la cuestión de los métodos. En este respecto podemos distinguir dos posiciones fundamentales; a saber: 1.ª, la de los métodos objetivos y subjetivos; 2.ª, la de explicación y descripción. La primera cuestión, pues, que tenemos que resolver es la que surge del conflicto de la psicología objetiva y subjetiva como podríamos llamar aquí más claramente a la introspectiva. Nos hallamos, por consiguiente, frente a la contraposición. ¿Debemos proceder según el método objetivo o según el subjetivo? Hemos visto ya cómo métodos experimentales objetivos se unen y completan con la introspección. Detallemos aquí, y según principios, cómo esto ha de hacerse forzosamente.

Los métodos experimentales y objetivos han podido afirmarse porque se han confirmado como válidos en las investigaciones; a saber: 1.º, en muchos dominios de la psicología nos han procurado datos que de otra manera no hubiéramos poseído. Basta recordar el de la percepción en donde los umbrales son un buen ejemplo; asimismo los de la memoria y la atención; 2.º, en muchas ramas de la psicología los métodos objetivos son los únicos posibles. Así sucede en la psicología animal, en la del niño y en la psicopatología en el caso en que los enfermos sean incapaces de la introspección; 3.º, por último, para la psicología aplicada como, por ejemplo, sucede hoy con respecto del estudio de los anormales mentales o de la psiquiatría, los métodos objetivos son los que han posibilitado tal aplicación y la han realizado, verbigracia, mediante los tests. El campo de los métodos objetivos es, pues, vastísimo y de prodigiosa importancia.

Sin embargo, dichos métodos ni existirían como métodos psicológicos si la introspección no existiese. Es más, sin el método subjetivo, sin la introspección, no habría psicología. Si el conductismo es aún psicología, lo es porque subrepticiamente supone la introspección (habla, por ejemplo, de emociones, de memoria). Los términos conciencia, sensación, imagen, recuerdo, confusión mental, etc., tienen su origen en la introspección; es más, todos los términos psicológicos surgen de esta fuente. Por consiguiente, la introspección es un supuesto necesario de toda indagación psicológica y lo es de dos maneras: 1ª, pone el problema (ya que es psíquico); 2.ª, da la interpretación de los resultados. Esto sucede aun en los casos de máxima objetividad, cuando no parece considerarse más que la reacción externa, pues siempre aquí lo que a la psicología interesa es lo psíquico que se expresa en ella. Aún hay algo más que aumenta la importancia de la introspección. Existen dominios, los más complejos y ricos de la psicología, que no se prestan a la indagación experimental. Entre ellos citamos uno típico; es éste el de la «experiencia religiosa» (en el sentido de W. James) en donde apenas puede pensarse en una intervención experimental objetiva. Ya por esto, W. Wundt reconocía que en dichos dominios de compleja actividad psíquica, era preciso recurrir como complemento a los productos históricos humanos que ofrecen una cierta fijeza. Ahora bien; estos productos son sólo psíquicos mediante su interpretación, y su interpretación es sólo posible mediante una introspección previa. Por ejemplo, podemos saber de los estados religiosos de un pueblo o de un individuo sólo porque en cierta medida somos capaces de experimentarlos en nosotros. Aquí la introspección se combina con la observación en los otros.

En resumen: la base de la psicología es la introspección, pero los métodos objetivos y experimentales, en muchos casos únicos aplicables y utilísimos, deben combinarse con ella. En cuanto al segundo opuesto indicado, por un lado aparece la psicología como una ciencia causal e inductiva de ciertos hechos que se dan en los seres psicológicos y que constituyen un aspecto de su vida natural. Por otra, se exige una psicología descriptiva (caso extremo de ello Dilthey). La psicología surge así, a veces, como estructural, y puesto que la estructura puede presentarse como necesaria, como esencial, ha nacido la pretensión de una fenomenología en el sentido de Husserl. Aquí emerge, por consiguiente, la oposición que formularemos de la siguiente manera: ¿es la psicología descriptiva o genética? Si por descripción entendemos el decir «cómo algo es» y por explicación «cómo algo sucede», podremos formular la cuestión de este otro modo. ¿Dice la psicología sólo cómo es la realidad psíquica o dice cómo sucede esta realidad? La respuesta inevitable será: ambas cosas. Fijémonos en lo que hallamos en la vida mental. Integrando la personalidad espiritual se encuentra una serie de cualidades enlazadas mediante relaciones y por otra parte estas cualidades se presentan en un fluir, en un suceder, acompañado, en diverso grado, de la experiencia de actividad; son actividad psíquica. Ahora bien; la tarea de la psicología consistirá:

1.º En describir aquella unidad de la persona y su raíz, y en describir las cualidades y relaciones que encierra; en decir cómo son. Algunas de las relaciones que aquí se presentan, serán necesarias como lo pretende Husserl; pero esto no basta para hacer con ellas una ciencia aparte, pues no constituyen un objeto aparte, sino que sólo se comprenden en la unidad de lo psíquico.

2.º En explicar aquellas realidades. Aquí la tarea de la psicología, puesto que indaga «cómo suceden», será genética. Genética decimos, y no causal, para evitar todo prejuicio o error. De hecho encontramos suceder según ley en nuestro espíritu. Si este suceder es causal o no, es indiferente para una ciencia empírica para quien la ley es lo único que importa. Por lo demás, téngase en cuenta que causalidad desde D. Hume no significa más que suceder según ley.

Por consiguiente, la psicología será descriptiva y genética a la vez.

Consideremos ahora el objeto de la psicología en conjunto. Aquí hallamos de nuevo dos oposiciones fundamentales; a saber: 1.ª, la de todo orgánico y suma de partes; 2.ª, la de cualidad y cantidad.

La primera oposición puede formularse de la siguiente manera: ¿es el espíritu una mera suma de elementos o ha de ser aceptado como un todo unitario, irreductible y orgánico? Nos decidimos por lo último. Efectivamente; la unidad de la conciencia se presenta como un hecho irreductible que se puede describir, pero no explicar. Claro que no se debe confundir esta unidad con la de la persona; ésta sí que se explica, pues es la formación de un conglomerado psíquico según ley; sobre la base de aquella unidad de la conciencia (su raíz). El Yo que es su núcleo y con el cual al relacionarse de una manera experimentada todo es psíquico, consciente, e inicialmente personal, es inderivable y a su relación con lo presente y consciente le sucede lo mismo. Volvamos hacia atrás y recordemos algo en este respecto. Para unos, el sujeto era un producto de los contenidos de la conciencia, un algo derivado de ellos o idéntico con ellos; así quizá hasta podrían existir estados de conciencia impersonales. Pero es evidente que la conciencia de nosotros mismos, el Yo, es totalmente irreductible y que lo es porque ninguno de los contenidos de conciencia en sí o en su conjunto nada encierran de la experiencia del Yo. Es un hecho que la introspección muestra, y no una teoría. El estar en relación experimentada con este Yo, la presencia inmediata, es también un dato irreductible e inanalizable en el que consiste la conciencia de algo. Lo que existe sin estar inmediatamente presente, pero puede estarlo, es lo subconsciente. Así, la vida mental no aparece como una suma ni como un tejido de procesos, sino como una expansión, un desarrollo del sujeto, desarrollo que se verifica en un suceder caleidoscópico de cualidades. No elementos, en el sentido de elementos-partes, sino elementos en el sentido de elementos-aspectos, es lo que hallamos en las realidades de conciencia. No adición, sino un todo dado en cada momento es lo que encontramos en nuestra vida psíquica; lo cual no excluye la ley que es aquí ley del desarrollo de cualidades o aspectos.

En efecto; las diversas cualidades que en el espíritu se presentan, no son reductibles unas a otras, no son derivables unas de otras, aunque sólo se presenten cuando otras se presentan. La novedad de la cualidad no podría obtenerse por ninguna combinación, pues ésta daría una combinación, no una novedad. Lo dicho va en contra de toda pretendida química mental. De una suma de elementos no surge más que una suma, pero no un hecho de conciencia nuevo; a + b es simplemente a en una cierta relación con b, pero no un nuevo contenido c, y si esta mera relación es algo más como nueva cualidad que surge, será algo añadido a aquellos dos elementos. Por consiguiente, los diversos aspectos que hallamos en la vida psíquica no son determinables como sumas, sino sólo por su cualidad y por su relación con el sujeto y con los otros aspectos; es decir, por su posición recíproca. No se conciben más que en un todo, son dependientes entre sí y se influyen mutuamente, tendiendo a conservarse en unidad. Consecuencia: no es posible una psicología que proceda por síntesis, por una química mental, sino una que parta de la unidad de la conciencia y del suceder psíquico en ella.

Hemos hablado antes del desarrollo cualitativo del suceder consciente, pareciendo que así excluíamos la cantidad. Con esto estamos en otra oposición fundamental: ¿es el espíritu cualidad o cantidad? Debemos ver ahora cómo se resuelve conservando las medidas psíquicas. Una psicología que emplee la medida es posible, pero cómo es posible es lo que debemos mostrar. Ante todo hay que abandonar la concepción de las medidas psíquicas en el sentido que quisieron darles Fechner y otros psicólogos. La medida en este sentido sería análoga a la medida física (suma de partes) y ésta, incluso la medida del tiempo, es espacial, se realiza mediante el espacio. Toda medida física se basa en el hecho de la comprensión de partes como lo ha mostrado Bergson, y este hecho de la comprensión, que puede reducirse a la coexistencia externa, es la esencia del espacio. Lo mental, pues, ajeno al espacio, no puede medirse en sí. En sus vacilaciones, la psicología de los últimos años se encaminaba a este resultado. Después de Fechner ya no se admitían, en general, las medidas psíquicas como una suma de partes; pero el concepto de medida psíquica, aunque meramente relativa, se encuentra, como vimos, en W. Wundt. La crítica de W. James, H. Münsterberg y Bergson, la desalojó del lugar que hasta entonces había ocupado en la ciencia.

No quiere esto decir que en otro respecto no sea posible la medida en psicología. La psicología puede en cierto modo ser cuantitativa y no meramente cualitativa. En esto las críticas han ido demasiado lejos. En efecto; en todas partes se puede contar, como dice Th. Lipps, y así ante los sucesos de conciencia contamos, por ejemplo, las veces que hemos reproducido una imagen, los objetos que vemos a la vez, etc. Por otra parte, el tiempo real en el que nuestros procesos mentales se verifican, es el tiempo real en que se verifican los hechos físicos. De aquí que nos sea dado medir la duración de los procesos mentales. Por último; una porción de datos cuantitativos físicos pueden ponerse en relación con datos mentales del tipo antedicho o en general con datos mentales. Recordemos de este último género los umbrales de la sensación. Entre todos estos datos pueden establecerse relaciones. De todo ello surge una serie de medidas posibles en las que podemos distinguir los siguientes tipos:

1.º Umbrales. Los valores numéricos de los excitantes sirven de indicación de los cambios de la sensación.

2.º La relación entre un número de objetos y número de sucesos de conciencia sirve de medida. Por ejemplo, la medida de la amplitud de la atención.

3.º La relación entre los números que expresan varios sucesos de conciencia sirve de medida. Por ejemplo, en la memoria el número de repeticiones y el número de faltas cometidas al recordar lo repetido.

4.º Un número de sucesos sirve de medida. Por ejemplo, el número de repeticiones capaz de hacer recordar algo.

5.º El tiempo sirve de medida o entra en las medidas. Por ejemplo, la llamada curva del olvido.

6.º Los tests o pruebas mentales. Un suceso complejo puede expresarse hasta con un cierto valor numérico, mediante acciones o resultados de acciones. Por ejemplo, el test de cancelación para la atención.

Con todos estos datos no puede negarse que la psicología no sea en cierto respecto cuantitativa y que se pueda y deba aspirar a obtener en las investigaciones medidas psíquicas.

 

(1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8)

J. Vicente Viqueira - La Psicología Contemporánea                                                                           Capítulo VIII - CONCLUSIÓN

 

 

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