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EL
QUEHACER DEL HOMBRE |
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La vida es quehacer, y la verdad de la vida, es decir, la vida auténtica de cada
cual, consistirá en hacer lo que hay que hacer y evitar el hacer cualquiera
cosa.
Para mí, un hombre vale en la medida que la
serie de sus actos sea necesaria y no caprichosa, pero con ello estriba la
dificultad del acierto.
Se nos suele presentar como necesario un
repertorio de acciones que ya otros han ejecutado y nos llega bajo la aureola de
una u otra consagración. Esto nos incita a ser infieles con nuestro auténtico
quehacer, que es siempre irreductible al de los demás.
La vida verdadera es inexorablemente
invención. Tenemos que inventarnos nuestra propia existencia y a la vez este
invento no puede ser caprichoso. El vocablo inventar recobra aquí su intención
etimológica de hallar. Tenemos que hallar, que descubrir la trayectoria
necesaria de nuestra vida, que sólo entonces será la verdaderamente nuestra, y
no de otro, o de nadie, como lo es la del frívolo.
¿Cómo se resuelve tan difícil problema? Para
mí no ha cabido nunca duda alguna sobre ello. Nos encontramos como un poeta a
quien se da un pie forzado. Este pie forzado es la circunstancia. Se vive
siempre en una circunstancia única e ineludible, ella es quien nos marca con un
ideal perfil lo que hay que hacer.
Esto he procurado yo en mi labor. He
aceptado la circunstancia de mi nación y de mi tiempo.
España padecía y padece un déficit de orden intelectual. Había perdido la
destreza en el manejo de los conceptos, que son, ni más ni menos, los
instrumentos con que andamos entre las cosas. Era preciso enseñarla a
enfrontarse [sic] con la realidad y trasmutar ésta en pensamiento con la
menor pérdida posible. Se trata, pues, de algo más amplio que la Ciencia. La
Ciencia es sólo una manifestación entre muchas de la capacidad humana para
reaccionar intelectualmente ante lo real.
Ahora bien, este ensayo de aprendizaje
intelectual había que hacerlo allí donde estaba el español: en la charla
amistosa, en el periódico, en la conferencia. Y era preciso atraerle hacia la
exactitud de la idea con la gracia del giro. En España para persuadir es
menester antes seducir.
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Aspen,
1949
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Texto leído por Ortega y Gasset para la colección "Archivo de la Palabra",
en el
Centro de Estudios Históricos de Madrid (1931-1933).
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