|
La vida es quehacer, y la
verdad de la vida, es decir, la vida auténtica de cada cual, consistirá en hacer
lo que hay que hacer y evitar el hacer cualquiera cosa.
Para mí, un hombre vale en
la medida que la serie de sus actos sea necesaria y no caprichosa, pero con ello
estriba la dificultad del acierto.
Se nos suele presentar como
necesario un repertorio de acciones que ya otros han ejecutado y nos llega bajo
la aureola de una u otra consagración. Esto nos incita a ser infieles con
nuestro auténtico quehacer, que es siempre irreductible al de los demás.
La vida verdadera es
inexorablemente invención. Tenemos que inventarnos nuestra propia existencia y a
la vez este invento no puede ser caprichoso. El vocablo inventar recobra aquí su
intención etimológica de hallar. Tenemos que hallar, que descubrir la
trayectoria necesaria de nuestra vida, que sólo entonces será la verdaderamente
nuestra, y no de otro, o de nadie, como lo es la del frívolo.
¿Cómo se resuelve tan
difícil problema? Para mí no ha cabido nunca duda alguna sobre ello. Nos
encontramos como un poeta a quien se da un pie forzado. Este pie forzado es la
circunstancia. Se vive siempre en una circunstancia única e ineludible, ella es
quien nos marca con un ideal perfil lo que hay que hacer.
Esto he procurado yo en mi labor. He aceptado la circunstancia de mi nación y de
mi tiempo.
España padecía y padece un
déficit de orden intelectual. Había perdido la destreza en el manejo de los
conceptos, que son, ni más ni menos, los instrumentos con que andamos entre las
cosas. Era preciso enseñarla a enfrontarse [sic] con la realidad y
trasmutar ésta en pensamiento con la menor pérdida posible. Se trata, pues, de
algo más amplio que la Ciencia. La Ciencia es sólo una manifestación entre
muchas de la capacidad humana para reaccionar intelectualmente ante lo real.
Ahora bien, este ensayo de aprendizaje intelectual había que hacerlo allí donde
estaba el español: en la charla amistosa, en el periódico, en la conferencia. Y
era preciso atraerle hacia la exactitud de la idea con la gracia del giro. En
España para persuadir es menester antes seducir.

|