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Para el caso de la disyunción inclusiva, el umbral puede ser cero o superior, sin embargo, para la conjunción el umbral ha de ser mayor que cero. Es posible entrenar a la red para que modifique sus pesos de modo que converjan en los adecuados para producir el patrón de salida adecuado. Expresado en términos de hiperplanos, la red resuelve los problemas lógicos anteriores si existe un hiperplano capaz de distribuir el plano en dos regiones: en el caso de la función AND (la conjunción), en una región quedarían los patrones de entrada (0,0), (0,1), (1,0) y en la otra región el patrón (1,1); en el caso de la función OR (la disyunción inclusiva), en una región quedaría el patrón (0,0) y en la otra los patrones de entrada (0,1), (1,0), (1,1); estos patrones corresponden a los valores de verdad posibles de los enunciados que componen el enunciado molecular. Veamos cómo se puede utilizar este método:
La recta divide el espacio en dos regiones que podríamos interpretar uno como correspondiendo al valor 1, y el otro como correspondiendo al valor 0; si en cada una de estas regiones se incluye el patrón de entrada correspondiente, entonces podemos decir que la red es capaz de computar la función lógica, pues distribuye adecuadamente los valores de verdad del patrón de entrada con el valor de salida que les debe corresponder. En las figuras siguientes se muestra el plano xi, x2 con los cuatro puntos que corresponden a los cuatro vectores de entrada (0,0), (0,1), (1,0), (1,1).
Sin embargo, la red de dos capas no puede computar adecuadamente la función lógica XOR (la disyunción exclusiva); veámoslo:
si ahora representamos en el plano las vectores de entrada y los valores de verdad correspondiente, tenemos
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En todos ellos reconocemos sin dificultad la letra "E", y todos ellos pueden interpretarse como variaciones del mismo patrón, el correspondiente a dicha letra. Podemos llamar “reconocimiento de patrones” al hecho de identificar distintos estímulos como perteneciendo a la misma clase, como siendo del mismo tipo. Los psicólogos han presentado diversas teorías para comprender el modo en que nuestra mente es capaz de reconocer patrones; una de las primeras y más sencillas es la de “comparación de plantillas”. Según esta teoría en nuestra memoria debe haber un modelo o plantilla correspondiente a cada forma que podamos reconocer. Cuando vemos un objeto, la imagen que se produce en la retina se la compara con las plantillas almacenadas en nuestra memoria y aquella que mejor se ajusta a la imagen retiniana es la que identifica al objeto visto. Fácilmente se ve que esta teoría no es satisfactoria: un cambio en la posición, tamaño u orientación del objeto provocaría un desajuste que haría imposible el reconocimiento. Además no podríamos reconocer formas deterioradas pues tampoco coincidirían con las plantillas. |
Podríamos modificar la teoría para superar estas dificultades: por ejemplo suponiendo que existen tantas plantillas almacenadas como variedades posibles de posición, rotación, tamaño y distorsión, pero está claro que ésta no es una buena solución pues exigiría un número tan grande de plantillas que ni siquiera el cerebro podría almacenar. Otra estrategia más razonable consistiría en suponer que antes de la comparación del input retiniano con las plantillas nuestra mente realiza un análisis preparatorio, lo que algunos autores llaman “preprocesamiento”: mediante este análisis las imágenes retinianas se someten a un proceso de normalización que los traduce a un formato estándar compatible con los formatos de las plantillas existentes en nuestra memoria (ajustando el tamaño y la orientación por ejemplo). Existen algunos resultados experimentales que parecen avalar la hipótesis de la normalización.
Algunas de las dificultades del modelo de plantillas se pueden resolver con otro modelo algo más complejo que el anterior: el modelo basado en el análisis de características. Esta teoría defiende que nuestra mente no trabaja con copias exactas de la información sino con el análisis de las características internas de cada patrón; por ejemplo, el sistema visual utilizaría un análisis de características al menos en las siguientes dimensiones: líneas y sus variantes (verticales, horizontales, oblicuas), ángulos y sus variantes y curvas. En la memoria se representa cada patrón mediante una lista de sus características geométricas y (al menos en las versiones más elaboradas) sus correspondientes pesos. Así, la letra "A" podría representarse mediante la siguiente lista de características: pesos altos: dos líneas inclinadas, una hacia la derecha y otra hacia la izquierda, una línea horizontal, un ángulo apuntando hacia arriba; pesos bajos o nulos: líneas verticales, líneas curvas discontinuas, ángulos rectos, etc. El patrón estimular activa los detectores de características, y la configuración de la activación resultante se compararía con la de los patrones almacenados en la memoria; la configuración que mejor se ajuste determinaría la interpretación perceptual del sistema.
El Pandemonium propuesto por O. Selfridge en su escrito de 1959 Pandemonium: A paradigm for learning es precisamente uno de los primeros y más conocidos modelos de reconocimiento de patrones basados en el análisis de características. Originariamente el Pandemonium se concibió como un programa de ordenador para reconocer señales del código Morse, pero posteriormente se le dio una interpretación psicológica como modelo de reconocimiento alfanumérico. La exposición y comentarios que siguen se refiere precisamente a la versión más conocida del Pandemonium (la de Lindsay y Norman en su obra Introducción a la psicología cognitiva) y cuyo objetivo es el reconocimiento de letras. El Pandemonium consiste en varios conjuntos de unidades a las que Selfrigde dio el nombre de “demonios”, unidades que realizan distintas tareas y provocan la información de salida (la identificación de la forma presentada al sistema). El dibujo siguiente es una representación habitual del Pandemonium (tomado de Linsay y Norman, Introducción a la psicología cognitiva).
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Los tipos de demonios de los que consta el modelo son los siguientes: Demonios de la imagen: su tarea es registrar la imagen del signo externo. Demonios de características: la tarea de las unidades de este tipo es analizar la imagen registrada; cada demonio de características está especializado en un aspecto particular de la forma (unos detectan líneas, otros ángulos, otros curvas, ...) por lo que el procesa- miento en este nivel consiste en la descomposición de la forma en sus características relevantes; cada demonio de características detecta la presencia de alguno de los rasgos para los que ha sido definido (por ejemplo el demonio correspondiente a las líneas verticales detecta la presencia y número de líneas verticales en la figura).
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Demonios cognitivos: reciben y examinan la información de los demonios de características; cada demonio cognitivo está especializado en el reconocimiento de una forma (por ejemplo, uno para la letra "A" otro para la "B", ...) y busca en los datos que les ofrecen los demonios de características la presencia de los rasgos que definen la letra en la están especializados (por ejemplo el demonio cognitivo de la letra "A" buscará la presencia de una línea horizontal, dos oblicuas y tres ángulos agudos).
Demonio de decisión: cuando un demonio cognitivo encuentran una característica que buscaba empieza a gritar y cuantas más características descubre más grita; la tarea del demonio de decisión es escuchar el Pandemonium producido por los demonios cognitivos y seleccionar el que grita más fuerte; la interpretación que el sistema hace de la forma que se le presenta corresponde a la letra decidida por este demonio.
Una cuestión muy importante que tiene que decidir el diseñador de un Pandemonium es la de determinar las características de cada patrón. Se han dado distintas propuestas de los criterios más adecuados para ello, propuestas entre las que destaca la que presentó en 1969 E. J. Gibson en su obra Principles of perceptual learning and development. Los criterios que defendió se referían a la selección de la lista de características para las letras mayúsculas, y son los siguientes:
1. Las características críticas deben estar presentes en algunos miembros, pero no en otros, de modo que permitan una clara distinción entre ellos.
2. No deben variar cuando cambia el brillo, tamaño o perspectiva.
3. Deben producir un único patrón para cada letra.
4. La lista no debe ser muy extensa.
Más explícita es la propuesta de Linsay y Norman en su libro ya clásico Introducción a la psicología cognitiva. El cuadro siguiente (tomado de dicha obra) presenta los demonios de características necesarios para la identificación de una letra y los valores que activan para cada una de las letras del alfabeto. Mediante las siete características citadas podemos identificar adecuadamente la totalidad de las letras.
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Líneas verticales |
Líneas horizontales |
Líneas oblicuas |
Ángulos rectos |
Ángulos agudos |
Curvas continuas |
Curvas discontinuas |
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A |
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1 |
2 |
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3 |
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B |
1 |
3 |
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4 |
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2 |
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C |
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1 |
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D |
1 |
2 |
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2 |
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1 |
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E |
1 |
3 |
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4 |
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F |
1 |
2 |
|
3 |
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G |
1 |
1 |
|
1 |
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|
1 |
|
H |
2 |
1 |
|
4 |
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I |
1 |
2 |
|
4 |
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J |
1 |
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|
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|
1 |
|
K |
1 |
|
2 |
1 |
2 |
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L |
1 |
1 |
|
1 |
|
|
|
|
M |
2 |
|
2 |
|
3 |
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N |
2 |
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1 |
|
2 |
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O |
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|
1 |
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P |
1 |
2 |
|
3 |
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|
1 |
|
Q |
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1 |
|
2 |
1 |
|
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R |
1 |
2 |
1 |
3 |
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|
1 |
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S |
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|
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|
2 |
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T |
1 |
1 |
|
2 |
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U |
2 |
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|
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1 |
|
V |
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|
2 |
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1 |
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|
|
W |
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|
4 |
|
3 |
|
|
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X |
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|
2 |
|
2 |
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Y |
1 |
|
2 |
|
1 |
|
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|
Z |
|
2 |
1 |
|
2 |
|
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En realidad, el
modelo basado en el análisis de características es semejante al de
comparación de plantillas, sólo que aquí las plantillas son las partes
geométricas que componen la letra (podríamos llamar a cada característica “miniplantilla”)
y en el segundo caso las letras mismas. Parece que este modelo puede
explicar lo que el modelo de plantillas puede explicar (ya que las
plantillas están compuestas por características) y, además, otra serie de
fenómenos para los que el modelo de plantillas es ineficaz.
La teoría del análisis de características (bien sea al modo del Pandemonio, bien sea con otro tipo de architectura) goza de un apoyo experimental razonable, apoyo mayor que la teoría de las plantillas. Veamos alguno de estos experimentos:
En su artículo de 1964 Visual search (“Scientific American”, 210) Neisser planteó la siguiente hipótesis: si el modelo de detección de características es correcto la identificación de una letra (que podríamos llamar letra-objetivo) en un contexto formado por otras letras con características muy semejantes será más lenta que la identificación de una letra en un contexto formado por letras con características muy distintas; por ejemplo la identificación de la letra-objetivo "Z" en el contexto de las letras "X", "L", "N" (letras angulosas) será más lenta que la identificación de dicha letra-objetivo en el contexto de las letras "C", "S" o "G" (letras redondeadas). Esta hipótesis parece razonable puesto que se debe tardar más en rechazar una "N" que una "C", puesto que la "Z" comparte con la "N" más rasgos que con la "C". En los experimentos, los sujetos tardaban más en identificar la letra-objetivo cuando estaban en un contexto con letras similares que cuando estaban en un contexto con letras menos parecidas.
Existen ciertas técnicas que nos permiten preparar el ojo de tal modo que la imagen visual en la retina sea la misma aunque el ojo cambie de posición; en estos casos se observa (y quizá por la fatiga de los receptores retinianos) que la imagen empieza a desaparecer, pero lo hace perdiendo partes significativas, no al azar (la “imagen detenida” va perdiendo líneas rectas, curvas, segmentos significativos, ...). Estos estudios de fragmentación perceptual parecen avalar la teoría del análisis de características.
Otro conjunto de experimentos importante se refiere a las confusiones que se producen en el reconocimiento de letras cuando éstas se presentan en condiciones que dificultan su identificación. Existen varias técnicas para provocar la confusión en los sujetos que realizan la tarea (por ejemplo utilizar el taquistoscopio para presentar estímulos en tiempos extremadamente breves). Los resultados de estos experimentos muestran que las letras que comparten más características tienden a confundirse, algo que la teoría del análisis de características predice.
Algunas
investigaciones sugieren la existencia de diversos tipos de células
nerviosas funcionalmente distintas, células que responden selectivamente
a distintos estímulos: unas a bordes, otras a vértices, otras a barras
luminosas, otras a barras oscuras, ...). Sin embargo los resultados y
experimentos son controvertidos y no hay un acuerdo unánime en este punto.
En el caso de existir la especialización nerviosa citada, la teoría de los
detectores de características quedaría fuertemente avalada.
Pero, más allá de su bondad (por ejemplo para explicar la identificación de los caracteres escritos y las formas geométricas sencillas) el modelo del Pandemonium y, en general, la teoría del análisis de características, presenta importantes deficiencias si lo queremos utilizar como una teoría general del reconocimiento de patrones. Veamos alguna de ellas:
El Pandemonium no puede distinguir entre una "T" y una "T" invertida, o una letra y su imagen en el espejo. La causa de estas limitaciones está en el tipo de información que el sistema considera relevante para la identificación: el Pandemonium se fija en los elementos que componen el patrón pero no en sus relaciones estructurales. Las relaciones estructurales tienen que ver, por ejemplo, con el modo de estar localizados y orientados unos rasgos respecto de otros (la simetría, la intersección, la igualdad, ...), y, sin duda, intervienen realmente en el modo en que nosotros reconocemos patrones. Además, posiblemente nuestra mente atiende a este tipo de relaciones para distinguir variantes del mismo patrón: vemos como distintos los signos A, A, A, y A (aunque todos sean ejemplos de la letra "A"), somos capaces de clasificar ejemplos del mismo patrón en grupos a partir de sus semejanzas. Seguramente debido a la limitación citada, el modelo del Pandemonium no puede explicar esta competencia (por ejemplo, el demonio de decisión responderá del mismo modo y sin matices ante dichos signos).
Otra limitación de este modelo es que no introduce datos “de alto nivel” como puede ser la información contextual (se ha demostrado experimentalmente que el sentido global de una frase interviene en la interpretación particular que se le asigna a una letra), o las expectativas inducidas.
Por lo demás, cuando creamos un Pandemonium e intentamos comprobar su validez, parece necesario que nosotros hayamos interpretado antes el estímulo en los términos de las categorías físicas que el propio sistema utiliza para definir el patrón (líneas rectas, curvas, ángulos, ...), de tal manera que, en realidad, el Pandemonium interpreta lo que antes nosotros hemos interpretado del estímulo, no interpreta el estímulo mismo; para que de verdad fuese capaz de realizar esto último al sistema se le debería presentar la energía luminosa del propio estímulo (es decir, debería estar conectado a un sensor y utilizar los datos que éste le ofrezca). Por ejemplo, si al sistema le presentamos una letra que conste de una línea recta, no es cierto que el estímulo básico o primitivo sea propiamente una línea recta pues esto ya exige una interpretación (es necesario saber qué es una línea recta); nuestra mente es capaz de descubrir líneas rectas en el entorno, y es necesario una explicación de esta competencia; el Pandemonium no da cuenta de la habilidad de nuestra mente para captar este tipo de regularidad en los estímulos. O dicho en otros términos: en el reconocimiento de patrones existe un procesamiento de la información anterior y más básico que el que nos ofrece los modelos al estilo del Pandemonium.
Por último, y
relacionado con lo anterior, el modelo del Pandemonium tiene poca validez
ecológica: puede ser competente en situaciones bastante artificiales
(pocos patrones, cada uno de ellos compuesto de un número reducido de
categorías y que se ofrecen en condiciones perceptuales óptimas), como
ocurre en el caso de las letras del alfabeto; sin embargo, en situaciones
normales, los estímulos son objetos tridimensionales y se ofrecen en
condiciones físicas no necesariamente perfectas (poca iluminación, sombras,
escorzos, mezcla de unos objetos con otros, ...); en estas situaciones
reales la eficacia de un Pandemonium es prácticamente nula.
Este modelo de identificación de patrones se puede incluir en el enfoque conexionista pues presenta algunos de sus rasgos principales:
1. Existen muchas unidades de procesamiento.
2. La información se almacena de un modo bastante distribuido: en el nivel de los demonios de características cada letra se define por la activación de un conjunto de unidades y cada unidad colabora en la identificación de varias letras.
3. El procesamiento es en paralelo pues todas las unidades de cada nivel actúan simultáneamente.
4. Las unidades están conectadas entre sí formando distintos niveles o capas.
5. La entrada y la salida de cada una de las unidades se expresa de modo cuantitativo.
6. El cómputo que realiza el sistema es básicamente de tipo cuantitativo y probabilístico (los demonios cognitivos reciben información cuantitativa de los demonios de características y envían su señal al demonio de decisión de modo cuantitativo (gritando mucho, poco o nada).
Pero también
encontramos algunas importantes diferencias:
La primera y más llamativa se refiere al sistema de representación gráfica utilizado: en los modelos conexionistas típicos las unidades se suelen representar con círculos, reciben el nombre de neuronas y las conexiones entre ellas se representan mediante líneas rectas; en el Pandemonium las unidades reciben el nombre de demonios, se las representa mediante pequeños diablillos, y las conexiones entre ellas mediante flechas más o menos imaginativas.
En el Pandemonium las conexiones son excitatorias: en el sentido de que si un demonio de características detecta un característica envía su señal a un demonio cognitivo provocando un aumento en la posibilidad de que este se active o un incremento en su activación; a su vez el incremento de los demonios cognitivos provoca un aumento en la posibilidad de que el demonio de decisión se decida por el carácter que representa dicho demonio cognitivo; pero el Pandemonium (al menos en sus versiones más sencillas) no presenta conexiones inhibitorias mientras que las redes conexionistas tradicionales sí lo hacen.
Aunque, como se ha dicho, el sistema es un sistema de representación distribuida, las redes tradicionales distribuyen de un modo más acentuado la información. Un aspecto de esta diferencia se refiere a la interpretación cognitiva: en los modelos de redes conexionistas en los que la información está más distribuida las unidades no representan ni significan nada, los significados y las representaciones aparecen como consecuencia de la interacción entre una muchedumbre de unidades, y se reflejan particularmente en el patrón de pesos y el patrón de actividad. En el Pandemonium hay, al menos, un nivel en el que es posible la interpretación cognitiva puesto que en él la información se representa de forma localista y no distribuida (el de los demonios de características, en donde cada demonio representa una letra) Por otro lado, es cierto que también se han propuesto importantes ejemplos de redes conexionistas con unidades que permiten una interpretación cognitiva (por ejemplo la red NETtalk explicada más abajo), y, por lo tanto, representaciones locales.
El Pandemonium no presenta de modo preciso las modificaciones cuantitativas que sufren las unidades (por ejemplo la intensidad exacta necesaria para la activación de un demonio cognitivo, ni la magnitud exacta de la señal que envía un demonio cognitivo al demonio de decisión para que se decida por la letra correspondiente al demonio cognitivo).
En el modelo tampoco encontramos conceptos habituales en el procesamiento de las redes conexionistas tradicionales (umbral, función de activación, función de transferencia, .... );
El procesamiento realizado por el Pandemonium depende de las asignaciones que el diseñador del sistema a establecido, las cuales dependen, a su vez, de la comprensión que el diseñador tiene de las características esenciales de las letras (por ejemplo, considerar que la características esenciales de la letra G son tener una línea vertical, una línea horizontal, un ángulo recto y una curva discontinua); por esta razón en realidad el Pandemonium no es un sistema capaz de aprender a reconocer formas (no sufre un proceso de modificación de las unidades para adecuar la entrada con la salida del sistema) ni utiliza algoritmos de aprendizaje; sin embargo las redes tradicionales pueden aprender en el sentido citado y para ello disponen de algoritmos de aprendizaje. El Pandemonium puede llegar a reconocer patrones pero su capacidad se debe básicamente a la comprensión que el diseñador tiene de la estructura de los patrones que ha de identificar.
De todos modos, las diferencias anteriores no son significativas pues algunas se refieren incluso a cuestiones de índole estético (el uso de “demonio” en vez de “neurona”, o los dibujos de las unidades); y la mayoría de ellos se deben a la falta de concreción con habitualmente se presenta el Pandemonium. De hecho es posible utilizar las ideas básicas que utiliza este modelo para explicar nuestra capacidad para reconocer patrones y reflejarla de un modo más preciso y detallado y en términos similares a las redes conexionistas tradicionales. Es lo que ocurriría si intentásemos implementar el Pandemonium en un ordenador; en este caso sería preciso concretar con precisión las modificaciones cuantitativas que afectan a las unidades, a la vez que las funciones matemáticas que determinan el cómputo en los distintos niveles de procesamiento; incluso podrían añadirse conexiones inhibitorias para favorecer el procesamiento. Con estos complementos (que no implican un cambio en el modelo sino su concreción) la representación y arquitectura del Pandemonium de Selfridge tendría el mismo aroma que los modelos conexionistas tradicionales.
Sin embargo, en
donde las diferencias están más marcadas es en el tema del aprendizaje. Ya
se ha dicho que una de las características principales de las redes
conexionistas es que aprenden a reconocer patrones, no sólo que
reconocen patrones; pero en el caso del Pandemonium quien debe aprender
es el diseñador de la red: debe descubrir y aprender cuáles son las
características básicas que tiene cada letra (ángulos, líneas rectas, líneas
curvas, ...) y debe descubrir “a mano” las dificultades con las que puede
tropezar el sistema para realizar un procesamiento eficaz. Por ejemplo, si
intentamos poner en funcionamiento el Pandemonium podemos observar que en
principio tendría dificultades para distinguir la letra
"P" de la
"R": la
"P"
tiene una línea vertical, dos horizontales, tres ángulos rectos y una curva
discontinua y la "R" todas ellas más una línea oblicua, de modo que los
demonios cognitivos de la "P" y la
"R" se activan por igual y el demonio de
decisión no podrá elegir entre ellos. El diseñador ha de utilizar alguna
estrategia para resolver este problema, por ejemplo obligar a que un demonio
cognitivo se active al máximo si y sólo si están presentes todas las
características de la letra correspondiente, de este modo tanto la ausencia
de una característica como la presencia de una característica irrelevante
inhibirá la respuesta de la unidad. Con este ejemplo se quiere señalar que
el modelo del Pandemonium exige que el diseñador conozca la “lógica” del
procesamiento de la información para el reconocimiento de patrones, algo
que, como se sabe, constituye uno de los objetivos de la psicología
cognitiva tradicional. Esto no ocurre en el caso de los modelos
conexionistas: en ellos la red utiliza algoritmos para la modificación de
los pesos de sus conexiones y gracias a dichas modificaciones puede aprender
por sí misma a reconocer los patrones (una consecuencia de ello es que en
los modelos conexionistas no es posible saber cuáles son los elementos
relevantes que la red toma en cuenta para el procesamiento ni el orden ni la
lógica de dicho procesamiento; precisamente la originalidad del
planteamiento conexionista es que rechaza la existencia de reglas de
procesamiento).
Terrence Sejnowsky y Charles R. Rosenberg escribieron en 1986 NETtalk: A Parallel Network that Learns to Read Aloud. En este artículo presentaron la red NETtalk, cuya finalidad era leer y hablar textos en inglés.
NETtalk tiene una estructura de tres capas interconectadas con cerca de 20.000 sinapsis:
en la capa de entrada encontramos 7 grupos de 29 unidades cada uno (203 unidades de entrada);
la capa oculta consta de 80 unidades;
y la capa de salida de 26 unidades.
De las 29 neuronas que consta cada grupo de la capa sensorial, 26 codifican una letra del alfabeto inglés y las otras tres restantes la puntuación y los límites entre palabras. Puesto que las unidades de entrada se distribuyen en siete grupos, el patrón de entrada que la red es capaz de reconocer ha de ser de 7 caracteres como máximo. Las unidades de salida o motoras codifican las dimensiones fundamentales del habla: fonemas, acentos y hiatos entre sílabas.
La red transformaba los datos de entrada (las letras) en fonemas o sonidos. Dado que los pesos originales se establecieron al azar, los primeros resultados no eran buenos; el entrenamiento consistió en presentar cerca de 1000 palabras del habla corriente de un niño; un “maestro” o supervisor controlaba la corrección de la respuesta de la red y modificaba los pesos mediante la regla delta generalizada (entrenamiento con propagación hacia atrás). Tras casi 50.000 presentaciones y las modificaciones correspondientes de sus pesos, la red era capaz de leer y hablar con una exactitud del 95 por ciento.
Resultan sorprendentes algunas semejanzas entre NETtalk y la capacidad lingüística humana:
la progresiva eficacia de la red guarda cierta semejanza con la de los niños: las primeras respuestas se parecen a los balbuceos sin sentido de un bebé, pero el sucesivo ajuste de los pesos mejora la calidad de los balbuceos lentamente, hasta culminar en unas respuestas coherentes e inteligibles ante cualquier texto en inglés;
es capaz de generalizar: al presentarle nuevas palabras del mismo niño el sistema era capaz de leer y pronunciar con una exactitud del 78 por ciento;
degradación elegante: la red muestra una clara resistencia al daño; la destrucción de algunos elementos de la red no tiene consecuencias catastróficas en el rendimiento total, simplemente disminuye su rendimiento.
Las propiedades citadas son las que cabría esperar de un sistema de procesamiento distribuido y paralelo (como se ha comentado en la sección correspondiente), y, sin duda, resulta más eficaz para modelar la capacidad humana para detectar patrones que los modelos de plantillas y de análisis de características.
La figura siguiente es un esquema simplificado de la arquitectura del NETtalk (tomado de Soledad Ballesteros, Psicología General. Un enfoque cognitivo).

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