TORRE DE BABEL

PRINCIPAL

  Bibliografía 

Enlaces  

Ejercicios

Estudios

 

 

Introducción a su pensamiento     (english version)

Galería de Imágenes

Genealogía  

Grabaciones

 

 

Libro de visitas

Noticias

Obras de Ortega

Reseñas

Textos de Ortega

 

 
 
 

"SISTEMA DE PSICOLOGÍA".

 Fundamentos y tesis principales de la  psicología fenomenológica de José Ortega  y Gasset hacia 1916

 

Javier Echegoyen Olleta

                              

 

 

Google
 

 

Índice

Preámbulo

PRIMERA PARTE: LA SUPERACIÓN DEL SUBJETIVISMO Y LOS FUNDAMENTOS DE LA PSICOLOGÍA

I. La necesidad de la filosofía

I. 1. La filosofía primera: necesidad de la fundamentación absoluta del conocimiento

I. 2. La filosofía de la psicología: necesidad de la fundamentación de una nueva psicología

i. 3. La psicología fenomenológica: necesidad de una fenomenología de la conciencia

II. LA CRISIS DE LA ÉPOCA. CRÍTICA Y SUPERACIÓN DEL SUBJETIVISMO

ii. 1. La crisis en la ciencia actual

ii. 2. Característica principal de nuestra época: el subjetivismo

II. 3. FORMACIÓN DEL SUBJETIVISMO

II. 4. CRITICAS AL SUBJETIVISMO

II. 5. La verdad del relativismo y del subjetivismo: la teoría perspectivística

III. LA CRISIS DE LA PSICOLOGÍA

 

SEGUNDA PARTE: LA PSICOLOGÍA FENOMENOLÓGICA

IV. LA PSICOLOGÍA QUE SE BUSCA

V. CUESTIONES DE MÉTODO (DESCRIBIR FRENTE A EXPLICAR, ...)

V. 1. Fundamento ontológico del método propuesto

V. 2. Un problema fundamental para la descripción

V. 3. Un ejemplo de ley descriptivA

VI. PSICOLOGÍA FENOMENOLÓGICA: CARACTERIZACIÓN Y TIPOS DE CONCIENCIA

VI.1. Caracterización de lo psíquico (Primera parte)

VI.1.1. Preliminares

VI.1.2. Relatividad del par externo/interno

Primer sentido: la exterioridad/interioridad espacial

Segundo sentido: la exterioridad espacial/la interioridad de lo intracorporal

Tercer sentido: la exterioridad de lo intracorporal frente a la interioridad de la esfera afectiva

Cuarto sentido: la exterioridad de los sentimientos respecto de la interioridad del querer

VI.1.3. Indistinción entre fenómenos psíquicos y físicos

VI.2. CARACTERIZACIÓN DE LO PSÍQUICO (Segunda Parte): La intencionalidad, rasgo principal de la conciencia

VI.2.1. La intencionalidad

VI.2.2 “Lo ejecutivo”

VI.2.3. Los dos elementos que forman la conciencia

VI.2.4. Interpretación metafísica a evitar

VI. 3. Clasificación de  las vivencias

VI.3.1 Los grandes géneros de vivencias

VI.3.2. Los actos objetivadores y los actos sintéticos

VI.3.3. Las tres modalidades de actos objetivadores

VI.3.4. Diferencia entre sensación y percepción

VI.3.5. Los actos expresivos

VI.3.6. Rudimentos de una teoría del juicio

 

 

CONCLUSIÓN

 

ANEXO: REFERENCIAS A HUSSERL

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

PREÁMBULO

 

          Entre Octubre de 1915 y Marzo de 1916, José Ortega y Gasset impartió en el Centro de Estudios Históricos de Madrid un curso titulado genéricamente "Sistema de Psicología". Desconocemos las razones por las que el curso no llegó a término, aunque tal vez pudo deberse a su inminente viaje a Buenos Aires (Julio de 1916). Lamentablemente, no lo continuó a su vuelta de Argentina. Con el título Investigaciones psicológicas, en 1979 Paulino Garagorri editó en Alianza Editorial los manuscritos empleados por el propio Ortega para su posterior exposición pública, junto con otros artículos del filósofo afines al tema principal. En lo que sigue utilizaré como referencia la primera edición en la colección “Obras de Ortega y Gasset” (Alianza Editorial, Madrid, 1982). 

          El manuscrito presenta los temas de un modo desigual: algunas cuestiones parecen totalmente desarrolladas, otras perfiladas y otras, finalmente, meramente aludidas. La “Lección 1” tiene un carácter introductorio y ya en ella nuestro filósofo señala el objetivo y metodología a seguir durante el curso: el objetivo, ciertamente ambicioso, es[1]  superar las ideas psicológicas clásicas (que identifica con las del siglo XIX) y de ese modo sentar las bases de un sistema de psicología[2]; para esta tarea será necesario acudir a la filosofía, en particular a la semasiología y la ontología, como el resto de lecciones se encargan de mostrar. En cuanto a la metodología a seguir en el curso, nos dice en esta primera lección que su reflexión se centrará en el examen de conceptos y principios básicos a la vez que de los problemas fundamentales ("problemas nodales") de la psicología. Cada lección es una monografía externamente independiente aunque internamente relacionada con el resto. Con estas últimas afirmaciones quiere indicar Ortega que el sistema presente en el curso no se percibe como tal en el nivel expositivo aunque sí en el nivel del sentido e implicaciones de las cuestiones tratadas en cada lección. Finalmente, declara también que prefiere llamarlas investigaciones por estar a medio camino entre la timidez y la osadía científicas.

           Antes de pasar a ver las ideas del curso, es importante señalar el interés por la psicología que expresamente declara Ortega y Gasset. Así, ya en la primera lección[3] nos recuerda que el curso es la exposición pública de las investigaciones que ha realizado en este campo y no trata, por tanto, un tema circunstancial respecto de sus preocupaciones intelectuales. No es de menos valor su afirmación[4] de que en él, y a diferencia de su actividad académica ordinaria, quiere ser un “pensador independiente”, es decir un pensador que quiere desarrollar un tema sin utilizar como hilo expositivo a un autor clásico. Entre paréntesis cabe apuntar, sin embargo, que el análisis del texto muestra claramente que esta pretensión queda parcialmente incumplida por su dependencia con la fenomenología y particularmente con Edmund Husserl, autor al que se debe mucho más que lo sugerido en las escasas referencias. Finalmente, en la mente de Ortega estaba[5] continuar el curso con otro que realmente no tuvo efecto; e incluso, como se indica indirectamente[6] redactar un libro sobre el tema del mismo, del que las notas serían un mero extracto o borrador.

          Tal vez el lector poco precavido puede quedar un tanto confundido por el contraste entre el título del curso (“Sistema de psicología”) y su desarrollo real, y ello en dos aspectos principales: la exposición zigzagueante, fragmentaria y en algunos casos inconclusa no parece indicar la presencia de un “sistema”; en este punto el apresurado lector debería recordar, además del hecho de ser el texto editado meros apuntes para las conferencias, las prevenciones antes citadas y que el mismo Ortega adelanta en la “Lección 1": el carácter sistemático del curso que presenta no está tanto en el nivel de la exposición como en el nivel de las ideas mismas en él desarrolladas; es verdad que la exposición no es sistemática (como en general no lo es el resto de sus escritos), pero sí encontramos vínculos, orden y jerarquía en las ideas presentadas (como por otra parte también ocurre con la totalidad de su filosofía). El curso parece ir en espiral: un tema que se desarrolla, interrumpido por reflexiones aparentemente superfluas que parecen suponer un retroceso, para con ellas tomar un nuevo impulso y avanzar, y así progresivamente. Más dificultad puede ofrecer, y en particular al lector que provenga de la psicología científica, la aparente desproporción entre el gran número de ideas y desarrollos filosóficos y el escaso de ideas y conceptos psicológicos. Para comprender esta engañosa anomalía cabe alegar que el curso no llegó a término y que presumiblemente en su continuación Ortega habría de desarrollar cuestiones más estrictamente psicológicas; sin menoscabo de la importancia de los materiales con los que contamos, es cierto que en ellos no se cumplen en su totalidad los objetivos propuestos inicialmente por Ortega (y en ese sentido es ciertamente un curso fallido). Pero con independencia de esta circunstancia, la presencia continua de reflexión filosófica tiene también su justificación, como en el apartado siguiente voy a intentar mostrar. Basta alegar aquí dos importantes razones: en primer lugar, la psicología que nuestro autor busca necesita de una fundamentación que ha de tomar de fuera, y, exactamente de la filosofía; y en segundo lugar, la psicología buscada y que en esbozo se presenta, no cabe llamarla propiamente psicología científica, sino psicología fenomenológica, y en esa misma medida filosófica.



[1]   p. 20

[2]  p. 21

[3]  p. 20

[4]  p. 15

[5]  “Lección 15”, p. 156

[6]  “Lección 2” p. 41


Volver al índice "Sistema de Psicología"

 

PRIMERA PARTE: LA SUPERACIÓN DEL SUBJETIVISMO Y LOS FUNDAMENTOS DE LA PSICOLOGÍA

 

I. La necesidad de la filosofía

 

La urgencia de la filosofía queda anunciada ya en la primera lección[1] al indicarse que con su ayuda podremos superar la psicología clásica (la psicología del siglo XIX), y de ese modo cumplir uno de los objetivos del curso. Si ahora intentamos concretar el modo en que realmente precisamos en psicología de la intervención de la filosofía, vemos que las lecciones ofrecen esta cuestión en tres niveles distintos: en un primer nivel, toda ciencia y más aún, como veremos, la psicología, necesita de la fundamentación absoluta de la verdad y de la legitimidad del conocimiento y la racionalidad, y ésta es tarea de la filosofía. Por otro lado es un hecho, nos dice Ortega, la existencia de crisis en la psicología, crisis que deja abierta la posibilidad de su reforma radical e incluso el desarrollo de una nueva disciplina; pero la revisión de los objetos de estudio, principios, métodos y problemas legítimos de una ciencia es asunto de la filosofía. Finalmente aún cabe distinguir un tercer nivel de presencia de la filosofía pues en el texto encontramos los rudimentos de una psicología filosófica de corte fenomenológico.

 

I. 1. La filosofía primera: necesidad de la fundamentación absoluta del conocimiento

Recordemos que en este nivel hay que acudir a la filosofía porque toda ciencia, no sólo la psicología, la necesita. Veamos de qué modo. En las ciencias encontramos dos tipos de supuestos[2]: por un lado, las ciencias particulares pueden utilizar, sin justificar ellas mismas su verdad, conocimientos fundamentados por otras ciencias; esto es así porque en realidad, nos dice Ortega, si nos situamos en el plano de las verdades científicas, y no de la investigación científica, todas las ciencias dependen unas de otras y son miembros de la ciencia única. Pero hay aún otro tipo de supuestos más radicales y que tienen ver con ver con el hecho de que las ciencias son actividades racionales: toda ciencia asume la legitimidad de principios racionales (uso de pruebas, deducciones, definiciones, probabilidades,...) de los que no ofrece una justificación ni valoración; por ello, frente a las ciencias particulares necesitamos de otra ciencia más radical que se encargue de examinar y valorar aquellos principios, y a esta ciencia la podemos llamar ciencia primera o filosofía. En este sentido las ciencias particulares no son independientes de la filosofía, por lo que también la psicología se funda en la ciencia primera, en la ciencia de la verdad [3].  
   
        En su análisis de dichos principios de la racionalidad Ortega se centra en el principal: “toda teoría es un sistema de verdades[4]  y por lo tanto tiene sentido si la verdad está fundamentada. Pero el alcance del problema de la fundamentación de la verdad es mayor de lo que podría parecer puesto que la cultura toda descansa en la suposición de la verdad, el bien y la belleza como disposiciones a lo sobreindividual, de aquí que en este sentido la filosofía sea también la ciencia de la cultura, de la significación de la vida consciente. Por ello reitera que el problema de la verdad es esencial para la filosofía y la cultura en general. La ciencia primera o filosofía tiene su origen en la cuestión del problema de la verdad en general, de la teoría en general, cuestiones que sólo ella puede tratar[5]; con esta misma intención la filosofía se puede ocupar de las ciencias particulares, pero naturalmente no para corregir sus enunciados sino para valorar su calidad como verdades[6] .

Dada la extraordinaria importancia que nuestro autor atribuye al tema de la fundamentación absoluta de la verdad, no resulta sorprendente el hecho de que los manuscritos dediquen especial atención al tema de la exposición, crítica y valoración del subjetivismo, escepticismo y relativismo, teorías todas ellas contrarias a la posibilidad de la verdad. Puesto que el tema de la filosofía primera es la verdad, la filosofía, a diferencia de las demás ciencias, tiene que proceder sin supuestos, en particular sin el supuesto de la verdad[7]. La filosofía comienza con el escepticismo, o mejor con una crítica radical al escepticismo, crítica que haga legítima la aspiración racional al conocimiento y a la verdad absoluta[8]; dada esta interpretación del papel de la filosofía, resulta perfectamente comprensible su afirmación de que con Descartes la filosofía adquiere por primer vez clara conciencia de sí misma. Finalmente, y para recordar la caracterización más precisa de la filosofía primera que nos presenta Ortega, podemos acudir a la “Lección 3”: el tema de la filosofía o ciencia primera es la verdad, su método ha de proceder sin supuestos y sus verdades han de ser absolutas[9] .

Más arriba mencionaba que todas las ciencias necesitan de esta fundamentación última, pero más aún la psicología. Veamos brevemente por qué: de la solución que se den a cuestiones filosóficas relativas a la teoría del conocimiento y la filosofía de la mente se sigue una psicología u otra, y, a la inversa, los desarrollos particulares realizados por la psicología empírica traen consigo concepciones del conocimiento y de la psique que comprometen ciertas afirmaciones filosóficas y excluyen otras. Y esto es lo que se muestra perfectamente en el desarrollo del curso: recordamos que uno de sus objetivos principales es la superación de la psicología del siglo XIX, psicología que nuestro autor ve máximamente reflejada en la magna obra de Wundt. Pues bien, una somera lectura de las lecciones permite ver que en la intención de Ortega esta superación es posible si se demuestra la inconsistencia del fondo subjetivista en el que se desenvuelve la psicología de Wundt, fondo que por otro lado no es un hecho aislado sino expresión de las ideas subjetivistas dominantes en la modernidad. Sólo al hilo de estas puntualizaciones se comprenden las reiteradas y minuciosas críticas de Ortega al relativismo y subjetivismo en un curso que declara expresamente ser un “sistema de psicología”. Y en este punto es obligado comentar que los manuscritos no son ni mucho menos escritos aislados del conjunto de su obra puesto que se centran en una de los temas capitales de su filosofía[10]: el tema de nuestro tiempo, que no es otro que la superación de la modernidad y la búsqueda de un principio o realidad radical que permita dicha superación; la tarea del filósofo consistirá en modificar nuestra concepción de la conciencia y de las relaciones entre el ser y el pensar pues no tiene sentido volver al realismo de los antiguos, pero tampoco permanecer dentro del subjetivismo; no nos vale ni la concepción del sujeto supeditándose al sujeto (al estilo de Kant o Fichte), ni a la inversa (al estilo de Aristóteles); es necesario reivindicar un “régimen equitativo entre sujeto y objeto”, régimen que Ortega representa con la metáfora de los dioses conjuntos, los “dii consentes”, que con tanta frecuencia aparece en otros escritos. Junto con esta principal cuestión están presentes otras tan centrales en la filosofía orteguiana como la  del  perspectivismo, doctrina que aparece en el texto precisamente con la descripción de aquella parte del subjetivismo que es ciertamente recuperable, aquella parte que se refiere a la influencia que de verdad tiene el sujeto en la experiencia de conocimiento[11], y la cuestión del tema de la vida como realidad radical, de la que el texto ofrece una sugerencia indirecta al señalar que el ámbito de la conciencia (que en este curso Ortega parece identificar con las vivencias) es el fenómeno en el cual todos los demás adquieren sentido:  Lo urgente es que ahora veamos cómo ‘conciencia’ es no más que un lado o cara de algo en absoluto patente, de un fenómeno; todavía más, del fenómeno fundamental, de lo que podríamos llamar el fenómeno de los fenómenos. Pues todo aquello de quien quepa decir que “lo hay”, “que es”, o “que existe”, todo posible quid determinado queda incluido ipso facto en esa relación de la conciencia, en ese fenómeno fundamental de dirigirse un sujeto a un objeto, o viceversa de hallarse un objeto ante un sujeto.”[12]

No podemos terminar este apartado sin referirnos también a otra de las constantes del pensamiento maduro de Ortega en relación con la filosofía: en la vida espontánea aceptamos sin cuestionarlos los supuestos de la experiencia transpersonal (de la verdad y la belleza, por ejemplo), los usamos, los ejercitamos. Pero la filosofía tiene como tarea fundamentar dichos supuestos, por lo que se ve obligada a ponerlos en crisis y, en esa medida, apartarse de ellos y de “la vida espontánea de la conciencia”, pasando a una “transvida o vida virtual”; de aquí, nos dice Ortega, que en cierto modo "la filosofía es lo contrario de la vida"[13] .

 

I. 2. La filosofía de la psicología: necesidad de la fundamentación de una nueva psicología

He indicado ya que la filosofía primera tiene como objetivo la fundamentación absoluta del conocimiento, por lo que la psicología cae indirectamente también bajo la órbita de su interés. Pero veamos ahora otro nivel en el que la necesidad de la filosofía es más inmediato y formal.

En la “Lección 2”[14] Ortega constata el hecho del creciente interés que en las dos últimas décadas anteriores a su curso despertó la filosofía entre los psicólogos. No es difícil –señala– comprender la razón de este interés: la psicología está en crisis y cuando una ciencia está en crisis y en ella los investigadores perciben la necesidad de una reforma radical o incluso de la instauración de una nueva ciencia, entonces parece necesitarse de la filosofía. Si queremos crear una nueva ciencia hemos de fijar con claridad su objeto de estudio, principios, métodos e incluso un bosquejo de los repertorios de problemas legítimos. Pero en esta tarea la intervención de la filosofía parece inevitable: para delimitar el territorio de investigación que le corresponde a una disciplina científica es necesario dirigir la mirada a los territorios que le rodean, y sólo la filosofía se sitúa por encima de todos ellos. Ninguna ciencia particular puede establecer la esencia de los objetos de los que trata, ni puede reflexionar sobre la legitimidad del método que utiliza y de los problemas fundamentales que la ocupan; todas estas tareas pertenecen a la jurisdicción de la filosofía. Por este motivo la supuesta independencia de aquellas respecto de la filosofía es sólo relativa. Finalmente, nos recuerda Ortega[15] , la filosofía es una ciencia de “posibilidades” o “idealidades” por lo que la cuestión de si es posible o imposible la psicología como ciencia de realidades es asunto de la filosofía.

En este contexto, una de las cuestiones capitales de la reflexión filosófica es la relativa a lo que llama nuestro autor los problemas nodales[16], y entre estos el de la diferencia entre los fenómenos psíquicos y los fenómenos físicos, es decir el de la caracterización de la mente o psique. No es extraño, por tanto, que este tema sea uno de temas principales desarrollados en los manuscritos[17]. ¿Qué nombre dar a la parte de la filosofía encargada de responder a estas importantísimas cuestiones? En estas lecciones no es lo suficientemente claro al respecto: no es la filosofía primera pues el objeto de ésta es la fundamentación absoluta del conocimiento (de todo conocimiento y no sólo el psicológico); pero tampoco la fenomenología de la conciencia de la que más adelante nos ocuparemos; llamémosle simplemente filosofía de la psicología, aunque este título genérico no lo proponga Ortega.

En realidad, el curso presenta expresamente algunas partes de la filosofía de claro interés para la psicología. Así, en la “Lección 3”[18] se refiere a tres disciplinas filosóficas necesarias para la fundamentación de la psicología: la noología, la semasiología y la ontología. Por desgracia, a lo largo del curso Ortega las caracteriza de modo fragmentario y en ocasiones confuso, como vamos a ver.

La noología es el estudio del sentido[19] y como tal anterior a la lógica, la matemática y la metafísica. El cuadro de la página 60 induce a pensar que estudia todas las formas posibles de darse el sentido, desde el plano de la expresión del sentido en el lenguaje, hasta el existente en los objetos reales y estructurales, pasando por el sentido manifiesto en los juicios, en la percepción o en la alucinación[20].

La semasiología parece ser una especificación de la noología y la define como la noología de la significación o expresión del pensamiento[21], y por ello el estudio de la esencia del lenguaje. Investiga, por ejemplo, qué es la palabra como tal, no como sonido ni como visión, así como el acto en el cual está presente la significación, acto que Ortega caracterizará como una cierta forma de “ver”. Caen también en su jurisdicción problemas metodológicos como el relativo a la diferencia entre la lingüística y la filosofía del lenguaje[22], y dentro de ésta el de separar la psicología del lenguaje (obsérvese que para mayor confusión la incluye en la filosofía del lenguaje) de la gramática general y a priori. Aquí hay que señalar una grave vacilación pues si en la “Lección 15”[23] la gramática general parece ser una parte de la semasiología, en la “Lección 6”[24] la identifica con ésta. Por su parte, la psicología del lenguaje es la psicología empírica encargada del estudio “de los hechos individuales y colectivos en los que se realiza el lenguaje[25] .

La gramática pura o general: con el lenguaje podemos expresar nuestros actos o vivencias, pero lo hacemos a la manera que impone la propia esencia del lenguaje, de aquí la necesidad de investigar dicha esencia. La gramática pura o general estudia las funciones y caracteres esenciales del lenguaje y que pueden determinarse a priori[26]; con ello quiere indicar Ortega que estas funciones y caracteres van más allá de las peculiaridades en la expresión típicas de cada idioma, y son, por tanto, las formas puras de la significación (por ejemplo sustantivo y adjetivo) y las leyes a priori fundadas en ellas. Todas las reflexiones relativas a las expresiones categoremáticas o autosemánticas (“estrella”, “flor”) y a las expresiones incompletas o sincategoremáticas o sinsemáticas (“y”, “o”, “pero”, “ser A”, “ser problema”) desarrolladas en el curso por el filósofo madrileño pertenecen a esta disciplina. Ortega la consideró de gran importancia para la psicología porque de ella dependerá su reforma[27].

En cuanto a la ontología, la caracterización es imprecisa: considera que es una ciencia fenomenológica puramente descriptiva[28], y de importancia capital para la psicología puesto que junto con la noología es uno de sus cimientos[29]. En cuanto a su objeto, también como el de la noología, es el “pensamiento en su forma más pura y primaria[30];  aunque no deja de ser curiosa esta definición pues tradicionalmente se la ha entendido más bien como la doctrina que estudia el ser y los géneros fundamentales del ser. En los textos apenas se vuelve a citar esta disciplina pero no por ello deja de estar presente, y además en el sentido tradicional, pues la distinción entre los dos tipos principales de realidad, el nivel fenoménico y el nivel del ser real, es una distinción ontológica; por lo demás en otra de estas escasas referencias a la ontología la define también como la “teoría del objeto[31].

 

i. 3. La psicología fenomenológica: necesidad de una fenomenología de la conciencia

El espíritu que anima la totalidad del curso es el espíritu de la fenomenología. Con esta afirmación se quiere señalar, entre otras cosas, que la fenomenología está presente de varias maneras en la obra: desde lo que no sin alguna prevención podríamos llamar distinción ontológica entre el plano de los fenómenos y el de lo trascendente a ellos, hasta la reivindicación de la intuición y la descripción de los fenómenos como método imprescindible para el desarrollo de la psicología, pasando por la primacía del nivel fenoménico de la realidad frente al metafísico o trascendente.  Para una comprensión del valor del curso en relación con la totalidad de la filosofía orteguiana no deberíamos olvidar la relación de ciencias fenomenológicas o puramente descriptivas que presenta el filósofo madrileño en la “Lección 7”[32]: junto con las ya conocidas ontología, lógica y matemática (curiosamente considera que esta disciplina es fenomenología) hay otras menos conocidas, nos dice, y otras aún por crear, y en estas últimas destaca lo que llama “sistema de la razón vital” del que afirma que su tema no ha sido tratado formalmente por nadie, aunque se encuentren algunas referencias en “la idea del mundo actual y en menor medida en el pragmatismo”. Es claro que se está refiriendo a su propia filosofía, el racio-vitalismo o sistema de la vida como realidad radical.

Pero es preciso concretar más: la fenomenología es también psicología aunque, claro está,  no psicología científica sino filosófica; y evidentemente si el curso de Ortega es un curso de psicología, además de fundamentación última de la psicología, esto se debe a que en él también están presentes conceptos, principios (e incluso leyes, como la “ley de contaminación sensitiva[33]) referidas a la vida psicológica. Aunque en los textos hay referencias a la necesidad de una psicología empírica de cuño muy distinto a la de Wundt, y que esta reivindicación se mantiene en un plano de cierta confusión con la propuesta de una psicología fenomenológica, por el método expresamente defendido por Ortega y por los desarrollos psicológicos que éste le permite, el título que parece convenir a esta nueva psicología es el de psicología fenomenológica. En el curso nunca empleó Ortega esta expresión pero sí la de “psicología descriptiva” para oponerla a la “psicología explicativa”[34]; tampoco hay que olvidar que, como nos indica en el mismo lugar, todo lo que se dice en el curso pertenece a la psicología descriptiva, ni la oposición que establece entre las “ciencias de realidad” como las físicas y las “ciencias fenomenológicas o puramente descriptivas[35].  Ciertamente el curso de Ortega no abunda en la medida deseable en la investigación fenomenológica de la conciencia y de las modalidades de ésta y sus relaciones esenciales, ni tampoco presenta la precisión en la descripción y en el detalle que encontramos en otros autores (basta compararla con la magna obra de Husserl Investigaciones lógicas de la que tanto parece tomar Ortega), pero sí hay algunas ideas de claro interés y que será preciso mostrar para la cabal comprensión de su filosofía. Remito al lector a la parte de ese trabajo en donde se expone la idea orteguiana de la conciencia y sus elementos para la descripción de estos “rudimentos de psicología fenomenológica”.

A modo de resumen pude ser interesante la siguiente clasificación de las disciplinas filosóficas y científicas a las que hace mención Ortega en los textos (prescindimos de la física y la matemática):

  • Doctrina de la razón vital: se cita pero no se caracteriza expresamente (excepto la referencia al hecho de que es una disciplina fenomenológica).  

  • Filosofía primera: fundamentación última de la verdad.

  • Ontología: teoría de los objetos.

  • Noología: teoría del sentido.

  • Semasiología: teoría de la significación o expresión del pensamiento.

  • Gramática pura o general: teoría de las formas puras del lenguaje y de las leyes a priori fundadas en ellas.

  • Lógica: se cita pero no se caracteriza.

  • Lingüística: se cita pero no se caracteriza.

  • Filosofía de la psicología: no aparece con este título; su objeto es la fundamentación de la psicología, y toma sus principios principal aunque no exclusivamente de la ontología, la noología y la semasiología.

  • Psicología fenomenológica: aunque no aparece con este título, nos sirve para designar la psicología descriptiva propuesta por Ortega; su tema es la conciencia, sus tipos principales, y las relaciones esenciales existentes entre ellos.

  • Psicología empírica (*): es una ciencia de realidades, en concreto de las realidades intencionales que llamamos psiques; utiliza la metodología experimental (laboratorios).

  • Fisiología (*): se dice de ella simplemente que debe desprenderse de conceptos físicos y tener laboratorios, conceptos y principios propios.

  • Psicofísica (*): estudia las relaciones entre la psique y el cuerpo; utiliza la metodología experimental (laboratorios).

  • Psicología del lenguaje: psicología empírica encargada del estudio de los hechos individuales y colectivos en los que se realiza el lenguaje.

 

II. LA CRISIS DE LA ÉPOCA. CRÍTICA Y SUPERACIÓN DEL SUBJETIVISMO

ii. 1. La crisis en la ciencia actual

Comencemos recordando la definición de época defendida por nuestro autor: época es “el clima ideal” o conjunto de principios básicos que constituyen el ambiente moral de unos siglos[36]. Pues bien, la nuestra está en crisis, crisis que se manifiesta en distintos ámbitos pero de un modo acusado en la ciencia[37], y que no debe considerarse en su dimensión puramente negativa ya que de ella pueden surgir nuevas formas del pensamiento humano (cabe anotar que, como se sabe, este es uno de los grandes temas de la filosofía orteguiana).

La crisis de la ciencia moderna (continúa diciéndonos en la “Lección 1”[38]) no es del mismo tipo que la ocurrida en el Renacimiento. En aquél momento histórico se trató del enfrentamiento entre dos concepciones del mundo opuestas, del enfrentamiento de nuevos principios universales con los ya establecidos. Sin embargo, en nuestro caso las ciencias están en crisis porque en ellas se dan lo que llama “explosiones domésticas”: existencia de ciertos hechos o fenómenos descubiertos desde el interior de la propia ciencia a partir de los principios y métodos vigentes en ella y que se enfrentan a sus tesis fundamentales. En el caso de la psicología[39] estas explosiones corresponden a “el pensar no intuitivo” o “pensamientos” descubiertos por la escuela de Wuzburgo, y es de suponer, nos dice Ortega, que su solución será tan fecunda para el porvenir de la psicología como lo ha sido para la matemática, la física o la biología la solución a sus correspondientes “explosiones domésticas”.

 

ii. 2. Característica principal de nuestra época: el subjetivismo

El rasgo más definitorio de nuestra época y la razón última de dicha crisis es el subjetivismo, de aquí que en este curso la exposición y crítica de esta doctrina  sea uno de los temas principales. El subjetivismo y el relativismo son dos doctrinas muy próximas, y tal vez por ello el propio Ortega en algunos textos tiende a identificarlas. Pero, con todo, en el curso tienen un tratamiento algo diferenciado, así por ejemplo la cuestión del relativismo se desarrolla en las últimas lecciones, a partir de la 10, mientras que la del subjetivismo, además de en las últimas, la desarrolla ya en la segunda lección. Finalmente, dado que el relativismo conduce al escepticismo, nuestro autor también incluye  esta doctrina en sus críticas.

Veamos cómo caracteriza cada una de estas teorías: el relativismo contemporáneo afirma que la verdad es algo relativo al sujeto que conoce[40]; en la “Lección 11” nos dice que el escepticismo es la doctrina para la cual no hay verdad alguna[41], y el subjetivismo (o relativismo) la doctrina para la que la verdad depende de un modo u otro de la constitución del sujeto que conoce[42]. Precisando más y siguiendo claramente las ideas de los Prolegómenos de Husserl, añade también que el subjetivismo entiende las leyes lógicas como leyes de nuestro pensar, del mismo modo que la ley de la gravitación es una ley de los cuerpos[43]. Una consecuencia de esta doctrina es que lo que es verdad para un sujeto puede no serlo para otro. Distingue, a su vez, dos tipos de subjetivismo, el psicologismo (cita a Lipps como representante) para el que las leyes lógicas son leyes constitutivas del sujeto que piensa, y el biologismo, doctrina que acepta lo anterior pero reduce lo psicológico a mera función orgánica, considerando las leyes lógicas del pensamiento como resultado de la evolución[44].

En la “Lección 11” nos explica que en la segunda mitad del siglo XIX la tesis de la relatividad  del conocimiento llega a su apogeo y se extiende en toda la conciencia europea, siendo el prejuicio básico del que parte nuestra época[45]. Pero el subjetivismo y el relativismo parecen estar en crisis tanto en la filosofía como en “la sensibilidad general del alma europea”, por lo que es una tarea insoslayable su superación. Recordemos que, en esta misma línea[46], nuestro filósofo se declara nada moderno y aspira a ser del siglo XX.

La crítica al escepticismo es de gran importancia para el desarrollo de la filosofía[47] pues la filosofía (y aquí está pensando sin duda en la filosofía primera) ha de carecer de supuestos si es que ha de ser capaz de fundamentar de modo absoluto la posibilidad de la verdad. En este sentido la duda es un recurso metodológico utilizado por la filosofía para alcanzar un saber sin supuestos, y por ello, nos dice Ortega, con Descartes adquiere ésta clara conciencia de sí misma. Por lo demás[48], si no se supera el escepticismo, nos dice el filósofo madrileño, la calidad de toda ciencia sería del mismo rango que la de la mera fe. En la parte última de la “Lección 10” y en la “Lección 11” presenta los dos famosos tropos escépticos de Agripa, el que se basa en la diversidad y contradicción de opiniones sobre el mundo y el de la relatividad de todo conocimiento como consecuencia de la influencia que sobre la verdad tiene la constitución de nuestra subjetividad. Las críticas de Ortega se centran más en el segundo tropo, el de la relatividad de las creencias, y ello no debe sorprendernos puesto que es el que más se relaciona con el tema del subjetivismo y del relativismo y el que, por otro lado, incluye ciertos elementos verdaderos y que la filosofía y la psicología debe tener presente.

Es importante no olvidar que, en opinión de Ortega, la cuestión del subjetivismo no es ni mucho menos ajena al porvenir de la psicología dado que la psicología del siglo XIX está impregnada de subjetivismo (remito al lector a la exposición de la polémica de Ortega con Wundt –apartado II. 4. Críticas al subjetivismo– y a las secciones III. La crisis de la psicología, y VI.1.3. Indistinción entre fenómenos psíquicos y físicos). Pero no es superfluo recordar aquí otra dimensión más de la benéfica influencia de la crítica al subjetivismo: así, en la “Lección 14” cifra la bondad de dicha crítica para la posibilidad de la psicología en el hecho de que en esta disciplina son fundamentales conceptos referidos al conocimiento (pensar, realidad, sujeto, conciencia, representación, contenido de la conciencia, ...) de los que hay que eliminar todo germen subjetivista y cuya cabal comprensión es necesaria para entender, sin caer en el subjetivismo, el modo en que verdaderamente el sujeto condiciona la verdad; anticipándose a la posible perplejidad del lector sorprendido por la dirección que toman sus lecciones, dirección que parece alejarlas de la reflexión psicológica y situarlas de lleno en la filosofía, nos dice Ortega que por la razón citada “mientras creíamos que habíamos hablado de lógica y de metafísica y de gramática nos sorprendemos con que hemos arribado al núcleo cordial de la psicología[49].   

 

II. 3. FORMACIÓN DEL SUBJETIVISMO

Ortega presenta la aparición del subjetivismo desde dos vertientes: su origen histórico y lo que podríamos llamar extensión injustificada del relativismo legítimo. Empecemos por esta última. En la “Lección 6”[50] señala Ortega que hay características o cualidades que son relativas, como la de la igualdad: la igualdad es en cierto modo independiente de mí puesto que no soy yo el igual sino las cosas mismas, pero sólo se hace presente cuando comparamos o ponemos en relación varios objetos, por lo que exige de nuestra intervención y en cierto modo es obra nuestra. Radicalizando este hecho, el subjetivismo y el idealismo acaban defendiendo que no sólo las propiedades de relación sino todas, los colores, los objetos y el ser mismo, son relativos: el ser es ser para la conciencia, del mismo modo que la igualdad es algo que se funda en actos de conciencia.

El enfoque histórico nos sirve para ilustrar la importancia de este escrito en el conjunto de la obra orteguiana pues esta explicación histórica de la formación del subjetivismo es en esencia la misma (aunque menos elaborada) que en otros escritos principales. El texto de las lecciones en donde con más claridad se refiere a la formación del subjetivismo moderno es la “Lección 6”[51]: el mundo antiguo vivía en la creencia de que el ser estaba ahí, en el cosmos, en la naturaleza, y que el sujeto y su conciencia era como un espejo capaz de reflejar el mundo; pensar no era otra cosa que encontrarse con las cosas. Sin embargo, en la Edad Moderna (fruto del Renacimiento) la postura vital más radical es la de la sospecha, lo que en el contexto del conocimiento les lleva a los filósofos a convertir el ser en el correlato de una convicción, en el objeto de una opinión. Frente al mundo, que es objeto de mera opinión, Descartes y el pensamiento moderno reivindican el cogito, que es objeto de una creencia indudable. Y de aquí se siguió la consideración de las cosas como contenidos de mi mente. De este modo, la actitud principal que tuvieron los modernos (con la excepción de España) en su trato con la vida fue el idealismo y el subjetivismo, no siendo las etapas de la historia moderna otra cosa que etapas en la evolución del subjetivismo y que culminarán en la divinización del yo: Esto ha sido, en efecto, el idealismo subjetivista con más o menos claridad: una divinización del yo, un panteísmo donde todo es Dios porque es todo parte mía, porque todo es en mí y mi yo impregna el área infinita del universo[52].

 

II. 4. CRITICAS AL SUBJETIVISMO     

Pasemos ahora a exponer las críticas de nuestro autor al subjetivismo[53]. Ya se ha dicho que esta doctrina se pone en cuestión en dos lugares del curso, la “Lección 2” y las últimas “Lecciones”. Comencemos con la “Lección 2”.

En esta lección[54] la crítica orteguiana al subjetivismo aparece con ocasión de la fallida distinción entre fenómenos psíquicos y fenómenos físicos y de la crítica a la interpretación que de ellos hace Wundt. Tras defender la tesis de que en realidad Wundt se puede incluir en las corrientes idealistas que se inauguran en la filosofía con la obra de Berkeley, cree necesario criticar las tesis fundamentales de este último autor pues de ese modo queda ya cuestionado el pensamiento de Wundt. Recordamos que el nervio de la posición idealista de Berkeley descansa en la idea de que es imposible pensar el ser material sin que se halle en relación con un yo que lo perciba, de donde deduce el obispo anglicano que los objetos físicos agotan su ser en ser percibidos. Lamentablemente, nos dice Ortega, el argumento de Berkeley se sitúa en el orden metafísico y del pensamiento, pero no en la perspectiva de la fidelidad a los fenómenos (podríamos añadir: en la perspectiva fenomenológica). El no poder pensar un ser que no se halle en relación con un yo que lo perciba es una imposibilidad conceptual, pero, señala Ortega, incluso en este nivel el razonamiento se puede invertir pues si bien, por ejemplo, la piedra que percibo necesita de mí, igualmente yo necesito de ella, puesto que todo percibir es siempre percibir algo, y mi percibir necesita de algo. Si nos atenemos a los fenómenos habría que decir sin embargo lo siguiente[55]: en mi percibir la piedra sólo percibo la piedra, no propiamente mi percibir la piedra, y esto último ni siquiera como co-atendido, diríamos nosotros, “con el rabillo del ojo” dice Ortega. En mi percepción sólo se presenta la piedra, no ella siendo percibida por mí. Es cierto que puedo modificar la dirección de mi atención y dirigirla a mi percepción de la piedra, pero en este caso no tengo delante la piedra sino algo mío y solamente mío, mi percepción de ella. Y esta situación es la misma en el caso de los deseos y los quereres. Y aún hay más[56]: mi percepción de la piedra no contiene nada de pétreo, aunque en la calificación de mi percepción aparezca la palabra piedra (puesto que decimos que es “percepción de la piedra”), como tampoco en el azul marino hay nada marítimo; ocurre simplemente que “piedra” y “mar” sirven para adjetivar o especificar una vivencia en un caso y una sustancia en otro. Para entender esta crítica hay que tener en mente que el nivel en el que se sitúa es el de los fenómenos, no el de las realidades: tal vez en este último nivel lo físico y lo psíquico no se puedan ni distinguir ni separar, pero esto no impide que en cuanto fenómenos se ofrezcan como separados[57]; y esto es lo que ocurre, según Ortega: en cuanto fenómenos, lo físico se presenta como siendo distinto de lo psíquico. Por ello tan incorrectas son las teorías sensualistas extremas que reducen lo psíquico a lo físico (cita a Avenarius, Mach y Ziehen) como las teorías idealistas que reducen lo físico a lo psíquico (cita a Berkeley, Wundt, Natorp y Lipps). Finalmente, y como muestra de la importancia del curso en el conjunto de su obra, recordamos que ya en esta “Lección 2” Ortega señala que la necesidad de no confundir ambos fenómenos es “el punto de partida para el próximo porvenir de la filosofía y, en consecuencia, de la manera de ver el mundo que impere mañana[58].

En esta misma línea de crítica al subjetivismo se sitúan las objeciones de la “Lección 15[59] a la concepción que comienza con el empirismo y según la cual el término de nuestra conciencia, aquello de lo que nos damos cuenta,  son las sensaciones, y no propiamente los objetos; dado que las sensaciones son un estado subjetivo, la consecuencia de este punto de vista es que “el contenido primario e inmediato de nuestra conciencia es subjetivo”, tesis que conduce directamente al subjetivismo. Pero aquella tesis empirista es errónea puesto que las sensaciones no son objeto inmediato de nuestra conciencia sino que aparecen a partir de u